Con el sudor de frentes ajenas. Fortunas amasadas en base al trabajo cartonero – Nicolás Villanova

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Con el sudor de frentes ajenas
Fortunas amasadas en base al trabajo cartonero

¿Se extinguió la clase obrera?¿Se achicó? Así parecen pensarlo quienes presentan a los cartoneros como “cuentapropistas”. Si usted todavía duda del carácter proletario de estos trabajadores, vea aquí cómo acopiadores y empresas recorteras de papel los explotan en un trabajo que de autónomo no tiene nada.

Nicolás Villanova
TES – CEICS

Los cartoneros producen una mercancía, el insumo reciclable, que luego es utilizada por la industria como materia prima para la elaboración de otros bienes. Los intermediarios compran el producto a los recuperadores y luego lo venden a las empresas. Su función, dentro de todo este engranaje, es garantizar la llegada de los productos reutilizables a la industria. Los intermediarios se han ganado el apodo de “mafiosos” o “parásitos”, sobre todo porque los cartoneros denuncian que la balanza siempre pesa menos de lo que debiera. Esta caracterización “moral” de los intermediarios ha sido muy difundida por las organizaciones cartoneras y por los investigadores del fenómeno. No obstante, a nadie se le ha ocurrido pensar que esta capa de intermediarios es parte de una clase, la capitalista, y que, como toda expresión de esta clase, vive de la explotación del trabajo ajeno, en este caso, de los cartoneros.

Una familia exitosa (y explotadora)

Hay intermediarios de todo tipo: camiones que se trasladan por barrios porteños donde se concentran cartoneros, particulares que compran productos, y proveen de bolsones y carros, y galpones. En un relevamiento del gobierno porteño en el año 2006, se registraron 114 depósitos. En la mayoría de los casos, los intermediarios compran materiales derivados del papel, aunque también obtienen, en menor medida, metales, botellas plásticas y demás productos. Dos de esos galpones, ubicados en el barrio de Paternal, tienen una historia que remite a la década de 1980 y que nos interesa describir. Se trata de una familia que supo acaudalar dinero sobre la base de la explotación de los cartoneros [1].
En 1986, un intermediario instaló su galpón en el Albergue Warnes. Diariamente, unos 100 cartoneros le vendían los productos recogidos en las cercanías del barrio. A su vez, el encargado había construido unos 50 carros que prestaba a los recuperadores a cambio de la venta exclusiva de los insumos recolectados. Esto muestra el intento por profundizar una mayor subordinación de los cartoneros (instancia que aún prevalece, en estos tiempos, en varios depósitos). Una vez dinamitado y desalojado el albergue, en el año 1990, el dueño del galpón tuvo que mudarse. Compró un depósito en las cercanías del sitio, del que luego se hicieron cargo sus dos hijas. Se trata de un galpón de unos 100 metros cuadrados, que hoy se valúa en unos 145 mil dólares. Sin duda, el cartoneo fue una actividad redituable en los ’80, al menos para el intermediario en cuestión. Incluso, en el año 2008, una de sus hijas se independizó y alquiló un galpón a la vuelta del depósito, por el cual, actualmente, paga un monto de 15 mil pesos por mes.
En estos galpones, trabajan tres y cuatro empleados respectivamente, aunque suelen rotar, debido a la precariedad de sus condiciones laborales. Como señalaba una de las entrevistadas: “la gente rota, porque son muchas horas de trabajo, entonces no aguantan”. Efectivamente, trabajan 12 horas por día por 150 pesos. Los trabajadores del galpón se encargan del enfardado y acopio de los productos con máquinas enfardadoras y auto-elevadores. No obstante, los cartoneros también son explotados por los intermediarios, en la medida en que garantizan el insumo reciclado. Diariamente, se acercan entre 80 y 100 cartoneros a quienes los depósitos les pagan a destajo. Incluso, los recuperadores pueden utilizar el galpón como guardería de sus carros, a cambio de la venta exclusiva de productos. Además, los encargados de los depósitos se trasladan en camiones hasta los asentamientos cartoneros para comprar materiales. Por otra parte, los intermediarios no sólo poseen la propiedad de las máquinas, también disponen de un capital inicial que desembolsan para comprar los productos. Estimativamente, por semana se destina un capital que oscila entre los 27 y los 30 mil pesos, sólo por la compra de cartón. Al vender el producto a un precio mayor que el de su compra, obtienen un ingreso más elevado en la transacción.

Los grandes recorteros

En otro orden, los intermediarios aparecen bajo la figura de “recorteros”. Se trata de establecimientos donde se efectúan las mismas tareas que en los galpones más chicos, aunque de manera más “formal”, si por ello entendemos la existencia de un convenio de trabajo y el blanqueo frente a la AFIP. Lo que difiere es la magnitud de su capital. Un ejemplo es la empresa RECICOR, que inició su actividad en el año 2000. RECICOR no compra a cartoneros independientes, sino a las cooperativas de recuperadores. A dos de ellas, RECICOR les entregó máquinas enfardadoras, cuando se conformaron, para que ellas le vendieran con exclusividad el cartón ya enfardado. Como menciona el encargado: “hay cooperativas que nos entregan ya enfardado el cartón. Cooperativas que, en sus inicios, nosotros les dimos una mano. Le proveímos una enfardadora y a algunas le conseguimos para que compren”.
El resto de sus proveedores son otros intermediarios más chicos. Al igual que éstos, la empresa tiene empleados (en este caso, doce), maquinaria de alta tecnología (una máquina que compacta y anuda el fardo de manera automática, a diferencia de los intermediarios más chicos), camiones y auto-elevadores. También posee contenedores roll off, los cuales son entregados en plantas industriales, depósitos y centros de reciclado gestionados por cooperativas para retirarlos cuando se llenan. Mensualmente, la empresa compra 1.000 toneladas de cartón corrugado, cantidad que equivale a un gasto de 800 mil pesos a un precio por kilo del producto de 80 centavos. Por semana, el desembolso de capital por la compra de cartón es, estimativamente, de 200 mil pesos. En el cuadro mostramos, de manera sintética, y con las limitaciones del caso, los ingresos y gastos de los intermediarios y la maquinaria que poseen. Sin lugar a dudas, estamos hablando de dos clases contrapuestas: por un lado, los patrones (intermediarios) y por otro, los explotados (cartoneros).

Ni progres, ni estafadores

Los intermediarios componen una capa de la burguesía que vive de la explotación ajena. No solo de empleados propios, sino también de un ejército de cartoneros. A su vez, los galpones poseen enfardadoras, camiones y auto-elevadores, es decir, medios de producción. Su propiedad convierte a los intermediarios en capitalistas. Lógicamente, su poder de acumulación depende del capital invertido. Pueden ser capitales más chicos, algo que no revierte su carácter de explotadores, o bien empresas con mayor poder de acumulación. Con estrategias diversas (guardería y préstamo de carros a cambio de la exclusividad en las ventas, compra de enfardadoras para las cooperativas) estos intermediarios profundizan la relación de subordinación con los cartoneros. Por su parte, estos últimos son quienes venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario por el cual reproducen su vida. Aún cuando la transacción de cartón reciclado aparenta tener la forma de un simple intercambio igualitario de productos, en realidad, lo que vende el cartonero es su capacidad de recoger y clasificar un insumo. Este acto es voluntario. Por ello, los recuperadores no son ni esclavos ni excluidos, como sugieren las organizaciones sociales que dirigen a los cartoneros, por ejemplo el Movimiento de Trabajadores Excluidos. Por el contrario, son obreros que realizan una tarea intensa, sin ningún convenio de trabajo que los ampare [2]. Por otra parte, la existencia de la cooperativa no garantiza la autonomía de los cartoneros frente a los intermediarios. Como hemos mostrado, existe una relación de sujeción según la cual la cooperativa racionaliza el trabajo al intermediario (sobre todo los más grandes) y efectúa una tarea que habitualmente sería realizada por empleados de la empresa. Incluso, los cartoneros de la cooperativa trabajan con los medios de producción de las recorteras. Para esta última, es más sencillo negociar con las cooperativas que con cartoneros sueltos y, al mismo tiempo, abarata los costos de las cargas sociales frente a emplear personal en su propia planta. La sociología burguesa confunde a cartoneros, acopiadores y empresas recorteras bajo la misma bolsa del trabajo “informal”, “por cuenta propia”. Esconde, por lo tanto, que unos son burgueses y otros obreros, que la riqueza de los primeros se construye sobre el trabajo y la miseria de los segundos. Esta última, sin duda, usted ya la conocía. Para tener una idea de las fortunas que se crean en base a la explotación de los cartoneros, le presentamos el siguiente cuadro, con la información de empresas del sector. Como puede verse, no hay equivalencias. Corresponde, entonces, a los trabajadores, reconocerse como tales y organizarse contra sus patrones. Y, a la izquierda, prestar especial atención a esta parte de nuestra clase.

NOTAS:
1 La información que presentamos se basa en dos entrevistas a intermediarios ubicados en la zona de Paternal y una a un recortero de Lomas de
l Mirador, realizadas en mayo y junio de 2013.
2 Sobre condiciones laborales de cartoneros, vea los siguientes artículos de El Aromo: http://goo.gl/dmLAc7; http://goo.gl/PTohxv; http://goo.gl/xMbHWi.

 

 

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