El invento del monopolio petrolero 

Competencia y sobreproducción en la industria del oro negro

Por Fernando Dachevsky

La crisis actual nos muestra que la cuestión petrolera sigue siendo un tema central en el seguimiento de la economía mundial. Ninguna otra mercancía recibe la atención y el protagonismo que tiene el petróleo. Sin embargo, el misticismo sigue siendo dominante a la hora de explicar su dinámica. Una creencia muy extendida, tanto a izquierda como a derecha, es que la industria del petróleo sería la corroboración de que la acumulación de capital ya no se regiría por la competencia, sino por elementos extraeconómicos, en particular el poder monopólico de Estados y “pulpos”. Luego, todo intento de explicar los movimientos cíclicos de los precios termina reduciéndose a una dramatización de conspiraciones que tienen a la OPEP o a los monopolios petroleros como principales actores. Sin embargo, este tipo de apreciaciones es inconsistente con la realidad. En este artículo, nos limitaremos a discutir una de las falacias que sustentan este tipo de interpretaciones: la idea de que la historia petrolera es la historia de la escasez y la anulación de la competencia.[1]

Competencia y crisis

La industria capitalista del petróleo se inició a finales de la década de 1850 en los Estados Unidos y hasta las décadas de 1950-60, dicho país permanecía como el principal productor mundial. Desde entonces, todo movimiento repentino de suba de precios y de aparente escasez fue siempre sucedido por una posterior caída y una situación de exceso de producción. A lo largo de su historia, la industria petrolera no pudo escapar jamás a los efectos de las crisis capitalistas.La crisis de 1870 coincidió con una importante caída del precio del barril. La existencia de entre dos y tres mil compañías compitiendo entre ellas por un mercado saturado, tuvo su correlato en la sobreperforación y el exceso de producción, entonces localizada casi en su totalidad en los Estados Unidos. Sin embargo, la expansión de la industria estimularía la producción de petróleo en otras regiones del planeta. En 1883, capitales holandeses, que luego formarían Shell, comenzaron a explotar las reservas ubicadas en Indonesia. Dado que el mercado interno indonés era casi inexistente, las ventas fueron dirigidas necesariamente al resto de los países de Asia, colocándose como uno de los grandes competidores contra la Standard Oil por el mercado asiático de kerosene. De todas formas, durante estos años, la zona más importante fuera de los Estados Unidos, sería Rusia, en la región en torno a la ciudad de Bakú. Durante unos pocos años, antes del desarrollo de California y Texas (en los primeros años del siglo XX), Rusia, de la mano de los capitales franceses que formaron la compañía Bnito, llegó a colocarse como el mayor productor mundial, compitiendo contra la Standard Oil por el mercado europeo y asiático (en alianza con Shell). Hasta entonces ninguna región del planeta contaba con la productividad de Bakú[2]. Para 1920, la industria petrolera se encontraba extendida por nuevas regiones de alta productividad que competían con Estados Unidos en el mercado internacional. A las mencionadas anteriormente, se le sumaban México y luego Venezuela. A su vez, comenzaban a concretarse las primeras concesiones en Medio Oriente, aunque habrá que esperar a finales de los años `40 para que se desarrolle esta zona. Luego de años de caída de los precios del barril, la Primera Guerra Mundial inauguraba una nueva fase de ascenso. Sin embargo, finalizada la guerra, el precio del crudo volvió a caer. Iniciada la década del ´20, los precios del petróleo y de las materias primas en general registraron una nueva suba que encontró un pronto límite. Entre 1926 y 1928, mientras la producción mundial (con Rusia de nuevo en expansión luego del estancamiento producido durante los años de la revolución) crecía en un 31%, el precio del petróleo caía en un 36%. Para 1928, la sobreproducción mundial de petróleo era evidente y la rentabilidad de las compañías comenzaba a caer[3].Frente a este escenario, las compañías más grandes llegaron a diversos acuerdos, similares a los que se sucedían en otras industrias, que buscaban mitigar los efectos de la crisis. Mediante los mismos se buscó que las compañías se comprometieran a no realizar actividades por su cuenta en Medio Oriente, sino sólo en forma colectiva y coordinada entre ellas. Al mismo tiempo, debían evitar la sobreproducción mundial fijando sus ventas e incrementándolas sólo en la medida en que el consumo mundial creciera, comprometiéndose a mantener la participación en el mercado que tenían al momento de firmarlo. De cara a la crisis, se pretendía detener la sobreproducción congelando la competencia. Estos acuerdos llevaron a muchos a creer que ya no regía la competencia. Sin embargo, ésta se terminaría imponiendo.Luego de la Segunda Guerra Mundial, a medida que la economía capitalista mundial lograba salir de la crisis e iniciaba una fase de crecimiento, la sobreproducción de la década de 1930 quedaba momentáneamente atrás, así como también las medidas aplicadas durante esos años. Las mismas compañías que acordaron no realizar actividades en Medio Oriente por cuenta propia fueron las primeras en violar dicho pacto y compitieron entre ellas para hacerse de concesiones en la región.  Estos años fueron el momento en que el bloque de las Siete Hermanas[4] tomó mayor protagonismo y alimentó la idea de monopolio en la industria, aunque la competencia se encargaría de quitárselo. Las “hermanas” no eran un bloque monolítico, sino que existían intereses diferentes y competían entre ellas. El capital de las compañías se encontraba distribuido de manera distinta en los diferentes países productores. Estas diferencias de intereses condujeron a situaciones de competencia, en donde ninguna iba a dejar de desarrollar sus zonas de influencia para evitar el exceso de crudo. En más de una ocasión se encontraron compitiendo por el abastecimiento de refinerías en países como Brasil, Argentina, Uruguay, India y Japón (entre otras), erosionando el precio del crudo[5].La competencia entre ellas se observaría con claridad en la lucha por la explotación de yacimientos. Esto se evidenció durante la nacionalización del petróleo en Irán. En la medida en que rompía con el monopolio inglés, fue bien vista por los capitales norteamericanos, para quienes resultaba una oportunidad para llegar a un arreglo en la región[6]. De esta forma, hacia 1953, lo que antes era un monopolio absoluto de la Anglo Iranian (British Petroleum) quedaba repartido entre la British Petroleum, un consorcio de compañías norteamericanas (Standard Oil de New Jersey, Standard Oil de California, Texaco, Gulf y Standard Oil de New York, entre otras), Shell y la Compagnie Française des Pétroles. Producto de la competencia entre las compañías, con la nueva repartición se estableció una suba en la renta, con relación a la que pagaba la Anglo Persian en la etapa previa, que consistía de repartición de la ganancia de 50:50 (50% para la empresa y 50% para el gobierno).La elevada rentabilidad de los yacimientos en Medio Oriente actuó como un imán para nuevos capitales que no tardaron en explorar y producir en la región. Más competidores se sumaban al mercado petrolero a medida que esta industria se expandía. En el caso venezolano, empresas como Sun, Phillips y Sinclair se incorporaron a la producción, llegando a representar el 15% de la producción total de Venezuela. En Libia, las llamadas empresas independientes tuvieron un impacto mayor, llegando a representar el 47% de la producción del país[7]. Además, un factor de competencia significativo, quizás el más importante durante estos años, fue la expansión de la industria petrolífera soviética y el crecimiento de sus exportaciones. La guerra mundial había contraído su producción en más de un 30% y sus exportaciones eran casi inexistentes. Sin embargo, hacia la década de 1950 y, sobre todo, durante los años ´60, se expandiría tanto en sus niveles de producción como en el porcentaje de crudo destinado para la producción. Hacia 1964, la URSS superaba los 1.600 millones de barriles al año (representando un 15% de la producción) de la cual exportaba más del 25%[8]. Mismo en Irán pudo observarse la impotencia de las Siete Hermanas para congelar la competencia. En 1957, la italiana Ente Nationale de Idrocarburi (ENI), a pesar de la oposición de las “hermanas” que allí operaban, conseguía una concesión ofreciendo un 25:75 (25% para la empresa y 75% para el gobierno iraní). En Arabia Saudita sucedería algo similar cuando un grupo japonés obtuvo una concesión basada en una repartición de 46:54. En un contexto de petróleo abundante, competencia mundial y de alta inflación (sobre todo después de la recesión de 1958), el precio real del crudo tendió a caer hasta finales de los años ´60. Sin embargo, el desarrollo extensivo de la industria hacia regiones de mayor productividad, apoyado ahora sobre todo en Medio Oriente, había encontrado un límite y las perspectivas de valorización futura de los yacimientos se veían comprometidas. El ritmo acelerado de las exportaciones tuvo una consecuencia negativa en la relación entre éstas y las reservas. Al nivel de exportaciones de 1960, las reservas servían para cubrir 88 años más. En cambio, hacia 1970, con un precio menor, cubrían 68 años y en 1973, antes de que el precio estallara, dicha cifra se había reducido a 47 años. Los años ´70 marcaron el límite del crecimiento extensivo de la industria petrolera hacia regiones de mayor productividad. Con Medio Oriente desarrollada  y mostrando señales de depreciación de sus reservas, la producción mundial debería requerir de la expansión de zonas más costosas. En consecuencia, el precio iniciaría una fase ascendente. En 1972, Estados Unidos se permitía eliminar las cuotas que protegían a la industria local de la abundancia mundial de crudo barato, a la vez que anunciaba proyectos de exploración en Alaska y de desarrollo de la producción off-shore (costas afuera). También en estos años se expandiría la producción en Mar del Norte, entre otros. Este proceso tomó forma en dos subas importantes durante los años ´70. La primera en 1973 y la segunda en 1979. En conjunto, las dos subas, en el marco de la crisis mundial desatada a mediados de los ´70, tendrían como correlato una caída en el consumo mundial. La caída en la demanda, sumado a la existencia de inventarios acumulados durante la euforia de los años anteriores, colocaría a la industria en una nueva situación de sobreproducción, en donde desde 1981 la producción mundial se contraerían a la vez que lo haría el precio. Desde entonces, además de las empresas que antiguamente conformaban las Siete Hermanas, operan las compañías que surgieron durante los años `50 y `60, sumado a las empresas estatales que se conformarían en los países productores, las cuales desplazarían, en buena medida, a las “hermanas” del control sobre los yacimientos.

El petróleo y la crisis actual

Hoy, el fantasma de la sobreproducción volvió a hacerse realidad. En momentos previos al estallido de la crisis, la economía mundial se recalienta, crece la demanda de crudo y permite esas subas que parecen resultado del “monopolio”. Sin embargo, cuando la crisis estalla y la economía entra en recesión, todos los precios caen. También los del petróleo, a pesar de lo que intenten los petroleros. Sucedió en a principios de los `80 luego del estallido de la crisis mundial y sucede ahora. El resultado lógico es una situación de sobreproducción que ya está afectando a toda la rama. De esta manera, en la actualidad el precio cayó a los u$s 40. Se estima que más de la mitad de los proyectos realizados en aguas profundas, casi todo el petróleo extrapesado y los proyectos realizados en el Ártico no podrán sobrevivir con un precio de u$s 50[9]. Frente a esta situación, nuevamente comienzan a tomar estado público acuerdos entre países productores que buscan contener el precio. Sin embargo, no debe perderse de vista que éstos no son más que medidas defensivas para retardar lo inevitable: el impacto de la crisis en la industria. En definitiva, la historia petrolera no es la historia de la escasez y el monopolio, sino la historia de la competencia y la sobreproducción. Mal que les pese a los defensores del pequeño capital y teóricos marxistas del monopolio, la competencia sigue siendo el gran tobogán que hace resbalar los precios de todas las mercancías. Por lo tanto, es la dinámica de la acumulación de capital y no la conspiración política la clave para entender su desarrollo y predecir su evolución.

[1]Estamos elaborando un libro que analiza la dinámica de la rama de petróleo en la Argentina, del cual este artículo es un avance.

[2]Tower, Walter Sheldon: The story of oil, D. Appleton and Company, 1920, p. 204.

[3]Jonker, John y van Zanden, Jan Luiten: A History of Royal Dutch Shell, Vol 1. From Challenger to joint industry leader, 1890-1939, Oxford University Press, 2007, p. 418.

[4]La Shell, Standard Oil de New Jersey, Standard Oil de New York, Standard Oil de California, Anglo Persian, Gulf Oil, Chevron y Texaco

[5]Parra, Francisco: Oil politics. A modern history of petroleum, IB Tauris, Londres, 2004, p. 73.

[6]Mommer, Bernard: La cuestión petrolera, UCV, Caracas, 1988, p. 123.

[7]Parra, Francisco: Op. Cit., p. 73.

[8]En base a datos de Goldman, Marshall:Petrostate. Putín, power and the new Russia, Oxford University Press, 2008, p.  6 y van Zanden, Jean Luiten: A history of Royal Dutch Shell, Appendices, Oxford University Press, 2007, pp. 48 y 49.

[9]Scotiabank: Commodity price index, 27 de noviembre de 2008.

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