Un viraje resistido – Nadia Bustos

NADIA TRUMPUn viraje resistido. La estrategia Trump y sus opositores

Al tratarse de una estrategia que presenta fuertes resistencias, algunas líneas no aparecen tan nítidas. Por un lado, se intenta ir hacia la conciliación con potencias de segundo orden (Rusia), para ir contra las grandes potencias (Alemania). Por otro lado, permite ordenar la situación en Medio Oriente, por la vía de disciplinar el alto mando (países más alineados).

 

Nadia Bustos

Grupo de Análisis Internacional-CEICS 


Durante su campaña, Trump hizo eje en el proteccionismo económico. Prometía beneficios a las empresas para que retornen al país, para generar un crecimiento del empleo. Una vez en el gobierno, llevó adelante medidas concretas, como acuerdos específicos con empresas (Carrier, Rexnord, Ford,) la eliminación de acuerdos de la era Obama (como la salida del TPP) y la quita de regulaciones para las empresas locales.

Sin embargo, la nueva administración está dispuesta a ir a fondo e implementar una serie de medidas impositivas que afectan a diferentes fracciones de capital. El proyecto fue conocido como “Ajuste fronterizo” y consiste en una profunda reforma tributaria.1 Por un lado, elimina todos los incentivos fiscales para que las empresas trasladen la producción y puestos de trabajo al extranjero, mientras propone un impuesto del 20% a las importaciones. Por otro lado, se planea reducir el impuesto a las sociedades en un 35%.

El proyecto ya fue presentado en el Congreso y desató los enfrentamientos entre las distintas fracciones de la burguesía norteamericana. El problema es que el “Ajuste fronterizo” implica un aumento de costos para los comercios dedicados al retail y al comercio minorista. Entre las empresas más grandes de estos rubros se encuentran AutoZone, Walmart, Target, Best Buy, Nike y Gap. Además, la medida afecta a los comercios pequeños. La pelea en el Congreso se expresó a través del enfrentamiento entre dos importantes lobbys. Por un lado, los comerciantes representados por la National Retail Federation (NRF) y la Asociación de Comercio al Por Menor (RILA, en inglés). Estos crearon una coalición, Americans for Affordable Products, que se dedica a operar en el Congreso.2 Por otro lado, el lobby “Made in América” que se compone de exportadores como Dow Chemical, General Electric, Boeing, Caterpillar y Pfizer. Los importadores cuentan con el apoyo de varios senadores republicanos, como Mike Rounds, David Perdue, Orrin Hatch, John Cornyn,  Rand Paul y Lindsey Graham. El lobby exportador, por su parte, tiene de su lado a los republicanos Kevin Brady, Paul Ryan y Kevin McCarthy.

El enfrentamiento impidió la aprobación de la reforma, que hasta hoy se encuentra paralizada en el Congreso. Paul Ryan, mentor del proyecto, anticipó que no estaría lista antes de agosto. Trump sostuvo primero que se trataba de un proyecto “complicado”, que no se aprobaría antes de fin de año y recientemente declaró que se encuentra analizando nuevas alternativas.

La Justicia es otro foco de conflicto y de resistencia. El Juez Federal, James Robart, aliado al Procurador General de Washington, Bob Ferguson, dejó sin efecto el decreto que limitaba el ingreso de ciudadanos de siete estados árabes a los EE.UU. Ferguson ya había presentado una demanda para bloquear las disposiciones claves de la orden. Trump podría haber apelado a la Corte Suprema por este tema, pero aún no tiene a todos los miembros a su favor. Por este motivo, propuso ocupar el cargo vacante con el juez Neil M. Gorsuch. Se trata de una designación controvertida, debido al conservadurismo extremo del candidato. La audiencia de votación se llevará adelante el 20 de marzo y tiene perspectivas de ser el nuevo campo de batalla.

Otro de los frentes abiertos es el de la Reserva Federal. Janet Yellen,su  actual presidenta, está pensando llevar adelante un aumento gradual de las tasas. Esto significa que los capitales norteamericanos accederán a créditos más caros. Varios congresistas le enviaron una misiva para que no adopte ninguna norma hasta que el Senado confirme uno de los cargos vacantes en el directorio de la entidad. Además, amenazaron con someter sus decisiones al voto del Congreso.

El proteccionismo de Trump enfrenta serias dificultades. En tanto no se avance con la reforma tributaria, quedará a merced de acuerdos entre el gobierno y las empresas. Una situación similar ocurre con los enfrentamientos con la Reserva Federal. Este panorama interno impulsó nuevos posicionamientos hacia el exterior.

 Más allá del Atlántico

La divulgación de los vínculos de Trump con Rusia ya produjo una crisis al interior del Gobierno. Diversos sectores apuntaron a responsabilizar a Putin por los ataques cibernéticos que filtraron mails del Partido Demócrata. El reclamo suscitó investigaciones del FBI y una comisión especial del ejército. En ese marco, aparecieron contactos de Paul Manafort, jefe de campaña de Trump con funcionarios de inteligencia rusos.

El escándalo por el vínculo de Trump con Rusia, desató una serie de investigaciones y filtrados de conversaciones entre personal del gobierno y el Kremlin. Los principales objetivos en la mira fueron Michael Cohen, abogado personal de Trump, Félix Sater, un hombre de negocios ruso que trabajó en proyectos de bienes raíces con la empresa de Trump y Michael T. Flynn, asesor de seguridad del magnate. Fynn fue desplazado de su cargo, luego de que el FBI demuestre la existencia de conversaciones respecto a las sanciones que pesan sobre Rusia, además de acusarlo de recibir dinero para operar en favor de ese país.

Pero el affaire Russia no termina de expandirse. Ahora fue el turno del Fiscal General, nombrado por Trump, responsable del Departamento de Justicia, Jeff Sessions, que había logrado su designación en una votación muy ajustada (52 a 47). En febrero, el Washington Post reveló que Sessions tuvo al menos dos reuniones confidenciales con el embajador ruso, mientras era senador y presidía la comisión de armamento. Lo curioso es que la información fue confirmada por el propio Departamento de Justicia, que (no) dirige Sessions. Esta filtración no tardó en impactar en la opinión pública y comenzaron las marchas pidiendo su renuncia. A este reclamo se plegaron demócratas, pero también muchos republicanos. Por ahora, Trump piensa hacerles frente a todos y confirmó a Sessions en su cargo.

Lo que está detrás de estos escándalos es una disputa por definir la relación con Rusia. En los últimos años, los roces más importantes ocurrieron por dos conflictos centrales: Ucrania  y Siria. El primero vuelve a aparecer sobre la mesa, a partir de los vínculos de Trump con Andrii V. Artemenko, legislador ucraniano apoyado por Putin. Artemenko dice tener pruebas (nombres de empresas, transferencias electrónicas) que muestran la corrupción del actual presidente ucraniano, Petró Poroshenko. Como contrapartida, desarrolló un plan de paz para el país, que incluye el retiro de las tropas rusas y el otorgamiento del control total de Crimea al gobierno de Putin. El establecimiento de la paz en el país permitiría el levantamiento de sanciones por parte de Estados Unidos.

Los vínculos son muchos como para desechar las sospechas de una maniobra política. La situación además es llamativa, porque Ucrania fue uno de los puntos más ásperos de la relación de Estados Unidos y Rusia en los últimos tiempos. Ambos se disputaron el control de una región clave para el envío de gas hacia la Unión Europea y demandó la militarización de la región con tropas de ambos contendientes. Es decir, estamos ante un cambio de rumbo importante que suscita obvias resistencias. Trump fue bastante claro en su discurso ante el Congreso, al señalar: “América está dispuesta a hallar nuevos amigos, y forjar nuevas alianzas, donde los intereses puedan ser compartidos […] América es amiga hoy de antiguos enemigos”.

Trump intentó a través de diversos funcionarios detener la investigación del FBI, pero no obtuvo buenos resultados. La continuidad de la investigación es una muestra de las diferencias que mantienen los funcionarios de la administración con la estrategia política llevada adelante por el magnate, fundamentalmente sobre la OTAN.

A lo largo de la campaña y durante las primeras semanas de gobierno, los ataques a la OTAN fueron constantes. Comenzó por afirmar que se trataba de una institución obsoleta, acusó la falta de compromiso de aquellos países que no aportan lo correspondiente de su porcentaje del PBI y  amenazó con disolverla.

Estas críticas estuvieron acompañadas a posicionamientos más agresivos frente a la Unión Europea y Alemania en particular. El magnate festejó la salida de Reino Unido y alentó a varios países a que sigan su ejemplo. El objetivo era lograr la negociación de acuerdos bilaterales y debilitar a Alemania. Merkel, quien ya respondió que si Trump impone aranceles a la importación, la Unión Europea hará lo propio con los productos norteamericanos.

El problema principal entre Merkel y Trump es la estrategia más agresiva del segundo. Muchas importaciones automotrices, bienes y productos químicos hacia el mercado estadounidense provienen de Alemania. El impulso a la producción local en alguna de estas ramas (fundamentalmente la automotriz) implicaría un cimbronazo para la economía germana y las relaciones entre ambos países. Por este motivo, Merkel ya llevó adelante algunos acercamientos al gobierno chino.

La rivalidad entre EE.UU. y Alemania tiene por eje la crisis de la industria automotriz. En especial, la norteamericana. Mientras el primero produce fundamentalmente para el mercado interno, el segundo exporta casi toda su producción y, justamente, gran parte a su rival. Ahora bien, en los últimos diez años, la productividad de la industria germana fue reduciendo la brecha de productividad que tenía con su competidor. En virtud de las alianzas políticas históricas desde la posguerra, EE.UU. eludía cualquier ataque frontal. Debido a la crisis, Trump decidió tomar el toro por las astas.

En caso de concretarse los planes de Trump, será un giro copernicano respecto a la política exterior de últimos cincuenta años. En lugar de asociarse a Alemania contra Rusia y China, la nueva administración amenaza con un alejamiento de la OTAN, con el fin de debilitar a Unión Europea y, en consecuencia, a Alemania. Para eso, no duda en buscar la complicidad rusa. Eso sí, las medidas de ayuda al capital local no van a detener el crecimiento del desempleo, porque este es el producto, justamente, del desarrollo capitalista.

Orientes

 China parecía ser el enemigo número uno de la nueva gestión. La denuncia sobre la manipulación de la moneda y los ataques a la industria norteamericana se orientaban en este sentido. Incluso, desató un conflicto diplomático con la recepción de una llamada del presidente taiwanés. Sin embargo, los primeros meses de gobierno mostraron una intención de suavizar las relaciones. En una llamada telefónica a principios de febrero, Trump volvió a reconocer a “una sola China”. Es decir, intentó remediar el conflicto desatado por la llamada de Taiwán.

Al interior del Gobierno, Trump enfrenta la presión de dos fracciones que buscan distintos beneficios de las relaciones con el país asiático. Por un lado, un sector ligado a Steve Bannon, principal asesor de Trump, y Peter Navarro, Director del National Trade Security Council. Esta fracción tiene un enfoque más duro sobre China y busca el establecimiento de impuestos a las importaciones de ese país. Por otro lado, están quienes proponen lograr acuerdos para que el país asiático abra sectores de su economía en los que la inversión extranjera está restringida. La expresión de ello, son las propuestas del informe de Orville Schell, miembro de Asia Society que ya posee el apoyo de varios republicanos.3

Pero China es uno de los principales destinos de los productos agrícolas estadounidenses. Para lograr que la cuota de compra se mantenga, debe suavizar las relaciones. La salida del TTP es un guiño en este sentido. El acuerdo de libre comercio fue desarrollado por Obama para debilitar la economía asiática. La salida de Estados Unidos del acuerdo no obedece a únicamente a una estrategia proteccionista a nivel interno, sino también a la necesidad de recomponer lazos en el exterior.

Por otro lado, Trump está aprovechando el contacto con China para disciplinar a Corea del Norte. En el marco de las negociaciones con el gigante asiático, los norteamericanos solicitaron controlar el comportamiento desestabilizador de Corea del Norte. De esta manera, Pekín se alineará a las sanciones de Naciones Unidas sobre el programa nuclear norcoreano y suspenderá todas las importaciones de carbón.

Trump, entonces, lleva adelante una política dual. Por un lado, da salida a los productos agrarios, la aleja de Alemania y atiza una alianza contra Corea del Norte. Por el otro, atiende las necesidades de sus propios capitales de ayuda para competir con el país oriental.

En la edición anterior, mencionábamos que Trump reconocía la derrota de la estrategia norteamericana en Siria y se orientaba a una alianza con Rusia.4 El magnate comenzó avanzar en este aspecto a partir de una escalada en la intervención militar. La medida implica el envío de tropas adicionales y la creación de zonas de seguridad en la región. La ofensiva del magnate para terminar con el terrorismo, fue bienvenida por el presidente sirio Bashar al-Ásad.5 Se trata de un cambio importante en las relaciones entre ambos países, que se mantuvieron enfrentados durante los últimos años. Sin embargo, el magnate aún no aclaró que sucederá con el presidente sirio en caso de que se logre un cese del conflicto.

Por otro lado, Trump se propuso recomponer las relaciones con Israel. Fundamentalmente sobre el eje de la cuestión Palestina. Trump retiró el apoyo que anteriormente Obama había otorgado a la solución de “dos estados” y dijo que la resolución del problema quedaría en manos de los israelíes y palestinos. O sea, de los primeros.

El viraje en materia de alianzas se confirma con el establecimiento de nuevas sanciones contra Irán. Como anticipamos en la edición pasada, Trump busca alejarse del acuerdo establecido por Obama y sancionar áreas claves de la economía. Otro de los indicadores del nuevo rumbo del gobierno reside en la caracterización de terrorista a la Hermandad Musulmana, donde el principal beneficiario sería presidente egipcio Abdelfatah Al-Sisi.

De esta manera, Trump se orienta hacia un paulatino abandono de la alianza con el conjunto de burguesías locales árabes para trabajar con los sectores más duros y tradicionalmente aliados como Israel, Arabia Saudita y Egipto.

 Balance provisorio

Lo que parece ser una política errática, en realidad se trata de un plan deliberado para gestar nuevas alianzas internacionales. Al tratarse de una estrategia que presenta fuertes resistencias, algunas líneas no aparecen tan nítidas. Por un lado, se intenta ir hacia la conciliación con potencias de segundo orden (Rusia), para ir contra las grandes potencias (Alemania). Por otro lado, permite ordenar la situación en Medio Oriente, por la vía de disciplinar el alto mando (países más alineados).

Esta perspectiva nos muestra que Trump se enfrenta a muchas dificultades. No se trata solo de la implementación del plan expansionista, sino también de desarrollar alianzas estratégicas para ello. El avance de la crisis dentro de las filas de la burguesía y del propio Partido Republicano puede dificultar la tarea y empantanar aún más la política exterior.

Trump, es claro, enfrenta una fuerte oposición interna. En caso de que sea necesario, deberá estar dispuesto a levantar la apuesta y salirse del sistema institucional. Si esto último hasta ahora no fue posible, es porque no tiene la base suficiente para llevarlo adelante. La crisis política norteamericana no produjo una intervención de las masas que lo permita, tal como sucedió en varios países sudamericanos. Sin embargo, el avance de la crisis puede cambiar la situación rápidamente.

Notas

1https://goo.gl/62MGaR

2https://goo.gl/8SdwzW

3https://goo.gl/h170Kb

4Bustos, Nadia: “¿Trump será Trump?”, en El Aromo, n °94, enero-febrero de 2017.

5https://goo.gl/BngkH3

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