El rincón del vago – Por Marcelo Ghigliazza

maestro_invisible_BYNLos proyectos pedagógicos del Plan FinEs 2 en la provincia de Buenos Aires

El plan FinEs 2 se presenta como una propuesta inclusiva que contempla las necesidades de la población de adultos. Los proyectos pedagógicos muestran que, en realidad, constituye una expropiación del conocimiento de la clase trabajadora.

Por Marcelo Ghigliazza (GES – CEICS)

En números anteriores de El Aromo1 denunciamos que el plan FinEs 2 acentúa la degradación educativa e impulsa la destrucción del secundario de a dultos existente. En este artículo, continuamos la indagación presentando el análisis de un conjunto de 38 de proyectos pedagógicos del ámbito de la provincia de Buenos Aires. Le contaremos qué se puede enseñar en el Plan FinEs 2 y cómo se gesta el proceso de fragmentación curricular y titulación express.

De la dispersión al vaciamiento curricular

En la provincia de Buenos Aires, la autoridad educativa establece que cada tutor tiene que presentar un proyecto pedagógico a partir del cual se resuelve su designación. Este documento debe contemplar ítems como fundamentación pedagógica, objetivo, contenidos a desarrollar, propuesta de trabajo final, entre otros. Los contenidos a desarrollar deben basarse en el plan de estudios del bachillerato de adultos. Este plan, sin embargo, fue diseñado para una cursada de cinco días por semana, cuatro horas por jornada. El plan FinEs 2, en cambio, funciona dos días por semana, tres horas cada uno. El tiempo escolar se reduce así, de veinte a seis horas semanales, lo que implica una pérdida del 70%. Visto desde cada materia, de un recorrido anual se pasa a uno cuatrimestral comprimido hasta alrededor de un tercio de tiempo de clase. En este contexto, se le exige al tutor “adecuar” el programa; un eufemismo para ocultar el vaciamiento de contenidos que significa semejante reducción de tiempo. Veamos qué hacen los tutores.

Del relevamiento se desprende que un 39% de los proyectos copia textualmente el programa. Así, por ejemplo, en la materia Historia y Geografía 1, se pretende enseñar en una sola clase el tema “vinculación de los procesos mundiales con las revoluciones hispanoamericanas, teniendo que abordar en el mismo encuentro el concepto de revolución, los procesos revolucionarios concretos, el contexto mundial y la relación entre estos tres elementos.

Por su parte, un 32% modifica el plan oficial. Entre estos, algunos plantean una secuencia más extensa. Un caso de la misma materia, por ejemplo, propone una lista de 24 temas para las 16 clases; de manera que supone avanzar con tres contenidos del siguiente calibre, cada dos clases: “transición del feudalismo al capitalismo”, “corrientes de pensamiento modernas” y “los Estados modernos”. Resulta evidente la inadecuación de estas propuestas al objetivo de lograr un aprendizaje significativo y no un mero ejercicio memorístico de escasísimas nociones generales. En el fondo, se trata de proyectos pedagógicos irreales, imposibles de llevar a la práctica. También en esta franja cuentan los que modifican el programa proponiendo otro, como un proyecto de Economía Social que echa por la borda la historia del pensamiento económico, en favor de una selección arbitraria de temas.

Finalmente, un 29% hace algún recorte del programa original, seleccionando unos contenidos y desechando otros. Si en los casos anteriores la pérdida de contenidos permanecía oculta, aquí el empobrecimiento queda al descubierto. Un proyecto de Historia y Geografía 1, por ejemplo, propone trabajar sólo una de cuatro unidades, dejando afuera la periodización de la historia universal, el espacio geográfico americano y el proceso histórico por el cual surgió el modo de producción capitalista. Otro de Lengua y literatura 2 omite el trabajo con textos de estudio, la elaboración de resúmenes, temas de gramática y análisis del discurso. Un tutor de Matemática 3 elimina las operaciones con números racionales y la estadística. Un proyecto de Psicología descarta la problemática de la salud mental en el ámbito laboral. Finalmente, otro caso de Educación Cívica 1 elimina el estudio de la constitución y la organización del Estado.

Todo esto denuncia cómo se sacrifica el conocimiento en el “altar de la inclusión”. El plan FinEs 2 promueve así la formación de un sujeto sin herramientas para resolver problemas de la vida cotidiana, para comprender textos complejos, para ubicarse geográficamente, para considerar la realidad histórica y no eterna del capitalismo. Un sujeto incapaz de problematizar su situación personal y social, superando la mirada del sentido común por una científica. Un sujeto, finalmente, sumido en la ignorancia.

La letra chica del contrato pedagógico

Esta expropiación del conocimiento es alentada por el Ministerio de Educación nacional en el “Documento para docentes. FinEs secundaria”.2 Con tónica demagógica, le exige al tutor acordar con cada estudiante un “contrato pedagógico” mediante el cual organizar un “plan de trabajo” que establezca los saberes a desarrollar, redefiniendo el diseño curricular en función de los intereses y expectativas del alumno. Es decir, si el tutor tenía un problema al tener que adecuar la currícula a casi un tercio del tiempo, a su vez debe readaptar esa hipotética adecuación a los intereses, las expectativas y hasta las “posibilidades reales” de cada estudiante. Supongamos que entre estas no estuviese el asistir regularmente a clases: el tutor debe redefinir lo que pretende enseñar a esta situación. Este criterio de someter la propuesta pedagógica al tribunal del que pretende el diploma, deriva en que obtener el título secundario no certifica la adquisición de ningún conocimiento determinado, sino de lo que cada cual estuvo dispuesto a aprender; si es que lo estuvo.

En los proyectos se puede observar la huella de esta bajada de línea. Varios señalan que harán adecuaciones en la secuencia de contenidos en función de las expectativas y posibilidades de los alumnos. A su vez, el poner en primer plano saberes y competencias de los destinatarios, aparece asociado a un fuerte cuestionamiento del rol docente como portador de conocimiento y director del proceso de aprendizaje del grupo, relegándolo a un papel de mero acompañante o mediador. Así, por ejemplo, un tutor de informática escribe que “el docente no tiene la hegemonía del conocimiento ni de la palabra sino que ella circulará libremente entre todas/os, respetando la diversidad y heterogeneidad del grupo”.3

Evaluación y condescendencia pedagógica

El mismo Documento advierte a los tutores que la modalidad de evaluación debe ser congruente con este enfoque del “contrato pedagógico”; es decir, nada de indagar los resultados reales del proceso, qué conocimientos adquirió el alumno, en qué medida y cuáles no. Estos serían saberes “descontextualizados” y “sin sentido”, cuyo examen podría revelar que algunos estudiantes no aprendieron aquello que debían según determinados diseños curriculares pre-existentes. Pero en el Fines 2 nadie tiene nada que aprender, es decir, ningún contenido escolar vale por sí mismo. Todo dependerá del receptor. Entonces, la evaluación propone “valorar un aprendizaje basado en el papel auto-organizador del conocimiento y en el protagonismo de parte de los estudiantes como constructores de su subjetividad y de una interpretación de la realidad capaz de transformarla”.4 De esta manera se define el sentido de la evaluación en términos abstractos para encubrir lo que realmente quiere ser: la promoción automática de los que transitan por las sedes del plan. En este aspecto, el FinEs 2 se encarga de negar la evaluación como momento que enfrenta al alumno con sus propias dificultades y fortalezas; que lo coloca frente al desafío de superarse mediante el esfuerzo y la disciplina del trabajo intelectual.

Pero el Documento elaborado en el Palacio Pizzurno termina soltando la verdad. El mecanismo de la negación explicado por el psicoanálisis pareciera actuar y se pone en palabras lo que no se puede decir, negándolo: el FinEs 2 “no es una propuesta pedagógica de menor valor que quita o sustrae contenidos y/o capacidades esperables, sino que está incorporado a una lógica que valora los saberes adquiridos a lo largo de la vida”.5 Aquí se presupone que el conocimiento del Teorema de Pitágoras, el estudio de la geografía mundial, las propiedades de los elementos y de la materia brota espontáneamente de la experiencia vital de cada adulto. Y que la propuesta consiste en hacer emerger lo inconsciente. Lo que no logra explicar dicha pedagogía es entonces la necesidad de la escuela reducida a un mero espacio titulador. Bajo esa excusa, el plan FinEs 2 construye una propuesta pedagógica de menor valor que quita y sustrae contenidos y capacidades que son esperables desarrollar en la población de adultos. Y parece convencerlos de que ellos ya tenían lo que la escuela debería haberles dado. Si presume de valorar los saberes adquiridos “a lo largo de la vida” es porque él mismo como trayecto formativo, ofrece poco y nada.

Se entiende así por qué todos los proyectos pedagógicos llevan la impronta de la promoción automática al tener que proponer, junto a una serie de “actividades de evaluación” pertinentes para controlar el proceso, una “propuesta de trabajo final” para decidir la promoción del alumno. Más del 80% de los proyectos convierte la evaluación final en un trámite. Ahora la evaluación final consiste en “participar en un debate” o presentar un trabajo práctico individual o grupal sobre algún tema trabajado sin tener que defender o explicar nada del mismo. En algunos casos, no se aclara si la modalidad será oral o escrita, de qué tipo de trabajo se trata, con qué características, qué es lo que se va a investigar o de qué manera. En otros, se propone como trabajo final que el alumno elija un tema y lo explique a sus compañeros. Siguiendo esta lógica, no faltará demasiado para que sea el alumno el que se ponga la nota.

Nunca es triste la verdad

El análisis de los proyectos, en definitiva, permite afirmar que el plan FinEs 2 agudiza la fragmentación curricular, el vaciamiento de contenidos, la desvalorización del rol docente, la demagogia y condescendencia pedagógicas. Esta degradación, disfrazada de propuesta inclusiva, constituye una expropiación del conocimiento de la clase trabajadora argentina. No se trata de una suposición: los proyectos hablan por sí solos. Aquellos que decían avanzarían en “homogeneizar” el sistema, lo fragmentan en miles de pedazos. Aquellos que decían preocuparse por la calidad educativa, la desdeñan en cada una de sus medidas. Difícilmente programas que no enseñan puedan incluir a alguien.

Notas

Véase los artículos del suplemento en los nº 70, 76 ,78 y 80 de El Aromo.

Disponible en http://goo.gl/tg2Neh.

Proyecto pedagógico nº13.

Documento para docentes. FinEs secundaria, pág 24.

Ídem, pag. 7.

 

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