Aprender de los errores. El Movimiento de Liberación Nacional (MLN) y las tareas democráticas pendientes

ninos-agresividad-01-a Julieta Pacheco
Grupo de investigación de la lucha de clases en los ‘70

 Los festejos del Bicentenario renovaron las discusiones sobre las  continuidades y rupturas en la sociedad argentina a lo largo de estos dos  siglos. Una de estas discusiones, que se retoma en la actualidad pero está  presente desde hace tiempo en los planteos de los partidos de izquierda,  se centra en el interrogante sobre si la Argentina tiene tareas  democráticas pendientes. Aquí veremos cómo la no resolución de esta  discusión en tiempo y forma puede llevar a graves errores de  caracterización y por ende una propuesta programática y estratégica equivocada. Este es el caso del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), una organización política que se desarrolló durante toda la década del ’60 y que representa un fiel reflejo de las limitaciones del programa de la liberación nacional en la Argentina.

Las tareas democráticas pendientes

El MLN se formó hacia el año 1960, pero elaboró su primer documento programático en 1964. Allí centro su análisis de la realidad Argentina a partir de dos grandes ejes, el primero económico y el segundo político.1 En el eje económico, el MLN caracterizaba que la Argentina era un país dependiente, de desarrollo capitalista deformado por una situación de dependencia respecto al imperialismo, no habiendo alcanzado a constituirse como nación. Consideraba que, por más de un siglo, el desarrollo de la Argentina habría sido posible por la acción de “una burguesía oligárquica que asociada al imperio británico, explotaba a nuestro país como una colonia agrícola-ganadera”. Con el desarrollo económico, también, se habría dado el crecimiento de otro grupo burgués el cual habría tendido a “crear un centro capitalista autónomo”. Los intereses de este último grupo entrarían en contradicción con el compuesto por la “burguesía oligárquica, colonial y con el imperialismo”.
En el eje político consideraba que a lo largo de la historia argentina, “grupos de la burguesía intentaron crear una nación dentro del sistema capitalista, con objetivos y métodos burgueses.” El primero habría sido el yrigoyenismo, en donde el proceso habría sido dirigido por la “burguesía ganadera mediana” y el segundo, el peronismo. Ambos habrían tratado de “completar el ciclo de la revolución democrático burguesa.” Pero los dos proyectos habrían fracasado:

“porque en las condiciones de la sociedad capitalista-imperialista una burguesía de un país dependiente no podría quebrar el poder de los monopolios y de las burguesías colonialistas, si no rompe al mismo tiempo las estructuras del propio sistema capitalista.”

Por lo tanto, ningún grupo burgués estaría en condiciones ni interesado en enfrentarse a las “burguesías coloniales y monopolios”.
A pesar de estas consideraciones, para el MLN los movimientos nacionalistas formarían parte de la tradición de la lucha real y concreta de nuestras clases populares, por lo cual habría que recuperarlos para partir desde sus bases, planteando que “todo proceso de liberación debe apoyarse en esa tradición”. Este punto muestra una contradicción. Por un lado, reniega de la posibilidad de dirigencia de la burguesía en el proceso liberador. Pero, por el otro le atribuye a los movimientos nacionalistas, que en definitiva representan al programa burgués, la capacidad de impulsar la lucha por la liberación nacional.
En el caso particular del peronismo, para el MLN expresaría una etapa progresista de la revolución democrática burguesa en un país semicolonial, en donde tomaría las formas habituales de un movimiento nacionalista popular. En este sentido, expresaría las tendencias expansivas del conjunto de nuestra sociedad, y por ello, las clases populares y en especial al nuevo proletariado industrial.
Por este motivo, el MLN consideraba la necesidad de una acción conjunta de las izquierdas y el peronismo, en tanto ello significaría la conjunción de la ideología revolucionaria con las clases populares, siendo necesario ligarse con las tendencias nacionales positivas.2
Asimismo, sostenía que, en el proceso de la lucha por la liberación nacional y social, “el proletariado no debe aislarse, ya que su fuerza es menor que la de otras clases” y debiera de buscar aliados en otras clases y “grupos de clase que también sufren […] la explotación del sistema”. La política de alianzas debía tener en cuenta que además de “las contradicciones entre la burguesía y la clase obrera, existen contradicciones en el seno de la propia burguesía”.3 En este sentido, el MLN le otorgaba un papel destacado a algunos sectores de la burguesía nacional, ya que, consideraba que “la burguesía nacional podía jugar un rol positivo, en la medida en que el proceso estuviera dirigido por la clase obrera y sus organizaciones”.4

Los límites del programa de liberación nacional

Como observamos, el MLN consideraba que en la Argentina quedaban tareas democráticas pendientes, que la burguesía nacional representada en el yrigoyenismo y el peronismo no habrían podido resolver. A su vez, la debilidad de la burguesía nacional ubicaba a la clase obrera como el sujeto que debía concluir con estas tareas en la lucha de la liberación nacional, en busca de una independencia económica y política. A partir de este planteo, sostenía que la Argentina tenía la posibilidad de desarrollarse como país independiente si no fuera por la opresión que el imperialismo ejercía sobre ella. La idea de que la Argentina era un “capitalismo deformado”, no contemplaba la posibilidad de que el capitalismo argentino, chico y tardío, ya no tenía nada que ofrecer a la economía mundial y que esto era lo que se ocultaba detrás de su aparente subdesarrollo.5
La caracterización de “capitalismo deformado” y de que el peronismo sentaba las bases para luchar por el total desarrollo de la estructura social y económica argentina fue sostenida por el MLN por casi diez años. En este transcurso, y a partir de todos estos planteos, nunca pudo resolver sus contradicciones, oscilando permanentemente entre una reivindicación de “independencia política” pero una práctica de seguidismo permanente. Esta situación lo llevó a vivir en un estado de crisis continua, que culminó en 1969. En ese momento, dos de sus máximos dirigentes, Ismael Viñas y Osvaldo Pedroso, a partir de la relectura de Lenin, llegaron a la conclusión de que en la Argentina no estaba planteada la liberación nacional.(6) En estas conclusiones, ambos dirigentes realizaban una autocrítica en donde daban cuenta del error de haber reivindicado al peronismo. Asimismo, declaraban que el problema de fondo fue el haber realizado una caracterización errónea de la estructura Argentina, lo que había provocado una propuesta programática y estratégica equivocada. Finalizando esta autocrítica, asumieron que el MLN ya no tenía razón de ser, partiendo de sus bases programáticas y organizativas (la propuesta del movimientismo y la alianza con la burguesía nacional), por lo que no quedaba otra alternativa que su autodisolución.
El error de haber caracterizado que en nuestro país existían tareas democráticas pendientes le costó al MLN diez años de falsas discusiones y propuestas erráticas. A la vez que, cuando estalló la lucha de clases, en 1969, se encontró sin posibilidades de dirigir el proceso.
El repaso de los límites del MLN y del resto de las organizaciones de izquierda del período, que arrastraban los mismos errores, debe servir para comprender y clarificar, dentro de las discusiones acerca del Bicentenario, las tareas que deben realizar los partidos revolucionarios en la actualidad.

NOTAS

1 Definiciones 1. Lineamientos políticos fue aprobado como documento oficial del MLN, en su primera reunión nacional del Congreso, realizada en Buenos Aires, el 28 de mayo de 1964. En 1968 Ismael Viñas y Eugenio Gastiazoro sintetizaron el programa económico y político del MLN, en Economía y dependencia 1900-1968, Carlos Pérez Editor, Buenos Aires, 1968. Todas las citas corresponden al mismo texto.
2 “Las izquierdas están en falta”, en Liberación nº 14, 2ª quincena de mayo de 1963, p. 4.
3 Viñas, Ismael: “¿Existe la burguesía nacional?”, en Revista de problemas del tercer mundo nº 1, abril de 1968, p. 9; Viñas, Ismael y Vazeilles, José: Revista Problemas del Tercer Mundo nº, diciembre de 1968, p. 35.
4 Entrevista a Susana Fiorito, en el Archivo Oral del CEICS.
5 Sartelli, Eduardo: La plaza es nuestra, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2005.
6 Pacheco, Julieta: “Ecos que dividen”, en el Aromo nº 49, julio-agosto de 2009 y “La liberación no estaba planteada en la Argentina”, en el Aromo nº 41, marzo-abril de 2008.

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