Yrigoyen contra la Reforma. La verdad tras el mito radical de la Reforma Universitaria


Jonathan Bastida Bellot
Corriente Universitaria Bandera Roja

Para Franja Morada, Yrigoyen es un héroe de la Reforma Universitaria. Olvidan que su ajuste desencadena el conflicto y que cuando este se torna más agudo, Yrigoyen no duda en enviar el ejército contra los estudiantes.

Este año se cumple el Centenario de la Reforma Universitaria de Córdoba. A raíz de este acontecimiento distintos partidos políticos han salido a presentarse como los continuadores o directamente artífices de la misma. El caso más paradigmático es la Unión Cívica Radical (UCR) y su agrupación estudiantil Franja Morada, que ubican a Yrigoyen como el gran autor de la reforma.

Yrigoyen ajusta la Universidad y desencadena el conflicto

Si bien la reforma es un proceso eminentemente político, estalla por una cuestión económica que afecta a la vida del estudiantado cordobés. En la Universidad de Córdoba, más de la mitad de los estudiantes pertenecían a la carrera de medicina. La carrera duraba siete años, de los cuales los cuatro últimos se realizaban en el Hospital de Clínicas que funcionaba como hospital escuela. El trabajo en el Hospital de Clínicas brindaba una formación práctica y, al mismo tiempo, funcionaba como hogar para el conjunto de estudiantes que venían del interior del país y que, de otro modo, deberían pagarse alojamiento. En 1918, las autoridades de la Facultad decidieron reducir a la mitad los años de estudio en que funcionaba el internado: sólo los alumnos de sexto y séptimo participarían del mismo, mientras quedarían afuera los de cuarto y quinto, que representaban la mayoría de los internos. Con menos alumnos simultáneos en el internado los gastos se achicarían drásticamente. La Universidad aplicaba un ajuste sobre los estudiantes que iba a desencadenar el conflicto.

Ahora bien, este ataque a la Universidad no fue una iniciativa exclusiva de los “académicos” conservadores, sino que formaba parte de la política del gobierno nacional. Esto queda evidenciado en cuanto revisamos las partidas presupuestarias destinadas al hospital de clínicas. En las memorias del Ministerio de Hacienda se informa que, en 1918, el subsidio destinado a esa institución era de 315.000 pesos mientras que en 1914 había sido de 350.000. Es decir, hay un recorte hasta nominal del presupuesto. Pero, estamos en años de un gran proceso inflacionario asociado a la Primer a Guerra Mundial. La inflación acumulada para el periodo 1914-1918 es del 58%. Esto quiere decir que el radicalismo no solo destinaba menos recursos en términos nominales al Hospital de Clínicas, sino que el presupuesto de 1918 en término reales era menos de la mitad que el de 1914. Esto aún sin considerar el incremento de pacientes y estudiantes. Ni Macri hubiera soñado algo así. Radicales y conservadores formaban, en los hechos, un bloque ajustador contra los estudiantes. Las consecuencias políticas del ajuste en la carrera de Medicina no se iban a hacer esperar.

El oportunismo a la orden del día

El proceso de la Reforma Universitaria puede ser dividido en dos fases. La primera de ellas va desde sus inicios en marzo de 1918 hasta mediados de junio.  La segunda, desde esa fecha hasta septiembre. En la primera etapa se crea el Comité pro-reforma que nucleaba a los estudiantes de las tres facultades que tenía en ese entonces la Universidad de Córdoba (Derecho, Medicina, Ingeniería). Si bien el Comité surgía en respuesta al ataque sobre las condiciones de cursada de los alumnos, no tenía como única función la representación de intereses gremiales. Como indicaba su nombre, los estudiantes tenían como horizonte una reforma de los estatutos que incorporara a los profesores al gobierno universitario. Consideraban que, con la democratización del régimen, la vieja camarilla que gobernaba la universidad quedaría desplazada.

La primera medida de fuerza del Comité fue la declaración de la huelga estudiantil para el 1º de abril, fecha en que debían empezar las clases. Las clases no iniciaron y se bloqueó la inscripción de nuevos estudiantes. La respuesta del rector Julio Deheza fue la clausura de la institución. En ese contexto, y a pedido de las fuerzas en pugna, Yrigoyen, decreta la intervención de la Universidad el 11 de abril, diez días después de iniciada la huelga. Once días después, el interventor Matienzo ya tenía listo el proyecto de un nuevo estatuto universitario. De esta forma, durante todo el mes de mayo se realizan las elecciones para renovar las autoridades. La celeridad de esta primera intervención (que contrasta con la tardanza de la segunda) hay que enmarcarla en el contexto de intervenciones federales de Yrigoyen sobre las provincias que aún tenían gobiernos conservadores (Buenos Aires, Corrientes, Mendoza, Córdoba, La Rioja y Santa Fe). Así como en aquellas, la intervención de la universidad mediterránea era un mecanismo para desalojar a los viejos conservadores de sus últimos reductos. El interés de Yrigoyen por la Reforma era convertirla en ariete contra sus adversarios políticos. El gobierno que había ajustado a los estudiantes ahora se presentaba como su mejor defensor.

Yrigoyen contra los estudiantes

A mediados de año se hace la elección para nombrar nuevas autoridades de la Facultad con participación de los profesores. Los estudiantes habían realizado campaña por el candidato liberal, con la idea de desplazar a la camarilla católica que venía gobernando la universidad. Sin embargo, a último momento un par de profesores cambian su voto y el candidato católico gana la elección. Este hecho daría paso a la segunda fase del proceso reformista.

En los meses siguientes la agitación de la Federación Universitaria de Córdoba (el Comité pro-reforma se había reconvertido en Federación) se radicalizó ideológicamente. El principal enemigo a vencer pasó a ser la Iglesia Católica y los sectores eclesiásticos dentro de la Universidad, nucleados en la logia Corda Frates. Los estudiantes entendían que, para lograrlo, la soberanía de la Universidad tenía que pasar a los propios estudiantes dado que había quedado claro que los profesores estaban demasiado comprometidos con la vieja camarilla conservadora. Aun con un nivel de conflictividad mayor que antes de la intervención de Matienzo, el radicalismo fue reticente a intervenir nuevamente la universidad.

El reclamo estudiantil de desalojar a la Iglesia de la Universidad chocaba contra los intereses del radicalismo cordobés. La UCR en Córdoba estaba dividida en dos fracciones, los radicales “rojos” y los radicales “azules”. Esta última era de tendencia clerical. Incluso, muchos radicales azules formaban parte de la Corda Frates. Este armado del radicalismo cordobés pasaba, además, por un momento especialmente sensible ya que ese mismo año se realizarían las elecciones a gobernador. Por lo cual, Don Hipólito no tenía intenciones de complicarse más la partida.

Esa contradicción quedó expuesta con el nombramiento del nuevo interventor. Después de más de un mes de movilización estudiantil, el 2 de agosto Yrigoyen finalmente se digna a nombrar a un interventor. Fue elegido Telémaco Susini, simpatizante del movimiento reformista de tendencia anticlerical. Esto escandalizó a los sectores clericales cordobeses incluyendo a los radicales “azules”. Estos presionaron y sus quejas fueron escuchadas. El viaje de Susini a Córdoba para efectivizar la intervención fue aplazado indefinidamente. Entre los estudiantes y los radicales católicos, Yrigoyen no dudaba en decidir por estos últimos.

Después de una serie de acciones y una gran movilización organizada por la Federación Universitaria Cordobesa, Yrigoyen repite la pantomima: el 23 de agosto nombra como nuevo interventor al mismísimo Ministro de Justicia e Instrucción Pública, José Salinas. Pero ante las presiones, Salinas demora su partida (sí, otra vez indefinidamente). En términos objetivos, la política del radicalismo estaba obstruyendo la lucha de los estudiantes al dilatar el conflicto, con lo que se apostaba a desgastarlo y, eventualmente, disolverlo.

Pero, en vez de desgastarse, el conflicto se profundiza: el 9 de septiembre los estudiantes toman la Universidad y organizar su gobierno. Recién ahí, Yrigoyen, que no había movido un dedo en tres meses, se decide a actuar: reprime inmediatamente a los estudiantes. Les envía el ejército, detiene cabecillas y les levanta cargos por sedición. Tres días después, cuando lo peor ha pasado envía un interventor. En el mes siguiente se reforma el estatuto y se incluye la participación estudiantil en el gobierno universitario. Es elegido un candidato liberal y la Universidad inicia su modernización. Se actualizan los programas y se crea la Facultad de Ciencias Naturales.

Ni siquiera entonces, terminan los conflictos entre los reformistas y el gobierno. Tras este proceso, Yrigoyen, asfixia económicamente la Universidad recortándole sus partidas. Dos años después de la reforma, en 1920 el presupuesto de la Universidad Nacional de Córdoba es un 39% menor que el de 1918, en términos nominales (sin contar su reducción real por efecto de la inflación). Con ese reducido presupuesto se debía sostener una matrícula mayor y hasta una nueva Facultad. Las quejas del nuevo rector al ministro de Educación serían constantes e infructuosas.

La lucha por la historia

El radicalismo intentó capitalizar la reforma desde un inicio. En el momento más álgido del proceso, en un congreso de la Federación Universitaria Argentina, la fracción más afín al radicalismo propone nombrar a Yrigoyen presidente honorario de la federación, pero los estudiantes rechazan la propuesta. Haciendo caso omiso de la posición de las bases estudiantiles, en octubre de 1918, después de la segunda intervención, la fracción filo radical de la Federación Universitaria de Córdoba vuelve a la carga. Esta vez, algunos dirigentes envían un telegrama a Yrigoyen felicitándolo por la reforma. Por vía burocrática colocan a Yrigoyen como héroe de la reforma, rol que los estudiantes en asamblea se habían negado a reconocerle. Ante esto, otros miembros de la comisión directiva de la Federación envían un segundo telegrama rectificando el anterior. Además, en señal de protesta tres secretarios de la comisión directiva presentan su renuncia a la Federación. El contra-telegrama, firmado por más de 200 estudiantes, dice: “Cuadra a nuestra altivez ciudadana reconocer el buen acto de gobierno sin comprometer nuestra adhesión con agasajos excesivos y nos declaramos ajenos a todo compromiso de orden político que haya podido influir en la solución e inspirar los términos en que ha sido aplaudida la conducta de V. E..””i.

El centenario de la Reforma ha renovado las disputas por su apropiación. Ya no están aquí los protagonistas de esta magnífica lucha para repudiar en asamblea las maniobras de algunos dirigentes radicales. Un montón de académicos charlatanes, que representan todo lo que los estudiantes combatían, y que nunca estudiaron la reforma, publican ensayos y dictan todo tipo de charlas y conferencias sobre el evento. Se llenan la boca de referencias democráticas, cuando no de alabanzas a Yrigoyen. Intentan tapar con su palabrería hueca el hecho básico de que los estudiantes lograron la Reforma no gracias a Yrigoyen, sino pese a él, venciendo con la acción directa cada una de sus maniobras.


Notas

i La voz del Interior, 10/10/18.

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