Nota de Marina Kabat sobre la tercerización en el trabajo agropecuario. En Tiempo Argentino (11/04/2011).

yerba-agroLa tercerización en el trabajo agropecuario

Por Marina Kabat
Historiadora, investigadora de CONICET y militante de Razón y Revolución.

La mayoría de estos trabajadores son temporarios, por lo cual no están comprendidos en los alcances del proyecto de ley sobre trabajo rural, que muchas veces se ha presentado como una solución a su problema.

 El empleo tercerizado aparece en el agro mediante cooperativas, empresas de personal eventual y firmas contratistas. El contratismo rural fue importante ya en los orígenes de la agricultura argentina de exportación. Sin embargo, su peso disminuyó a partir de la década de 1930 cuando más chacareros pudieron adquirir maquinaria propia. Desde los setenta, la aparición de maquinaria más potente (y por lo tanto más difícil de amortizar en superficies pequeñas) impulsó nuevamente el contratismo, luego reforzado por la siembra directa. Con la aparición de este nuevo sistema, el productor muchas veces debió optar por trabajar con máquinas propias bajo viejos métodos o emplear el nuevo sistema acudiendo al contratismo.

En la producción cerealera, los contratistas realizan el 80% de la cosecha y entre el 60 y el 70% de la siembra. Como explicamos en nuestro libro Patrones en la ruta, las explotaciones menores no pueden prescindir del contratismo porque no podrían producir en forma competitiva sin recurrir al mismo. En el otro extremo, el contratismo también resulta un aliado clave de los pools de siembra.

En la campaña 2001/2002, una encuesta estimó que 9000 obreros eran empleados por empresas contratistas radicadas en la provincia de Buenos Aires. En la campaña 2005/2006, la última para la que se conocen cifras, su número ya superaba los 17.600. De ellos, 5500 eran obreros temporarios. Muchas veces se trata de maquinistas que trabajan 8 a 10 meses sin descanso, sábados, domingos y feriados. Por eso, a pesar de ser considerados temporales, la cantidad de días que laboran supera a la de un trabajador permanente que tiene fines de semana libres, goza de feriados y de un régimen de licencias adecuado. Dada la gran productividad alcanzada con los nuevos métodos, los equipos de trabajo son reducidos y estos trabajadores se encuentran muy atomizados en pequeños grupos que permanecen muy poco tiempo en cada explotación.

En cambio, las actividades que mantienen su carácter manual requieren un gran número de obreros empleados en forma simultánea en la misma explotación. En este tipo de tareas han cobrado importancia las empresas de contratación de empleados eventuales. Una de las principales firmas del rubro es Manpower. En 2008, entrevistamos a Jorge Rossin, gerente nacional para el Área Rural de Manpower. En este sector, durante 2007, Manpower había firmado 18 mil contratos laborales, el triple que en 2001. Las principales actividades para las cuales reclutan trabajadores son el desflore de maíz, la cosecha de la uva, la caña de azúcar y el arándano. También trabajan con la cosecha de papa que, si bien está mecanizada, continúa recurriendo al empleo manual cuando el campo se embarra demasiado y las máquinas no pueden operar. Las grandes empresas constituyen los principales clientes de Manpower, como la firma Mc Cain (proveedora de Mc Donald’s) en el caso de la papa.

Según Rossin, el 95% de los obreros golondrina reclutados por Manpower son oriundos de Santiago del Estero. Por ello, en la entrevista citada manifestó su preocupación por que el empleo público o el desmonte en dicha provincia compitiesen con el empleo rural que su firma ofrece, con lo que, en sus palabras, el santiagueño se estaba transformando en “un bien escaso”.

Este verano los medios dieron a conocer la deplorable situación de los trabajadores del desflore de maíz, donde Manpower –en la citada entrevista– aseguraba contratar al 60% de los migrantes empleados. Pero esta actividad se encuentra relativamente mejor paga que otras. Dentro de las producciones rurales en las que Manpower tiene injerencia, Rossin señaló a la de los semilleros como la que ofrecía salarios más altos, seguida por la vid y el arándano. La cosecha de otras frutas y de la papa tenía remuneraciones menores. Los productores de cebolla, entre otros, no son considerados por Manpower clientes potenciales por el grado de informalidad en el que se desarrolla la actividad con trabajadores no registrados y bajísimos salarios. Con esto se evidencia que los casos que trascendieron, lejos de representar las peores situaciones constituyen tan sólo la punta del iceberg, en lo que respecta a condiciones laborales en el agro. Una prueba adicional es que la actividad rural es la segunda con más accidentes laborales. La principal recomendación de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo para reducir los siniestros en el agro es restituir “la cadena de responsabilidad solidaria en prevención de salud de los trabajadores”. Es decir que los titulares de las explotaciones respondan por la integridad física de los obreros tercerizados que trabajan para ellos.

Tanto la evolución del contratismo como de las empresas de empleo eventual muestran que el trabajo tercerizado tiene un peso creciente dentro de la producción rural. Como en otros sectores, su incremento explica gran parte de la recuperación económica de los últimos años. Recuperación de la cual estos obreros no se han beneficiado. La mayoría de estos trabajadores son temporarios, por lo cual no están comprendidos en los alcances del proyecto de ley sobre trabajo rural, que muchas veces se ha presentado como una solución a su problema. Como UATRE no defiende sus intereses no ha llamado la atención sobre este punto. Esto muestra, una vez más, la necesidad de que los obreros rurales recuperen su sindicato de las manos de la burocracia. La organización de estos trabajadores, si bien enfrenta una serie de obstáculos, no es imposible, como lo prueban las numerosas huelgas que esta fracción de clase tiene en su haber.

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