Dos caras, la misma moneda. José Bleger, el PCA y el problema del status científico del psicoanálisis

Por Nicolás Robles López – Una discusión entre un psicoanalista y varios psiquiatras en el marco del Partido Comunista Argentino (PCA) nos lleva a repensar un tema recurrente en la psicología, su validez como ciencia. La proliferación de distintas escuelas de psicología y su continua fragmentación, son síntomas de esta “crisis” de la psicología científica, que fue puesta en evidencia hace mucho tiempo y no ha perdido vigencia aún. La enseñanza universitaria de la psicología presenta un panorama parecido: muchas materias distintas sobre psicologías diversas, en las que los puntos de encuentro entre ellas son muy pocos o casi nulos. Llegado a este punto, cabría preguntarse: ¿Cómo fundar una psicología verdaderamente científica? ¿Es posible? ¿Desde dónde tendríamos que partir? Estos son los interrogantes que abre la polémica instalada en el seno del PCA. El psicoanálisis, en la historia de la psicología a nivel mundial y en Argentina, fue y sigue siendo una parte importante de este problema.

José Bleger, médico psiquiatra que se dedicó al psicoanálisis, muy reconocido entre los estudiantes de la flamante carrera de psicología y en el ámbito psicoanalítico, en 1958 publica el libro Psicoanálisis y dialéctica materialista, en el que se encarga de analizar el psicoanálisis como parte de su proyecto de fundar una psicología concreta.1 El libro es recibido con duras críticas por parte de un grupo de psiquiatras afiliados al PCA, que inician una dura polémica contra su autor.

El episodio suele ser considerado desde el ángulo de la relación entre el sicoanálisis y la izquierda. En particular, sobre todo por parte de cierta historiografía anti-partido, como un episodio más de la barbarie stalinista. Se pierde de vista que, más allá de sus limitaciones, el hecho también representa un momento en la reflexión interna de la disciplina en torno a su estatus científico. El anti-estalinismo se transforma aquí, entonces, en un obstáculo epistemológico que impide ver la sustancia del problema, más allá de su forma histórica contingente. En este texto nos interesa rescatar este segundo aspecto del problema, a nuestro juicio, de mucha mayor importancia para el futuro de la disciplina.

¿Psicoanálisis científico?

Para llevar a cabo este trabajo de análisis, Bleger continúa la línea de crítica al psicoanálisis que inauguró Georges Politzer en su Crítica de los fundamentos de la psicología. Esta línea se fundamenta en el materialismo dialéctico y plantea “retomar en todos los ámbitos el núcleo real y científico sobre el que se asienta el idealismo y no permitir su usurpación de la ciencia”.2 Teniendo en cuenta esto, Bleger observa que en el psicoanálisis se da una escisión entre teoría y práctica. Mientras que en la práctica Freud consigue operar de manera efectiva en sus pacientes, en la teoría no puede plasmar estos datos concretos en una forma materialista, sino que los traspone en términos idealistas y en construcciones metafísicas. Bleger dice que con las teorías dinámicas de Freud se da “una trasposición, un reemplazo del hecho o acontecer humano por fuerzas manejadas como entidades o cosas, en lugar de los hechos humanos”3. Esto acontece porque Freud no había descubierto la dialéctica como instrumento conceptual y tuvo que construir su teoría con instrumentos que no eran los adecuados para “expresar el decurso dialéctico de la conducta humana”.4 Según Bleger, Freud habría descubierto la dialéctica en los hechos, sin ser conciente de ello. Este descubrimiento de la dialéctica Bleger lo observa en la obra de Freud en lo que él llama “dramática”. El concepto de dramática está inspirado en el concepto de “drama” politzeriano, pero no se atiene estrictamente a él. La dramática consiste en estudiar el síntoma del enfermo en relación con su vida y con los sucesos que le acontecieron. Pero no sólo se refiere a los hechos objetivos acontecidos al paciente, sino que también tiene en cuenta cómo fueron subjetivamente vivenciados por éste. La dramática puede ser sistematizada en la “dinámica”, entendida como un conjunto de vectores de fuerza. Estos vectores de fuerza son “una función matemática o una referencia abreviada a relaciones de los hechos psicológicos entre sí y con la conducta total de la misma persona, y a relaciones de esta última con el mundo; en otros términos, a relaciones objetales”5. Pero el problema con la dinámica freudiana está en que fue aislada de la dramática, se le concedió autonomía y, por último, fue ubicada “al comienzo, como causa generatriz de la dramática y de la conducta total”6. Estas fuerzas serán después las famosas pulsiones, que son entelequias que nada tienen que ver con el que debería ser el verdadero objeto de estudio del psicoanálisis, el hombre concreto.

Otro tema importante que trata Bleger es el de la sesión psicoanalítica. Él plantea que ya no es posible seguir considerando al psicoanalista como un mero receptor ya que esto llevaría a pensar que simplemente se exterioriza algo que ya está contenido en el psiquismo del paciente. En realidad las interpretaciones del analista no surgen del analizado sino que surgen de la relación existente entre ambos, como un emergente. Este emergente es algo nuevo, algo que no existía en el analizado sino que surge en la sesión. Las historias personales tanto del analista como del analizado se conjugan para formar este emergente, que es distinto en cada momento de la sesión y que se encuentra en constante cambio dependiendo de las acciones de ambos.

Resulta interesante también su planteo de la psicopatología en términos de alienación. Esta hipótesis de Bleger plantea que los mismos mecanismos funcionan en las personas “normales” y en las personas con alguna psicopatología y que el enfermo mental no es un desadaptado sino que es una persona adaptada a las condiciones alienadas de vida de la sociedad en la que se encuentra. La sociedad alienada es aquella en la que los objetos producidos por los trabajadores se animizan y se vuelven en su contra. En este proceso, el hombre se termina transformando en una cosa y pierde sus cualidades humanas. Estas cualidades son transmitidas a los objetos o a otras personas, esta fragmentación del yo se denomina división esquizoide y es la base de las demás patologías.

De todas maneras, a pesar de sus desarrollos, Bleger se encarga de aclarar que las investigaciones psicológicas no implican el abandono del avance de las demás ciencias. Sobre todo de la reflexología y la neurofisiología, las cuales tienen que integrarse a los aportes del psicoanálisis para lograr un mayor conocimiento de la conducta del ser humano. La neurofisiología nunca podría ser una psicología por sí sola sino que debe completarse con otras ciencias para lograrlo. Bleger plantea que si se explica la conducta por la neurofisiología, se está en el campo de la psicofisiología y que si se la explica desde los hechos sociales, se está en el campo de la psicosociología. Estos dos campos, la psicofisiología y la psicosociología, son necesarios para la psicología y no pueden excluirse entre sí.

¡Nunca!

Eso dirían los críticos de Bleger frente a su propuesta de fundar un psicoanálisis científico. ¡Nunca! ¡Es imposible! Los argumentos que se esgrimieron contra la empresa de Bleger fueron muy variados, algunos más tibios y otros más duros. Entre estos últimos se encuentran los del psiquiatra Adolfo Lértora, quien sostenía que el psicoanálisis no era una psicología y que en lo que habría que basarse para crear una psicología materialista y dialéctica era en la reflexología. A pesar de la postura de Bleger con respecto a las relaciones entre reflexología y psicoanálisis, Lértora rechazaba por completo cualquier relación entre uno y otra y les pedía a los psicoanalistas que abandonaran “su psicología y su psicopatología sin cerebro”7. Además, consideraba que detrás del intento de Bleger de recuperar elementos del psicoanálisis se escondía el “arsenal ideológico de la reacción”8. En este primer cruce terciaría el psiquiatra cordobés Gregorio Bermann afirmando que la fisiología no podía reemplazar a la psicología. Según Bermann había que utilizar los descubrimientos hechos por el psicoanálisis y la reflexología para crear una psicoterapia racional. Al parecer consideraba que Bleger no trataba de crear una psicoterapia tal porque lamentaba que se hubiera perdido “en las calles ciegas del psicoanálisis”9. Otro que atacó duramente a Bleger fue César Cabral. Planteaba, al igual que Lértora, que el psicoanálisis era una disciplina burguesa de la que no podía salir ninguna práctica revolucionaria. También consideraba que en el psicoanálisis no había dialéctica sino conflictos estáticos entre fuerzas, punto que Bleger había aclarado al separar la dinámica freudiana de la dramática. Héctor Agosti, miembro del PCA, también formó parte de la “Comisión Nacional de Asuntos Culturales del PCA”, que fue convocada para discutir el libro de Bleger, y criticó la utilización de la alienación por parte de Bleger para explicar las patologías psíquicas. Se basaba en que Bleger se olvidaba del “hombre concreto en las condiciones concretas de la explotación capitalista”10 y lo reemplazaba por “el hombre y su circunstancia”. Todas estas críticas, salvo la de Bermann, tienen en común que consideran que el único destino posible para el psicoanálisis es el tacho de basura y que la única base segura para fundar una psicología materialista es la reflexología.

Aunque…

Resultaría fácil criticar a los psiquiatras del PCA e incluso resaltar que sus ataques a Bleger contienen un elevado grado de inconsistencia y arbitrariedad. Sin embargo, lo importante es rescatar el eje del debate: ¿puede el psicoanálisis ser científico? Los psiquiatras del PCA rescatan el elemento biológico en la conducta humana. Resultaría fácil, otra vez, rechazar el planteo con la acusación de barbarie pavloviana. Y sin embargo, sería tirar el bebé con el agua sucia, práctica común en el posmodernismo que culmina en un rechazo del materialismo y de la ciencia.

En efecto, el mismo Bleger acepta este desafío y no escapa al problema. La práctica psicoanalítica puede constituir un espacio para desarrollar una nueva psicoterapia basada en otros conocimientos. Estos otros conocimientos son, como Bleger decía, la psicofisiología y la psicosociología. O, lo que es lo mismo, los conocimientos aportados por el estudio del ser humano como un ser vivo y los conocimientos adquiridos por el estudio del ser humano como un ser social inserto en la sociedad capitalista. Este punto nos lleva a considerar los interrogantes antes planteados. ¿Desde dónde podríamos fundar una psicología científica? Una verdadera psicología científica sólo puede basarse en el estudio del ser humano tanto desde lo social como desde lo biológico, como lo ha planteado Henri Wallon11. Esto es así ya que entre el estudio de lo biológico, lo orgánico, y lo social, no hay una escisión insalvable. Más bien hay una relación que no se puede romper si se piensa dialécticamente.

Desde Darwin sabemos que cualquier especie es lo que es en relación a su medio ambiente. No existe ninguna especie que no esté a merced de la evolución mientras su medio ambiente cambie. Ahora, el ser humano es igual a todos los demás seres vivos pero también diferente a todos. Ciertas características conjugadas le permitieron dejar de sufrir pasivamente los cambios ambientales para poder cambiarlos activamente. El ser humano pudo cambiar las condiciones del medio ambiente a su favor y estas condiciones creadas por el ser humano, la sociedad, son las que ahora afectan al organismo viviente en su desarrollo, tanto o más que sus condicionantes biológicos. Sin embargo, no se puede establecer una distinción tajante entre qué es biológico y qué es social ya que se encuentran en permanente interrelación.

La discusión entre Bleger y los psiquiatras nos invita a pensar este tironeo entre lo biológico y lo social. La superioridad del planteo “blegeriano” radica en ubicarse en esa intersección. La limitación de las posiciones de sus contrincantes, dejando de lado la intervención de Agosti, consiste en retroceder frente a dicha complejidad. En efecto, el problema de la respuesta “PCA”, por lo menos en cuanto al problema que nos interesa, no radica en las posiciones políticas de sus autores, sino en la sustancia de su intervención: la reducción de la sicología a la biología, la anulación de ese salto de calidad que media entre cuerpo y sociedad. Sin embargo, su demanda de cientificidad, que Bleger también reivindica, es una exigencia que no podemos rechazar con un simple ademán de suficiencia política.

Así es como puede entenderse la psicología científica, en este caso el psicoanálisis blegeriano, en términos de análisis concreto de los problemas del paciente, ya sean orgánicos o sociales, o más bien, orgánico-sociales. Mientras la psicología se base en el estudio del hombre concreto, ninguna de estas dos caras pueden ser separadas.


Notas

1http://psy.francoarg.asso.free.fr/Conferences/Bleger/bleger. html
2Bleger, José: Psicoanálisis y dialéctica materialista, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1963.
3Ibid., p. 140.
4Ibid., p. 157.
5Ibid., p. 130.
6Ibid., p. 131.
7Lértora, Adolfo; citado en Dagfal, Alejandro: José Bleger y los inicios de una “psicología psicoanalítica” en la Argentina de los años `60 en http://www.elseminario.com.ar/biblioteca/Dagfal_ Bleger_psicologia_psicoanalitica.htm
8Idem.
9Bermann, Gregorio; citado en Dagfal, Alejandro: José Bleger y los inicios de una “psicología psicoanalítica” en la Argentina de los años `60 en http://www.elseminario.com.ar/biblioteca/Dagfal_ Bleger_psicologia_psicoanalitica.htm
10Espectador; citado en Dagfal, Alejandro: José Bleger y los inicios de una “psicología psicoanalítica” en la Argentina de los años `60 en http://www.elseminario.com.ar/biblioteca/Dagfal_Bleger_ psicologia_psicoanalitica.htm
11Wallon, Henri: “Psychology and dialectical materialism” en www.marxists.org

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