Nace una (peligrosa) estrella – Marina Kabat

evitaNace una (peligrosa) estrella. Eva Perón, el backstage de una figura política

Eva Perón cumple con el objetivo de ganar la simpatía gremial, combatir la influencia de la izquierda e incluso hasta las demandas “desmedidas” de algunos acólitos. Solveyra Cásares mata, encarcela, tortura. Eva Perón gana simpatías, convence, reprende.

Marina Kabat

GIP-CEICS


La imagen popular de Eva Perón está construida sobre, por lo menos, dos grandes mitos. El primero la presenta como protagonista del 17 de octubre. Según la leyenda, Eva habría recorrido barriadas convocando a la  movilización de los obreros. Sin embargo, hoy es un hecho comprobado la ausencia de tal militancia y por el contrario, hay pruebas de la verdadera actitud de Eva Duarte: intenta que distintos abogados le gestionen un hábeas corpus que permitiera a Perón optar por salir del país.1 De hecho, las cartas de Perón le manifiestan sus planes de retirarse, casarse y vivir una vida tranquila. Esas eran las perspectivas de la pareja por ese entonces. El historiador Mariano Plotkin señala que, cuando los recuerdos de la jornada estaban frescos, en el primer aniversario del 17 de octubre, Eva Perón no se presentaba como partícipe de la movilización, sino como una compañera sufriente, una versión que se iría modificando a partir de 1947.

Según otro mito, sostenido tanto por peronistas como antiperonistas, la Fundación Eva Perón se crea como una iniciativa personal de la primera dama tras ser desairada por la Sociedad de Beneficencia. Por el contrario, puede observarse que desde el ’43 se quería modernizar y centralizar la asistencia social. Además, destaca que la Sociedad de Beneficencia es intervenida en 1946, sin que nadie mosquee por ello, mientras que la Fundación Eva Perón recién se crea dos años más tarde, en 1948. Como veremos, no por iniciativa de la primera dama.

Nace una estrella

Eva Perón comienza a aparecer en escena en la campaña electoral, algo que no era común por esa época. Si bien su participación en la campaña parece haber reportado frutos, la única vez que intenta hablar en un acto en el Luna Park fue recibida con una silbatina y el reclamo de la presencia de Perón, por lo que no pudo pronunciar su discurso.

En realidad, uno de los primeros “hitos” de la carrera política de Eva Perón es su gira Arco Iris. Con ella, recorre Europa y, especialmente, la España franquista, donde es recibida como una reina. Eva no solo llevaba sonrisas, sino que era la portadora de un apoyo económico y político crucial para quien asesinó a más de medio millón de obreros.

No obstante, ser profeta en tierra propia llevaría más tiempo. Durante los años 1947 y 1948 (e incluso después) el secretario privado del presidente, Carlos Aloé, recibió cientos de cartas de pedido de asistencia social de todo tipo. Era algo usual que tales solicitudes se dirigieran a la persona que ostentaba ese cargo, lo que nos muestra que todavía Eva no era la receptora natural de estos pedidos. Por el contrario, es Aloe quien recibe estas misivas y las responde siempre con la misma fórmula: “deberá dirigir su solicitud directamente por carta a la señora esposa del Excmo. Sr. Presidente de la Nación, doña María Eva Duarte de Perón”.2

Es claro que hay una intención orquestada desde arriba para que toda la asistencia pública fuera monopolizada (y capitalizada) en forma personal por Eva Perón. Esto queda aún más claro en una transcripción mecanografiada de la reunión de Méndez de San Martín (interventor de la Sociedad de Beneficencia y posterior Ministro de Educación) con altos funcionarios de la Subsecretaría de Prensa e Informaciones. Un funcionario dice que la “señora” le llamó “para que  organicemos una serie de actos de propaganda de toda índole al amigo San Martín, con motivo de la obra de ayuda social que ella realiza a través de la Sociedad de Beneficencia”. A lo que Méndez de San Martín responde:

“Yo no quiero que figure para nada en este momento la Sociedad de Beneficencia. Es la obra de ayuda social de la Señora, pero que ahora la hace científicamente. […] Es una obra pura y exclusivamente de la Señora.”

Y propone titulares para los diarios: “La señora realiza asistencia social en Santiago del Estero con un organismo nuevo”. Un funcionario le hace una pregunta que alguien más tarde se ocupó de tachar. Sin embargo, llega a leerse el final  “-¿…, la institución oficialmente, esta acción social que está a cargo de ustedes en realidad [resaltado nuestro]?”

Méndez de San Martin responde enfático: “Ustedes a mí no deben mencionarme, como así tampoco a la Sociedad de Beneficencia. La señora realiza esto por cuenta propia, para hacer ayuda social. Es la obra social de María Eva duarte de Perón.” A lo que le vuelven a objetar: “Pero utilizándose todos estos organismos…”. San Martin insiste:

“Bueno, pero todos estos organismos son de ella. Ella realiza en este momento la asistencia social científica. Yo le he pedido inclusive que el día que vengan esos niños ella vaya sola a la estación”.3 

En el mundo sindical

Tampoco la injerencia de la primera dama en materia sindical surge en forma espontánea de su propia iniciativa. Ya hemos relatado en El Aromo cómo el torturador y Jefe de la División Investigaciones Políticas, Guillermo Solveyra Cásares había recomendado a Perón, como parte de su plan integral de combate al comunismo, colocar a una figura de primera línea al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión para ocuparse en forma personal de la relación con los gremios. A lo que Perón responde que ese rol lo asumiría su esposa.4 Dicho y hecho: Eva Perón cumple con el objetivo signado de ganar la simpatía gremial por el contacto directo, combatir la influencia de la izquierda e incluso hasta las demandas “desmedidas” de algunos acólitos. Cada vez que hay una huelga difícil de levantar, ahí va ella a clausurar el proceso: frigoríficos, gráficos ferrocarriles. Solveyra Cásares mata, encarcela, tortura. Eva Perón gana simpatías, convence, reprende. La división del trabajo está claramente establecida. En ese sentido, la figura de Eva no es “contradictoria”: regalando máquinas de coser, escuchando a los sindicatos sensatos o carnereando las huelgas “políticas” cumple siempre la misma función.

Se ha creído ver a Eva Perón como el canal por el cual el movimiento obrero canalizaba sus demandas. Algo de eso hay, ya que ella oficia como mediadora. Esto no quiere decir que permitiera al movimiento obrero disputar al proceso (en eso muchos se equivocan). Por una parte, ella exigía lealtad incondicional a sus referentes. Pareciera que ella conservaba cartas firmadas de las dirigentes del Partido Peronista Femenino y de sindicalistas adictos, entre ellos, José Espejo, en las que estas personas simulando escribir a un pariente, confesaban que solo apoyaban al peronismo por intereses personales. Eva Perón guardaba las cartas para usarlas en caso de que algún dirigente se apartara de sus directivas.5 Por otra parte, la campaña para nominarla vicepresidenta que culminó en su renunciamiento, suele presentarse como una muestra de la independencia sindical, incluso frente a los intereses de Perón. Sin embargo, los documentos secretos de servicios de inteligencia nos brindan información sobre la que podemos construir otra hipótesis: Perón no está preocupado por la campaña a favor de la candidatura de su esposa. En cambio, necesita bloquear cualquier tentativa en ese sentido por parte de Mercante, entonces Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, ex primer aliado y, por entonces, principal enemigo interno.6 Con la reforma constitucional Perón le bloqueó el acceso al sillón de Rivadavia. La campaña a favor de su esposa le servía para impedirle el acceso a la vicepresidencia. Una vez descartado Mercante, las ilusiones de Eva Perón y del movimiento obrero que se había movilizado tras ella, son aplastadas y Perón designa nuevamente al inocuo Quijano. El gran Bonaparte usó primero a su esposa contra los militares que defendían a Mercante y, en un segundo momento, se escudó en los militares para vetarla a ella.

La izquierda reinventa a su enemigo

En lugar de impulsar un proyecto político propio, la izquierda argentina, por décadas ha intentado alimentarse de los restos del peronismo moribundo. Una y otra vez, ha pretendido tomarle la posta al nacionalismo burgués y heredar sus bases, sin que medie una crisis de conciencia. Tras el 2001 y antes del kirchnerismo, Jorge Altamira pronunció palabras emotivas en un homenaje al aniversario del fallecimiento de Eva Perón, aludiendo a su propio origen peronista. Parado en su pasado, les recriminó a los presentes no ser dignos herederos del peronismo:

“Desde esa historia puedo también señalar que lo que realmente importa como balance político es lo siguiente: el peronismo hizo transformaciones extraordinarias en su primer período de gobierno. En lugar de bajar el 13% a los jubilados, les dio el aguinaldo a los empleados estatales. Reconoció a las comisiones internas de las fábricas, en lugar de matar piqueteros en la estación Avellaneda…”.7

Sin quererlo alimentó el mito del cual se nutriría la fuerza política que estaba pronta a combatir a la izquierda y cooptar al movimiento piquetero.  Por supuesto, Altamira también criticó algunos aspectos negativos. Pero, a fin de cuentas, reivindicó al primer peronismo por su defensa de los trabajadores, su antiimperialismo y lo eximió de la responsabilidad de muertes obreras. Para criticar el peronismo contemporáneo, sin perder la simpatía de los peronistas, transfigura la historia y embellece el pasado. Si no construimos una izquierda revolucionaria, que rompa con esta política conciliatoria, dentro de 50 años escucharemos a algún trotskista criticar a legisladores peronistas por no estar a la altura de los Kirchner, su “lucha antiimperialista” y su “extraordinaria política social”…

NOTAS

1Gambini, Hugo: Historia del peronismo. El poder total (1943-1951), Buenos Aires, Planeta, 1999, p. 37.

2Fiscalía Nacional de Recuperación Patrimonial (FNRP), com. 7, caja 13, expte. 105030, Aloe recibe este tipo de misivas que siempre responde igual desde 1947 a 1950.

3“Reunión realizada en el despacho del Sr. Subsecretario con el Dr. San Martin interventor de la Sociedad de Beneficencia”, 17/12/47. FNRP, com. 21, caja 25, expte. 103099, 4° cuerpo, fs.  47-51.

4Véase Kabat, Marina: “Torturadores peronistas”, en El Aromo, n° 89, marzo-abril de 2016.

5Testimonio de Atilio Renzi, 15/10/55, FNRP. com. 47, caja 3, expte. 22043, fs. 10 y 11. Perón habría hecho lo mismo primero con simples cartas de renuncia y luego con estas confesiones.

6“Información sobre el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, coronel D. domingo A. Mercante” ”FNRP, com. 15, caja 60, expte. 104135, fs. 33 y 34.

7http://goo.gl/8zvI5T.

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