Editorial – El (des)encanto de la política burguesa – Por Ianina Harari

en El Aromo n° 90

1265px-Pied_Piper2Por Ianina Harari

La crisis política está marcando hoy el rumbo de los gobiernos burgueses. Evidentemente, las tareas que les plantea la crisis económica resultan poco seductoras para quienes van a sufrir el ajuste. Por lo tanto, ningún político burgués tiene la posibilidad de lograr gran consenso mediante medidas económicas. Ya lo sufrió Cristina. Y Macri, que prometió el oro y el moro, no ha hecho más que continuar con el ajuste de su antecesora.
En ese contexto, presentarse como el paladín de la lucha contra la corrupción parece ser la estrategia elegida no solo por Macri (de la mano de Carrió) sino también por la oposición en Brasil y Venezuela. Parece ser la forma en que la burguesía busca legitimar el cierre por derecha de los bonapartismos que dominaron la última década. Sin embargo, como en el caso argentino, también en el resto de América Latina esta estrategia tiene sus riesgos. Ningún político burgués es impoluto y está latente el riesgo de que una vez echada a andar la pelota, el proceso los lleve puestos a ellos mismos, como es evidente en el caso del vicepresidente brasileño Temer.

El retorno

En su reaparición Cristina buscó contraatacar al macrismo, con el argumento de que buscando la ruta del dinero K, se encontraron con la ruta del dinero M. Pero lo mismo podría decirse al revés. Tanto las acusaciones de corrupción contra el kirchnerismo amenazan con salpicar al macrismo, como los Panamá Papers podrían manchar más a Cristina. En el primer caso porque el beneficiario de la obra pública sobrefacturada por Néstor y De Vido no fue solo Lázaro, sino también empresarios del entorno del actual presidente, como su primo Ángelo Calcaterra o Nicolás Caputo. En el segundo, porque en las revelaciones sobre las sociedades off shore aparecen socios de Néstor, como Daniel Muñoz. Si algo dejó en claro Fariña es que todo el armado de corrupción y lavado fue ideado por Néstor, algo que incomodó al kirchnerismo crítico que reivindicaba el gobierno del ex presidente y criticaba los de su mujer. Todo este destape de la corrupción política puede dejar al descubierto los manejos del conjunto de la burguesía argentina. En estos días se ha repetido que cualquier empresario que se precie de tal tiene una off shore. Y en esa categoría entra el conjunto de políticos burgueses que viene gobernando el país hace 30 años.
La cruzada anticorrupción pretende ser respondida por los políticos bonapartistas con un apoyo popular con el que ya no cuentan. Cristina salió de su letargo en el Calafate e intentó hacer una demostración de fuerza con el acto de Comodoro Py. Tras dejar pasar en silencio los despidos y el ajuste, ahora buscó mostrar que sigue viva políticamente. De poco le sirvió. Se trató más bien de una muestra de la agonía. De los barones del Conourbano que aún dicen responderle solo movilizaron a su tropa dos de ellos: Ferraresi de Avellaneda y Mussi de Berazategui. El acto mostró que su capacidad de movilización ha mermado mucho: lejos está de llenar una Plaza de Mayo. Ya fuera del armado que los gobernadores diseñaron para regularizar el PJ, Cristina quiso reagrupar los restos de su caudal político en reuniones con diputados, senadores y los intendentes peronistas, a la que no asistieron Granados (Ezeiza), Ishii (José C. Paz), Katopodis (San Martín) y Alessandro (Salto).
En su agenda no figuró ninguna reunión con los sindicalistas que la defendieron durante su gestión. Es que parte de ellos, en especial la CGT de Caló, ya se han acercado a Macri y a Moyano. De hecho, mientras ella arengaba frente a tribunales, las tres CGT se reunían con el presidente. Allí Macri intentó sin éxito llevar calma a los sindicalistas. Las medidas “paliativas” del ajuste, que tardaron en llegar, y la entrega de la caja de las obras sociales, no los terminan de conformar. Mientras Cristina había logrado dividirlos, Macri podría verse frente a un aparato poderoso si no termina de conformarlos. El Presidente ya anunció que vetará la ley de emergencia ocupacional que impulsa el sindicalismo.

En la redes del reformismo

La claudicación de la izquierda frente al reformismo no había mostrado, hasta ahora, toda su magnitud. Si bien la defensa más o menos solapada del kirchnerismo –que llegó a extremos ridículos con la TPR- era una muestra de este giro, el caso Dilma ha dejado al descubierto las debilidades políticas de la izquierda. Con la excepción de Izquierda Socialista, todos han salido a rechazar el “golpe institucional”. Es decir, compraron el discurso del PT y del kirchnerismo. Han salido a decir que “la derecha” y “el imperialismo” quieren llevar adelante el ajuste contra los trabajadores. De nuevo, la misma cantinela que en las elecciones argentinas. Resulta que Dilma y Cristina están a la izquierda de Macri y Temer, que no han realizado ningún ajuste ni han reprimido a los trabajadores. Por supuesto, la corrupción como mecanismo constitutivo de la democracia burguesa no aparece como problemática.
Mientras los trabajadores ya han roto con ese personal político, la izquierda parece quedar atrapada en el mito que los bonapartismos han construido de sí mismos. El PTS ya no oculta su acercamiento al kirchnerismo y su defensa de Dilma. El PO dice oponerse al “golpe”, pero sin defender el gobierno del PT, una posición de lo más confusionista. ¿Sobre qué base se oponen a la destitución sino es sobre la caracterización de que una de las fracciones en pugna es más progresiva que la otra? Así las cosas, este punto parece ser un nuevo parte aguas en el FIT, esta vez como excusa para fracturar el acto del 1º de mayo. El pantano en el que a esta altura está hundido el FIT parece irremediable, en tanto la preservación del aparato y la lucha facciosa se imponen sobre la organización de la vanguardia y la preocupación por atraer los restos del reformismo se prioriza por encima de la construcción de una política independiente de cualquier fracción burguesa. Organizar a la clase de forma independiente implica la delimitación clara del reformismo. Hay que darle una alternativa real y organizarla mediante un llamado a un congreso de trabajadores ocupados y desocupados que aglutine a la vanguardia para discutir una política independiente.

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