Esposados a la camilla. Condiciones de trabajo de los residentes médicos

mauro_a58Mauro Cristeche
Club de Amigos de la Dialéctica

La ralea

La película, Carancho, de Pablo Trapero, una historia de amor entre un abogado interpretado por Ricardo Darín, y una joven médica del Conurbano, encarnada en Martina Guzmán. El nexo, la causa de que sus vidas se cruzaran, los accidentes de tránsito. Además de la historia de amor, el film recorre dos ejes principales. El primero es el mundo de los “caranchos”, en este caso, una “fundación” de abogados que se dedica a cazar víctimas –pobres- de “accidentes de tránsito”, comprarles el futuro juicio contra las aseguradoras, y obtener un monto muy superior con la sentencia.

El segundo eje apunta a las condiciones de explotación de los médicos –sobre todo los jóvenes- de un hospital público cualquiera de cualquier ciudad del Conurbano o Capital. De hecho la primera escena nos muestra a Luján (Guzmán)  inyectándose droga en el empeine para poder hacer frente a una nueva “urgencia”. Ya en el hospital, se pelea con la recepcionista, que se niega a recibir a un herido, por deficiencias estructurales. Su extenuación al extremo se ilustra en la escena en que se queda dormida al momento de tener sexo con Sosa (Darín), en su primera cita. También cuando camina como una zombie por un pasillo del hospital (no al terminar sino al empezar el turno). Igual tendrá que aceptar otra guardia semanal los viernes por la noche. “Para tu nombramiento te conviene acumular horas”, le dice su jefe. Llega a aplicar una medicina inconveniente a un paciente con hemorragia digestiva. “¿Vos sos tarada?, –reprocha su superior-, ¿qué querés? ¿Matarlo? ¿En qué estás pensando?”. “Es que estoy sin dormir”, responde Luján. Para redondear, cae desplomada en el baño del hospital.

La historia es bastante oscura (comon en general es la propuesta de Trapero): parece que la única alternativa que queda es evitar enfrentarse a la propia vida, fugar la conciencia de la realidad, a la que, sin embargo, está atada. Amerita a detenernos un poco más en este segundo eje, la situación laboral de los “residentes”, los médicos “novatos” que sostienen los hospitales públicos del país. Un caso que expresa el proceso histórico de proletarización de la pequeña burguesía y los llamados “profesionales” y que, al mismo tiempo, abona la generalidad de la superexplotación a la que se ve empujada la franja etaria más joven de la clase obrera argentina.

La residencia

Según el Ministerio de Salud de la Nación: “La residencia es un sistema de formación de posgrado para profesionales del área de la salud, que se caracteriza por ofrecer oportunidades de práctica intensiva y supervisada en ámbitos asistenciales, y por la asignación de una renta mensual.”(1)  Está regulada por la Ley 22.127, sancionada por Videla en 1979. En su art. 1 señala que su “objeto es complementar la formación integral del profesional ejercitándolo en el desempeño responsable, eficiente y ético de las disciplinas correspondientes mediante la adjudicación y ejecución personal supervisada de actos de progresiva complejidad y responsabilidad”. En el art. 2 se explicita que la modalidad de contratación es una “beca anual”, “bajo un régimen de actividad a tiempo completo y con dedicación exclusiva”. Sólo pueden “incorporarse a las residencias aquellos graduados que cuenten con no más de cinco (5) años de obtenido su título universitario” (art. 15). La buena es que, desde 1990, con la ley 23.873, el certificado de una residencia completa (no menor a 3 años de duración) permite convertirse en “especialista”.

Una especie de posgrado muy particular. Porque en la mayoría de ellos, le cobran al “cliente” un precio (elevado) para recibir una formación que debiera estar garantizada gratuitamente por el Estado. En la residencia, parece que es lo contrario: que te pagan para que te formes. Pero en realidad, como veremos, el Estado se está ahorrando plusvalía explotando como el “que más” fuerza de trabajo, joven y barata.

La realidad

Un residente del Hospital Garrahan (que depende del Ministerio de Salud de Nación) celebra un contrato por 4 años(2) . Su horario de planta es de lunes a viernes de 8 a 16hs (8hs por día). Además, debe cumplir 7 guardias al mes: 5 guardias en día hábil de 24 hs cada una y 2 en día de fin de semana. Veamos: 168 hs mensuales de planta, 80 hs de guardia en día hábil y 48 hs de guardia en fin de semana.  En promedio, son en total unas 300 hs al mes. Unas 75 hs semanales. Si tomamos los 30 días corridos de un mes, trabajan más de 10 horas por día de lunes a lunes, sin un día de respiro. Si tomamos “sólo” los cinco días hábiles de la semana, unos 21 días mensuales, trabajan 15 horas diarias de lunes a viernes. Quiere decir que casi 2/3 de su día transcurre dentro de su lugar de trabajo. Si le sumamos 1 hora al día en concepto de transporte (y estamos siendo generosos) y unas 3 horas para actividades elementales de la vida (comer, bañarse, sacar la basura, proveerse de alimentos, etc.), sólo contamos con un remanente de 5 horas. Por lo tanto el residente deberá esmerarse sobremanera en dormir esas 5 horas aunque se caiga el mundo, para poder recobrar las energías, viendo acercarse aceleradamente una nueva jornada de más de dos tercios del día en su verdadero hogar, el hospital.

El hospital se divide en dos partes: ambulatoria y de internación en sala.

“Si vos estás en internación, durante las 24hs de la guardia vos estás sólo como médico en esa sala, así que tiempo de descanso no tenés… Si la sala llega a estar muy tranquila, y te querés tirar un ratito, lo podés hacer, pero si la sala está tranquila. La realidad es que estás activo las 24hs. Si estás en ambulatorio por ahí tenés una hora para comer, y un rato para dormir, porque se dividen por turnos (…) Hay muchísima demanda en el hospital, y el hospital depende casi exclusivamente de los residentes. A nosotros nos ‘sobreexplotan’, en cantidad de horas y en cantidad de laburo, y no contratan a más. Somos muy pocos para el laburo que hay. Hay cada vez más laburo y no aumenta el número de residentes. La verdad que las condiciones en las que trabajamos son infrahumanas. Por ejemplo, si te toca la guardia el domingo, entrás ese día a las 8 am, y salís el lunes a las 4 de la tarde. 7 días al mes 36 hs seguidas metidos adentro del hospital. Me parece que ninguna persona en el mundo puede estar capacitada para laburar 36 hs seguidas. Y además no es rentable. Si vos te fijás la cantidad de horas que trabajamos, nos pagan ‘nada’, ‘monedas’ la hora.”

En efecto, el Estado paga un salario bruto de $3.500 al mes “por todo concepto”. En el caso del Garrahan, la cooperadora del hospital “regala” $100 mensuales más. Como la obra social corre por cuenta del residente, y a nuestra entrevistada la obra social le duele $300 al mes, el salario bruto es de unos $3.300. Hagamos cálculos: gana $ 3.300 y trabaja unas 300 hs al mes. Hasta el 1 de enero de 2011, el salario mínimo vital y móvil es de $1740. Suponiendo una carga horaria semanal “normal”, de unas 40 hs., se percibe el mínimo por unas 168 hs mensuales. Con esta carga horaria, un residente ganaría $1848 mensuales. En definitiva, el salario de un médico joven, que pudo sortear un concurso donde la competencia deja afuera al 80% de los aspirantes, que desarrolla una tarea cuya intensidad, responsabilidad y continuidad son extraordinarias, que vive en la ciudad con el costo de vida más alto del país, ese salario es 100 miserables pesos superior al mínimo vital y móvil. Un mínimo vital y móvil que, sabrá el lector, no es gran cosa, equivalente al alquiler mensual de un departamento al que no le sobra nada.

¿Cuánto gana por hora de trabajo? 11 pesos por hora reloj. “Monedas”. Imagine el lector que un becario de CONICET -cuyo salario, por otra parte, no debe ser motivo de envidia alguna- gana $24 por hora. Gana más del doble que un residente del Garrahan, y su salario no deja de ser una porquería. Imagine también que un empleado bancario gana $42 la hora. Cerca de 4 veces más. Y no se vaya a creer que con eso se alcanza la gloria. Para nada. Luego, se trata de un salario “pelado”, y además se les exigeexclusividad: “Teóricamente vos formás parte de la planta del Estado, pero la realidad es que hay mucha gente que después labura afuera, pero por una cuestión económica, porque no te rinde, necesitás trabajar afuera”.

Por otra parte, y como se ha evidenciado, otra de las determinaciones del fenómeno es la competencia. Muchos aspirantes, pocos cargos. Sólo accede un promedio del 20% de los postulantes. En 2009, por ejemplo, se presentaron 550 postulantes en el área de pediatría, y había 120 puestos. Entró el 21,8%. Muchos ideólogos dicen que porque “entran los mejores”, se paga mejor. Es decir, que la competencia entre los obreros juega a su favor. No les va mejor a sus colegas de la Provincia de Buenos Aires. Su horario de planta es de lunes a viernes de 8 a 17 hs y sábados de 8 a 12 hs.(3)  Además tienen por reglamento 8 guardias mensuales de 24 hs, pero en los hechos pueden llegar a tener hasta 12 guardias al mes (en cirugía, por ejemplo, donde se desempeña nuestro entrevistado). Unas 380 hs reloj de trabajo por mes (como mínimo). 12 hs y media por día, de lunes a lunes. 18 hs por día, de lunes a viernes. Tres cuartos del día trabajando para vivir. Un cuarto “viviendo” para poder trabajar. Ganan $3.200 al mes. 8,50 la hora. “Monedas”. Si tomamos la carga horaria “normal”, ganan $1.428. Un 18% por debajo del mínimo vital y móvil actual.

La resistencia

Contra lo que propone Carancho (y los patrones), los residentes se organizan. En el caso de los de Provincia de Buenos Aires, el miércoles 1 de diciembre se movilizaron unos 700 residentes al Ministerio de Salud provincial. Ya venían activando desde antes, pero de manera muy esporádica. Lograron armar una “comisión provincial de residentes”, y también comisiones por hospital. Los de Nación también vienen reclamando, y harán un paro el día jueves 16 de diciembre. Además de luchar por mejores condiciones laborales, exigen la apertura de concursos, más residencias. Reclaman trabajar menos tiempo, pero no simplemente, porque la necesidad social de atención médica es enorme. La competencia va tomando su forma contraria: la solidaridad.

Notas:

(1) http://www.msal.gov.ar/residencias/a_residencias.asp
(2) Todos los datos fueron extraídos de la entrevista realizada por el autor a Luciana, residente del Hospital Garrahan.
(3) Todos estos datos fueron extraídos de la entrevista realizada por el autor a Manuel, residente en un Hospital de la ciudad de La Plata.

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