Vecinos en armas. Las fracturas de la clase obrera y los enfrentamientos en la zona sur

barra58Marina Kabat
TES – CEICS

En los ataques de vecinos al Parque Indoamericano participaron numerosos barrabravas. Como se explica en el LAP, esto se relaciona con la tercerización de la represión que ya vimos en el caso de los ferroviarios contratados. En el asesinato de Mariano Ferreyra también integraron la patota obreros del ferrocarril (ligados a la burocracia) y su accionar fue defendido con una huelga del gremio. En los sucesos de Soldati ocurre lo mismo: la fuerza de choque la constituyeron también jóvenes del barrio (pertenecientes a la fracción más lumpen), pero su accionar fue avalado por aquellas personas que se movilizaron más pacíficamente en cortes y cacerolazos. Cabe señalar que dichas movilizaciones fueron poco numerosas, más si se considera la densidad poblacional de la zona. Por ejemplo, sólo en el barrio Samoré hay 14 torres, con 29 departamentos cada una. Es decir, alrededor de 1.200 personas si calculamos un promedio de 3 por hogar. El Barrio Nágera también lindante con el Parque Indoamericano es más grande aún, y para el complejo de Lugano 1 y 2 se estima una población de 25 mil habitantes.(1)

Sumados todos los cortes y manifestaciones simultáneos, los participantes no parecen haber superado las 250 personas los días sábado 11 y domingo 12. Mientras que el día de mayor convocatoria, el viernes 10, cuando los manifestantes atacaron a los ocupantes del parque, si bien hubo más gente, no parece que se hayan superado las 400 personas. Los puntos de corte eran varios y se sostenían a veces con sólo 10 ó 15 personas.(2)

La organización de las movilizaciones espontáneas

El día jueves 9 hubo una reunión en el centro del barrio Samoré. Ahí se pusieron de acuerdo para concentrarse todos los días a las 19 horas en Escalada y Castañares. Además, remarcaron la necesidad de evitar la infiltración de partidos políticos. Cada día, al finalizar la movilización avisaban con un megáfono de la concentración del siguiente. La convocatoria también se anunciaba en afiches escritos en computadora que se pegaban en el kiosco y la remisería de la esquina, dos claros focos de difusión y organización. Pero, también se pegaron afiches en los halls de cada edificio del barrio Samoré. Los carteles se firmaban como “vecinos autoconvocados” y “vecinos de buena voluntad”. Hacían referencia a la recuperación del parque, también a respetar a los caídos en Malvinas, por el paseo conmemorativo que hay dentro del parque. El día domingo 12 llamaban a una marcha para el lunes siguiente en Plaza de Mayo, (como se observa, los organizadores apostaban a que el movimiento anti-toma se ampliara, cosa que no sucedió). Finalmente, todos los días a la hora de la convocatoria, los vecinos fueron invitados a participar uno a uno mediante el portero eléctrico.

Aparentemente, la junta vecinal también jugó un rol en la organización de las movilizaciones. Una jubilada que participaba de la manifestación el día sábado 11, dijo: “Los vecinos nos organizamos por el centro vecinal, se están juntando firmas en repudio a esto, no aceptamos, esto es un espacio público, es lo que tenemos para salir, tomar sol y aire. El centro vecinal está adentro del barrio. La cabeza de la junta vecinal es Juan Cristano”.

Los protagonistas

En las manifestaciones había una fuerte presencia de jóvenes. La mayoría de ellos vivían con sus padres, no tenían trabajo y no hicieron referencia a estar estudiando. Los vecinos que entrevistamos eran todos miembros de la clase obrera y mayormente pauperizada. Excepto un joven dueño de un pequeño comercio en vías de fundirse. Entre los mayores de 45 años, la mayoría eran municipales o amas de casa; esto se condice con la asignación inicial de los departamentos. Las viviendas del barrio Samoré fueron originalmente asignadas a los cadetes de la Policía. Pero, según los vecinos, muchos de sus dueños originales vendieron hace tiempo sus propiedades, por lo que, en apariencia, no hay un predominio de personal policial. Sin embargo, un joven entrevistado era hijo de policía (aunque no vivía con su padre) y una mujer era estudiante de abogacía en el Instituto Universitario de la Policía Federal. Son sólo dos casos, pero en ese momento los manifestantes no superaban las 300 personas y pudimos dialogar con tan sólo una veintena de ellos (cabe destacar las dificultades de realizar esta indagación, puesto que cualquier indicio de simpatía hacia los ocupantes podía dar lugar a ataques como los que sufrió la prensa).

Entre los manifestantes había inquilinos, pero la mayoría eran propietarios. En televisión varias veces personas de más de 50 años se quejaban de que sus hijos vivían con ellos y no por eso usurpaban. Una de las personas con las que hablamos en la calle, se quejaba del costo que su hijo afrontaba para alquilar. Otro testimonio televisivo, decía que tenían que ayudar económicamente a su hijo para que pudiera alquilar. Es decir, parte de las personas movilizadas a favor de la represión a los ocupantes del Indoamericano, no solo eran obreros sino que también compartían -con menor gravedad- la problemática de la vivienda. Muchos, antes de que el IVC (Instituto de Vivienda de la Ciudad) les asignara casa, se encontraban igual que los actuales ocupantes. Por ejemplo, una jubilada que estaba juntando firmas a favor del desalojo señalaba:

“A la gente extranjera que viene a trabajar yo la respeto, pero esta gente viene a vivir de nuestros impuestos. Aparte ocupan una tierra que no les corresponde, porque es un espacio público… yo alquilaba, pasé las de Caín y estuve 8 años esperando anotada en el IVC, durante esos 8 años no usurpé nada. Viví en San Telmo, viví en la Boca, hasta que me adjudicaron esta vivienda, tenía un desalojo en puerta, igual me tuve que ir a vivir a un hotel y tuve que seguir esperando. En mayo de 1988 tuve la suerte de que me lo adjudicaron. Fueron las primeras torres que se inauguraron, las torres 3 y 4. Pagué durante 20 años hasta el año pasado. Estoy esperando que me den la escritura. Están dando por turnos. En lo que es el barrio, si en total hay 40 escrituras es mucho.”

El último aspecto que menciona la señora es importante por dos motivos. Uno, estos vecinos que se sienten propietarios, en realidad todavía no lo son en términos legales porque no han escriturado. El IVC tiene esa llave, la promesa de otorgar las escrituras adeudadas bien podría ser un buen aliciente para que los vecinos se movilizaran. Si bien esto es una especulación, no es descabellada si recordamos que ante la toma del Parque, el IVC entregó las llaves de departamentos de las nuevas torres del Barrio Parque (adjudicados a personal de Prefectura y a municipales) con la esperanza de que sus adjudicatarios las defendieran. Por otra parte, en la medida en que no se escritura, el IVC sigue siendo titular de las viviendas y es, por ende, responsable de sus refacciones. Esto no es un tema menor en este tipo de edificios, que han presentado grandes fallas estructurales y que tienen elevados costos de mantenimiento, lo que se traduce en altas expensas. Los vecinos han demandado arreglos tanto para los edificios en sí mismos como para los espacios comunes que forman parte del complejo. En distintos testimonios, tanto los recogidos por nosotros en la calle como los que aparecieron por televisión, los vecinos reclamaban que los fondos del IVC se emplearan para estas refacciones pendientes y no para otorgarles subsidios(3)  a los ocupantes del Iberoamericano.

Los pibes chorros de Samoré

Entre los complejos, el de Samoré es considerado por la gente del barrio como el más problemático. Se lo asocia con una mayor delincuencia y drogadicción. En todas las manifestaciones, por lo menos, la mitad de los que participaban eran jóvenes. Ellos sostenían los cortes más importantes (sobre Autopista y Avenida Dellepiane) y constituían la fuerza de choque contra los ocupantes primero y, después, contra la gendarmería. Gente del barrio que no estaba de acuerdo con lo que sucedía nos indicó que los que habían atacado el parque y a la gendarmería eran los pibes chorros de Samoré. En la web otro testigo del mismo complejo plasmó el mismo juicio: “Las peleas son entre chorros del barrio Samoré y los ocupas. No hay policías y no hubo en todo el día… nunca pensé que iba a ver la anarquía pura con mis propios ojos… no hay nadie, ni un patrullero”. También, “los que agreden a los ocupas son en un 90% chorros del barrio Samoré, que también los agreden los domingos cuando vienen a jugar a la pelota.”(4)

Este usuario filmó, a cierta distancia, con su celular el ataque al Indoamericano. También ha subido imágenes de enfrentamientos con la gendarmería, estos últimos filmados desde la ventana de su departamento en el complejo Samoré. La gente mayor que no participó directamente del ataque, apoya implícita o explícitamente el accionar de los jóvenes. Esto se ve, por ejemplo, en los insultos con los que se recibió a la gendarmería. La opinión de los vecinos movilizados fue unánime: “vienen a defender a los extranjeros”. Claramente, ellos bregaban porque se mantuviera la zona liberada y que sus jóvenes (con algunos refuerzos) pudieran actuar. Ante las denuncias de Aníbal Fernández de que a la gendarmería la habían atacado grupos de infiltrados, un señor de 50 años decía el lunes 13 en TN: “son pibes de acá, que hace dos días los cagaron a palos los bolivianos”. Por si caben dudas, en Escalada y Castañares, foco de las concentraciones, sin demasiado disimulo un joven armaba bombas molotov y se las pasaba a otro chico que, en moto, se dirigía hacia donde se encontraba la gendarmería para arrojárselas.

Conclusión

Además de los barrabravas, punteros y otra gente externa al barrio (en TN el 13 hablan de un manifestante de La Plata y otro de Lomas de Zamora) que habrán participado de las acciones, encontramos que los vecinos de Soldati y Lugano actuaron como masa de maniobra contra los ocupantes. De este grupo cabe destacar su escaso número (en relación a la población de los barrios) y su componente predominantemente obrero. En segundo lugar es llamativa la ausencia del reconocimiento de que de hecho comparten la problemática con los ocupantes del predio. Si bien se repiten las denuncias contra los manejos de Macri en el IVC y el abandono de estos complejos habitacionales, no ven una solución conjunta a su situación. Es probable, además, que la mayoría forme parte de redes clientelares macristas o kirchneristas. Aquí nuevamente la superación de las fracturas que fragmentan y enfrentan entre sí a la clase obrera aparece como una gigantesca tarea que tiene por delante la izquierda.

Dentro de estos grupos, los jóvenes actuaron como fuerza de choque. Muchos de ellos, parecen corresponder al sector más lumpenizado que habita los complejos, en especial el Samoré. No es difícil suponer que los mismos contactos políticos y policiales que les permiten a diario su actividad delictiva, hayan activado los resortes para movilizar a estos chicos, acicateando además un nacionalismo y una xenofobia preexistentes. La situación tiene claros elementos fascistas, pero, por esta vez, estos grupos han sido minoritarios y, más allá del protagonismo de los sectores lúmpenes, parte de las personas movilizadas pertenecen a la clase obrera y no a la pequeño burguesía, lo cual deja abierta la puerta al trabajo político y representa, como ya dijimos, una gigantesca tarea que la izquierda ha de encarar.

Notas:

(1) Álvarez de Celis, Fernando: El sur en la Ciudad de Buenos Aires. Caracterización económica territorial de los barrios de la Boca, Barracas, Nueva Pompeya, Villa Riachuelo, Villa Soldati, Villa Lugano y Mataderos; CEDEM, Cuadernos de trabajo n° 6, Buenos Aires. Disponible en http://estatico.buenosaires.gov.ar/areas/hacienda/sis_estadistico/cuaderno_06.pdf
(2) Ver los cortes de calle en página 4 de este suplemento.
(3) En Lugano hace un par de años hubo problemas porque el IVC quería que se escriturasen todos los departamentos y los vecinos se oponían hasta que el IVC se hiciera cargo de reparar las fallas estructurales de los edificios, tales como ascensores que no funcionaban. Las expensas son un problema para mucha gente. En el complejo Castex, en Bajo Flores, por ejemplo, hay personas que no quieren escriturar porque mientras no lo hagan, no les pueden hacer juicio de desalojo por las expensas adeudadas. En otros casos, por el contrario, quienes han pagado el crédito y no tienen deudas con el consorcio, muchas veces quieren la escritura y el IVC lo demora injustificadamente.
(4) Ver videos en: www.youtube.com/watch?v=oSYY6UyUasg.

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