SOIVA, los amigos del patrón

Los trabajadores de la industria del vestido, fundamentalmente los costureros, sufren de las peores condiciones laborales y salariales del país. Uno de los principales culpables es el Sindicato Obrero de la Industria del Vestido y Afines (SOIVA), que se limita a la participación en paritarias y a acordar despidos y suspensiones en el Ministerio de Trabajo. La dirigencia del SOIVA está convencida de que es posible conciliar los intereses obreros y patronales. No por nada son peronistas.

El SOIVA surgió directamente del peronismo. Fue fundado en 1943, cuando Perón buscaba contrarrestar la influencia del Partido Comunista en la entonces Federación de Obreros del Vestido (FOV), que nucleaba a los diferentes sindicatos del vestido. Su principal dirigente, José Alonso también fue diputado por el Partido Peronista y participó en el directorio de la Fundación Eva Perón. Tuvo fuerte presencia en el sindicalismo, llegando a ocupar la secretaría general de la CGT en los ’60.

Para las elecciones del 88, el SOIVA llamó a votar por el justicialismo con varias solicitadas. Apoyó a Menem y su “revolución productiva”. Luego, la dirección del sindicato hizo lo mismo con los tres gobiernos K. Polémico si consideramos que el trabajo en negro -algo muy común entre los trabajadores del vestido- durante la década del 2000 llegó al 68% y el promedio de porcentaje de cobertura del salario en negro respecto del salario registrado fue el más bajo de los últimos 45 años (un 48% contra los 70% de los ’90). Si excluimos el peor momento de la crisis y tomamos el periodo 2003-2012 los porcentajes se mantienen intactos, mientras que en el quinquenio 2010-2014 apenas subió un 5%.

El SOIVA se destacó por culpabilizar constantemente a la competencia externa por los “males de la industria”. Por eso, sus dirigentes se pronunciaron por la protección estatal de los empresarios del sector en los ‘70. ¿Quiere indignarse un poco más? Llamaron también a disminuir los “costos laborales” (o sea, nuestros salarios y conquistas) para competir con los productos importados. Es decir, plantean que los obreros a los que deben defender se tienen que ajustar para que sus patrones compitan con los salarios chinos. Así, se entiende que firmaron convenios con cláusulas de flexibilización. Durante los ‘90, el SOIVA apelaba a la “sensibilidad de los empresarios” para lograr un salario digno, confiando en los verdugos de los trabajadores. El colmo del absurdo, llegó cuando convalidaba el ajuste, sólo que argumentaba que “debía ser más equitativo”.

Por otro lado, hay varias denuncias de la Unión de Trabajadores Costureros contra al SOIVA, ante conflictos en los que la burocracia asesoraba a patronales como Miltex, Delos o Agrest. En 2007 los principales oradores de una capacitación gremial fueron Ignacio de Mendiguren y Oscar Larrumbe, máximos representantes de la Cámara de la Industria Argentina de la Indumentaria. Según la UTC, fueron a solicitar a los delegados que no hicieran “reclamos ‘exagerados’ porque si se arma lío, el gobierno abre las importaciones de China u otros países y entonces la industria se derrumba. También aconsejaron pensar junto a las patronales una “estrategia” para defender la industria”.

Como se ve, el SOIVA no tiene nada que ofrecer más que resignación. O peor aún, actúa como correa de transmisión de los intereses de la burguesía del vestido, llamando a los trabajadores a sacrificarse por sus patrones. La primera iniciativa para mejorar la realidad de los costureros debe ser organizarse de forma independiente de la burocracia y las patronales para representar sus verdaderos intereses.

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