NACIONAL Una gota en el desierto Presencialidad y virtualidad en los DNU presidenciales

en El Correo Docente 31/Novedades

Por Nicolás Grimaldi y Romina De Luca

Estamos ante un escenario que anticipamos. En medio de la segunda ola generada por la presencialidad escolar, defendida por Nación y por las provincias, quienes son responsables de esta catástrofe ahora adoptan medidas improvisadas. Más de 60 docentes y no docentes fallecidos gracias a la presencialidad y bordeando los 40.000 casos y 700 muertes diarias. En marzo teníamos 4.658 casos diarios en todo el país. Los números son elocuentes porque estamos ante muertes evitables y ante una disparada de casos que pudo evitarse. Lo dijimos en enero, cuando nadie lo anticipaba: la presencialidad en pandemia, sin vacunación masiva, es criminal. El tiempo nos dio la razón. Ellos son responsables de los más de 73.000 fallecidos. Y ante este crítico escenario, las medidas se improvisan. El último DNU es otro botón de muestra. Veamos.

Confinados, pero no tanto

Ayer, cerca de las 22hs., se dio difusión al DNU 334/21 que, tal como establece en el título de referencia, prorroga otro decreto anterior, el número 287/21 del 30 de abril pasado. El objetivo del nuevo DNU es fijar medidas aplicables a los lugares con alto riesgo epidemiológico y sanitario o en situación de alarma para el período 22-30 de mayo y para el fin de semana del 5 y 6 de junio. Por un lado, como se prorroga el Decreto 287/21 hasta el 11 de junio, se ratifican entonces las medidas tomadas anteriormente: las definiciones de zonas de riesgo epidemiológico (artículo 3º), las medidas de prevención general (artículo 4º), la suspensión de reuniones sociales, viajes, excursiones, restricciones a la circulación y, claro está, la suspensión de las clases presenciales. Esta última medida rige solo en las zonas de alarma epidemiológica, eso que en principio fue el affaire AMBA, como analizamos en su momento, y luego se extendió a otras zonas del país, en particular a algunas localidades de Mendoza y de Santa Fe. Como advertimos desde el inicio, la medida era insuficiente. Más aún si la ponemos en el contexto actual: los casos positivos diarios de covid-19 confirmados aumentaron casi diez veces desde el 1º de marzo a la fecha, los contagios en todas las franjas etarias se multiplicaron por dos o tres como tasa de contagios cada 100.000. En niñas y niños de entre 0-4, 5-9, 10-14, 15-19 la multiplicación es entre dos y tres veces, y para las personas de entre 30-34 años, 35-39 y 40-44 la tasa ya es superior a 500 casos cada 100.000. Una conclusión obvia se desprende: nuestros estudiantes se contagian desde el inicio del ciclo lectivo y, en su mayoría, transitan asintomáticamente (en más del 90 % de los casos). Por eso, decirnos que el problema se resolverá en 9 días y prometernos, por enésima vez, una vacunación que no cobra ritmo, no es optimista y decidido sino criminal e irresponsable. Eso en cuanto al calendario. En cuanto a la geografía, el cuadro empeora al suponer que el problema reside en algunas zonas, o que se limita al AMBA, habida cuenta de que la suspensión de la presencialidad escolar alcanza únicamente a las zonas de alerta, dejando librado a la voluntad local de las zonas con riesgo alto el adoptar alguna medida.  

El nuevo DNU, vigente desde el 22/5, modifica el alcance de la situación de alarma solo para los grandes aglomerados “urbanos”: departamentos o partidos con más de 300.000 habitantes. El cambio no refiere a los índices (acumulado de 500 o más casos cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días y ocupación de 80% o más de las camas UTI) sino al carácter metropolitano de las localidades. Para esas zonas, el nuevo DNU establece, además, la “suspensión de la presencialidad en las actividades económicas, industriales, comerciales, de servicios, culturales, deportivas, religiosas, educativas, turísticas, recreativas y sociales” y el teletrabajo, aunque, si no fuera posible adoptar la modalidad, los y las trabajadoras “recibirán una compensación no remunerativa equivalente a su remuneración habitual neta de aportes y contribuciones al sistema de seguridad social” por ese lapso de tiempo. Claro está, eso rige para las y los trabajadores de la economía formal, lo que excluye a casi el 40% de los ocupados, es decir, a más de 5 millones de personas. Asimismo, el DNU fija la permanencia en la residencia habitual de todos los residentes en zonas de alerta y habilita el desplazamiento en zonas de proximidad para aprovisionamiento de artículos de primera necesidad o para esparcimiento individual, siempre y cuando no se produzcan desplazamientos interjurisdiccionales o interdepartamentales. De ese confinamiento quedan afuera 31 actividades esenciales, incluidas las actividades económicas relacionadas con el comercio exterior, a las que se les habilita el uso del transporte público. Dentro de las actividades autorizadas, la atención de comedores escolares sigue vigente: se permite la circulación de “personas afectadas a la atención de comedores escolares, comunitarios y merenderos”. Sin uso del transporte, se habilitan todas las actividades que puedan aducir realización de “procesos continuos cuya interrupción implique daños estructurales en las líneas de producción y/o maquinarias”, las industrias que produzcan para la exportación; o los comercios minoristas de “venta de mercadería ya elaborada”, habilitando el retiro de mercadería. Todas esas actividades son excepciones al confinamiento fijado en el artículo 3º, con lo cual va de suyo que sí se habilita la circulación entre jurisdicciones y departamentos. Todo indica, entonces, que vamos a repetir la película 2020: pronto veremos cómo se prioriza algo tan elemental para la alimentación mundial como… la producción de papas fritas de copetín.

Presencialidad administrada

Pasemos al detalle de la suspensión de la presencialidad escolar. La prórroga del DNU 287 que entró en vigencia el 1º de mayo extiende la suspensión de la presencialidad en las zonas de “alarma” epidemiológica. También invita a los gobernadores cuyas provincias estén con riesgo epidemiológico “alto” a hacer lo mismo hasta el 11 de junio. Según el Ministerio de Salud, al 21 de mayo, las zonas de alerta son: el AMBA;[1] en Chaco, San Fernando; en Córdoba, la Capital; en Neuquén, Confluencia; en Río Negro, Roca; en Santa Fe, Capital y Gran Rosario (Rosario y San Lorenzo); en Santiago del Estero, Gran Santiago (Santiago y Banda). Aquí la suspensión de la presencialidad es alcanzada por el DNU anterior y se suman las restricciones a la circulación antes señaladas. Todos esos departamentos deben suspender la presencialidad por el menor tiempo posible mientras dure esa situación. Además, en la mayoría de las provincias otra numerosa cantidad de departamentos se encontraba en riesgo epidemiológico alto al 21 de mayo, es decir, a un paso del “confinamiento”[2] total y de la suspensión de la presencialidad obligatoria; decisión que solo puede ser tomada en esa fase por los gobernadores. En efecto, algunas provincias se adelantaron a lo dispuesto por el DNU y suspendieron sus clases, valga el ejemplo de Santa Fe que estableció el cese de la presencialidad, para todos los niveles, el miércoles 19 en los departamentos Capital, Rosario, San Lorenzo y en las localidades de Rafaela, Villa Minetti y María Teresa hasta el 30 de mayo.[3] Córdoba dispuso, primero, la suspensión total de clases hasta el 30 de mayo (presenciales y virtuales), al igual que CABA; luego retrocedió determinando que la suspensión no alcanzaría a la virtualidad.[4] Mendoza dispuso la virtualidad en todo el territorio para los días 26, 27 y 28 de mayo aunque, tal como fija el Consejo Federal de Educación, los equipos directivos deberán cumplir con su carga horaria para garantizar la trayectoria de los estudiantes, y las escuelas funcionarán con guardias mínimas de personal docente.[5] Entre Ríos y Corrientes se sumaron a las suspensiones en todo el territorio, al igual que Santiago del Estero y La Rioja. Por su parte, Misiones, Jujuy y Salta no estarían dispuestas a tomar ningún tipo de medida pese a que, entre las tres, tienen trece departamentos en situación de riesgo epidemiológico alto. Misiones avanzó en algunas medidas de restricción a la circulación en 20 de los 77 municipios de la provincia y la prensa local especula que, recién el martes 25 de mayo, se podría anunciar algún tipo de suspensión de la presencialidad escolar cuyo alcance provincial parece de lo más dudoso.

El AMBA, otra vez

Obviamente, en este cuadro, la pulseada se juega en el AMBA. Sin sorpresas, la provincia de Buenos Aires ratificó que adhiere al nuevo DNU. Lo hace en una provincia que, sin embargo, debería mantener las escuelas abiertas y con guardias de personal, ya que así lo establece la vigencia del DNU 287/21 anterior y, tal como lo fija el actual, ya que es necesario para el sostenimiento de los comedores escolares. El Consejo Federal de Educación también lo estableció de esa manera en su última resolución. La provincia modeló esa directiva con su “Aulas Abiertas” para: comedores, entrega de materiales educativos, orientación de estudiantes sin conectividad y atención de las familias. Axel Kicillof abrazaría la presencialidad tanto como Horacio Larreta si no fuera por la miseria que reina en la provincia bonaerense –gobernada por el peronismo en 34 de los últimos 38 años– y si no fuera por el temor que le genera un posible estallido social y sanitario en el conurbano. De hecho, también lo hizo a finales del año pasado con el programa ATR, es decir: todos se subieron al barco de la presencialidad, capitaneado por Larreta, y ahora se van bajando con un ojo puesto en las camas de los hospitales y con el otro puesto en los números de las encuestas.

Por su parte, Larreta anunció que la ciudad de Buenos Aires coordinará con Nación y acompañará algunas de las medidas anunciadas por Alberto… hasta el 30 de mayo. En cuanto al ciclo lectivo, el Decreto 180/21 del GCBA estableció “la suspensión del dictado de clases para el nivel inicial, incluyendo jardín maternal, primario y secundario y la modalidad especial, los días 26, 27 y 28 de mayo de 2021, en todos los establecimientos educativos de gestión estatal y privada de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, incluyendo en esa suspensión las prácticas profesionalizantes, durante el mismo período. El artículo 4º determinó que la suspensión de clases no alcanzaba a las modalidades que ya se encontraban en virtualidad o cursada remota: jóvenes y adultos, establecimientos y centros educativos de nivel superior, formación profesional y educación no formal, de gestión estatal y privada. Asimismo, se facultó al Ministerio de Educación porteño para reprogramar la agenda educativa y recuperar esos tres días (Soledad Acuña ya anunció los días de recuperación: 20, 21 y 22 de diciembre). En principio, las medidas solo alcanzan hasta el 30 de mayo.

Pero ¿por qué suspendieron totalmente las clases durante tres días? Por un lado, porque no se bajan del discurso que lograron instalar a nivel nacional a favor de presencialidad. La escuela será presencial o no será, parecieran afirmar. Dicen que prefieren suspender tres días las clases para recuperarlo presencialmente después. Afirman también que esta presencialidad produciría mejores resultados que la virtualidad (con recursos, claro). Mienten. Como ya explicamos muchas veces, esta presencialidad es peor que la virtualidad 2020 porque recorta los contenidos según las burbujas, porque apenas gestiona una virtualidad inexistente, porque expone a la enfermedad y la muerte. Las mismas familias lo saben, por eso muchas dejaron de enviar a sus hijos a las escuelas y reclaman el pase a la virtualidad. Basta recorrer las escuelas para encontrarse con el 10, 30 o 40 % de los alumnos presentes de cada burbuja. Por otro lado, falsea el 2020 cuando se parece afirmar que hace un año que no hay clases como trilladamente se escucha en la televisión: como si cientos de miles de docentes no hubieran dado clases de manera remota todo el año pasado. Actividad que se vio obstaculizada por las medidas inentendibles del gobierno: frente a la ausencia de recursos, en lugar de resolverlo, se decretó a nivel nacional la fusión de los ciclos escolares 2020-2021, lo cual impactó negativamente en la concentración de estudiantes.

Lo cierto es que nada indica que la Ciudad vaya a retomar su “normalidad” escolar el 31de mayo. El decreto de Horacio fija medidas hasta el 30 y luego… no sabemos. Basta escucharla a la ministra Soledad Acuña para tener el mismo balance. Entrevistada por Clarín afirmó que las clases presenciales vuelven el 31 porque confían en que baje la curva de casos. Le preguntaron qué hará si no bajan. Respondió: “vamos a estar en enormes problemas todos”, reconociendo que no hay plan alguno. Interrogada ante un posible adelantamiento del receso invernal, Acuña sostuvo: “junio y agosto van a ser los meses más fríos y va a ser difícil garantizar la presencialidad con la ventilación necesaria. Para nosotros ahora es más difícil planificar junio que diciembre, cuando ya va a haber mucha más gente vacunada. Estamos analizando 10 escenarios posibles para el rearmado del calendario escolar, que se tendrán que adaptar a las medidas sanitarias que se tomen”. Pueden cansarse de desfilar por los medios diciendo que las clases presenciales vuelven el 31 pero lo cierto es que no lo saben. En el GCBA no comen vidrio y, sin decirlo expresamente, van en la misma dirección que Alberto: nadie quiere que en un año electoral se amontonen cadáveres en las veredas de los hospitales. De manera que estos tres días de suspensión completa de las clases es una medida para ganar tiempo sin mostrar debilidad en el discurso pro-presencialidad. Así las cosas, el principal problema es qué sucederá después del 30 de mayo, algo que ni los propios gobernantes saben responder, en otra muestra del grado de improvisación y oportunismo que, en plena pandemia, los caracteriza.

Que sindicatos como UTE, cuyo accionar también nos trajo hasta aquí, inicien una campaña para garantizar la educación remota sería una pirueta con gracia si no estuviera en juego nuestra vida. UTE es el sindicato mayoritario en CABA y no sólo se abstuvo de organizar a la docencia contra la presencialidad criminal sino que la abrazó junto a Nicolás Trotta. La conducción de UTE no llevó adelante medidas de fuerza sino que apeló a gestionar amparos y otras salidas individuales. Esa conducción esperó hasta obtener el primer muerto por presencialidad criminal para decretar un paro. A esa conducción le recordamos, por si hace falta, que hasta el día de hoy la cuenta acumula diez compañeras y compañeros que murieron por y gracias a esta presencialidad. Que esa conducción diga que sigue en pie de lucha y que, por eso, invita a la docencia a enviar actividades virtuales durante estos tres días, cuando la misma conducción de UTE levantó las medidas de fuerza el 10 de mayo, indigna.

Jugando a la ruleta rusa

Frente a semejante nivel de improvisación se impone trazar un horizonte claro para el conjunto de la docencia y sus familias. Carla Vizzotti anunció este fin de semana que, seguramente, en los próximos meses se acumulen medidas de “stop and go”, es decir, cerrar y abrir por plazos cortos de tiempo mientras dure el invierno. Estos “cierres intermitentes” no van a resolver ni el problema del nivel de casos ni el problema del devenir educativo. En cuanto a lo primero: 9 días de confinamiento en algunas zonas no va a disminuir drásticamente la curva de casos. El gobierno apunta a estabilizar una “meseta alta” que oscile entre niveles muy superiores a los del pico de la primera ola en octubre de 2020. Esto implica jugar al borde de la saturación del sistema sanitario. Y en cuanto al devenir educativo, como ya explicamos, fue la presencialidad la que nos trajo hasta aquí. Y las suspensiones cortas no solo desorganizan la logística familiar, sino que le sirven al gobierno como distracciones para desentenderse de garantizar los recursos (computadoras, conectividad, designación de más personal docente, técnico y psicopedagógico) para la virtualidad. No es un problema exclusivo de Larreta por suspender las clases tres días: el peronista Omar Perotti hizo lo mismo en Santa Fe. Hasta Nicolás Trotta reconoció que la cantidad de dispositivos que están entregando en todo el país es “una gota en el desierto”, ya que los números no dejan margen para la libre interpretación: 633 mil equipos para más de 4 millones de alumnos. Nos dicen que las escuelas no contagian pero no pueden explicar la multiplicación por diez de los casos diarios desde el inicio del ciclo lectivo. Nos dicen que las escuelas no contagian pero, para probarlo, deberían hisopar, todos los días, a todos los que ingresamos y egresamos de las escuelas. Defienden una presencialidad que expresa un formidable vaciamiento de contenidos. Dicen que cuidan nuestra vida y nos exponen todos los días a la muerte.  

Hoy, más que nunca, tenemos que organizarnos para decretar ya mismo la suspensión de la presencialidad hasta alcanzar la vacunación masiva de toda la población. Esto permitiría organizar, desde ahora, un plan de educación virtual repartiendo equipos, instalando conectividad, designando personal pedagógico, técnico y asistencial para apuntalar el proceso pedagógico; otorgando dispensas a las madres y padres al cuidado de nuestros alumnos; garantizando ingresos equivalentes a dos canastas básicas para que ningún adolescente tenga que salir a trabajar y ningún miembro familiar tenga que exponerse a retirar las viandas en las escuelas. Lo dijimos el 2020, lo repetimos desde enero y se nos impone hoy como necesidad. La batalla por la educación de millones se libra en este campo y hay que tener una dirección clara para ganar la contienda.


[1]Esto incluye toda la Ciudad de Buenos Aires y Almirante Brown, Avellaneda, Bahía Blanca, Berazategui, Berisso, Brandsen, Campana, Cañuelas, Ensenada, Escobar, Esteban Echeverría, Ezeiza, Florencio Varela, General Las Heras, General Pueryrredón, General Rodríguez, General San Martín, Hurlingham, Ituzaingó, José C. Paz, La Matanza, La Plata, Lanús, Lomas de Zamora, Luján, Malvinas Argentinas, Marcos Paz, Merlo, Moreno, Morón, Pilar, Presidente Perón, Quilmes, San Fernando, San Isidro, San Miguel, San Vicente, Tigre, Tres de Febrero, Vicente López, Zárate.

[2]La lista es numerosa: En Catamarca con alto riesgo se encuentra la Capital; en Chaco, Comandante Fernández, General Güemes y Libertador General San Martín; en Chubut, Escalante y Futaleufú; en Córdoba, 18 departamentos ; en Corrientes, Capital, Curuzú Cuatiá, Goya, Mercedes, Monte Caseros, Paso de los Libres y Santo Tomé; en Entre Ríos, Colón, Concordia, Diamante, Federación, Gualeguay, Gualeguaychú, La Paz, Nogoyá, Paraná, Uruguay, Villaguay; en Formosa, Formosa, Patiño, Pilcomayo, Pirané; en Jujuy, Palpalá; en La Pampa, Capital y Maracó; en La Rioja, Chilecito; en Mendoza, Capital, General Alvear, Godoy Cruz, Guaymallén, Junín, Las Heras, Lavalle, Luján de Cuyo, Maipú, Rivadavia, San Martín, San Rafael y Tunuyán; en Misiones, Apóstoles, Cainguás, Eldorado, Guaraní, Iguazú, Libertador Grl. San Martín y Montecarlo; en Neuquén, Zapala; en Río Negro, Adolfo Alsina, Avellaneda y Bariloche; en Salta, Capital, Cerrillos, Metán, Rosario de Lerma; en San Juan, Capital, Caucete, Chimbas, Pocito, Rawson, Rivadavia y Santa Lucía; en San Luis, Capital y General Pedernera; en Santa Cruz, Deseado y Güer Aike; en Santa Fe, Belgrano, Caseros, Castellanos, General López, General Obligado, Iriondo, Las Colonias, San Cristóbal, San Jerónimo, San Justo, San Martín y Vera; en Santiago del Estero, Río Hondo y Robles; en Tierra del Fuego, Río Grande y Ushuaia y en Tucumán, Burruyacú, Capital, Chicligasta, Cruz Alta, Leales, Lules, Monteros, Río Chico, Tafí Viejo y Yerba Buena. Los datos corresponden a la lista al 21 de mayo publicada en: https://www.argentina.gob.ar/coronavirus/informes-diarios/partidos-de-alto-riesgo

[3]https://www.minutouno.com/sociedad/santa-fe/nuevas-restricciones-suspension-las-clases-presenciales-y-reduccion-la-circulacion-vehicular-n5193640

[4]https://hoydia.com.ar/politica/82260-habra-clases-virtuales-en-cordoba-la-proxima-semana.html

[5]https://www.mendovoz.com/actualidad/provinciales/2021/5/22/la-semana-que-viene-las-clases-en-mendoza-se-dictaran-de-manera-no-presencial-100800.html

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