Almorzando con Mirtha Legrand

en La Hoja Socialista 16/LHSCulturaEnBlancoYNegro

La sociedad capitalista genera una gran contradicción: mientras programas como los de Mirta Legrand, Susana Giménez o Marcelo Tinelli tienen audiencias masivas, los ciclos culturales los ven muy pocas personas. Los progres dicen que esto es así por la falta de políticas públicas. Pero el verdadero asunto es que estamos en una sociedad capitalista, una sociedad de explotadores y explotados, donde la riqueza se concentra cada vez más.

En una sociedad así, esos programas son exitosos por varios factores. ¿Por sus contenidos? No. De hecho, los “contenidos” cambian mientras el programa sigue. Salvo el de Mirta, los otros ya fueron programas de chistes, de deportes, de preguntas de cultura general, de bailes, de imitadores… Y siempre se mantuvieron en el aire.

Pero veamos bien por qué. Mirta muestra una verdad que todos vivimos a diario: la realidad de la competencia por acumular riqueza y éxito. Por eso, siempre vemos desfilar cientos de ignorantes hablando de lo que sea. Cuando una invitada como Vicky Xipolitakis cuenta sus viajes a la vez que muestra su desprecio por la cultura, nos expone que ella verdaderamente entiende cómo funciona esta sociedad. Eso lo que atrae a la audiencia. Y eso es lo que hace que un famoso (un modelo del “éxito” en el capitalismo) se siente a hablar de cualquier cuestión.

Por eso, Karina Jelinek opina sobre vacunas y parece absurdo. Pero no lo es. ¿A quién van a convocar a hacerlo? ¿A un científico del Conicet, a punto de perder el trabajo, al borde de la miseria? A la TV y a los espectadores no le importan el contenido sino el “mecanismo”. O sea, los medios eficaces para desenvolverse en el capitalismo, aunque eso opaque los contenidos morales e intelectuales. Obvio, todo esto no es explícito. Si lo fuera, la ideología quedaría al descubierto y podría ser anulada. El quid de la cuestión cuando hablamos de mecanismos ideológicos es que lo sean, pero que no lo parezcan.

Hay que aceptar que la mesa de Mirta es el mejor programa formativo de la televisión burguesa. El progresismo bienpensante supone, en cambio, que buenas ideas e intenciones pueden funcionar en un sistema que no las necesita. Es más, que las repudia. El poco éxito de los programas culturales radica en silenciar las propias relaciones sociales que lo hacen inviables. No sólo se elude que la decadencia cultural es efecto de la sociedad capitalista, sino que se lo atribuye a la política de tal o cual gobierno, a la mejor o peor intención de tal o cual político. Mientras tanto, Mirta (y Susana, y Marcelo, y tantos otros) siguen interpretando con gran éxito comercial y popularidad, al capitalismo realmente existente. Sólo una conciencia socialista permite superar el individualismo feroz y enfocado en la ganancia, que constituye la personalidad triunfadora de cualquier sociedad sostenida en la propiedad privada y la competencia. Es el socialismo o la barbarie. Es el socialismo o Mirta conversando con Vicky Xipolitakis.

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