¿Qué pasa en el mundo? – Corea del Norte: No en nuestro nombre

Cada tanto, Corea del Norte aparece protagonizando noticias tan desopilantes como grotescas. Leyes que prohíben las festas con música y alcohol, funcionarios convertidos en alimento de perros, medios norcoreanos afirmando que el líder del país, Kim Jong-un, controla la naturaleza, ejecutó bandas de música que no le agradaban u obligó a poner de moda su corte de pelo. Menos ridículo y más peligroso, es la noticia de que el régimen es capaz de producir una bomba de nitrógeno adaptable a un misil intercontinental. En el contexto del enfrentamiento con EE. UU., la cosa parece realmente peligrosa.

En general, estas noticias identifican a Corea del Norte como país socialista. Kim Jong-Un aparece como el nuevo dictador comunista que somete a todo un país a sus caprichos. La conclusión es que el socialismo es eso. No solo ha fracasado, sino que se convirtió en la barbarie.

Repasemos la historia para ver qué hay de cierto. El fin de la Segunda Guerra Mundial marcó la derrota japonesa y el fin de su ocupación de Corea. El Ejército Rojo invadió la península y logró controlar varias regiones. En el marco de Guerra Fría entre capitalismo y comunismo, el gobierno estadounidense propuso dividir el territorio. El norte en manos de la URSS, el sur de EE. UU.

En el norte se estableció, bajo dirección del Partido Comunista, la República Democrática de Corea, liderada por Kim II-Sung. Hacia 1954, la economía era planificada desde el Estado y no estaba regida por la competencia capitalista. Las tierras se habían colectivizado para aumentar la producción y comenzó a desarrollarse la industria pesada (hierro y acero).

El crecimiento fue rápido por la ayuda de la URSS. Como principal socio comercial y proveedor de combustible y asistencia militar, envió más de 2,2 mil millones en concepto de ayuda y crédito. Además, ofreció una sólida formación científico y técnica.

La caída de la Unión Soviética y el derrumbe del socialismo, dejó muy golpeada la economía norcoreana y obligó al gobierno de Kim a buscar nuevos aliados. Fue así que la alianza con China pasó a un primer plano y Corea se convirtió en un importante socio. Por eso mismo, China se niega hoy a respetar las sanciones que impuso EEUU a Corea por su plan de desarrollo nuclear. Los capitales chinos se instalaron allí para aprovechar la mano de obra barata, producir e ingresarlo las mercancías a su país vía contrabando. Por ejemplo, la ropa suele llevar etiquetas que dicen “Hecho en China”, pero en realidad son producidos en Corea.

Así las cosas, la restauración capitalista en Corea del Norte lejos de hacer avanzar a la clase obrera, la sumergió en un importante retroceso. La continuidad de la misma familia gobernante (los Kim Jong) fue la forma en que la burocracia se aseguró el control político del Estado en medio de ese proceso.

Los enfrentamientos y amenazas nucleares que hoy vemos no son parte de la lucha entre capitalismo y comunismo, como en la Guerra Fría. Son el resultado del enfrentamiento entre dos potencias capitalistas, China y EE. UU. Las sanciones yanquis a Corea del Norte buscan golpear a la economía china, mientras que el gigante asiático defiende al Estado norcoreano para evitar un avance del surcoreano, que responde a los intereses yanquis. A su vez, norcorea afirma que las pruebas de misiles son para responder a maniobras militares surcoreanas con aval yanqui. Mientras que China pueda seguir el contrabando comercial y aprovechando la mano de obra norcoreana, el enfrentamiento con EE. UU. se mantendrá más o menos controlado. Pero si esta vía se cierra, estaremos al borde de un conflicto de escala mundial. Y el culpable no será otro más que el capitalismo.

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