¿Para qué sirve el orgasmo? Wilhelm Reich y la relación entre psicoanálisis y marxismo

Por Jimena Camps – Muchas cosas pueden decirse de Wilhelm Reich. Psiquiatra famoso, marxista militante, dedicó gran parte de su vida a investigar la sexualidad humana. Nació el 24 de marzo de 1897 en Dobrzcynica, Austria, en el seno de una familia de granjeros. La influencia de Freud lo orienta hacia el psicoanálisis y su relación amistosa en los primeros tiempos es una marca clave, tanto en la vida intelectual como en la profesional. Gracias al apoyo de Freud, en 1920 forma parte de la Sociedad Psicoanalítica de Viena y es nombrado Director del Seminario de Terapéutica Psicoanalítica. En 1927 ingresa al Partido Socialdemócrata Austríaco. Sus ideas políticas van a dar forma a sus investigaciones: siendo Subdirector del Dispensario Psicoanalítico de Viena funda la Asociación Socialista para la Consulta e Investigación Sexuales y, en 1931, crea la Asociación para una Política Sexual Proletaria (Sexpol), con la aprobación del Partido Comunista, al que se había afiliado un año antes. En este tiempo todavía Reich estudia paralelamente en el campo del psicoanálisis, del cual tiempo después se va a apartar. Dos años después de la creación de Sexpol, Reich es expulsado del PC tras publicar Análisis del carácter y psicología de masas del fascismo. Poco después también va a ser separado de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Exiliado en Dinamarca y Noruega, comienza sus experimentos biofísicos, abandonando el marxismo. En 1939 se traslada a EE.UU., donde se desarrolla como docente en la New School for Social Research, acumula dinero, establece su clínica “orgónica” y se vuelca al anti-comunismo y a la religión. En 1954 es acusado de estafa por sus “acumuladores de orgón”, con los que se suponía podía curar la impotencia orgástica, la esquizofrenia y el cáncer. Además de la prohibición de sus libros, es condenado, en 1956, a dos años de prisión. Fallece en la cárcel ocho meses después. Personaje extraño, sus vaivenes político-intelectuales no terminan con su muerte. Todo lo contrario, en los ’60 será reivindicado por los beatniks y por el movimiento estudiantil europeo, que rehabilitó su teoría sexual, reeditando copiosamente sus libros.

Orgasmo y realidad

Freud consideraba que la tensión sexual, a diferencia de las demás formas de tensión, era de carácter placentero. La interpretación de Reich difiere de Freud en cuanto que en el curso de los preliminares sexuales se crea una tensión que podría experimentarse como displacentera si no fuera seguida por gratificación. Es en este momento donde Reich se ve capacitado para diferenciar el placer orgástico total, de las sensaciones puramente táctiles. Esto es, en palabras de Reich, la diferencia entre la potencia y la impotencia orgástica. A partir del descubrimiento de la naturaleza de la potencia orgástica, Reich ubica el orgasmo como el fenómeno central de la sexualidad, primero, y como unidad de funcionamiento de lo viviente y del Cosmos mismo, luego, hacia el final de su vida. La economía sexual, como teoría científica de la sexualidad, condujo a Reich al “descubrimiento” del reflejo del orgasmo y de la radiación orgónica (el orgón es la energía radiante que el sicólogo austríaco creía haber descubierto). El reflejo del orgasmo, según Reich, es la contracción y expansión involuntaria en la culminación del acto sexual, suprimido en la mayoría de las personas. La técnica terapéutica propia de la economía sexual es la “orgonterapia” (terapia del orgasmo), que consiste en liberar al paciente de la rigidez que le impone la represión, una relajación que sobrevendría luego de la experiencia orgásmica. Al principio, Reich estaba más cerca de la “cura por la palabra”, al estilo Freud, aunque con un estilo más dramático e interactivo. En sucesivas transformaciones, la técnica va pasando al contacto físico y, por último, al tratamiento con radiaciones “orgónicas” vehiculizadas por el “acumulador” (una caja de metal y madera en la que se introducía el paciente). Sea como fuere, Reich sostenía que el estado de salud psíquica dependía directamente de la potencia orgástica, de la capacidad de entrega en el momento de excitación sexual durante el acto sexual natural. El fundamento reside en la actitud caracterológica no-neurótica de la capacidad de amar. En cambio, la enfermedad mental deviene a partir de las perturbaciones de la capacidad de amar. Dicha perturbación se convierte en fuente y manifestación de las conductas más irracionales. La cura de estos trastornos psíquicos requiere del reestablecimiento de la capacidad natural de amar. Para el Reich marxista, ello dependía de las condiciones sociales, debido a que las perturbaciones psíquicas que se manifiestan en el individuo son el resultado del caos sexual originado por la naturaleza represiva de la sociedad. Esta represión explica, según Reich, la angustia de placer que experimentan ciertos individuos, es decir, el miedo a la excitación placentera. Reich dice haber comprobado que la mayoría de los individuos que consiguen la capacidad orgásmica eligen relaciones monogámicas, a diferencia de aquellos que no logran la satisfacción, que sienten la necesidad de experimentar con varias relaciones a la vez o con diversas trasgresiones sexuales. Con una sexualidad liberada desaparecerían los impulsos sádicos, las perversiones y la ansiedad social, porque el individuo sería capaz de la autorregulación. “La estructura caracterológica del hombre (…) se caracteriza por un acorazamiento contra la naturaleza dentro de sí mismo y contra la miseria social que lo rodea”.1 A este acorazamiento Reich lo explica como la manifestación por parte del individuo de una conducta defensiva contra la angustia, que resulta en rigidez del carácter, falta de contacto con las personas, del desamparo, el insaciable deseo de autoridad, del miedo a la responsabilidad, de la angustia mística, etc. La separación de lo puramente natural en el hombre recae en una actitud hostil de enajenamiento, que no es de naturaleza biológica, sino que depende de lo social y lo económico.

Psicoanálisis y revolución

Proyectándose al análisis social, Reich sostiene que la dictadura yace, precisamente, en dicha angustia, el lugar sobre el cual el individuo recrea las ideologías negadoras de la vida. La base del miedo a una vida libre e independiente, es una poderosa fuente de energía para el ejercicio de la actividad política reaccionaria. Las instituciones que castigan y los profesionales (médicos, psicólogos, filósofos, etc.) que juzgan las prácticas sexuales naturales, realizan según Reich, crímenes sociales. Condenan y culpabilizan la libertad sexual de individuos sanos y normales. Dentro de las instituciones “moralistas”, Reich, pone particular atención en la vida familiar, la cual, según él, es “el talón de Aquiles emocional de la sociedad”, pues se funda en una estructura sumamente autoritaria. La familia autoritaria, que suprime y castiga la sexualidad en el infante y en el adolescente, es el caldero donde se cocinan las dictaduras. La solución del Reich todavía cercano a la política de izquierda, consistía en una profunda revolución de la vida cultural, con la sustitución de la familia patriarcal, autoritaria, por la familia matriarcal, natural. Para el psicoanálisis freudiano, la cura se alcanza con la liberación de tales conductas infantiles, haciendo concientes los impulsos inconscientes. Para el primer Reich, no alcanza. Es necesario además romper las barreras sociales que se pronuncian en contra de la sexualidad. Siendo el psicoanálisis freudiano, según el inspirador del “orgasmastrón” de El Dormilón, una defensa de la sociedad patriarcal, toda política liberadora implica volver a una sociedad matriarcal. En este tipo de sociedad, la sexualidad libre del niño es la base de una nueva vida social. En contraposición a esta sociedad “liberadora”, en la sociedad patriarcal la represión es fortalecida por los mandatos en los que el juego sexual y la masturbación del niño son fuertemente prohibidos y castigados. Consecuentemente, como producto de la regulación patriarcal, surten individuos tímidos, dependientes y temerosos ante la autoridad; el niño se vuelve incapaz de desarrollar las tendencias naturales en plano de lo sexual. El nuevo orden de la vida sexual debe comenzar por una diferente educación del niño, pero para esto hace falta también que los educadores desechen sus actitudes sexuales impregnadas durante su formación y liberen su propia energía orgástica. Dado que la vida sexual reprimida depende de y refuerza a la sociedad autoritaria, Reich cree indispensable “la potilización de la vida personal cotidiana”. La reglamentación moral niega la vida, la revolución sexual la afirma en tanto que produce felicidad y logra total armonía entre naturaleza y civilización.

Un problema real y una solución disparatada

Resultaría fácil descartar la apuesta reichtiana haciendo mofa de las actitudes y disparates de la etapa que comienza con su exilio de Austria. Efectivamente, cuestionando el idealismo freudiano, Reich cae en un materialismo vulgar cuyo mayor exponente probablemente sea el famoso “acumulador”. Eso no le quita, al “joven” Reich, el mérito de intentar un acercamiento materialista e histórico al problema de la conducta humana, al problema de fundar una “antropología” que comprenda, al mismo tiempo, al individuo como naturaleza y como sociedad, como materia y como historia. Problema que el psicoanálisis tiene pendiente aún y que le permitiría jugar un papel en la lucha política actual, como de alguna manera lo hizo en la oleada revolucionaria de los ’60, tan dada ella a los orgasmos del más diverso tipo.


Notas

1Reich, Wilhelm: La función del orgasmo, Paidós, México, 1988, p.16

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