Los medios bajo los gobiernos peronistas: de la comisión Visca a la intimidación a Clarín

en Novedades/Prensa-escrita

Por Marina Kabat

Desde el inicio de su presidencia, Perón ejerció un fuerte control sobre los medios. Las radios se convirtieron en monopolio estatal y no se oyó una voz opositora en el éter hasta que se le permitió a Frondizi emitir un discurso en 1955. La materia prima para los diarios, el papel prensa, era controlado por el Estado y distribuido de un modo discrecional. Merced a estas restricciones los diarios opositores se vieron forzados a comunicaciones casi telegráficas debido a las pocas páginas que podían publicar. 

Al principio los diarios del interior subsistían mejor. Esto fue así hasta que Apold y Visca entraron en acción. Apold, apodado el Goebbels argentino en referencia al ministro de propaganda nazi dirigía la Subsecretaría de Informaciones y Prensa y había creado dentro de ella una Sección Especial que realizaba espionaje a periodistas y figuras de la cultura. En 1949 esta realiza un informe exhaustivo sobre la circulación de los periódicos del interior y descubre que en muchas provincias los diarios más leídos pertenecían a la prensa opositora y alerta sobre la necesidad de tomar medidas frente a este panorama. En forma complementaria se recaba información sobre periodistas y personalidades de la cultura, destacando su grado de influencia y su puntos débiles -vicios, situación financiera- quizás con la perspectiva, se extorsionarlos, cooptarlos o presionarlos.

Masacre y tormentos

Pese al creciente control estatal sobre los medios, algunos sucesos que el gobierno hubiera preferido ocultar fueron noticia en los diarios provinciales, como la masacre de los Pilagá en octubre de 1947. La tortura seguida de muerte del obrero Carlos Aguirre, así como el encubrimiento posterior por parte del gobierno, tuvo cierta cobertura en los medios locales y fue comentado también en La Prensa. Algo similar ocurre con los casos de torturas a las trabajadoras telefónicas detenidas en 1949. 

Estos hechos dieron lugar a denuncias parlamentarias. Se resolvió entonces crear una comisión bicameral, dirigida por los diputados José Emilio Visca y Rodolfo Decker, encargada de estudiar estas imputaciones. Pero, la comisión, en vez de investigar a los responsables de las torturas, se dedicó a acallar a los periódicos e instituciones que las habían denunciado. Se clausuraron periódicos y entidades de derechos humanos. 

El mismo año que la Subsecretaría de Prensa elabora un informe tan detallado sobre mediso y periodistas del interior la comisión Visca recorre el país y clausura decenas de diarios. Un caso especial es el periódico El Intransigente, de Salta. El cierre de este periódico fue una prioridad para el gobierno. Según un miembro de la cúpula de la SIDE, Subiza, entonces Ministro de asuntos políticos, le habría encargado en especial esta tarea a Visca. El Intransigente había sido el único diario que denunció el genocidio Pilagá. Un cronista había descripto los restos de cráneos indígenas carbonizados y ranchos quemados que observó en el lugar de los hechos. ante esto el gobierno inició una campaña de descrédito y equiparó las denuncias de El Intransigente a fábulas radicales. Otra misión importante de la comisión Visca se cumplió en Tucumán donde, en vez de investigar el asesinato de Aguirre, allanó en cambio, el diario La Gaceta, y el Colegio de Abogados.

¿Había Visca seguido órdenes?  Interrogado por la Comisión de investigación creada por el gobierno de facto de 1955, Visca declara que en una reunión extraoficial de gabinete a la que concurrieron el jefe de la Policía Federal, Apold, el fefe de la SIDE y varios diputados nacionales, se habló de un supuesto complot para matar al presidente. A raíz de ello, se decidió anexar a la comisión especial que debía estudiar apremios ilegales por parte de la Policía la investigación de estas “actividades antiargentinas”. Visca declara que no cree que dicho complot hubiera existido, sino que era solo una excusa inventada para la ocasión.

En la declaración de Visca se advierte el tono de un hombre amargado, consciente de haber sido utilizado primero y descartado después. Relata que en todos los procedimientos contó con el auxilio de la fuerza pública. En particular, señala el apoyo oficial a sus actos más controvertidos: por ejemplo, a Salta fue transportado en un avión del ejército y acompañado por una comitiva de periodistas. Subraya que actuó con pleno apoyo del movimiento peronista y se queja de que, al terminar su mandato, nadie lo ayudara por una orden expresa de Perón en tal sentido. Sin embargo, por más que muchos peronistas quisieran despegarse de Visca, la censura era una política de gobierno, como lo muestra la posterior clausura de La Prensa, en cuyo proceso fue asesinado el obrero Roberto Núñez. 

Amenaza al aire

Durante la tercera presidencia peronista la represión a los medios adquiere otra forma, en gran medida escondida tras acciones parapoliciales, atentados y amenazas a distintos medios y periodistas. Perón mismo amenazó al aire a la periodista Ana Guzzetti, después de que ella le preguntara por el accionar de la Triple A. 

Ya en este nuevo siglo, el kirchnerismo usó la distribución de la pauta publicitaria del mismo modo discrecional con el cual el peronismo clásico asignó cuotas de papel prensa. Bajo su amparo se desarrolló un nuevo conglomerado mediático como el grupo Octubre cuyos medios se atribuyen el monopolio de la verdad. Al mismo tiempo, se desarrolla una fuerte campaña política para asociar a los diarios y canales rivales con la mentira.  La prensa no oficialista es denostada en un intento de acallar las críticas al gobierno. En otro momento bajo este procedimiento se ocultaron desde los apremios ilegales sistemáticos cometidos por la Policía al genocidio de los Pilagá, hoy se intenta hacer lo mismo con el crecimiento de la pobreza y los indicadores económicos negativos. 

El último recurso, cuando esto falla es la victimización del gobierno, maniobra que intentó Tolosa Paz al agitar el fantasma de un golpe blando antes de las elecciones. El concepto ganó fama con la destitución de Dilma Rosusseff por un empeachment. Entonces se acusó a los medios y otras instituciones de generar un clima de inestabilidad política que llevaría a la caída del gobierno. Al día de hoy, en Brasil, el PT defiende esa caracterización y responsabiliza al El Globo como uno de los principales responsables. Lo que el PT no puede explicar es por qué se produce el conflicto actual de Bolsonaro con El GloboEso muestra la lectura simplificadora del papel de los medios que el kirchnerismo y sus aliados internacionales realizan. 

Finalmente, esta victimización, si bien es una maniobra defensiva, no resulta inocua. Si los medios no oficialistas son considerados posibles agentes de la inestabilidad política, sistemáticos difusores de la mentira y defensores acríticos de la oposición, entonces, la censura y otras acciones contra los mismos aparecen justificadas. En tal contexto, aun no siendo responsable directo de ciertas acciones, como puede ser el caso del atentado reciente al diario Clarín, el peronismo crea el clima ideológico en el cual las mismas se desarrollan.

Publicado en La Prensa

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