Las evaluaciones en la Escuela 2030

Por Martín Rodríguez – La “revolución educativa” de la Escuela 2030 inauguraría un “nuevo” régimen académico. Novedosas formas de organización del tiempo escolar, distintas formas de cursada presenciales o virtuales y otras formas de evaluación, acreditación y promoción de los saberes, nuevas tutorías. El eje en el “acompañamiento” de las trayectorias escolares individuales y únicas de los estudiantes estructurará la propuesta. En realidad, veremos cómo la reforma en marcha combina mecanismos ya existentes que solo van a profundizar la degradación educativa. Los cambios en las formas de evaluar son un síntoma de ello. Pase y lea docente para conocer qué le van a pedir.

Escuelas a la carta

El Régimen Académico fue definido por el Consejo Federal de Educación en 2009 como el conjunto de regulaciones de las exigencias a los alumnos y de las actividades que éstos tendrán que realizar. Ya bajo el kirchnerismo se dispuso que cada escuela puede adoptar su propio régimen de organización institucional de acuerdo a sus condiciones institucionales y las trayectorias (discontinuas) de sus alumnos.

La Escuela 2030 recupera esta esencia y pone para la elaboración de cada Régimen Académico tres modelos a consideración de las provincias. El primero es muy similar al vigente: cursada anual obligatoria, presencia de un tutor que sigue la trayectoria de cada estudiante, evaluaciones para aprobar las asignaturas. Sin embargo, se introduce un “registro individual cualitativo” donde todos los docentes tendrán que consignar los avances de cada alumno en cada asignatura para cada tema. Este registro es clave porque si bien se señala que se deben aprobar todas las asignaturas que se dicten en el espacio escolar (no así lo que sean talleres por fuera) la promoción se decidirá ad hoc: “no es producto de una sumatoria de asignaturas desaprobadas sino definida por un consejo de Profesores de curso/sección/división, coordinado por un miembro del equipo directivo” (Régimen Académico. Escenarios posibles para innovar). Ese consejo, en post de lo que fuera más beneficioso para el alumno y de los progresos en su registro decidirá el pase de año. Si se deben recursar materias a pesar del pase se hará a contra-turno, semipresencial o por parciales. De esta propuesta, los especialistas consideran que se trata de un modelo con matriz “tradicional” que amplia las instancias de evaluación. Nada nuevo.

El segundo modelo establece la “promoción graduada por acreditación de espacios curriculares”. En este esquema el régimen de cursada se fija para cada alumno aunque debe respetar correlatividades entre los bloques. La cursada se adapta a cada trayectoria donde cada espacio curricular es una unidad de acreditación autónoma. No se contempla la repitencia sino el acreditar espacios. Como es una evaluación sumativa, se reconocen los trayectos aprobados en otras escuelas. La principal desventaja de este modelo sería un posible alargamiento de los años de cursada ya que el ritmo se fija en términos individuales para la acreditación de los espacios.

El tercer modelo, instaura un “régimen académico por trayectoria escolar basada en créditos”. El régimen de cursada ya no es presencial sino que se lo evalúa para cada espacio curricular. El alumno puede elegir los espacios curriculares a cursar y obtener “créditos certificables”. La propuesta no contempla la repetición del año escolar en tanto se deberán cumplir créditos. Nada se dice de cómo convivirá el personal docente ni como cumplirán sus funciones los docentes en un esquema que instaura la cursada virtual y por ende pone sobre el tapete el “exceso” de docentes. Ahora los alumnos exploran y realizan sus propias trayectorias.

La adecuación del régimen parte de la base de que los alumnos deben trabajar sobre sus competencias socio-emocionales y por ello deben “aprender a aprender” y “aprender a hacer”. Por eso, los tres esquemas apuntan a la flexibilización de las trayectorias y a consolidar un tribunal colegiado que decide la suerte del alumno con una lógica de “si hay progreso se avanza”. Como lo que hay que medir es el progreso individual no extraña que la presión para aprobar opere fuertemente en las escuelas. El tribunal colegiado también se replica para los alumnos que se deben auto-evaluar y co-evaluar. Todos los modelos proponen que el rol del docente sea el del facilitador que guía el aprendizaje. El alumno se mueve solo en un mar de degradación.

Fragmentados y degradados 

El kirchnerismo sentó las bases para la aplicación de la Escuela 2030, tanto en lo legal como en lo ideológico. La LEN incluye modos de promoción flexibles acordes al contexto socioeconómico, de allí el desarrollo del Plan Fines 2. Al paso, introdujo decenas de programas para un “acompañamiento” vaciado de contenidos. Su pretexto: la obligatoriedad de la escuela secundaria implicaba pensar qué se puede hacer con los sectores obreros que ingresaban a la escuela. En clave freiriana reconocieron que esos sectores no merecían una educación de calidad sino un “como si”. Que ese miserabilismo haya calado hondo en los docentes es imperdonable.

Cada nueva reforma lo único que hace es gestionar la miseria y la descomposición social. Nuevas palabras para un mismo proceso: su futuro solo remite al pasado y a una sociedad agotada. Por ese motivo, es urgente que discutamos una escuela capaz de superar el pozo en el cual nos ahogó el macrismo y el kirchnerismo. Los sectores combativos nos debemos un Congreso Educativo Nacional para discutir un modelo escolar capaz de vencer al modelo burgués. Nuestra escuela debe recuperar ese sentido que alguna vez tuvo. La verdadera inclusión solo puede darse con una reforma acorde a las necesidades de la clase trabajadora.

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