Obreros armados. Sobre las condiciones laborales de la policía en la provincia de Corrientes – Carolina Pérez

 

La izquierda no tiene un programa para los obreros que trabajan como policías. Y, al calor de las últimas rebeliones de la fuerza, es necesario dar una batalla por esa conciencia. Tan necesaria como la que debemos dar por los docentes, los camioneros y otros tantos.

Carolina Pérez

OES-CEICS


Obreros armados

El pasado 11 de abril, los jueces Lorenzetti, Nolasco y Rosenkrantz, de la Corte Suprema, negaron al personal de las fuerzas de la policía bonaerense el derecho a sindicalizarse. Los otros dos jueces disidentes acordaban con la agremiación, pero sin derecho a huelga. O sea, pregonaban que se organicen, pero sin chistar. De este modo, el Poder Judicial sabe que la sindicalización de las fuerzas policiales resulta un peligro para la burguesía, pues los acercaría en sus reclamos a otras fracciones de la clase obrera. En la provincia de Corrientes, nos encontramos con una policía cuyas condiciones laborales son, al igual que el resto de las jurisdicciones, paupérrimas. Incluso, allí existe una organización gremial encabezada por policías retirados, la Asociación Gremial Policial, la cual en conjunto con efectivos aún en servicio tienen una larga trayectoria de lucha por mejora en sus condiciones de trabajo. En este artículo analizamos las condiciones laborales de los policías correntinos, dejamos para futuros artículos un análisis sobre su lucha y organización.

Las condiciones de trabajo

Las condiciones laborales de los policías de la provincia de Corrientes son precarias. La jornada laboral de los efectivos llega a ser de hasta 12 horas. Sin embargo, en el caso de existir un allanamiento u operativo de último momento, las horas extras pasadas esas 12 horas no son reconocidas y, consecuentemente, tampoco son pagas.

Como en casi todo el empleo público, el salario que percibe la policía es muy bajo. Y, como también ocurre con los convenios o leyes que rigen en las ocupaciones que dependen del Estado, el aumento salarial percibido a lo largo de toda una vida de trabajo es prácticamente nulo.

En este sentido, un efectivo de la policía provincial de Corrientes, con categoría de Cabo, con tres años de antigüedad, percibía a fines del año 2016 un sueldo neto de unos 9.083,70 pesos. La composición de sus haberes se detalla del siguiente modo: por antigüedad el monto era de $217,70; el salario básico, era de $293,29; dedicación especial, $703,90; riesgo profesional, $558,66; presentismo, $527,92; salario mínimo garantizado, $681,33. Por lo tanto, el salario total bruto era de $11.824,59, con un descuento de aporte jubilatorio de unos $2.190,11, el salario de bolsillo apenas superaba los 9.000 pesos.

Por su parte, el sueldo de un suboficial mayor con 30 años de servicio no difería sustantivamente de los efectivos con categoría de cabo, y tampoco por los años de antigüedad. Para el mismo año, este agente percibía por antigüedad un monto de 3.818.20 pesos; un básico de $608,72; por riesgo profesional, $527,04; por presentismo, $498,04; por dedicación especial, $1.604,80, suma que, junto con otros conceptos que no se mencionan aquí, daba como resultado un sueldo total bruto de 16.732,30 pesos. Al descontarle los aportes jubilatorios, el sueldo neto de bolsillo percibido era de 10.450 pesos, es decir, apenas un 15% más que el salario percibido por un cabo con tres años de servicio.

La falta de recursos en las instituciones policiales fuerza a que, en ciertos casos, los propios policías tienen que gastar de sus sueldos para comprar insumos o mantener los móviles. Esta situación fue denunciada en la localidad de Mocoretá en marzo de 2017. En otras ciudades como en Esquina la policía denuncia que se ven obligados a comprar su propio uniforme, a sabiendas, incluso, de que la ley establece que el Estado debe enviar la vestimenta de cada efectivo de manera semestral.

Como se observa, los sueldos percibidos por la policía correntina son bajos, además, no existe mucha diferencia salarial entre los rangos y los años de antigüedad entre ellos. Incluso, tienen que usar parte de estos ingresos para afrontar gastos de infraestructura.

Mano de obra barata, durante y después del servicio

Dada la baja salarial, los oficiales tienen que rebuscárselas con horas adicionales de trabajo mientras se encuentran en servicio, o bien, alternando con otras ocupaciones una vez retirados.

Una de las tareas que realizan mientras se encuentran como activos remite a la figura del “policía adicional”. Se trata de una función de vigilancia o custodia a una empresa privada o pública, por un precio estipulado de antemano por la autoridad competente. Esta ocupación adicional se cumple mediante la asignación debidamente autorizada por un órgano o dependencia de la propia institución policial. Se destina uno o más policías que cumplen esa tarea siempre en los días de franco. El trabajo adicional consta de jornadas que oscilan entre 4 o 6 horas como máximo, aunque a veces de acuerdo a las características del evento pueden ser de más horas.

Puede señalarse que esta ocupación adicional se constituye como un empleo “en negro”, ya que el particular o la empresa que contrata los servicios del policía no paga seguro de vida, obra social ni jubilación. Lógicamente por tratarse de horas que se agregan a las ya cumplidas, se puede decir que son horas “extras”, situación que trae como consecuencia un enorme desgaste físico y psíquico. En el salario que se establece no se tiene en cuenta si el trabajo se desarrollará de día, de noche, durante un feriado o un fin de semana, lo cual no se ajusta a las normativas laborales vigentes. El salario de este servicio adicional se estipula en base al precio de unos 20 litros de nafta, por lo tanto, la jornada laboral al mes de julio de este año constaba de unos 496 pesos.

El control y registro de la policía adicional se lleva a cabo por la comisaría, cuya oficina se convierte así en una especie de “bolsa de trabajo”, en donde el policía necesitado de dinero va en busca de una “ubicación”, o sea, para que le asignen tareas adicionales.

Todo esto provoca que el policía se convierta, lisa y llanamente, en una mano de obra barata, siempre disponible, en cualquier momento día, mes, año. Por los bajos sueldos que paga el Estado, para el policía es la única manera que tiene de complementar su salario para mantener su hogar.

Una vez retirados, debido a los pagos en negro al que son sometidos estando de servicio y el bajo salario que perciben, se ven forzados a seguir trabajando para mantener la economía familiar. De este modo, algunos policías retirados optan por abrir algún negocio como kioscos, comidas rápidas, tienditas, pollerías, verdulerías. O bien, se ocupan en tareas como promotores de planes diversos o cobradores. No obstante, en la mayoría de los casos, se ocupan en tareas de seguridad y vigilancia en el sector privado, donde siguen siendo explotados, recibiendo por ello un mísero pago.

La importancia de la sindicalización

Como vemos, el obrero de la seguridad vive de la venta de su fuerza de trabajo, dado que carece de medios de producción y de vida para su reproducción, y como tal, es un explotado. Con bajos salarios, como todo obrero, agotado de jornadas elevadísimas de trabajo, como todo obrero, teniendo que trabajar una vez jubilado o fuera de servicio, como todos los obreros que trabajan en negro o cuyos salarios en actividad son tan bajos que ese mismo monto se transfiere al haber jubilatorio, los policías transitan los mismos problemas que cualquier fracción del proletariado argentino.

Los partidos de izquierda no tienen un programa para la policía porque suelen confundir la función de la “yuta” con sus condiciones materiales. Pero se olvidan que son tan obreros como los maestros, y que han demostrado capacidad de lucha y organización en la rebelión del año 2013[1], como también, en otros momentos históricos[2]. Es más, los docentes, al igual que la policía, también nos reprimen. Son fracciones de la clase obrera que utiliza la burguesía para mantener su dominio. Mientras que los primeros nos reprimen con ideología burguesa en las escuelas (los derechos, la supuesta igualdad de todos ante la ley, el que todos somos ciudadanos y no parte de una clase social), los segundos nos pegan cuando nos rebelamos contra la sociedad capitalista.

Más allá de la situación específica de Corrientes, el policía es un obrero que tiene una particularidad. Se trata de una fracción de la clase que cumple tareas centrales en la sociedad capitalista, en conjunto con el poder político y judicial. Por ello, junto con su función histórica (la garantía de la propiedad privada), convive con el mundo del delito, las mafias, la corrupción, donde el poder político garantiza esos negocios. El narcotráfico, la trata de personas, el regenteo de la prostitución, la connivencia con el robo organizado, el juego clandestino y el contrabando no podrían existir si no contasen con el accionar directo de la policía.

Pero, también hay policías que han denunciado situaciones de narcotráfico o corrupción en Comisarías, las cuales siempre se entrelazan con todo el aparato que envuelve el Estado burgués. Como ocurrió con un efectivo de Santa Fe que denunció hace un año un hecho de corrupción (y en julio de este año fue asesinado), o bien, como sucedió con el policía de la ciudad correntina de Mercedes que denunció connivencia entre efectivos policiales y narcotraficantes.

Como obreros, las fuerzas policiales son susceptibles de organizarse y sindicalizarse como cualquier gremio, situación que sería muy favorable tanto para la policía (ya sea desde el punto de vista salarial como también un amparo gremial y legal frente a sus denuncias por corrupción o narcotráfico) como para otras fracciones de la clase obrera. Porque la sindicalización introduciría un debate en el seno de las fuerzas de seguridad y porque su agremiación podría crear un acercamiento al proletariado y debilitar su tendencia a reprimir al movimiento obrero.


[1]Ver “La avanzada de azul”, en El Aromo n°76. https://goo.gl/R7xVHX.

[2]Ver “Antes de la semana”, en El Aromo n°97. https://goo.gl/CYCwtm.

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1 respuesta

  1. miguelon dice:

    No existe el modo de producción de policial, el policía no es obrero en tanto y en cuanto depende enteramente de la supervivencia de la burguesía como clase dominante para su subsistencia.

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