Industria del vestido, un caso de pequeño patrón

en La Hoja Socialista 17

La idea del pequeño patrón como el mejor empleador posible, se encuentra bastante extendida. Se lo suele imaginar casi como un trabajador más, que obtiene unos ingresos un poco más altos que uno, pero que carga con preocupaciones mayores. Ante el frío e impersonal patrón de las “grandes firmas”, este sujeto aparece como un personaje bonachón. Seguramente recuerde el comercial de “Don Carlos”, que rifaba su propio auto entre sus empleados, después de comprarse un 0 km., con el sudor de ellos.

Cuando el peronismo exalta la importancia del mundo pyme nacional, de crear un fuerte mercado interno y poner en pie a la “Nación”, se apoya en esta idea. Como se trata de capitales chicos, suelen tener menos tecnología y “generar” más trabajo. Pero lo cierto es que son más improductivos y tienen que compensar eso. ¿Cómo? Muy sencillo: explotándonos más. La realidad es inversa al mito: estamos ante los peores parásitos. Vamos a poner un ejemplo claro al respecto.

La industria argentina del vestido está básicamente compuesta por pequeños capitales. Esto tiene que ver con ciertas condiciones propias de la rama económica: el proceso de trabajo se puede fragmentar en partes (la realización del molde, el corte, la costura, etc.), las inversiones necesarias para emprender la producción no son demasiado grandes, la maquinaria es simple y barata, y hay una enorme masa de desempleados en el país que pueden ser contratados a bajo costo. Como se ve, las virtudes de los patrones son nuestras miserias.

Veamos la situación de los trabajadores en esta rama dominada por los pequeños patrones. El principal problema que afecta a los obreros del vestido es el enorme peso del trabajo no registrado. Ya explicamos como esto afecta a la clase obrera, en otra nota. Recordemos que el empleo en negro es la base para imponer salarios más bajos, peores condiciones de trabajo, pago por producción y no por jornada, ahorrarse los aportes jubilatorios y evitar la “molesta” (para los patrones, se entiende) organización sindical.

Desde mediados de 1970 y durante toda la década del ’80, el porcentaje de empleo no registrado en el vestido fue de entre 40% y 45%. A partir de los ’90 creció enormemente, para llegar a un pico máximo de 82%. La “década ganada” lo vio disminuir, pero no crea que tanto: se ubicó en un 70% entre 2005 y 2010 y 60% entre 2011 y 2015. En los primeros años de Macri llegó al 52%. Más allá de la baja, estamos hablando de cifras escandalosas. Uno de cada dos trabajadores de la confección está en negro. Tengamos en cuenta, además, que justamente el empleo en negro escapa a la ley, por lo tanto su medición es limitada. Lo más probable es que las cifras reales sean mayores.

Como ya se podrá imaginar, en materia de salarios la situación de los trabajadores del vestido no es muy alentadora. Entre 1985 y 2010 los salarios promedio se ubican por debajo del promedio del conjunto de los salarios industriales. El salario real cayó un 4% en 1988, un 26% en 1999, un 18% en el 2000, un 24% en 2011 y un 39% en 2017. Tomando las diferencias anuales, las caídas salariales más fuertes se observan en 1989 y 2002 (60%), 2005 (45%) y 2016 (42%).

Con Néstor Kirchner, si bien los salarios mejoraron un 23%, al finalizar su mandato se encontraban un 38,5% por debajo del mejor salario histórico. En el caso de Cristina, un 28% menos que los de 1974. En cuanto a Macri, representaron un 40% menos que el máximo valor histórico.

A esto debe sumarse, que el salario de los obreros no registrados (que, como vimos, son la mayoría) es aún peor que el de sus compañeros registrados. En uno de sus mejores años (1993), el sueldo del obrero en negro era un 85% del obrero registrado. Durante el gobierno de Néstor la cifra promedio fue del 44%, con Cristina el 53% y con Macri el 51%. Esto quiere decir que un trabajador no registrado cobra, por la misma tarea, prácticamente la mitad que un compañero registrado. Ahí tiene, con datos duros sobre la mesa, las “virtudes” del pequeño capital. Los “Don Carlos” son de los peores enemigos.

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