Una de cal y una de arena. Reseña de el documental “La insurgencia armada del siglo XXI (FARC-EP)”, de Diego Rivera – David Almagro

descarga Se estrenó en Argentina, en el marco de la III muestra de cine documental D.O.C.A  (Documentalistas Argentinos), el film “La insurgencia del siglo XXI”, del director Diego  Rivera. El documental muestra los inicios, el desarrollo y objetivos de la FARC-EP y se  estrenó en el país a sala repleta y con buena recepción por parte del público.

 El director tiene como intención reivindicar la lucha que las FARC están llevando  adelante desde hace más de 40 años. Para ello recurre a entrevistas a los miembros de  dicha organización, en plena selva, mechadas con imágenes de sus vidas y momentos que  marcaron la historia de la FARC. Según los militantes entrevistados, la disputa que  llevan adelante contra los diferentes gobiernos que se sucedieron en Colombia, se centra  en una lucha armada para la toma del poder en pos de un “estado marxista-leninista y  bolivariano, la cual debe darse en todas las regiones donde existan desigualdades políticas, sociales y económicas, contra todo Estado oligárquico”.

La vida guerrillera

El film comienza tocando un tema controvertido: la supuesta financiación de las FARC-EP con recursos del narcotráfico, ese viejo argumento que sus enemigos han utilizado para desprestigiarla. Cómo contra-argumento el director muestra a miembros de la organización cultivando diferentes tipos de alimentos y proclamando que ellos no producen ni coca, ni marihuana sino que cultivan alimentos para sostener la revolución. Uno de ellos comenta que está totalmente prohibido en la FARC-EP ingerir cualquier tipo de drogas, ya que en un enfrentamiento armado esta situación puede ser extremadamente peligrosa para la vida de todos. Desde su perspectiva, la imagen negativa que se le adjudica, tildándolos de narcotraficantes, ladrones de ganado y de cobrar plata por rescates, es construida y difundida con ese fin por el gobierno colombiano y los medios de comunicación.
En relación al tema del intercambio humanitario, los militantes afirman que ellos “a los prisioneros los tenemos bien, son respetados, bien alimentados […] ya que nuestra misión es preservar sus vidas para luego intercambiarlos por los presos de la FARC-EP, sino vean el video cuando Betancurt baja del avión en las condiciones psíquicas y físicas que se encuentra, lo que si hay que tener en cuenta que no están de vacaciones sino que son prisioneros”. Y al contrario, denuncian el mal trato y la mala alimentación sufrida por los militantes detenidos. Otra vez, interpelan al público para que “abra los ojos y no crea lo que los medios burgueses quieren que crea”.
El documental, destaca la existencia de un vínculo directo entre el surgimiento de las FARC y la lucha de clases en Colombia. Por eso aparecen en el relato los principales hitos de las luchas populares ocurridas desde mediados del siglo XX: la masacre de las “bananeras”, en la Ciénaga, el 6 de diciembre de 1928, cuando un regimiento de las fuerzas armadas de Colombia abrió fuego contra manifestantes que protestaban por las malas condiciones de trabajo en la United Fruit Company; el “Bogotazo”, producto del asesinato del jefe del Partido Liberal, Gaitán Ayala, el 9 de abril de 1948; la “Operación Marquetalia”, un mega operativo militar del presidente Guillermo Valencia en 1964; el Plan Colombia, con el cual el gobierno y los EE.UU. intentaron aniquilar a las FARC.1
Otro de los temas tratado en el film es el de género. En tal sentido, de detiene en el rol de las mujeres dentro de la guerrilla e informa que sus labores son las mismas que la de los guerrilleros. Según los testimonios: “son iguales a los demás, tienen los mismos derechos y obligaciones […] es un combatiente más, por ejemplo realizan cursos de explosivos, realiza cualquier tipo de actividad”
También, se aborda el tema de la formación de cuadros político-militares, mediante escuelas básicas y técnicas de mandos. Educación a través de la cual los militantes tienen la posibilidad de acceder a los diferentes cargos, e ir subiendo de rango. Se enfatiza, además, la importancia de esta formación político-militar, fundamental para una organización en la cual “no se improvisa nada, cualquier error puede traer consecuencias muy graves.” A la formación práctica se suma la educación teórica por medio de escuelas de cartografía, filosofía (Marx, Mao, Lenin, Bolívar), explosivos, inglés, etc.
Hasta aquí la mención a los temas retomados en el documental y que, desde nuestra perspectiva, logran el objetivo perseguido por su realizador: presentar a un público amplio la defensa de las FARC-EP. Ese público bombardeado por los grandes medios de comunicación para los cuales las FARC no son más que una banda de terroristas y/o narcotraficantes completamente escindidos de las masas colombianas. Frente a esta visión y apelando a argumentos simples, el director muestra que la vida cotidiana de la guerrilla en la selva desmiente aquella visión y destaca su relación con la lucha de clases del país. Veamos a continuación los límites político programáticos que se desprenden del documental.

Ojo con la guerrilla

El documental no profundiza en el programa de las FARC-EP ya que, tal como lo reseñamos, se detiene en cuestiones prácticas y organizativas. El énfasis está puesto en la revalorización de la guerrilla en dos sentidos. Fundamentalmente como un medio defensivo, un recurso al cual las masas colombianas se vieron obligadas a recurrir frente a la intransigencia de “la oligarquía”, que cercenó todas las vías legales de participación. Desde esta perspectiva, las armas son una herramienta para defender los derechos del pueblo y como tales adquieren su legitimidad.
Sin embargo, también se plantea a la guerrilla como un medio ofensivo, determinante para que “los pueblos oprimidos tomen el poder”. Y como tal es promovida como la vía más apropiada para la liberación de todos los países que sufran la opresión imperialista. Este es, sin duda, el principal déficit del documental que, en pos de luchar contra la imagen negativa impuesta por los medios masivos que defienden los intereses del gobierno colombiano y de su principal aliado (EE.UU.), no da cuenta de sus limitaciones. Por un lado, el hecho evidente de que no ha llevado a la victoria del pueblo en Colombia. Por otro, que su nacimiento y desarrollo dependieron de la especificidad de la realidad nacional colombiana. Tal como lo hemos destacado en otras oportunidades, la existencia de un Estado y una burguesía débil, incapaz de controlar con eficiencia todo el territorio y de una considerable población campesina, han sido las condiciones que permitieron el crecimiento de las FARC-EP. Fuera de un contexto de ese tipo, cada vez más raro en el mundo actual, tal estrategia es inviable, al margen de que todavía debe probar que incluso en Colombia tal vez ya debiera ceder su lugar a otra.2 No debemos olvidar que descuidar esta perspectiva nos llevó en los ’70 a una enorme derrota.

Notas

1 Para un balance del Plan Colombia ver: Schlez, Mariano: “Colombia: fusiles en busca de una estrategia”, El Aromo, n° 42, 2008.
2 Grenat, Stella: “Armas y revolución en la Argentina”, en Razón y Revolución, n° 19, 2009, p. 181-197.

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