Volver a los ‘70. La profundización de la caída salarial bajo el macrismo – Nicolás Villanova

SalariosVolver a los ‘70. La profundización de la caída salarial bajo el macrismo

La consigna de la izquierda por un salario igual a la canasta familiar presupone una vida bestial. Hoy la canasta de pobreza apenas cubre los bienes elementales de primera necesidad, dejando muy poco espacio para la diversión y para la cultura. No podemos exigirle a la burguesía el “derecho” a vivir como animales.

Nicolás Villanova

OES-CEICS


Durante los últimos años del mandato kirchnerista, ciertas fracciones de la clase obrera comenzaron a manifestar su disconformidad con el Gobierno. Ese descontento no sólo cuajó en la capa mejor paga de los trabajadores como consecuencia del pago de ganancias, cuyo efecto fue la ruptura de la alianza de la CGT Moyano con el gobierno allá por el 2012. También hubo otras fracciones de la clase obrera, como los cooperativistas del Plan Argentina Trabaja, que impulsaron medidas de fuerza por el escaso monto percibido del programa. El macrismo supo capitalizar ese descontento en su campaña electoral durante el año 2015. Creyendo en las promesas y revitalizando las ilusiones en la democracia burguesa, diversas capas de obreros votaron a Macri. Sin embargo, a pocos meses de la nueva administración, el creciente malestar (aunque más no sea aislada e inorgánicamente) se mantiene, entre otras razones, por la abrupta caída del poder adquisitivo, una tendencia que no se inicia con el cambio de gobierno sino que lleva un tiempo. Aquí mostramos la disminución salarial de los últimos años ubicada en una tendencia más general a la fragmentación de las diversas capas de la clase obrera.

 

Otra vez sopa

 

La evolución del poder adquisitivo del conjunto de la clase obrera no muestra un cambio de situación bajo el macrismo, sino la profundización de su caída. Contra lo que muchos kirchneristas creen, el salario real de bolsillo viene en picada históricamente, por lo menos desde el año 1975. A su vez, la recomposición salarial durante el gobierno de Néstor y Cristina no logró revertir esta tendencia. En todo caso el poder de compra llegó, cuanto mucho, a los niveles de los años ‘90.

Luego de la devaluación del año 2002, cuando el salario tocó fondo, la recuperación salarial posterior fue parcial, no logró revertir las tendencias previas y volvió a mostrar un techo durante la crisis de 2009. Con despidos y suspensiones en el sector privado, el Gobierno logró sobreponerse, emitir billetes, controlar la devaluación y mantener un consumo interno más o menos acorde a la situación del período. El límite del poder de compra del salario de bolsillo se impuso luego del año 2013. Es más, algo que pocos recuerdan o intentan olvidar es la devaluación de enero de 2014, bajo la gestión de Kicillof en el Ministerio de Economía, medida que implicó una caída abrupta del salario del orden del 10%. A partir de entonces, el salario de bolsillo no paró de bajar.

Con la asunción del macrismo se profundiza la caída del salario, el cual llega a disminuir entre un 15% y un 20% en promedio, dependiendo de la fracción de la que se trate. Por ejemplo, durante el año 2016 los asalariados registrados vieron cercenar su poder de compra en un 15,5% respecto de 2015, mientras que los no registrados, los más perjudicados, redujeron su salario en un 23,2%. Este retroceso equipara el poder de compra del año 2016 al que rigió durante los años 2004 y 2005, dos y tres años posteriores a la peor crisis de los últimos 40 años (gráfico 1).

 

Fragmentados

 

La fragmentación en la estructura de la clase obrera desde los años ’70 no sólo se manifiesta en las condiciones contractuales (el crecimiento del empleo “en negro”), sino en la disparidad salarial. En efecto, el salario de los empleados no registrados tiende a perder peso como porcentaje del salario de bolsillo del empleo registrado. Mientras que en la década de 1970 el salario del empleo no registrado cubría casi un 70% del registrado, en la última década descendió por debajo del 50% (gráfico 2). Esto quiere decir que bajo el kirchnerismo se profundizó esa disparidad entre obreros.

Este fenómeno no sólo se debe a la caída salarial, sino también al incremento del empleo precario, ya sea “en negro” o bajo la forma de planes de empleo. En este sentido, los subsidios al desempleo comienzan a masificarse desde principios de los años ’90, con la ejecución del Programa Intensivo de Trabajo, al que le siguió el Plan Trabajar, el Plan Jefes y Jefas de Hogar, el cual fue absorbido por el Plan Familias y luego por la Asignación Universal por Hijo (aunque algunos continuaron con el Plan Argentina Trabaja).

En el seno de estas capas pauperizadas de la clase obrera también se manifiesta una disparidad salarial sustantiva. Sólo por dar un ejemplo, en los últimos tres años el monto del Plan Argentina Trabaja cubrió el ya deteriorado salario del empleo en negro en un 60% a 70%. Aunque en determinado momento puede incluso llegar a equipararse, como en el año 2010, la no actualización de los subsidios al nivel del aumento de precios achica el poder de compra de los planes. Vale recordar que, durante el año 2016, los beneficiarios de planes perdieron una capacidad de compra del 17,5% respecto del 2015.

 

Una confusión peligrosa

 

Como hemos visto, la abrupta caída del poder de compra del salario de bolsillo durante el año 2016 mantiene una tendencia que remite a los últimos tres años (en lo inmediato) y, a la vez, abona en el sentido del cercenamiento histórico del salario. Por su parte, el gobierno intenta poner un techo a las paritarias de los diversos gremios entre el 17% o 18%. Y ya comenzó por aquellos sectores que dependen del Estado, como los docentes y los estatales. De mantenerse esos topes, el incremento sólo alcanzará los niveles salariales de los años 2015 y 2016, en tanto y en cuanto la inflación no supere esos aumentos.

Por su parte, las diversas capas de la clase obrera tienden a naturalizar una situación de miseria: muy lejos de los niveles salariales que regían durante la década de 1970, previo a la dictadura militar, los trabajadores no avanzan en la lucha organizada por la recuperación de ese nivel de vida, no sólo por la ofensiva de la burguesía contra las condiciones laborales de los obreros, sino también como producto de la connivencia de los sindicatos y el peronismo con la patronal. Por ejemplo, ATE Nacional acaba de incorporar como consigna un aumento del sueldo de los empleados municipales que se equipare al salario mínimo, vital y móvil, o sea, un poco más de 8 mil pesos. Es decir, un ingreso por debajo de la canasta de pobreza.

Pero a los partidos de izquierda también les cabe una responsabilidad en este asunto. La consigna que impulsa la izquierda, a propósito de la obtención de un salario igual a la canasta familiar, implica equiparar un sueldo de bolsillo al valor de la línea de pobreza. Más allá de las críticas al contenido real de la canasta, que sólo alcanza para una vida animal, detrás de estas consignas se avizora lo poco que se aspira a disputarle a la burguesía.

Mientras que las consignas del sindicalismo peronista, para las capas peor pagas de la clase obrera, insinúan que más de un miembro del hogar debe trabajar, la izquierda elabora una propuesta más parecida a la idea según la cual con un solo salario garantice el sostén del hogar. Sin embargo, esa canasta familiar es equivalente a una reproducción de miseria. En efecto, hoy, la canasta de pobreza apenas cubre los bienes elementales de primera necesidad, dejando muy poco espacio para la diversión, para el disfrute del tiempo de ocio, para la cultura. Por lo tanto, esa consigna presupone una vida bestial. De ningún modo ese puede ser un horizonte para la clase obrera.

Si bien nuestro norte tiene que ser la eliminación de la relación asalariada, en el “mientras tanto” debemos luchar por recuperar el nivel históricamente más elevado para el promedio de los asalariados. Nuestro horizonte debe ser como piso el salario que regía en la década de 1970. Sólo la unidad política de las diversas fracciones de la clase obrera puede comenzar esa batalla.

OES Vill 1

 

OES Vill 2

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