Editorial: Votá lo que puedas (pero pensá en el Socialismo). Una intervención revolucionaria ante el reformismo imperante en las próximas PASO – Fabián Harari

en El Aromo nº 97

Votá lo que puedas (pero pensá en el Socialismo). Una intervención revolucionaria ante el reformismo imperante en las próximas PASO

Fabián Harari

Editor responsable


En estas elecciones (PASO en agosto y legislativas en octubre) no se va a medir solo la capacidad del Gobierno para imponer una serie de medidas de ajuste, sino también se va a plebiscitar la conducción de la oposición. La izquierda tiene allí un gran campo de acción para disputar la dirección del descontento y para su gran desafío: sepultar al kirchnerismo. Con esto, no nos referimos a sacar más votos, sino atacar esa conciencia reformista que anida en los trabajadores.

La mala noticia para todo revolucionario, para todo luchador honesto, es que no va a encontrar ningún continente para ese contenido. Ninguno de los frentes de “izquierda” (FIT e IFS) hace honor a su nombre. La Izquierda al Frente por el Socialismo, conformado por el MST y el NMAS es un rejunte de dos partidos abiertamente oportunistas. El MST, que no ha trepidado en realizar frentes con dirigentes de la burguesía del más diverso pelaje: Victoria Donda, Luis Juez, Pino Solanas y siguen las firmas. Es decir, un partido sin ningún principio, dispuesto a firmar cualquier cosa con tal de conseguir un cargo. De hecho, cuando fue invitado al FIT, puso como condición que se integrara a De Gennaro también. Varias veces dijo que había que formar un Syriza en Argentina. El NMAS, por su parte, estuvo desde la asunción de Macri a la búsqueda de la formación de un frente con el kirchnerismo, al que llegó a elogiar públicamente. Poco importa, en este contexto, lo que firmen o proclamen.

El caso del FIT es más complejo. Más allá de haberse constituido merced a una medida de Aníbal Fernández (el piso del 1,5%), su aparición, en 2011, se constituyó en un polo de atracción para toda la vanguardia. Estábamos ante la confluencia de los elementos más valiosos que había dejado el Argentinazo, que habían sobrevivido al reflujo y que emprendían una importante reconstrucción (que se verificaba en el ascenso en el mundo sindical). Cualquier dirigente serio hubiera aprovechado la ocasión para poner manos a la obra en objetivos urgentes e imprescindibles, que transcendían con mucho el plano inmediatamente electoral: organizar a toda esa vanguardia en forma permanente, fijar una orientación común y distribuir tareas. Es decir, construir una dirección, un comando, que tome la forma de un Partido único, con libertad de fracciones y tendencias, para no eliminar el debate, pero con una capacidad de intervención unificada en todos los frentes de la lucha de clases.

Nada de esto pasó. En su lugar, no hubo siquiera “Frente Único en la acción”, como manifestaban el PO y el PTS. En seis años de existencia, el FIT ha sacado, como mucho, cuatro comunicados políticos generales, y no porque faltaran eventos de envergadura. La llamada “mesa nacional” del frente solo se reúne para dirimir posiciones de los candidatos ante las elecciones. IS, más sincero, dijo que era simplemente un frente electoral. Pero ni siquiera es eso, ya que una vez electos, no conforman un bloque parlamentario. Al mejor estilo burgués: reciben el voto y hacen lo que quieren. No son un frente, sino una colectora electoral, que no es lo mismo.

Las campañas electorales fueron una sucesión de concesiones al sentido común (burgués, qué otro). El PO anduvo con consignas puramente sindicales, propias de Moyano o Yasky, que no superaban a las de Pino Solanas o al propio Binner. Lo mismo hizo IS. El PTS, un paso más allá, con una campaña netamente democrática, agitando la figura de “jóvenes” y “mujeres”, con el resultado de la aparición de “Nico”, un compañero que no es dirigente político ni sindical, que no puede mostrar ninguna construcción de ningún tipo y que no tiene la capacidad para explicar problemas elementales (y, mucho menos, debatirlos). Una figura que pinta de cuerpo entero las pretensiones de su partido: apelar a un público no necesariamente obrero, pero sí despolitizado, para afirmar ese atraso. Ninguno pugnó por una campaña socialista. En cualquier caso, lo que se buscaban eran votos, no conciencias.

Ese abandono del Socialismo en la campaña no trajo el aluvión de votos esperados. Los resultados fueron halagadores con respecto a los guarismos de los ’90 y a los de los años de reflujo, pero ciertamente magros para lo que se puede esperar de un frente que nuclea a toda la vanguardia. El 5% a nivel nacional quiere decir que el 94% de la clase obrera repudia al frente. Festejar esos porcentajes constituye una actitud verdaderamente autista y expresa su escasa vocación de poder.

En la medida que el FIT no se desarrolla políticamente y no se da a la tarea de organizar a la vanguardia, retrocede y se vacía de contenido. En la medida en que no apela a los métodos obreros (congreso de militantes, dirigentes probados en las luchas), adquiere una dinámica electoral burguesa (las PASO, candidatos “nuevos” como “Nico Despacito”). La política no soporta el vacío y esa fuerza a la derecha es corporizada por el PTS. A la izquierda, en cambio, solo hay elementos dispersos, base militante (a la que se le promete, una y otra vez, “congresos de unificación”) u organizados por fuera del FIT. Frente a esas presiones, el PO aparece ocupando el centro, reprimiendo lo que haya por izquierda (como nuestra expulsión de la Asamblea de Intelectuales) y conciliando con el PTS. Resultado: el FIT se desliza cada vez hacia posiciones más reformistas y la dirección termina pasando a quien mejor corporiza ese trayecto, con mayores recursos y herramientas para imponerse.

La ocasión fue en las PASO de 2015. Ante la extorsión, en lugar de llamar a un congreso de militantes y expulsar al PTS, el PO temió verse desbordado por izquierda y aceptó el campo burgués de elección de candidatos, las PASO. El resultado fue que un ignoto (“Nico”) jubiló nada menos que a Jorge Altamira, que desapareció de las candidaturas y de la vida de su partido.

El culebrón de este año es ya conocido y no vale la pena reiterarlo: “Nico Despacito” desplazó a Pitrola y se cambiaron los tiempos de rotación en favor del PTS. El PO tragó bronca y se excusó con que “no es tiempo” de la ruptura. Acto seguido, se mimetizó con la dirección del frente y propuso una campaña “Por la mujer, la juventud y los trabajadores”. El FIT firmó una serie de consignas de campaña, ninguna de las cuales tiene un contenido político. No hay tampoco “consignas transicionales”. Se pasó de Trotsky a Durán Barba. El propio “Nico” dice que se trata de un frente “anticapitalista”, al igual que los movimientos autonomistas europeos.

Este comportamiento electoral es el producto de un recorrido que excede ese campo. Desde que asumió Macri, la izquierda ha hecho todo lo posible por acercarse al kirchnerismo y postularse como la mejor “heredera” del proyecto. Con sus más y sus menos, los partidos de izquierda han evitado la confrontación con los restos del cristinismo, creyendo que se trataba de una masiva “resistencia”. Desde la reivindicación de Milagro Sala y Hebe de Bonafini hasta la confluencia en la marcha del 2×1. Desde la omisión expresa (y defendida) de cualquier alusión al kirchnerismo en los documentos de las marchas, hasta permitirles que desbarataran la del 24 de marzo del EMVJ. Desde la tibieza en la toma de AGR-Clarín hasta la agachada ante Baradel. Todo eso contribuyó a darle vida a lo que ya debía haber muerto y terminó matando lo que debía estar vivo.

 

 ¿Qué hacer?

 

El problema de la izquierda hoy es que va a las elecciones a construir maquinarias electorales y no una dirección revolucionaria; va a predicar el reformismo y no el Socialismo. En definitiva, la izquierda baja sus banderas históricas y se adapta a aquello que debiera combatir.

Desde que se conformó, siempre hemos apoyado al FIT. Hemos acudido a cada uno de sus llamados. Participamos en cada instancia en la que se nos permitió y siempre pedimos el ingreso, como el de toda la periferia. A pesar de que nos expulsaron de la Asamblea de Intelectuales por decir que iba a pasar lo que efectivamente pasó, nunca dejamos de hacer campaña activa por el FIT, ni de prestar fiscales. Cada espacio público que tuvimos, se lo cedimos al FIT para charlas, debates, mesas, etc. Pusimos nuestros recursos materiales, nuestra energía militante, nuestro tiempo y nuestro esfuerzo sin pedir nada a cambio y sin recibir siquiera un reconocimiento simbólico.

Pusimos sobre la mesa varias críticas. Algunas muy duras. Todas honestas y fraternales, porque nuestras tenían el mismo móvil que nuestra participación: la perspectiva del desarrollo de una potencia. Pero no se puede apoyar cualquier construcción y cualquier horizonte. Hace rato, el PTS debió ser expulsado. Hace tiempo, debió apelarse a mecanismos obreros. Hoy, el FIT está muerto y se encamina hacia donde lo lleva su actual dirección: hacia la conformación de un Syriza o un Podemos. En estas condiciones, no se puede hacer campaña ni llamar a votar por el FIT. No vamos a apoyar candidaturas que no representan una construcción genuina de la clase obrera. Tampoco al desprecio y a la humillación a la que se sometió a toda una vanguardia de luchadores de todos los partidos. Mucho menos, a los caprichos de un grupo de arribistas. En estas elecciones, Razón y Revolución vota en blanco.

Sin la opción de construir el FIT o el IFS, ¿qué les queda a los elementos de vanguardia y a los trabajadores en general? Ante todo, lo que no debió perderse: la construcción del Socialismo. Más allá del voto, una campaña por la conciencia revolucionaria. Aprovechar estos meses para explicar cuáles son las soluciones reales a los problemas que aquejan a la clase obrera y por qué los candidatos patronales representan a una clase que lleva al país a la bancarrota. Alguna vez, alguien debe hacerlo, si queremos llegar a eso que decimos es la razón por la que militamos: la revolución. A discutir, entonces, con los compañeros, en las estaciones, en el subte, en el tren, en la calle.

¿Y el voto? ¿Qué les proponemos a los compañeros que nos preguntan a quién votar? Que voten lo que puedan. No se trata de hacer una campaña contra el FIT, sino de dejar en claro una disidencia. Que castiguen a los capitalistas y a sus candidatos como prefieran: votando en blanco, al FIT o al IFS. Ese no es el problema. No estamos para conseguir simplemente un voto, sino para ganar compañeros para nuestra verdadera tarea. Hacemos, entonces, un llamado a todo activista, todo militante, todo luchador, todo aquel que quiera salir al ruedo y ser parte del único equipo que va a salir a defender al Socialismo, a que nos acompañe en esta campaña.

 

4 Comentarios

  1. Lamentablemente, comparto la caracterización. La socialdemocracia atrapó al FIT. Una verdadera desgracia para los tiempos que vienen para los trabajador@s.

  2. Por desgracia, tienen razón. La dirigencia de los partidos del FIT por nada del mundo va a utilizar propuestas o ideas que provengan de uds, sea por antiintelectualismo, resentimiento o una larga lista de etc. Así que si quieren que el conocimiento socialista que construye RyR tenga una aplicación sobre la realidad argentina, van a tener que ponerlo en práctica uds mismos, porque esa dirigencia reformista no lo va a hacer jamás.

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