Una costumbre peronista. Las mentiras de Larroque y los cristinos contra la izquierda

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El ministro de Desarrollo Social, Andrés Larroque, el ministro de Seguridad, Sergio Berni, el gobernador provincial, Axel Kicillof y el escriba personal de Cristina, Horacio Verbitsky, se han dedicado durante estos días a denostar, con mentiras de la peor calaña, la lucha de la toma de Guernica. Se trata de tres personajes absolutamente ligados a Cristina Kirchner, quien es la que realmente se encuentra detrás del brutal desalojo que se produjo el pasado 29 de octubre.

Después de cuatro meses de toma y dos intentos de desalojo, postergados por la lucha de los vecinos y organizaciones de Guernica, por primera vez había cierta posibilidad de que la toma se levante de manera pacífica. No se trataba de una solución, ya que el gobierno aún hoy con el predio desalojado sigue sin dar una respuesta específica al reclamo por vivienda. Sin embargo, el gobierno se había dignado a elevar una propuesta. Sobre la mesa de negociación esta vez había un acta, producto de una reunión realizada el lunes 26 (pero redactada para el martes 27), que permitía la posibilidad que la toma se levante y se pueda organizar un realojamiento temporal de los vecinos de Guernica y la constitución de una Comisión de Seguimiento, integrada por representantes del gobierno provincial, del municipio, de las organizaciones sociales, de los delegados vecinales, de la Gremial de Abogados y Abogadas de la República Argentina, el SERPAJ, el CELS, la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, y del Consejo de Hábitat y Vivienda de la Provincia de Buenos Aires. El realojamiento temporal iba a ser en tres dispositivos armados para la ocasión. Uno de ellos de 11 hectáreas ubicadas en Presidente Perón, y dos más que el gobierno no podía especificar dónde iban a estar, pero que se trataría de dos dispositivos cubiertos para personas en extrema vulnerabilidad. El gobierno también se comprometía a que los vecinos pudieran acceder a luz, agua potable, carpas, postas sanitarias, y provisión de alimentos. Larroque, y todo el gobierno provincial kirchnerista, mienten cuando dicen que se había dado una propuesta concreta, cuando en realidad no podían, otra vez, luego de cuatro meses de toma, asegurar dónde se iban a encontrar dichos predios.

En la misma acta, el gobierno se comprometía a aportar, en un plazo que iba entre los 4 y 6 meses, 650 lotes con servicio en la localidad de Presidente Perón para las familias que habían sido censadas en los días 18 y 19 de septiembre. Dichos lotes iban a ser escriturables, tendrían una extensión de 200 metros cuadrados, y contarían con servicio de agua potable y luz. Más ambigua era la situación de las 796 familias adicionales que surgieron del censo realizado entre el 19 y el 21 de octubre, y que fue observado por el SERPAJ y el CELS. A estas, el acta solo se limitaba a decir que les daría una “solución habitacional del tipo” que se les daba s a las otras familias. En este caso, no especificaba ni plazo, ni lugar, ni cantidad, ni condiciones en las que estarían esos lotes. Se trataba solo de una nueva promesa que seguía sin dar respuesta a más de la mitad de las familias censadas. También, se proponía la asistencia de un subsidio habitacional de 50 mil pesos para las familias que evidencian problemas de vivienda que puedan ser solucionables de esa forma. Esta es otra mentira de Larroque, ya que no se puede pretender que una familia, a la que el gobierno nacional y provincial hundió en la pobreza y el desempleo, solucione sus problemas habitaciones con 50 mil pesos mensuales (y solo por seis meses).

Aún con lo precario del acuerdo, el mismo permitía la posibilidad de que haya una reubicación a tres nuevos espacios, de los cuales solo sobre uno, insistimos, el gobierno dio alguna precisión. Esto significaba darle la posibilidad a las familias y a las organizaciones a poder continuar las negociaciones sin el revólver del desalojo que el gobierno le ponía en la cabeza todo el tiempo. Sí, el gobierno y no la Justicia, porque no se puede pensar que la misma fuerza política que consigue impunidad o prisiones domiciliarias a toda su runfla de delincuentes K, se permita marcar la cancha por un fiscal perdido en una UFI de Presidente Perón. Al mismo tiempo, la creación de una Comisión de Seguimiento, en la que iban a participar organismos de DD.HH. y delegados vecinales, mejoraba también la perspectiva de poder conducir a buen puerto ese castillo en el aire que ofrecía el gobierno.

El acuerdo fue sometido a votación el miércoles 28, y tres barrios habían votado a favor de levantar la toma y aceptar el acta acuerdo, aunque exigían alguna precisión más sobre los terrenos a los que se iban a alojar. Incluso, el barrio La Unión, que estaba asentado sobre las tierras que reclamaba la empresa Bellaco S.A., ya había votado a favor de aceptar el acta el día martes. Es decir, solo iba a quedar un solo barrio en la toma, el San Martin, que muy probablemente hubiese abandonado el predio antes del lunes 2 de noviembre.

Cuando los delegados vecinales de los barrios buscaron ir a firmar el acta, el kirchnerista Larroque les respondió que ya era tarde, que el tiempo para firmar el acuerdo era hasta el martes. ¿Cómo era posible que, el mismo martes, el conjunto de los vecinos (de los cuatro barrios) discutieran, votaran, aprobaran y firmaran un acta que recién se había escrito ese día? ¿Por qué los vecinos iban a firmar “a ciegas” una propuesta de un gobierno que los bastardeó durante meses? La excusa de que debía firmarse el martes, se debe a que se requerían de 48 horas para despejar el predio. Sin embargo, de haber firmado el acuerdo el miércoles, las 48 horas se cumplirían el viernes por la tarde, estando aún dentro del plazo establecido por la Justicia para el desalojo. Y otra vez, teniendo una posibilidad real de acuerdo, el gobierno podría haber evitado el desalojo, aun si la mudanza del predio se realizaba durante el fin de semana. El argumento del fiscal y la Justicia es una maniobra absolutamente burda, que solo puede servir frente a sus aplaudidores seriales del progresismo.

Respecto al desalojo, las fuerzas policiales rodearon el predio a las tres y media de la madrugada ingresando por la Avenida Néstor Kirchner. Con muchas familias aun durmiendo, la Policía Bonaerense procedió a cortar la luz del predio. Grupos de voluntarios comenzaron a sacar a los menores del predio y las familias comenzaron juntar sus cosas. Sí, aunque los acólitos de Cristina lo nieguen, aún en ese momento quedaban centenas de familias, mujeres, y menores de edad. A las 5 de la mañana, cuando aún se encontraba oscuro, las fuerzas policiales con Berni a la cabeza, en contacto con Kicillof, Cristina y Alberto Fernández, comenzaron el desalojo. Sí, aún cuando el protocolo indicaba que no podía realizarse el desalojo en horas nocturnas.

El desalojo fue brutal, con balas de goma, gases lacrimógenos, y el incendio de casillas. Sin embargo, la represión no se limitó al predio. Como lo muestran diferentes videos, continúo entre las calles del barrio. En las aproximadamente veinte cuadras que separan al predio de la Ruta Provincial N° 210, grupos policiales fueron emboscando a las organizaciones y vecinos que se retiraban, al punto tal de que seis horas después de iniciado el desalojo, aún había organizaciones que seguían literalmente atrapadas en el barrio. Por eso, buena parte de las detenciones no se produjeron en el predio sino en las adyacencias del mismo. Las organizaciones que alcanzamos a llegar a la ruta N° 210, organizamos un piquete, que fue amenazado durante diez horas por patrulleros, camiones hidrantes e infantería, con el helicóptero de Berni sobrevolando todo el tiempo. No había tampoco, como dijo el ministro Larroque, tiendas del Ministerio para atender a las personas que quedaban en situación de calle. Fueron las propias organizaciones las que por la tarde organizaron una olla popular para poder elaborar una lista de personas en situación de calle y darles asilo en sus locales.

Todo lo narrado da cuenta de dos cosas. Primero, el gobierno provincial, en ningún momento tuvo intenciones reales de solucionar el problema. En cuatro meses, no realizó ninguna oferta considerable. Cuando realiza una oferta que al menos merecía ser discutida por los vecinos y organizaciones, el gobierno rompe la mesa de diálogo alegando un tecnicismo completamente absurdo. Aún hoy, Kicillof dice que su gran plan de vivienda consiste en construir 33 mil casas y 91 mil lotes con servicios (¡en tres años!), para una provincia con un déficit habitacional, tanto cualitativo como cuantitativo, por encima del millón de viviendas. O sea, no le importa que durante todo su mandato haya un millón de obreros sin vivienda o en condiciones de hacinamiento. Solo por esbozar este plan, el propio gobernador debería reconocer su incapacidad para resolver un problema fundamental y presentar su renuncia.

En segundo lugar, el objetivo del gobierno provincial era demostrar que ellos podían llevar adelante una represión sin titubeos, que no tienen ningún empacho en golpear mujeres y niños si es necesario, arrestar menores de edad, o quemar casas. Decir “ellos” es decir Cristina Kirchner, ya que se trata de tres delfines suyos. No por nada, este desalojo se da después de la carta en la que llama a una “unidad nacional” que no es otra cosa que unidad de la burguesía. ¿Unidad contra quién? Contra la clase obrera y sus organizaciones. El gobierno provincial no cedió frente a los sectores conservadores, ni se dejó correr por un Juez y un fiscal. Hizo lo que Cristina indicó que se haga. Guernica fue la gran prueba de ensayo de este plan, que ya se había probado en las represiones en Rafael Castillo y Los Hornos.

Guernica mostró que el kirchnerismo no va a tener empacho en hacer el movimiento bonapartista típico: subirse por izquierda y bajarse por derecha, con Cristina siendo una “Isabelita”. Ante la unidad que comienza a construir la burguesía, los revolucionarios tenemos que oponerle la misma organización. Es necesario poner en pie una Asamblea Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados que logré dar respuesta a los problemas de conjunto de la clase obrera. Porque si hay algo que demostró la pandemia, es la inutilidad del conjunto de la burguesía para seguir gobernando.

Razón y Revolución

Foto: El mural que apoyaba la lucha de las familias de Guernica fue tapado por la muralista peronista Mora Petraglia con un claro tono macartista. Burlándose de los que luchan pintó de cuerpo entero al peronismo: el enemigo de la clase obrera.

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