Final burbujeante – Bruno Magro

378733Lejos de tratarse de un juego de “oportunistas analfabetos” de escaso impacto en la economía mundial, el ascenso y caída vertiginosa en los valores bursátiles es plena manifestación de los límites inherentes a la forma de inserción de China a la economía mundial.

Por Bruno Magro (Grupo de Análisis Internacional-CEICS)

Como nos tiene acostumbrados, la economía china vuelve a romper records. En esta ocasión, las bolsas de Shanghái y Shenzhen, fueron las protagonistas. Tras un crecimiento en el valor bursátil (market cap) de más de 6 billones de dólares entre octubre de 2014 y el 12 de junio de 2015, ambas sufrieron un desplome de entre 30-40% en el lapso de 3 semanas, esto es, más de 3,5 billones de dólares.
Algunos especialistas han afirmado que se trata de un fenómeno local y carente de repercusión mundial debido a la “desconexión” con el resto de las plazas financieras, producto de las restricciones a la cuenta de capital china. El desplome, sugieren, habría sido protagonizado por pequeños inversores sin conocimientos bursátiles. Como veremos a continuación, lejos de tratarse de un juego de “oportunistas analfabetos” (como se le llama a los inversores inexpertos) de escaso impacto en la economía mundial, el ascenso y caída vertiginosa en los valores bursátiles es plena manifestación de los límites inherentes a la forma de inserción de China a la economía mundial.

Caída libre

La magnitud de las pérdidas es comparable al valor bursátil combinado de las bolsas de Francia y España, o a casi el 100% del PBI de la cuarta economía del mundo, Alemania. Si bien las pérdidas fueron generalizadas, los sectores más afectados fueron los de tecnologías e internet, equipos médicos, aeronáutica y transporte.
Sin embargo, las pérdidas no alcanzaron su plena magnitud debido a la regulación que obliga al controlador bursátil a suspender la cotización de aquellas empresas cuyo valor de sus acciones haya caído más del 10% por jornada. A dicha reglamentación se suma la aceptación por parte del regulador bursátil de los pedidos de suspensión voluntarios, efectuados por aquellas empresas listadas que buscaban minimizar las pérdidas. Para el 8 de julio, unas 1.476 de las 2.800 empresas listadas en ambas bolsas mantenía su cotización congelada por un equivalente a 2,6 billones de dólares. A ello se suma la suspensión de la Oferta Pública Inicial de acciones de 28 nuevas empresas.

¿Un resfrío?

Una explicación superficial del fenómeno bursátil chino es aquella que deposita la mirada sobre los inversores “amateurs”. La causa del desplome se habría producido a raíz de que estos habrían entrado en pánico frente a la caída de la bolsa y comenzaron a vender sus activos de manera “irracional” y sin prestar atención a las intervenciones del Gobierno. Así, para estos analistas, tan solo se trata de un problema financiero coyuntural. Esta explicación se complementa con aquella otra que subestima el impacto mundial del fenómeno, ya sea porque la cuenta capital de la balanza de pagos de China se encuentra regulada, ya sea porque tan solo el 1,5-2% de los extranjeros tienen acciones chinas.
Con respecto a la primera idea, lejos de tratarse de un fenómeno financiero y coyuntural provocado por la “irracionalidad”, el desplome del mercado bursátil responde a las contradicciones inherentes a la forma de inserción de la economía china en el mercado mundial capitalista. China es un eslabón más en el proceso de creación de capital ficticio como mecanismo para disimular la crisis de sobreproducción y posponer el mecanismo de destrucción del capital sobrante. Veamos qué dicen las cifras.
Una mirada superficial de la economía oriental puede señalar que el PBI del país ha crecido. Los números astronómicos de la bolsa también parecen augurarlo. Lo mismo podríamos decir si atendemos a ciertos niveles de consumo interno, como vehículos e insumos para la construcción.
No obstante, si miramos el gráfico 1, veremos que el ritmo del crecimiento del PBI ha caído estrepitosamente, superando la caída de 2009 y perforando niveles históricos. Si tomamos el PBI agrario e industrial (gráfico 2), como índice de la llamada “economía real”, veremos que ambos vienen descendiendo y este año cayeron hasta el piso del 2009, año de la gran crisis. Otro dato importante de la evolución de la producción es la variación interanual del valor agregado en la industria. En ese rubro, en 2012, esa variación se redujo a la mitad (de un histórico 20% al 10%). Este año, la cifra fue la mitad de esa reducción (del 10% al 5%).1
Pasemos ahora al comercio exterior. Si observamos el gráfico 3, veremos que tanto las importaciones como las exportaciones de China vienen cayendo en forma constante desde mayo del año 2010. Aquí todavía no se llevó al piso del 2009. Sin embargo, mientras en ese momento el descenso fue más abrupto (igual que la endeble y circunstancial recuperación), aquí estamos ante cifras muy bajas desde hace tres años. Lo mismo puede decirse de la inversión en activos fijos, que este año llegó a su peor cifra desde el año 2000.
Ahora bien, ¿cómo es que puede expandirse el sector financiero y cierto consumo interno (construcción) en un contexto que parece más bien recesivo? ¿Cómo es que, a pesar de lo que parece ser una caída en la tasa de ganancia (eso explicaría la mayor renuencia a invertir) los capitales parecen expandirse?
La respuesta es sencilla: los capitalistas se endeudan. Se emiten bonos, se fabrica dinero sin respaldo, se anuncian “paquetes de ayuda” a las empresas… Todo eso que llamamos, técnicamente, capital ficticio. Si observamos el grado de emisión monetaria (gráfico 4), vemos que, a pesar de la caída del crecimiento de la producción, desde el 2009, se pasó de un crecimiento negativo del -2% hasta el positivo del 6%, cuando desde el 2000 al 2009 se pasó del -6% al –2%. O sea, en casi la mitad de los años se duplicó el ritmo de emisión. Justo en los años en los que los índices vinieron en picada.
Pero hay más, China está endeudada a niveles históricos. Es el cuarto país con mayor deuda, según su PBI, detrás de EE.UU., Grecia y Portugal. Esto, a nivel de Estado central. Sin embargo, la mayor deuda está canalizada a través de los estados provinciales, que mediante “plataformas de financiamiento de gobiernos locales” concentran el grueso del financiamiento. Por ahora, resulta imposible saber la verdadera cifra del déficit chino debido a que las deudas de los estados locales no es información pública. En un artículo anterior, explicamos detalladamente los mecanismos que utilizó el gobierno chino para implementar toda esa creación de “papelitos”.
Por lo tanto, no se trata de un fenómeno coyuntural. Es la expresión de la crisis del capitalismo en China, como expresión de una crisis mundial. Las finanzas no pueden convertirse, por sí mismas, en una salida al capital. No se trata tampoco de una lucha entre la “producción” y la “bolsa”. La caída del crecimiento expresa una caída en la tasa de ganancia. El desplome de esta bolsa no es un desencadenante de la crisis. Es la confesión de esta que no puede postergarse ni dejar de producir síntomas agudos de su existencia.

La llave

Como hemos desarrollado en ediciones anteriores, la “exitosa” inserción china estuvo estructurada en torno a la relación comercial y financiera con EE.UU.2 Por un lado, esta relación determinó el crecimiento y estructura de la economía mundial empujando los precios de las commodities y el alza en la renta agrícola, minera y petrolera. La estructura económica china se desarrolló como una economía de mano de obra barata puesta a disposición del capital extranjero para la producción y ensamblado de mercancías con destino de exportación.
Los intentos del gobierno chino por suavizar la caída de las exportaciones apelando a un giro mercadointernista a través de un crecimiento basado en políticas de infraestructura y desarrollo inmobiliario tuvieron bajo vuelo y elevaron la deuda china de 7,4 billones de dólares a 28,2 billones de dólares entre 2007 y el segundo semestre de 2014. A medida que la crisis mundial desnudaba la fragilidad del sobre a la crisis terminaron por evitar la destrucción del capital sobrante, no solo las políticas implementada por el gobierno chino para tratar de sortear la economía china presenta un nivel de endeudamiento que supera en 282% el tamaño del PBI.
Ahora bien, ¿por qué las exportaciones se estancan? ¿Qué tipo de salida puede ofrecer el capital? Esa es la pregunta. Una respuesta puede encontrarse en que el capital chino está perdiendo lo que, justamente, era su particular ventaja: los bajos costos laborales. El salario en China ha venido en aumento en los últimos diez años (gráfico 5). Y si bien desde el 2009 ha crecido en forma más lenta, no se ha logrado revertir la tendencia al alza. Si la burguesía china quiere competir mejor, deberá llevar las condiciones de vida de su población a niveles más bajos aún, lo que le valdrá abandonar su estrategia “mercado-inernista”.

Repercusiones

A pesar de que sus cifras estén cayendo, China sigue siendo el principal exportador e importador mundial. Ocupa el 25% del mercado mundial. Parece una paradoja, pero es la evidencia más contundente de la envergadura de la crisis mundial: China se cae en un mundo que se cae.
China es el primer exportador y a los EE.UU. y su primer importador. Representa el 20% de las importaciones yanquis y el 8% de sus exportaciones. Más importante aún es para Japón, con el 22% y 18%, respectivamente. Con la baja de los precios las materias primas, Europa parece ser la única que circunstancialmente sale beneficiada.
EE.UU. verá mermadas sus exportaciones y seguramente recurrirá a profundizar el mecanismo que empujó a China al precipicio: la devaluación del dólar. Con ello, también se van a devaluar las reservas orientales. El conflicto político no tardará en aparecer. Otro gigante que comenzará a sufrir las consecuencias será Rusia, ya que China es su principal mercado de petróleo.
La repercusión será importante en América Latina. Brasil, Venezuela y Chile, en primer lugar, serán los más perjudicados. La caída de los commodities, a raíz de la desaceleración china, provocará caídas importantes en sus fuentes de divisas. El caso más grave es el de Chile: el desplome del cobre implica la caída de su principal fuente de financiamiento.
Como vemos, no se trata de un “resfrío”. Este desplome golpeará la economía mundial. La ofensiva del PCCh sobre su proletariado y el agotamiento de los ciclos asados en las commodities traerán un nuevo capítulo a la crisis mundial. La lucha de clases verá escribir, en breve, un nuevo capítulo.

Notas
1Fuente: elaboración propia sobre la base de China National Statistics Bureau
2Véase Magro, Bruno, “Papelitos chinos”, en El Aromo, n° 82, enero-febrero 2015.

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