Historia del trotskismo en Argentina y América Latina

en El Aromo n° 105

Clásico piquetero

Esta exhaustiva historia del trotskismo de la pluma de Osvaldo Coggiola expone la permanencia, a lo largo del siglo XX, de las mismas polémicas que aún hoy están en el centro de la construcción, la fragmentación y las crisis recurrentes del trotskismo: el carácter capitalista o no del país, la existencia de tareas pendientes para la burguesía nacional, su potencialidad revolucionaria, y la siempre renovada amenaza del fascismo. Nos ayuda a pensar si estas aporías permanentes no exponen falencias insalvables de una propuesta que no se adecúa a la naturaleza de la sociedad argentina

Por Osvaldo Coggiola

1933

En el análisis de las contradicciones políticas de la argentina, tiende a asemejar esta a las condiciones prevalecientes en ese momento en las metrópolis imperialistas europeas (“democracia burguesa o fascismo”), No se tiene en cuenta que las metrópolis que mantienen en su órbita a la Argentina (EEUU e Inglaterra) pertenecen al llamado “imperialismo democrático”. En general la caracterización del país como “semicolonia”, sirve para presentar a la burguesía argentina como un mero apéndice del imperialismo sin ningún rol político propio: “no le concede este (el imperialismo) al Estado argentino ni las fuerzas mínimas de vigilante de sus negocios (…). Un gobierno que no sea instrumento del capital financiero en las circunstancias presentes es, en general imposible. La política argentina, así, sería una repetición ex post, de la existente en los países imperialistas.

Se comete el error de sostener al fascismo como engendrado antagónicamente por la democracia burguesa, y no por la revolución proletaria. Si la clase obrera no es la amenaza, el fascismo no tiene lugar, como una alternativa de los métodos burgueses democráticos. Se evidencia en esto, una ausencia de programa, pues se cae en el impresionismo, al considerar a las escaramuzas entre las reducidas bandas del nacionalismo oligárquico y los radicales como un choque entre las superestructuras políticas del fascismo y la democracia. Son en realidad, un aspecto del Estado policial que acompañó a las restauración de la oligarquía vacuna concentrada en los invernaderos del “Chilled beef”.

1937

Veamos los fundamentos programáticos de la crítica de los troskistas al Frente Popular. La fracción dirigida por Liacho afirmaba, en el primer número de “Frente Proletario” (artículo titulado “Nuestros propósitos”): “Reivindicación del carácter socialista (democrático-socialista) y permanente de la revolución proletaria en el país. Reivindicación del internacionalismo proletario. La lucha antiimperialista es, en primer término, una lucha contra la burguesía nacional”

La confusión teórica es total. Se enuncia una revolución que sería al mismo tiempo democrática y socialista, o sea, que poseería simultáneamente dos caracteres de clase diversos y opuestos. En realidad se trata de un intento de superar mediante una fórmula ecléctica el problema del carácter de clase de la revolución. Además, hasta se pierde el sentido de las palabras: si la lucha antiimperialista es en primer término contra la burguesía nacional, ni siquiera se ve porqué llamarla así.

1958

Posadas ya se imaginaba como una gran potencia política” (la comparación de sus votos con los relativamente insignificantes del PC está destinada a impresionar al SI de la IV internacional, cuya línea era el trabajo en dirección al PC). Más para ello hacía falta un atajo en el camino  de la construcción del partido (y no era en el PC dónde se habría de encontrarlo, como en Europa) Posadas, al igual que Moreno, lo encontró en el peronismo, esto es en el programa que los sindicatos peronistas combativos habían aprobado en Córdoba en noviembre de 1957. El PO (T) hizo de este programa , en el que el nacionalismo antiimperialista  era llevado a formulaciones extremas, un “programa de calase independiente”  lo que ahorraba a los trotskistas la lucha por imponer el suyo: “para que el proletariado pueda avanzar en la vida revolucionaria, tiene una necesidad imperiosa de un partido independiente de clase. Tiene ya un programa adoptado democráticamente  por un congreso que será histórico pues ha marcado una nueva etapa en el progreso y la maduración ideológica de la clase obrera. Con el Programa de Córdoba debe participar en todas las luchas sobre los problemas concernientes a la vida del país” (J. Posadas, Quatrieme Internationale, 1960)

Para el PO (T), transformado en consejero de la dirección sindical peronista, ya no se trata sino de esperar que ésta se decida a poner en pie el “Partido Obrero basado en los sindicatos” con el programa  aprobado. Lamentablemente para Posadas tal dirección no se proponía tal cosa. Y el programa de Córdoba no fue sino uno de otros (los de “La Falda, “Huerta Grande”, etc. ) que Posadas agregaba imperturbablemente a la lista del futuro “POBS”

1964

Su (de Milcíades Peña) caracterización histórica de la burguesía nacional fue unilateral (incompleta) Esto porque no sacó todas las conclusiones del hecho de que la imperialista es una opresión nacional, esto es, ejercida sobre todas las clases sociales del país oprimido. En palabras de Trotsky, la burguesía nacional de esos países es una clase “semi-dirigente y semi-oprimida” En sus “choques” con el imperialismo llega a suceder “la burguesía se une al campo de los revolucionarios, no por azar ni por ligereza de espíritu sino porque experimenta la presión de sus intereses de clase” De este hecho objetivo, Trostky no deducía que la burguesía poseyese insospechadas virtudes revolucionarias, ya que agrega inmediatamente que “por temor a las masas, abandona inmediatamente la revolución o manifiesta abiertamente en su contra un odio que hasta entonces había disimulado”. Pero aun así no consigue asociarse definitivamente al imperialismo en la explotación del país (lo que significaría que el imperialismo ha logrado superar su principal contradicción, la existente entre naciones opresoras y oprimidas) pues “tampoco puede pasarse definitivamente al campo de la contrarrevolución, es decir liberarse de cualquier nueva obligación de apoyar la revolución o al menos coquetear con ella, más que cuando mediante métodos revolucionarios u otros (los de Bismark, por ejemplo) consigue satisfacer sus aspiraciones fundamentales de clase” (Trostky)

1981

En América Latina , la burocracia (los PP. CC.) es una fuerza secundaria. ¿Quién hará la revolución entonces? Según Posadas los propios estados existentes, los que se caracterizan por una “dualidad interna de poderes” (¡!) Estados revolucionarios, en los que “una burguesía que ya no sólo es antiimperialista, sino que ya no cree demasiado en el funcionamiento del capitalismo, al no ser antisocialista, es arrastrada objetivamente a establecer nuevas situaciones revolucionarias”. La burguesía, convencida de que no puede realizar la revolución democrática optaría por… el socialismo. “Son estados revolucionarios, no gobiernos revolucionarios. Los gobiernos pueden cambiar, los estados no cambian porque han alcanzado una estructura de propiedad… proponiéndose conservar en el terreno de la ganancia, de la acumulación del capital concentrado sino mínimamente tiene que… tiene que tomar como ejemplo a los estados obreros… ya atentan contra el sistema capitalista, y en un cotejo entre medidas económicas capitalistas y del estado obrero” (J. Posadas El estado revolucionario) Ejemplos: Bolivia y Perú. Hasta Lenín y Trostky, sabíamos que el proletariado puede reemplazar a la burguesía en la dirección de la revolución burguesa (democrática), a partir de Posadas, ¡la burguesía reemplaza al proletariado en la dirección de la revolución proletaria!

1983

El PO se destacó durante todo elmproceso por la crítica sistemática de las ilusiones electorales y señaló con mucha anticipación y reiteración, que su perfomance electoral iba a ser magra. Definió su participación en las elecciones en términos de propaganda política de su programa y de su pronóstico sobre la inevitabilidad de de la frustración de las ilusiones constitucionales.

2005

El troskismo argentino estuvo presente en todas las fases del movimiento obrero en los últimos 75 años, tres cuartos de siglo, librado una lucha que comenzó en el interior del propio PC argentino (1928), y sin dejar de desarrollar una actividad organizativa ni siquiera en los momentos de peor represión anti obrera (la década infame, la Libertadora y, sobre todo, la “guerra sucia”); pocas o ninguna tendencia de izquierda pueden ostentar este currículum, aun aquellas –PC y PS- que llegaron a contar con apoyo estatal. Un troskista (Mateo Fossa) presidió el primer congreso de la CGT; el troskismo tuvo, desde la dirección del gremio de aceiteros, un papel relevante en la estructuración de la resistencia contra la Libertadora; las agrupaciones clasistas impulsadas por el troskismo antes del Cordobazo fueron de los principales fermentos del ascenso clasista inferior, incluyendo la resistencia victoriosa contra los planes anti obreros del gobierno isabelino, el troskismo pagó un precio de sangre, junto a toda la clase, por la resistencia contra los gobiernos militares del Proceso. Quienquiera que estudie la historia del movimiento obrero no podrá dejar de considerar este esfuerzo, que situó al troskismo argentino junto al boliviano, en un plano elevado dentro de su corriente internacional (no es casual que las organizaciones argentinas fueran cabecera de diversas fracciones internacionales). Lo que no consiguió el troskismo fue estructurarse como tendencia orgánica del proletariado, cómo partido político que representase dialécticamente a un sector importante de la vanguardia (destino que, por otro lado compartió con toda la izquierda argentina). Si los factores objetivos –largo dominio político del peronismo, preparado por las traiciones socialistas y stalinistas- concurrieron a ese desenlace parcial, los errores del troskismo, que han ocupado parte de estas líneas, tampoco fueron ajenos a ese resultado.

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