El desorden Creador – Por Ilya Prigogine

en El Aromo nº 79

El desorden Creador*

Por Ilya Prigogine (1917-2003)

Las opiniones sobre la noción de tiempo son, frecuentemente, variadas y contradictorias. Un físico dirá que ha sido introducida por Newton y que el problema que esa noción plantea ha sido globalmente resuelto. Los fi­lósofos piensan de manera muy diferente: re­lacionan el tiempo con otras nociones, como el devenir y la irreversibilidad. Para ellos, el tiempo sigue siendo una interrogación fun­damental. Me parece que esta divergencia de puntos de vista es la cesura más neta den­tro de la tradición intelectual occidental. Por un lado, el pensamiento occidental ha dado nacimiento a la ciencia y, por consiguiente, al determinismo; por otro lado, este mismo pensamiento ha aportado el humanismo, que nos remite, más bien, hacia las ideas de responsabilidad y creatividad.

Personalmente, considero que el tiempo bro­ta de lo complejo. Un ladrillo del paleolíti­co y un ladrillo del siglo XIX son idénticos, pero las edificaciones de las que formaban parte no tienen nada en común: para ver aparecer el tiempo hay que tomar en consi­deración el todo.

El no-equilibrio, fuente de estructura

Los trabajos que he realizado hace una trein­tena de años han demostrado que el no-equilibrio es generador de tiempo, de irre­versibilidad y construcción. Hasta entonces, durante el siglo XIX y gran parte del XX, los científicos se habían interesado, sobre todo, en los estados de equilibrio. Después han co­menzado a estudiar los estados cercanos al equilibrio. Así, han evidenciado el hecho de que, desde el momento en que se produce un pequeño alejamiento del equilibrio termodi­námico, se observa la coexistencia de fenó­menos de orden y fenómenos de desorden. No se puede, por tanto, identificar irreversi­bilidad y desorden.

El alejamiento del equilibrio nos reserva sor­presas. Nos damos cuenta de que no se puede prolongar lo que hemos aprendido en estado de equilibrio. Descubrimos nuevas situacio­nes, a veces más organizadas que cuando hay equilibrio: se trata de lo que yo llamo pun­tos de bifurcación, soluciones a ecuaciones no lineales. Una ecuación no lineal admite frecuentemente varias soluciones: el equili­brio o la proximidad al equilibrio constituye una solución de esa ecuación, pero no es la única solución.

Así, el no-equilibrio es creador de estructu­ras, llamadas disipativas porque sólo exis­ten lejos del equilibrio y reclaman para so­brevivir una cierta disipación de energía y, por tanto, el mantenimiento de una inte­racción con el mundo exterior. Al igual que una ciudad que solamente existe en cuanto que funciona y mantiene intercambios con el exterior, la estructura disipativa desaparece cuando deja de ser “alimentada”.

Ha sido muy sorprendente descubrir que, lejos del equilibrio, la materia tiene propie­dades nuevas. También asombra la variedad de los comportamientos posibles. Las reac­ciones químicas oscilantes son una buena muestra de ello. Por ejemplo, el no-equili­brio conduce, entre otras cosas, a fenóme­nos ondulatorios, en los que lo maravilloso es que están gobernados por leyes extrema­damente coherentes. Estas reacciones no son patrimonio exclusivo de la Química: la hi­drodinámica o la óptica tienen sus propias particularidades.

Pensar en términos de probabilidades, no de trayectorias

El no-equilibrio no puede ser formalizado a través de ecuaciones deterministas. En efec­to, las bifurcaciones son numerosas y, cuan­do se repiten las experiencias, el camino se­guido no es siempre el mismo. Por tanto, el fenómeno es determinista entre las bifurca­ciones, pero es totalmente aleatorio en las bi­furcaciones. Entra en directa contradicción con las leyes de Newton o de Einstein, que niegan el indeterminismo. Evidentemente, esta contradicción me ha preocupado mu­cho. ¿Cómo superarla? La actual teoría diná­mica nos ofrece herramientas particularmen­te interesantes al respecto. Contrariamente a lo que pensaba Newton, ahora se sabe que los sistemas dinámicos no son todos idénti­cos. Se distinguen dos tipos de sistemas: los sistemas estables y los sistemas inestables. Entre los sistemas inestables, hay un tipo particularmente interesante, asociado con el caos determinista. En el caos determinis­ta, las leyes microscópicas son deterministas pero las trayectorias toman un aspecto alea­torio, que procede de la “sensibilidad a las condiciones iniciales”: la más pequeña va­riación de las condiciones iniciales implica divergencias exponenciales. En un segundo tipo de sistemas, la inestabilidad llega a des­truir las trayectorias (sistemas no integrables de Poincaré). Una partícula ya no tiene una trayectoria única, sino que son posibles dife­rentes trayectorias, cada una de ellas sujeta a una probabilidad.

Agruparemos estos sistemas bajo el nombre de caos. ¿Cómo tratar este mundo inestable? En vez de pensar en términos de trayecto­rias, conviene pensar en términos de proba­bilidades. Entonces, se hace posible realizar predicciones para grupos de sistemas. La teo­ría de caos es algo semejante a la mecánica cuántica. Es necesario estudiar en el ámbito estadístico las funciones propias del opera­dor de evolución (hacer su análisis espectral correspondiente). En otros términos, la teo­ría del caos debe formularse a nivel estadísti­co, pero esto significa que la ley de la natura­leza toma un nuevo significado. En lugar de hablar de certidumbre, nos habla de posibili­dad, de probabilidad.

La flecha del tiempo es, simultáneamente, el elemento común del universo y el factor de distinción entre lo estable y lo inestable, en­tre lo organizado y el caos.

La inestabilidad no debe conducirnos al inmovilismo

Nos encontramos en un período “bisagra” de la ciencia. Hasta el presente, el pensamiento ponía el acento sobre la estabilidad y el equi­librio. Ya no es así. El propio Newton sospe­chó la inestabilidad del mundo, pero descar­tó la idea porque la encontró insoportable. Hoy, somos capaces de apartarnos de los pre­juicios del pasado. Debemos integrar la idea de inestabilidad en nuestra representación del universo. La inestabilidad no debe con­ducir al inmovilismo. Al contrario, debemos estudiar las razones de esta inestabilidad, con el propósito de describir el mundo en su complejidad y comenzar a reflexionar so­bre la manera de actuar en este mundo. Karl Popper decía que existe la física de los relo­jes y la física de las nubes. Después de haber estudiado la física de los relojes, ahora debe­mos estudiar la física de las nubes.

La física clásica estaba fundada sobre un dua­lismo: por un lado, el universo tratado como un autómata; por otro lado, el ser humano. Podemos reconciliar la descripción del uni­verso con la creatividad humana. El tiempo ya no separa al ser humano del universo.

*Extraído de www.inisoc.org/prigo.htm.

1 Comentario

  1. Pero ¿existe realmente el caos?. Y de ser así ¿que es?. No lo se. ¿O, como decía Saramago, el caos es simplemente un orden aun por descifrar?. De ser así ¿se puede descifrar?. De momento, no. En el futuro, quien sabe.

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