Educación. Plan Nacional de Lectura: Más humo de los Fernández

en La Hoja Socialista 18/Novedades

Nicolás Trotta, el Ministro de Educación de los Fernández, asumió con mucho humo y poca cosa concreta. Para salarios prometió un pequeño aumento para empezar las clases y después “vamos viendo”, la reparación de 2.000 escuelas con mano de obra barata de los planes sociales y el retorno de “Zamba”. El único anuncio real fue el Plan Nacional de Lecturas. Pero aquí tampoco hay mucho para celebrar. Veamos.

El Plan en concreto busca fomentar la lectura en el espacio público y entornos sociales “amigables” hacia los libros y la lectura. Para ello, pretende formar bibliotecarios y  voluntarios como “mediadores de lectura”, es decir, los futuros encargados de crear comunidades de lectores.

En lo inmediato, se anunció el programa “180 posibles lecturas para 180 días de clase”, con la distribución de textos cortos a las escuelas. También se prevé garantizar la “alfabetización” digital dotando a las escuelas de tablets y e-readers. Como no podía ser de otra manera, el programa define las lecturas en forma descentralizada: cada provincia selecciona los textos. Que los chicos lean, sí, pero no importa qué.

Lo cierto es que la iniciativa no es nueva ni original. Desde la década del ’60 la UNESCO impulsa y recomienda programas de promoción y distribución de libros. Para el caso, el programa lanzado bajo el gobierno de Alfonsín, “Leer es crecer”, contó con el auspicio de la UNESCO en 1986. El objetivo del programa era similar al de Alberto: la creación de círculos para la promoción de la lectura y nuevas formas de acercamiento a los libros. Hacia fines de su gestión, el alfonsinismo reconoció que los problemas que había detectado al asumir persistían, pese a sus esfuerzos.

En 2003 ya el gobierno de Néstor Kirchner lanzó otro Plan. El programa dotaba a las escuelas de bibliotecas con 500 libros y dinero para la compra de otros títulos. La Ley de Educación Nacional se propuso “fortalecer la centralidad de la lectura” como condición básica de la educación y rearmar las bibliotecas escolares. Esta fue la base del Programa Educativo Nacional para el Mejoramiento de la Lectura. Entre 2009 y 2015, según los propios datos del Ministerio, se repartieron más de 15 millones de libros en escuelas, alcanzando a dos millones y medio de alumnos.

Podemos ir sacando algunas conclusiones. Desde el retorno de la democracia hasta aquí, los programas de lectura tuvieron un eje: el acceso a los libros. Frente a la pregunta ¿por qué no leen los alumnos? De Alfonsín para acá se responde: porque no tienen libros. Sin embargo, millones de libros fueron repartidos y nada cambió. Y no sorprende. Es que el problema es más complejo. La causa de la falta de lectura es más profunda y la respuesta es dolorosa: los chicos no leen sencillamente porque no pueden hacerlo.

Desde 1993, Argentina evalúa a sus alumnos a través de distintas pruebas, locales e internacionales, para medir las capacidades básicas que estos tienen. ¿Qué vienen mostrando todas estas evaluaciones? Que hay un número consolidado de entre un cuarto y un tercio de alumnos que al finalizar la escuela primaria tienen nivel bajo de lectura, ni hablemos del secundario donde llegan 6 al último año y otro tercio tiene problemas similares. Se trata de chicos que no pueden ni interpretar, ni evaluar o reflexionar sobre esa lectura. Esto, a pesar de que se repartieron millones de libros. Una vieja receta que hace décadas produce los mismos resultados ¿por qué esta vez sería diferente?

De poco sirve distribuir textos si luego no me voy a preocupar por todos los recursos materiales y pedagógicos necesarios para garantizar que las lecturas generen habilidades reales. Si de verdad queremos resolver los problemas de comprensión lectora se debería pensar en rearmar grupos, dotarlos de, por lo menos, dos docentes de forma permanente trabajando con grupos pequeños, para lo cual habría que contratar muchos más docentes, de contar en todas las escuelas del país con gabinetes escolares con asistentes profesionales que detecten problemas y diseñen estrategias, de apoyo escolar y extraescolar, de reconfigurar la jornada de trabajo docente, de contar con un centro de atención sanitaria en la misma escuela y, centralmente, de dejar de suponer que el vaciamiento curricular y pedagógico al que someten a la escuela va a producir un buen resultado. Pero todo eso es caro e inútil para quienes dirigen una sociedad basada en la ganancia capitalista.

Las políticas de los que nos gobiernan hace 30 años nos llevaron a este resultado. Son ellos a los que no les importa si se adquieren o no las habilidades mínimas y nos someten a los laburantes y a nuestros hijos a un proceso educativo vaciado de contenidos. Necesitamos decir basta y construir esa sociedad que recuperará el lugar de la escuela, de la lectura, del ocio y del arte para el conjunto de la humanidad.

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