Editorial. Romper el hechizo

en El Correo Docente 20

Romina de Luca
Conti-Santoro


Hace un año, nos referíamos a las paritarias como el inicio de la guerra del hambre. Aquí estamos hoy discutiendo lo mismo: cuánto se actualizará un salario que no permite llegar a fin de mes. Un paro de 48hs convocado por CTERA y su adhesión al 8M, sin más medidas; una marcha federal, quien sabe algún día. Una movilización menguada: 2018 respecto a 2017 y, claramente, lo fue la del 7 de marzo de 2019 respecto a la de 2018. Las conducciones celestes a lo largo del país rarificaron que hay que votar bien en octubre. “no queremos volver a las etapas (…) cuando los maestros estaban bajo la línea de pobreza; a eso nos ha llevado este gobierno”, funcionarios con fecha de vencimiento, dijeron otros. Pareciera que empatarle a la inflación anual, ganarle algún año un punto más o menos, convierte al salario docente en justo, adecuado. Insistimos muchas veces: el tobogán descendente del salario tiene décadas y las recomposiciones parciales no revierten la tendencia general a la baja. Cierto es, la crisis económica hoy es mayor al “viento de cola” k y por eso la profundidad del ajuste crece.

Durante el 2018 el gobierno logró dos victorias: desplazó definitivamente a la CTERA como interlocutor en las negociaciones, impuso su propio juego. Si bien no logró cerrar acuerdos paritarios en algunas provincias (por ejemplo, Buenos Aires) ello no redundó en grandes conflictos. Impuso una pauta muy por debajo de la inflación, sin clausula gatillo y repartió bonos cerca de fin de año para desactivar el síndrome “diciembre”. Regó su reforma (escuela 2030) y un sinfín de medidas parciales todas en esa dirección en cada provincia. Armó un campo minado y si bien retrocedió coyunturalmente en algunas de sus intenciones gracias a las movilizaciones puntuales (nocturnas de CABA, cierre de escuelas rurales e islas, por mencionar dos) el campo minado sigue ahí.

Mientras el sindicalismo K se juega a las elecciones, y Cristina vuelve en el frente anti-macri, la oposición multicolor paga el costo de su política sindical. La docencia está hoy desmovilizada. Esa desmovilización es resultado de un conjunto de factores, muchos económicos (los descuentos, el salario que no alcanza, el tarifazo en servicios y transporte, la inflación que impacta en el costo de los alimentos) pero también políticos. La Multicolor descansó en la denuncia. En 2017 no buscó desarrollar más la huelga impulsada por Baradel, tal vez en el momento más propicio para hacerlo, pagó el costo en 2018 y el 2019 si bien está en veremos no parece prometedor. Sandra y Rubén se volvieron un emblema de la celeste, aunque se trate de dos compañeros fallecidos como producto de un crimen social que evidencia el deterioro de las escuelas hace décadas. Y se contentó con victorias chiquitas: nocturnas, islas, etc. La pregunta del millón es qué cartas propias vamos a jugar si queremos reorganizar a la docencia. En primer lugar, somos nosotros los que tenemos que mostrar la continuidad de la crisis educativa gestionada por el personal político más variado: alfonsinistas, menemistas, duhaldistas, kirchneristas, peronistas. De cara al año electoral, ninguna concesión con el peronismo. Tenemos que mostrar la continuidad de la política educativa. En segundo lugar, construir un horizonte distinto para los docentes. Tenemos que aprovechar el conocimiento de miles y miles de docentes que viven la crisis educativa todos los días, esos a los que les duele la degradación, esos que imaginan soluciones mientras viajan en colectivo. No se trata de recuperar un pasado glorioso de una educación también clasista (la sarmientina) sino de poner en pie la solución a esta y aquella “barbarie”. Somos conscientes: no habrá una verdadera educación que no brote de una nueva sociedad, socialista. Pero si queremos construir ese futuro, es ahora. Debatiendo, discutiendo, interpretando la crisis capitalista actual. Decodificando las características de la escuela funcional a esa crisis. Organizándonos para construir otra. Hoy más que nunca la oposición debe poner en pie un Congreso Educativo para mostrar su fuerza, para demostrar que no piensa en octubre de 2019 sino en el mojón que fue aquel octubre de 1917.

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