Desesperados por pedir – Por Juan Kornblihtt

 

juan kornblihtt image 79La negociación con los buitres para conseguir nueva deuda externa

Para muchos, el endeudamiento externo es una sangría que explica los males de la economía argentina. Vea por qué es todo lo contrario: la única alternativa para el gobierno y la burguesía de patear una inevitable crisis para adelante provocada por su propia incapacidad.

Por Juan Kornblihtt (OME-CEICS)

“En el largo plazo, estaremos todos muertos”, respondía en 1923 Keynes para justificar la in­tervención estatal en una crisis, en lugar de es­perar a que el equilibrio se solucione sólo por las fuerzas del mercado. Emulando a uno de sus autores favoritos, la estrategia del Ministro de Economía Axel Kicillof es enfrentar la crisis actual por la vía de conseguir dólares como sea (ver notas de Damián Bil e Ianina Harari en este número sobre la magnitud de la crisis). In­cluso a costa de hipotecar el futuro. Total, “es­taremos muertos”.

El problema de la negociación con los fondos buitres luego del fallo desfavorable, así como antes el acuerdo con el Club de París o con el CIADI, no es lo que se paga ahora. De hecho, el kicillofismo se vanagloria de que en el cor­to plazo lo que sale del país es más bien poco (aunque en el largo se reconoce el 100% de las deudas o incluso más).1 Estos acuerdos no se hicieron para “honrar la deuda”, ni para satis­facer las “demandas de la banca extranjera”. No implicarán en el corto plazo una reducción de la riqueza nacional (es decir, de los burgueses que acumulan en el país). El objetivo es volver a endeudarse y que entre más plata de la que sale, para tapar el creciente déficit de divisas. Por supuesto, no basta solo con ser un paga­dor serial para conseguir préstamos, sino ade­más mostrar una alta rentabilidad de las empre­sas locales y un Estado eficiente. De la mano de los acuerdos con los acreedores externos, se en­cuentra la baja salarial vía paritarias por debajo de la inflación para aumentar las ganancias ca­pitalistas. Sin embargo, el fallo en favor de los fondos buitres parece haber puesto un freno a esta alternativa.

El affaire de los buitres

El fallo del juez de Nueva York Thomas P. Grie­sa pareciera poner una traba a esta estrategia de volver a endeudarse. En síntesis, obliga al Go­bierno a llegar a un acuerdo con quienes no aceptaron las sucesivas reestructuraciones de la deuda (los llamados holdouts). Se trata de fon­dos de inversión que compraron los bonos ar­gentinos en plena crisis cuando no valían nada y, en lugar de aceptar el pago que hizo el Go­bierno con un valor menor al original2 a la ma­yoría de los bonistas que aceptaron en 2005 y en 2009, iniciaron juicios en busca de cobrar el 100%. La administración kirchnerista intentó llevar el juicio hasta la corte suprema para evitar tener que pagar. O, al menos, estirarlo has­ta el año que viene, cuando expira una cláusu­la que obliga a pagar a todos los acreedores el mismo valor (la llamada RUFO, que vence el 31/12/2014).

El fallo parece poner todo en contra del gobier­no, aunque puede que no sea tan así. Es evi­dente que un fallo favorable de la Corte Supre­ma de los EE.UU. le hubiese permitido cerrar el último default que le quedaba, una de las condiciones principales para acceder a créditos baratos. El revés judicial abre varios escenarios. Si se llega a un acuerdo, hay dos opciones. Una, que sea antes del 31 de diciembre de este año, lo cual habilitaría a que los anteriores bonistas que aceptaron el pago por una suma menor a la que figura en sus bonos abran un juicio. Frente a esto, la estrategia es decir que el pago fue for­zado y no voluntario. Igual, se abriría un juicio a largo plazo que en caso de perderse aumen­taría en forma astronómica la deuda. Pero has­ta que se resuelva, el Gobierno no estaría en default y podría pedir plata (total, en “el largo plazo…”). La segunda opción de acuerdo es un pago a partir de enero de 2015 que inhabilite el juicio, ya que la cláusula RUFO no estaría vigente. El escenario del acuerdo es el más fa­vorable al Gobierno en el corto plazo, puesto que aceleraría los tiempos y permitiría la aper­tura a crédito.

Una alternativa opuesta es que no se llegue a un acuerdo. También se abren diferentes esce­narios. Si se mantiene todo como hasta ahora, lo que ocurriría es que cada vez que se le pague a los bonistas que aceptaron el acuerdo, la Jus­ticia norteamericana embargaría o impediría el pago. Eso llevaría a que los bonistas le puedan hacer un juicio a la Justicia de los EE.UU. Otra opción es que se cambie el lugar de pago de Nueva York, pero para eso necesitaría el acuer­do de los acreedores y en caso de que no fuese del 100%, habría nuevos juicios. Es decir: se caería en un default, lo cual dificultaría la emi­sión de nueva deuda tal como propone el ofi­cialismo. Pero el escenario no sería tan desfavo­rable para la estrategia de endeudarse.

Frente al juicio de los buitres, el conjunto de los Estados y los organismos multilaterales se pu­sieron del lado argentino. En parte, porque el fallo en favor de los holdouts pone en riesgo fu­turas reestructuraciones de deuda. En un con­texto mundial donde la deuda supera en la ma­yor parte de países al propio PBI, se vislumbra como escenario muy probable en varias nacio­nes, en un futuro no muy lejano. Pero además, hay un claro interés en que Argentina vuelva a endeudarse y constituya una nueva fuente para valorizar al capital. Quienes más presionaron al Club de París para llegar a un acuerdo fueron capitales extranjeros que acumulan en la Argentina, que pidieron a sus gobiernos que acep­taran la oferta, y así conseguir líneas de crédito locales. El acuerdo alcanzado supone que por cada pago argentino hay un equivalente de in­versión extranjera directa. Una alternativa fren­te un default causado por los buitres es que se habilite una línea de crédito directa a través del Banco Mundial, auditada por el FMI o algún otro organismo multilateral. El Gobierno po­dría justificar esta salida como un “frente úni­co” en su lucha contra los buitres.

¿Por qué un país que está en recesión, con un fuerte déficit en dólares, aparece como intere­sante para el capital financiero? Hay una se­rie de factores que contribuyen a explicarlo. Por un lado, la crisis mundial llevó a que la recuperación de los EE.UU. se hiciese con ba­jas tasas de interés y mucha emisión, lo cual lle­vó a una oferta muy grande, a nivel mundial, de dinero en busca de colocarse. Además, dado el default, la deuda externa argentina tanto pú­blica como privada no creció en la última déca­da.3 Incluso con los pagos realizados, se redujo en 2005. Esto supone que hay un margen de la Argentina para endeudarse, cuando se obser­va que otros países tienen deudas en relación a su PBI, o a sus exportaciones, (dos indicadores para evaluar la capacidad de un país de endeu­darse) mucho mayores a la Argentina.

Como señalamos, la Argentina se muestra como un país confiable para el capital extranje­ro. Los subsidios a las automotrices, la baja sa­larial a través de la inflación y el ajuste de tarifas que se realiza son indicadores de que las ganan­cias están cuidadas. En ese contexto, un nuevo ciclo de endeudamiento la daría aire a la bur­guesía y al Estado. Por eso, el acuerdo del Go­bierno y de la oposición patronal para resolver el conflicto con los buitres de cualquier forma. La única alternativa que tienen para conseguir dólares es volver a endeudarse.

El problema no es la deuda

El conjunto del espectro político burgués se ilusiona con la alternativa del endeudamiento, como confirman sus voceros. Esto le permitiría salir del atolladero en el que se encuentra. Las divisas que entran por las exportaciones agra­rias ya no alcanzan para sostener el gasto esta­tal. La devaluación expresó la falta de dólares y la necesidad de aumentar la ganancia por la vía de bajar los salarios. Pero la inflación sigue siendo alta, lo que va disminuyendo el efecto de la misma. Todos los pronósticos indican que luego del cierre de las paritarias, se viene una nueva devaluación, si es que no se consiguen fondos frescos que permitan levantar el cepo cambiario. Esta salida favorece a los capitalis­tas ya que les permite aumentar los precios más rápido que los salarios y por lo tanto aumentar las ganancias. Pero no es lo que más les convie­ne. La devaluación es una salida que favorece a los exportadores, pero, en la Argentina, los que exportan, salvo el sector agrario, se cuentan con los dedos de la mano. La mayoría, incluso de los capitales extranjeros, apuestan al mercado interno, ya que su productividad es muy baja y no pueden competir en el mercado interna­cional. Al devaluarse la moneda, sus ganancias en dólares se reducen y, por lo tanto, remiten menos utilidades a sus casas matrices. A su vez, como muchos de sus insumos son importados (esto se observa en que la balanza comercial in­dustrial es deficitaria) con una moneda sobre­valuada les resulta más barato importar. El pro­blema es que para que el dólar esté barato hace falta que ingresen divisas. La deuda aparece en­tonces como la principal alternativa. Por eso, el apuro por endeudarse. En caso de que no lo­grarse, se vislumbra una profundización de la crisis, con devaluación y estallido inflacionario.

¿Eso significa que si la Argentina logra endeu­darse, se solucionan los problemas? Las crisis de 1982, 1989 y 2001 muestran que, a pesar de que entre plata en forma de deuda, lejos está de ser la solución a las dificultades. El problema es que la Argentina necesita pedir al extranjero porque su economía no puede sostenerse por sí misma. La deuda permite tapar ese problema, pero no lo resuelve. En el corto plazo, puede implicar una entrada de divisas que dé aire a la economía. Pero no es más que burbuja. Cuan­do queda en evidencia que la burguesía local y extranjera no puede pagarla, se desata una nue­va crisis. Aunque no existiese deuda alguna o se pagase toda, si no cambia la base de acumu­lación de la Argentina los problemas en el me­diano y corto plazo reaparecerán. Esto deja en claro que la verdadera alternativa de los capita­listas es bajar salarios para aumentar la tasa de explotación y destruirse entre sí, para ver quién se queda con la menor riqueza que entra al país. En cuanto al gobierno, sólo le importa za­far de acá al 2015 para que el problema estalle cuando ellos ya no estén. Pero es falso que en el largo plazo estaremos todos muertos, como bien lo saben quienes ya vivieron el resultado de las salidas propuestas con esta excusa desde 1975 a cada crisis.

Para evitar otra crisis debemos avanzar en solu­cionar los problemas que obligan al endeuda­miento cíclico. Para superar la ineficiencia del capital -y su necesidad permanente de bajar sa­larios y endeudarse-, hay que centralizar la pro­ducción para aumentar su escala y hay que pla­nificarla conscientemente para, de esa forma, aumentar la productividad. La burguesía no puede hacer eso porque implica poner en cues­tión la propiedad privada. Esa es nuestra tarea.


Una consigna que confunde

El planteo del “No pago de la deuda” tan utilizado por la izquierda volvió a apare­cer, incluso potenciado con la idea de un plebiscito. Aunque siempre va a acompa­ñada con propuestas que complementan la consigna (estatización de la banca y del comercio exterior, planificación de la pro­ducción por los trabajadores), al centrar­se sólo en el problema de la deuda, con­funde el problema y lleva a una estrategia equivocada, donde parece que se trata de un problema nacional. La deuda, sal­vo contadas excepciones, no implica una sangría de riqueza para la burguesía radicada en el país sino un ingreso que le per­mite sostener su acumulación por encima de su baja capacidad. Es decir: es un estí­mulo ficticio que pospone la crisis pero que estimula la acumulación de capital a nivel nacional. No es una panacea, ya que va de la mano de beneficios al capital ex­tranjero, mayor apertura comercial, más desempleo, ajuste estatal y aumento de la tasa de explotación. Pero cuando estalla esta burbuja (como siempre ocurre), es la propia burguesía la que vía default plan­tea el no pago (como hizo Rodríguez Saá en 2002), hasta que se vuelve a presentar la necesidad de endeudarse y nada bueno viene de esa solución.

Si la izquierda, aunque plantee otras ta­reas, sostiene que de no pagarse la deuda habría más plata en el país, plantea un fal­so escenario y simplifica la salida. El pro­blema, como señalamos, es la estructura productiva que lleva a la burguesía a la necesidad de endeudarse. Sin plantear la lucha por expropiar a la burguesía, el des­pilfarro de la riqueza y los males para la clase obrera seguirán en pie. Frente a esta coyuntura, hay que poner en evidencia la crisis que se expresa en el intento deses­perado por arreglar con los buitres, la hi­poteca a futuro que lleva los arreglos que le permiten zafar al Gobierno en el cor­to plazo y denunciar a los capitalistas que se beneficiarán de los futuros préstamos. La consigna del “No pago”, en cambio, no dice nada del destino de los fondos que se consiguen mediante el mecanismo de pa­gar para pedir, porque invisibiliza la en­trada de plata y por lo tanto no plantea una estrategia para pedir, porque invisibiliza la en­trada de plata y por lo tanto no plantea una estrategia para su disputa.


 

Notas

1 Por ejemplo, el acuerdo con el Club de Paris, plantea pagos de 650 millones este año, aun­que reconoce 9.700 en pagos a futuro, mien­tras que con Repsol se reconocieron alrededor de 5.000 millones, la mitad con bonos que vencen en 10 años, y el resto con bonos ya emi­tidos, pero el primer pago se hace recién dentro de dos años.

2 El Gobierno se jacta de haber hecho una qui­ta del 70%, como muestra de su fuerte capa­cidad negociadora. En realidad, el acuerdo no fue tan perjudicial para los bonistas que acep­taron la reestructuración. Por un lado, se les re­conoció títulos que en el periodo del default llegaron a valor casi nada, pero además el pago se hizo en bonos que a su vez estaban atadas a la evolución del crecimiento argentino. Y como la economía nacional creció durante los últi­mos años, se estima que al final la quita fue al­rededor del 15%. Véase Muller, Alberto: De­fault y reestructuración: ¿Cuál fue la real quita de la deuda pública argentina?, CESPA, marzo 2013, p. 32.

3 Sí creció en forma exponencial la deuda in­terna tanto con el propio Estado (con la Anses y con el BCRA) como con acreedores locales, a través de la venta de bonos en pesos. Aun­que síntoma de la debilidad creciente de la eco­nomía argentina, no constituye una fuente de pérdida de divisas, que es lo que está detrás de la necesidad de endeudarse afuera.

Te podría interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *