Entre la degradación educativa y el crimen social

en El Correo Docente ER 18

Por Rodolfo Leyes – Sucesos como los ocurridos en la Escuela 49 de Moreno ponen en cuestión el estado de las escuelas de forma dramática: si dos compañeros cumpliendo con su trabajo pueden morir, no hay nada más que decir. Lo cierto es que no se trata de un caso aislado y más bien destapó una olla a presión que puso en evidencia el calamitoso estado de las escuelas de toda la provincia. Si usted docente piensa que esto en Entre Ríos no pasa, siéntese y lea si no quiere seguir naturalizando la degradación cotidiana.

Entre Ríos también

Difícil es la síntesis, pero mientras escribo esto pienso en el caso de las escuelas del Departamento Islas (en el delta del Paraná) que debieron suspender las clases por falta de lanchas, es decir, de transporte; o que, cuando hubo una epidemia de ratas, se pusieron chapas en las puertas para evitar el ingreso de los roedores. Si como parte del problema de infraestructura consideramos lo necesario para concurrir al establecimiento escolar, no son pocas las escuelas rurales donde la presencia del docente depende de algún padre que ofrece una camioneta o tractor para transitar los caminos destruidos. Tampoco podemos omitir, en una provincia donde la situación hídrica siempre es compleja y la corrupción en la obra pública ha hecho gala, la realidad de muchas escuelas “nuevas” que se inundan con las lluvias producto de una mala zonificación.

Eso sí, el gas aquí no será un problema: la gran mayoría de las escuelas no tiene instalaciones de gas ni comedores. Sin embargo, hay excepciones. La histórica Escuela Normal de Concepción del Uruguay suspendió sus clases por una fuga de gas. Esto evidencia que la falta de mantenimiento de las instalaciones y de “hermeticidad” de las cañerías, no es un problema exclusivo de la provincia de Buenos Aires. Tampoco existen matafuegos y, en los casos donde sí los hay, es gracias a la preocupación de la cooperadora escolar que toma cartas en el asunto. Otro cantar es la realidad de las instalaciones eléctricas, motivo de permanentes quejas por parte de los docentes por su precariedad: paredes electrificadas los días de lluvia y otros peligros latentes son moneda corriente. Hay que dar un paseo por cualquier escuela para encontrar los problemas que están ahí, a la vista de todos.

Si bien Entre Ríos tiene una paritaria de infraestructura y una comisión permanente para ella, su principal función es el reclamo (no menos urgente) de más escuelas. La falta de escuelas repercute directamente en la calidad educativa de nuestros estudiantes, pero también concentra personas en edificios que como dijimos, muchas veces no tienen los mínimos requerimientos de seguridad. Es casi un “esperando la tragedia”.

Bordet y la demolición

El día 6 de agosto el Gobernador Bordet, ya en tren electoral, pasó por la ciudad de Colón a entregar subsidios y dineros varios. Miembros de la Corriente Nacional Docente Conti-Santoro nos hicimos presentes para acompañar el reclamo de padres y entregar un petitorio para la demolición del edificio anexo a la Escuela Normal de Colón.

La historia breve del edificio de la Normal registra una obra abandonada de la cual solo quedó una estructura de concreto que debió ser destruida por riesgo de derrumbe. También se cobró la vida de un obrero de la construcción que murió aplastado en el edificio, situación que fue tapada y todo siguió como si nada. Una vez destruida la vieja obra, se descubrió que la nueva construcción había sufrido movimientos y también corría riesgo de derrumbe y se clausuró una parte del establecimiento.

Hace ya casi una década de aquella medida de seguridad y aún no se procedió a la demolición y el riesgo de un accidente está a la orden del día. Por eso, la comunidad escolar insiste en que la nueva obra también sea derribada. La escuela normal es síntoma de la “patria contratista”: dos obras y dos demoliciones por fallas estructurales. El gobernador recibió el petitorio y lo hizo enviándole saludos al Secretario General de AGMER, una nota de color que muestra la familiaridad entre el empleador y el representante de los trabajadores.

¿Mirar a otro lado o avanzar?

Mientras estábamos en la oficina de turismo de Cólón manifestándonos, se nos acercó el vocal por el CGE, Gastón Etchepare. El funcionario nos preguntó a los miembros de la Conti-Santoro qué era lo que hacíamos y, al paso, nos pidió reiteradamente que escondiéramos los carteles que pedían la demolición. Obviamente, insistió, pero no lo hicimos. Se trata de un botón de muestra de cómo piensan el problema los funcionarios: la crisis de infraestructura está ahí pero mejor no la pongamos sobre el tapete. El caso de la Escuela Normal evidencia toda la crisis de este sistema social que no puede resolver un problema tan elemental como desarrollar de forma adecuada una obra de mejora ya asignada para una escuela. Pero como vimos, la crisis de infraestructura golpea a toda la provincia. Debemos usar la paritaria de infraestructura y ponerla al servicio de los intereses de los trabajadores de la educación, de nuestros alumnos y de la comunidad toda. Quienes la administran hoy (tanto la patronal como el gobierno) solo lo hacen para administrar la degradación educativa. Por eso, debemos tomar el problema en nuestras manos. Invitamos a todos los docentes a denunciar y visibilizar cómo la degradación de la infraestructura se refleja en sus escuelas. Invitamos al envió de fotos y de descripciones para sacar a la luz los problemas de nuestras escuelas. Sabemos que son de larga data y solicitamos que junto a las fotos escriban un pequeño testimonio. Desde las secretarías que la Minoría de la Corriente Nacional Docente-Conti Santoro tiene en Colón reuniremos los testimonios y trabajaremos para acompañar a los docentes y a la comunidad escolar en lucha. Solo la organización y la creación de un relevamiento y un plan de infraestructura bajo control de los trabajadores permitirá sacarnos de este atolladero.

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