Del consultorio a la calle

en El Aromo nº 8

Maite Arriola

 

Motivados por la intención de demostrar que la pequeña burguesía se moviliza contra su gobierno el 19 y 20 de 2001, junto con el proletariado, no espontáneamente sino como resultado de la pauperización, proletarización y expropiación progresiva de la que el desarrollo del capitalismo la hace víctima, particular atención merece el estudio de ese fenómeno en una de las profesiones liberales por excelencia, la medicina.

El primer indicio de la proletarización de los médicos nos remite al año 1935, cuando se presenta en el Congreso de la Nación un proyecto de subvención a la Municipalidad que sería destinado para el pago de sueldos de los médicos en los hospitales municipales de la Capital. La primera constatación es que los médicos no eran remunerados por sus servicios en los hospitales, hasta por lo menos 1935. Lo que nos lleva a preguntarnos por las circunstancias que producen este cambio. El análisis de este proyecto nos remite a dos protagonistas: el Partido Socialista y la Asociación de Médicos Municipales. Un diputado socialista, Enrique Dickman, presentó el proyecto de ley, que fue despachado a la Comisión de Presupuesto y Hacienda en agosto de 1935,  y tratado y aprobado en sesión, luego de fuertes debates, un año después, el 25 de setiembre. La Asociación de Médicos Municipales, fundada el 20 de mayo de 1936, agrupa a profesionales de los hospitales y su principal objetivo era conseguir estabilidad laboral, escalafón profesional y sueldo acorde a tareas realizadas. Esta se dirige, en agosto de 1936, a la Cámara de diputados por medio de Dickman con una nota, que es incluida en el diario de sesiones, en la que reivindican la justicia del sueldo de los médicos, alegando la crisis que afecta seriamente a las profesiones liberales y calificando de arcaicas las condiciones que justificaron ese sistema.

Remitiéndonos a fuentes de estos actores (periódico La Vanguardia del Partido socialista y publicaciones de AMM) pudimos encontrar lo que, según ellos, son algunas de las causas que hacen urgente esta medida. En sus palabras, la vida profesional “dejó de ser fácil y abundante”, los médicos no son necesariamente de “origen acomodado”, el servicio gratuito que los médicos brindan “absorbe la actividad individual de la que viven”, es justo que “se remunere todo trabajo socialmente útil”.

Más allá de las palabras de los protagonistas, la tendencia a la proletarización de los médicos pareciera reflejar, tanto transformaciones en el público que se atiende en los hospitales, que se hace masivo y demanda atención permanente, como en la propia profesión médica, con la dificultad creciente de vivir de consultorio propio y la imposibilidad, por lo tanto, de servir “por el honor” en un hospital estatal. También pareciera encontrarse en el fenómeno, una novedad en el medio social del cual se reclutan los médicos, que pareciera ubicarse ahora a nivel de la pequeña burguesía, más que de la burguesía acomodada, que no requiere ingresos profesionales para vivir. Queda sujeto a nuestra investigación el estudio y determinación de estas circunstancias pero, por lo pronto fijamos en 1936 el año en que los médicos de los hospitales municipales reclamaban ser asalariados de la salud y en que conformaron un gremio que represente sus intereses. El proceso que desemboca en la lucha de los profesionales de la salud durante los ’80 y ’90 y, creemos, lleva a muchos médicos a participar del 19 de diciembre de 2001, tiene, entonces, una larga y rica historia detrás.

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