Clásico piquetero: Relaciones de mando* – Mao Tse-Tung

mao zedongMao Tse-Tung
(1893-1976)

La guerra de guerrillas no puede desarrollarse con éxito sin ningún mando centralizado. Cuando se desarrollan al mismo tiempo una amplia guerra regular y una amplia guerra de guerrillas, es indispensable coordinar sus operaciones en forma adecuada. De ahí la necesidad de un mando que coordine a ambas, es decir, un mando estratégico único ejercido por el Estado Mayor General de la nación y los comandantes de zonas de operaciones. […] Las fuerzas enemigas allí forman por lo general un complejo unificado para actuar según un plan único contra las guerrillas. Por consiguiente, en tales zonas guerrilleras o bases de apoyo surge el problema de establecer un mando único, esto es, un mando centralizado.

De ahí que el principio de mando en la guerra de guerrillas, opuesto tanto a la centralización absoluta como a la descentralización absoluta, exige un mando estratégico centralizado y un mando descentralizado en las campañas y batallas.
El mando estratégico centralizado comprende la planificación a escala nacional y la dirección general de la guerra de guerrillas en su conjunto, la coordinación de la guerra de guerrillas con la guerra regular en cada zona de operaciones y la dirección única de todas las fuerzas armadas antijaponesas en cada zona guerrillera o base de apoyo. Aquí, la ausencia de coordinación, unidad y centralización es dañina y deben hacerse todos los esfuerzos por obtener coordinación, unidad y centralización. En relación con los asuntos generales, es decir, las cuestiones de orden estratégico, los niveles inferiores deben informar a los superiores y seguir sus instrucciones para asegurar una acción concertada. Pero la centralización del mando debe detenerse ahí, ya que sería igualmente perjudicial exceder este límite e inmiscuirse en los asuntos concretos de los niveles inferiores, como en las disposiciones específicas para una campaña o una batalla. Porque tales asuntos concretos deben solucionarse a la luz de las condiciones específicas, que cambian según el tiempo y lugar, y no pueden ser conocidas por los lejanos mandos superiores. Esto es lo que se entiende por el principio de mando descentralizado en las campañas y batallas. El mismo principio se aplica también, en general, para las operaciones de las tropas regulares, en especial cuando los medios de comunicaciones son imperfectos. En una palabra, lo que decimos significa una guerra de guerrillas efectuada en forma independiente bajo un único mando estratégico.
En una base guerrillera  en que se constituye una zona militar dividida en subzonas militares, cada una de las cuales comprende varios distritos, divididos a su vez en territorios, las relaciones entre los distintos niveles, desde los cuarteles generales de la zona militar y de las subzonas militares hasta los gobiernos de distrito y territorio, son de subordinación consecutiva, y las fuerzas armadas están subordinadas a los diferentes niveles, de acuerdo con su carácter. Conforme al principio antes mencionado, en las relaciones de mando entre dichos niveles, la línea general debe ser trazada por los niveles superiores, en tanto que las operaciones concretas deben ser ejecutadas, a la luz de las circunstancias específicas, por los niveles inferiores, los cuales tienen derecho a actuar en forma independiente. Si un nivel superior tiene alguna observación que hacer sobre las operaciones concretas emprendidas por un nivel inferior, puede y debe expresarla en forma de “instrucciones”, pero de ninguna manera como “órdenes” categóricas. Cuanto más extensa la zona, cuanto más compleja la situación y mayor distancia entre los niveles superiores y los inferiores, tanto mayor independencia se deberá permitir a estos últimos en sus operaciones concretas, y más necesario será hacer que esas operaciones concuerden estrechamente con las condiciones locales y correspondan a las exigencias de la situación local, a fin de que los niveles inferiores y el personal local puedan desarrollar su capacidad para trabajar independientemente, enfrentar situaciones complicadas y extender con éxito la guerra de guerrillas. En el caso de una unidad o agrupación ocupada en una operación concentrada, sus relaciones internas de mando siguen el principio de centralización, porque la situación es clara para el comando superior. Pero si esta unidad o agrupación se divide para una acción dispersa, entonces se aplica el principio de centralización en cuestiones generales y descentralización en cuestiones concretas, ya que el comando superior no puede conocer la situación concreta.
La ausencia de centralización, donde se la necesita, significa negligencia de parte de los niveles superiores y usurpación de autoridad por los niveles inferiores, ninguna de las cuales puede ser tolerada en las relaciones entre los niveles superiores e inferiores, especialmente en el terreno militar. Si la descentralización no se efectúa donde se debe, ello significa monopolización del poder por los niveles superiores y carencia de iniciativa por parte de los inferiores, ninguna de las cuales puede ser tolerada en las relaciones entre los niveles superiores e inferiores, especialmente en las relaciones de mando de la guerra de guerrillas. La aplicación de los principios mencionados constituye la única política correcta para solucionar el problema de las relaciones de mando.
*Tomado de Selección de Escritos Militares, La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1972, pp. 201-204.

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