Vehicles are seen stuck in a traffic jam near a toll station as people return home at the end of a week-long national day holiday, in Beijing, China, October 6, 2015. Picture taken October 6, 2015. REUTERS/China Daily CHINA OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN CHINA

Transporte, eficiencia y Socialismo

en La Hoja Socialista 16/LHSEscenasDelFuturo

El transporte es un problema constante en nuestras vidas. Cualquier laburante de a pie lo sabe. Todo trabajador pierde un tercio de su día trabajando, si tiene la suerte de solo trabajar 8 horas, pues no faltan las jornadas laborales que alcanzan las 12 horas o más. Es tiempo que pierde, sí, repitiendo día tras día una actividad que, incluso cuando nos gusta, no deja de volverse agotadora por la simple repetición. A eso hay que sumarle, de nuevo si tiene suerte, unas dos o tres horas que, se pierden viajando.

Los que viajan en transporte público le suman al tiempo de traslado, unos cuantos minutos (a veces horas) de espera, porque el subte redujo la frecuencia, el tren quedó varado entre estación y estación, o el colectivo, en horario pico, duplica o triplica los tiempos. Una vez arriba, a viajar parado, agarrándose de lo que se pueda ante cada frenazo, la falta de aire, el calor en verano, el frío en invierno, las alergias de primavera suya o del resto de los pasajeros. Y, como siempre, lo que más duele: el bolsillo. El transporte se lleva buena parte de nuestro sueldo. Vemos día a día como lo que cargamos en la tarjeta dura cada vez menos.

Si usted es un poco más afortunado y tiene auto, la tortura del viaje se simplifica un poco. Tampoco mucho. Un poco más de espacio, la comodidad de salir cuando uno quiere, la calefacción o la ventilación según la estación. Obviamente, en el capitalismo la comodidad se paga, y no es barata. Este “lujo” se llevará una parte mayor del sueldo y el día que se rompe algo importante, adiós a las finanzas mensuales. El ahorro en tiempo es muy relativo, dado los embotellamientos y las dificultades para encontrar un lugar donde estacionar.

Lo cierto es que viajar hoy es una verdadera odisea, que nos lleva tiempo, dinero y la propia vida. ¿Es necesario que viajemos tan mal? En realidad, no. Como el lector ya sabe, todos los males que tratamos en esta sección tienen un único y claro culpable: el capitalismo. Un tipo de sociedad, que defiende la ganancia por sobre la vida, lleva necesariamente a una forma de organización completamente irracional. El transporte es parte de ello.

La mayor eficiencia se lograría con transportes colectivos, operados con electricidad porque se gasta menos energía para una masa mayor de pasajeros, contamina menos, genera menos polución sonora, es más rápido, provoca menos accidentes, etc. Pensemos que cada automóvil, que sólo puede llevar a cuatro o cinco personas al trabajo, normalmente viaja ocupado por una o, a lo sumo dos, después hay que dejarlo durante horas estacionado en algún lugar, inútilmente paralizado. Tengamos en cuenta que, quien usa el auto para viajar al trabajo, generalmente lo hace por la comodidad de no viajar hacinado y no tanto por ahorrar tiempo, pues el subte, el metrobus o el tren son muchísimo más rápidos. Claro, el trazado de estos medios de transporte tampoco es del todo eficiente, porque está armado en función de la ganancia y no de las necesidades humanas.

¿Por qué estas cuestiones elementales que demuestran la baja eficiencia del auto no llevan a su limitación y a la expansión del transporte público? Porque el transporte público no es un buen negocio y porque a los fabricantes de autos y a las petroleras no les interesa ni les conviene. Si estuvieran guiados por el afán de eficiencia, presentarían todos los días proyectos a los gobiernos acerca de cómo mejorar el transporte público. Pero están preocupados en la ganancia, por eso estimulan a los gobiernos a que gasten en ensanchamiento de calles y autopistas (con peaje, por supuesto), en lugar de construir subterráneos. Usted ya sabe, cuando lo que impide resolver un problema es la ganancia y una sociedad basada en ella, la solución está siempre en el Socialismo. Las frecuencias de los trenes, colectivos y subterráneos, no estarán al servicio de achicar costos, sino de facilitar el traslado de todos. El trazado de vías y calles, se organizará en función de acortar las distancias. Un transporte seguro, rápido y eficiente, solo lo alcanzaremos en una nueva sociedad, en una que priorice la vida humana, por sobre todo.

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