¿Por qué todos los gobiernos nos insultan?

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presisTodos los gobiernos se llenan la boca con la educación: que los niños son el futuro, que sin educación no hay futuro, que si queremos tener futuro hay que invertir en educación y bla, bla, bla. Pero ese futuro nunca llega. En general, incluso cuando la relación empezó bien, terminó mal: los docentes y el gobierno de turno terminan siempre enfrentados.

En ese momento, los “futuristas” prefieren insultar a los docentes antes que reconocer que las promesas de campaña fueron solo eso. Durante los ’90, la Ministra de Educación Decibe pedía a los maestros de la Carpa Blanca “que paren de ayunar”. Había que “poner el hombro”. En esos años, las autoridades oficiales reconocían que el salario venía “postergado” pero ataban esa discusión a la revisión del Estatuto del Docente, la jornada de trabajo y la Ley Federal.

Fue en los noventa cuando la provincia de Mendoza entendió que la discusión del “presentismo” podía ser una herramienta para avanzar sobre los derechos laborales docentes. Al mismo tiempo, De La Rúa como intendente porteño inventaba el “incremento del adicional por estímulo a la continuidad y al esfuerzo” para la Ciudad de Buenos Aires, un plus salarial para aquellos que no faltaran ni un solo día al mes, bono que se perdía incluso por enfermedades laborales. Ya en la presidencia, De La Rúa registró múltiples atrasos en el pago del FONID y del incentivo docente y los salarios permanecieron tan deprimidos como siempre. Duhalde, una figurita calcada: más atrasos y un incentivo atrasado en más cuotas. Por supuesto, ambos nos prometieron siempre mejora de salarios. Y no ahorraron críticas a los docentes que “no quieren trabajar”…

El gobierno kirchnerista prometió alterar la rueda de la historia educativa. Néstor primero y Cristina después se presentaron como los “reparadores”. Dentro de sus herramientas, una Ley de Financiamiento Educativo (esa que hoy quiere rescatar la CTERA) con objetivos de gasto similares a los de la Ley Federal menemista, una nueva Ley de Educación Nacional, la supuesta revalorización del circuito de educación técnica y la sanción de una ley específica, la asistencia económica –Asignación Universal por Hijo, plan Progresar- para los alumnos, distribución de libros, de netbooks y una larga lista que incluye fondos para infraestructura de escuelas que hoy siguen derruidas.

Pero el lado B del relato cuenta que ya en 2008, Cristina nos tildó por primera vez de “huelguistas crónicos”. Según ella, los docentes íbamos a la huelga igual a pesar del aumento salarial y de la inversión educativa. Que trabajamos 4hs, que tenemos 3 meses de vacaciones, que debemos ser evaluados, que la brecha salarial entre el que recién inicia la docencia y el de máxima antigüedad no existe, que no es posible tomar a los alumnos como rehenes y que debemos garantizar los días de clase obligatorios, etc., etc. Un discurso que cualquiera hoy reconocería como macrista… No es casualidad: desde el 2008 el kirchnerismo preparó el terreno a lo que hoy se consagra como política “de Estado”: la precarización laboral en clave inclusiva del FINES y la paraestatalización escolar (en media a través de la cursada exprés y en el resto del país vía implementación de la jornada extendida).

El macrismo no vino a cambiar esta lógica de pobreza anunciada. Ahora se suma mayor precarización y flexibilización laboral. Basta pensar en la introducción de la tablita médica en Santa Fe, el doble presentismo del ítem aula en Mendoza, la revalidación de los cursos de capacitación docente y la revisión de los criterios de clasificación docente en CABA, la implementación precarizadora de la jornada ampliada con maestros de primera y segunda en CABA, Neuquén y tantas otras provincias, la cursada acompañada en Río Negro (y la escuela del siga, siga y pase automático de alumnos), la destrucción de la modalidad de adultos gracias al Fines 2 prorrogado a lo largo y ancho del país, el aumento de la productividad aumentando la edad previsional (Tierra del Fuego).

«El macrismo no vino a cambiar esta lógica de pobreza anunciada. Ahora se suma mayor precarización y flexibilización laboral. «

En resumen, todos los gobiernos dicen una cosa, pero hacen otra. Predican un futuro maravilloso pero construyen un presente de miseria. Como los docentes no son tontos ni se dejan expoliar gratuitamente, protestan y luchan. Por eso los gobiernos se enojan y nos insultan: porque le mostramos a todo el mundo que nuestros gobernantes mienten.

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