¿Qué pasa en el mundo? El Coronavirus y la crisis mundial

en La Hoja Socialista 18/Novedades

Por estos días se dice que “el mundo ya no será igual” después del coronavirus: se plantea que la pandemia desató una crisis que va a transformar –para bien o para mal- la sociedad. Se habla incluso del fin de la vida humana y las películas apocalípticas son tendencia en Netflix. Pero en realidad, la crisis es anterior al coronavirus.

La crisis se remonta a los años ’70. El mundo venía de un boom de posguerra, pero la economía comenzó a enlentecer su crecimiento. Así, cada diez años, esa crisis terminó en recesiones (1974, 1982, 1989, 2001, 2008) que eran bautizadas como “efectos” según el lugar inicial (“tango”, “arroz”, “tequila”) o como “burbujas” según la rama (de internet, inmobiliaria, etc.). Pero el problema era la tasa de ganancia de los capitalistas.

La última gran esperanza para salir de la crisis fue China, que creció notablemente. Incluso su demanda repercutió en varias partes del mundo: pensemos en Argentina y la soja. Pero, desde hace 10 años la economía china tiene tasas de crecimiento cada vez menores (del 11% anual pasó al 5% y hoy anda quizás por abajo del 4%). Eso provoca que se desinfle el mercado y comience a guerra comercial: hay menos para repartirse entre más.

¿Por qué sucede esto? China vivió de explotar más a los obreros y proveyó así, más plusvalía al mundo, elevando la tasa de ganancia mundial. Consiguió mano de obra barata: con la misma base técnica le sacó más horas de trabajo excedente a cada obrero. Eso se llama plusvalía absoluta. ¿Qué lo posibilitó? Tener millones y millones de chinos en el campo, como “desocupados”, lo que tira abajo el salario. Pero además, ofreció textiles, electrodomésticos, zapatos, etc. más baratos. Eso hizo que los capitalistas paguen salarios más bajos sin que cambien la calidad de vida de los obreros. Eso se llama plusvalía relativa, otra forma de alimentar la tasa de ganancia.

Pero además, los salarios “chinos” hicieron que bajen los salarios en otros países. Pensemos en cada reforma laboral, en cada paritaria a la baja, cada recorte salarial, etc. Pero ahora, a China todo se le hace más difícil: producir le sale más caro, porque a medida que fue creciendo, también se fue quedando sin combustible. Básicamente, fue absorbiendo a la masa de chinos que vivían en el campo. Así, hoy se estanca, como le pasó a Japón. Una creciente cantidad de capitales empezó a escaparse de China e incluso el propio capital chino busca otros países.

Este proceso llevó a la guerra comercial: un choque de capitales que no puede atribuirse al “estilo de negociación” de Donald Trump. Así se fractura el mercado mundial. En este contexto, el coronavirus y su rápida expansión muestran el estado de debilidad física de la población mundial, que se contagia con facilidad. Pero también, la debilidad de la propia economía mundial. Para expandirse, necesita profundizar la crisis: quebrantos empresariales masivos, desocupación, caídas salariales.

Está claro que esto iba a producirse aunque probablemente con menor intensidad y en un lapso más largo. El virus profundiza una tendencia en marcha y la esconde, en tanto se lo toma como causa y no como simple acelerador. Cuando termine la pandemia probablemente la economía se recupere rápido de este pozo excepcional. No saldrá por eso de la crisis y países como la Argentina, cuya suerte está atada a la soja y el petróleo, lo sentirán primero que nadie. Se verá allí que el verdadero virus, el peligroso, se llama capitalismo. La historia ya conoce de una cura para esto: el Socialismo.

1 Comentario

  1. Hay que agudizar la crisis, profundizarla hasta el abismo; incendiar el mundo de las relaciones sociales y de las fuerzas de producción, que no quede títere con cabeza, sólo así el mundo humano resurgira no de las cenizas como el ave fenix, sino de su inmundicia física, psíquica y simbólica pulverizada por el fuego devorador de su espíritu faústico.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

*