Servir al enemigo. Reseña de Empleadas y patrones, de Abner Benaim

domesticasRocío Fernández
TES-CEICS

Empleadas y patrones es el título del documental, realizado por Abner Benaim, que intenta abordar la relación entre las empleadas domésticas y sus patrones en Panamá. Con dicha finalidad presenta más de una decena de entrevistas, las cuales tienen como protagonistas a las dos partes en “disputa”. A partir de una estructura fílmica lenta, se ofrece al espectador una estética documental pobre, que no se convierte en aburrida sólo porque el film dura 64 minutos. Durante todo ese tiempo, se repite la misma dinámica: las escenas en exteriores se intercalan con los testimonios.

El tema es abordado con una superficialidad alarmante. El discurso de los patrones que se expresa, casi burlón, es prácticamente idéntico en todos los testimonios, caracterizando a las empleadas como desganadas y aprovechadoras de la “generosidad” de quienes les otorgan trabajo. En definitiva, todos los empleadores tienen algo malo que decir. Por otro lado, las empleadas denuncian los malos tratos y abusos, incluso sexuales. Las quejas de empleadas y patrones son equiparadas. A pesar de las graves denuncias presentadas, el problema más serio para el director parece ser la incomunicación. Justamente, la necesidad de “dialogar” con los empleados parece haber sido el motor del director para llevar a cabo esta película, luego de descubrir, al realizar una investigación sobre la historia de su propia familia, que las empleadas de toda la vida, con quienes nunca había charlado, eran las que aportaban los testimonios más ricos sobre la genealogía de los Benaim.

Si bien el director nos ofrece testimonios de los malos tratos recibidos por las empleadas, nunca llega a denunciar la situación. Intenta ofrecer un documental irónico y pero desde una postura “neutral” (como si tal lugar existiese) en donde nunca se extraen conclusiones sobre la raíz de las diferencias. Las escenas más interesantes son las imágenes de un seminario de formación en, donde se les enseña a las futuras empleadas a trabajar “con orgullo” y sentirse privilegiadas por “servir”, discurso que se intercala con imágenes denigrantes de una empleada de rodillas limpiando un inodoro. Lamentablemente, el director no continúa en esa línea y esta escena queda como una anécdota. Como señala un crítico, la película repite la idea que “la gente malintencionada, discriminadora y falta de valores existe en cualquier lado independientemente de su condición social”.1  Por lo tanto, no son las clases ni la explotación lo que hay que cambiar, sino ciertos valores, como las intenciones, la voluntad y la falta de respeto.

En sus propias palabras, el autor sostiene que “el tema de las diferencias de clases se aborda desde un punto de vista íntimo, personal, donde no hay grandes teorías de macroeconomía sino gente, que decide o no, mirarse a los ojos y aceptarse como iguales”.2 De más está decir que nunca se plantea la posibilidad de una salida colectiva y superadora. La conclusión del documental es que todos deberíamos reflexionar, dejar de lado el egoísmo y acercarnos al otro.

Nadie nace mucama

Aunque la película hace el intento, muy superficial, de ilustrar las pésimas condiciones laborales de las empleadas domésticas, el recorte ofrecido favorece la posición del empleador, debido a que hay una naturalización absoluta de las condiciones de explotación en las que trabajan las empleadas domésticas, sin cuestionar la génesis de la relación asimétrica que existe en este caso entre el patrón y la obrera. Con tal mirada, se omite el rol que cumple el Estado para favorecer al primero. Esto se advierte en la ausencia de reglamentaciones para el trabajo doméstico del estado panameño donde no se exige que haya contrato laboral escrito. Al mismo tiempo, mientras que se estipula un salario mínimo de 350 dólares en otros ámbitos laborales, las obreras destinadas a la labor domestica obtienen 160 dólares, trabajando en jornadas que superan las 12 horas.3  Tampoco se cuestiona en la película por qué son siempre mujeres las que limpian y cuidan chicos ni por qué en este mundo es la mujer la fracción obrera peor paga de toda la clase.

¿Y por casa…?

En el documental pueden apreciarse las pésimas condiciones de trabajo que sufren las empleadas domésticas panameñas. Ellas afirman que son víctimas de extensas jornadas laborales, bajos salarios, y de una intensiva explotación por ser en su mayoría inmigrantes ilegales. El director reflexiona en una entrevista que esta situación se desarrolla en toda Latinoamérica, con excepción de la Argentina donde las diferencias de clases no serían tan marcadas.4 Quizás para decir semejante disparate se basó en el filmCama Adentro, estrenada en el 2004 y ambientada en diciembre del 2001. En ella, Beba (la patrona), una burguesa pauperizada, intenta mantener sus status y forma de vida sin ningún ingreso constante. Sobre todo, intenta retener a su empleada de toda la vida. Luego de siete meses sin cobrar su sueldo, e incluso luego de pagar de su propio bolsillo los artículos de limpieza necesarios para realizar las tareas domésticas, la empleada decide renunciar. Esta película muestra una faceta interesante de la pequeña burguesía en vías de pauperización en la Argentina. Resultan los mejores momento de la película los que reflejan el proceso que vive Beba, desde los desesperados intentos por disimular su nueva situación, pasando por la depresión por la vida perdida, a su conversión pasajera como vendedora ambulante de cosméticos. Sin embargo, la salida es llamativamente individual. El personaje representado por Norma Aleandro supera la depresión porque comienza a tomar decisiones económicamente racionales e individuales: dejar de consumir como burguesa, intentar conseguir trabajo, para luego optar por salir del circuito productivo, mudarse y convertirse en rentista mediante el alquiler de su departamento del barrio de Belgrano. Por su parte Dora (Norma Argentina), la empleada, exige en forma bastante pasiva -más allá de algún exabrupto oral- sus sueldos adeudados, esperando que haya algún cambio en la situación económica de la patrona, para luego optar por renunciar y buscar trabajo en otro lugar (hecho que llamativamente logra en forma muy rápida, a pesar de la desocupación de esos años).

A pesar de las diferencias de clase, en Cama Adentro se resalta el cariño entre estas dos mujeres que no tienen a nadie más en el mundo que a la otra persona y terminan rechazando cada una a sus pares de clase (las amigas frívolas y egoístas de la patrona, y el novio vago y mujeriego de la empleada). Esto se evidencia en que, luego de finalizada la relación laboral entre ambas, nuestras protagonistas deciden elegirse voluntariamente para relacionarse, porque tendrían más en común entre ellas. Aunque, en la realidad, Beba continúe siendo burguesa (pauperizada, pero manteniendo una renta importante con el alquiler de su lujoso departamento) y Dora se encuentre entre la desocupación y el subempleo como empleada por horas en countries.

Para el director panameño, Beba y Dora serían ejemplos de lo que habría que lograr: un buen diálogo, entender que no existen antagonistas y que las dos partes son iguales y pueden terminar siendo amigas. Un mundo ideal, sin clases, sino roles que se intercambian.

Sin embargo, como vimos en ediciones anteriores de El Aromo, los empleos no registrados, precarios y con bajos salarios de manera generalizada son regla común bajo el sistema capitalista, también en nuestro país. El trabajo doméstico, aún suponiendo que se cumplirán los recientes cambios, tiene niveles altísimos de trabajo “en negro”, ingresos por debajo del salario mínimo, vital y móvil, tampoco se perciben asignaciones familiares ni escalas de antigüedad para el sector. Tampoco es obligatorio que los empleados registren a las empleadas que trabajen menos de 6 horas diarias ni tienen asegurado el acceso a un plan de salud. Contrariamente a lo que opina el director, Argentina parece confirmar la regla.5

La mugre bajo la alfombra

El recorte proporcionado por el documental no da cuenta de por qué las mujeres domésticas son uno de los sectores más precarizados de la clase obrera. Tampoco nos ofrece una mirada superadora que permita, en principio, mejorar sustancialmente las condiciones de trabajo (ya ni hablamos de abolir las clases sociales) en este sector en cualquier país de América Latina. Es indispensable reducir el trabajo en negro, las extensas jornadas laborales, aumentar el salario y reducir la fragmentación en la clase que significa la naturalización de la mujer como doméstica. Todas esas tareas sólo puede realizarlas la clase obrera organizada, y no se lograrán esperando buenas intenciones de parte de los patrones.

Notas

1 Iván Steinhardt: “Empledas y Patrones”. Disponible en www.asalallenaonline.com.ar.
2 Benaim, Abner: “Empleadas y Patrones”. Disponible en www.analiasanchezprensa.com.ar
3 Véase Pinel, Melisa: “Empleadas domésticas: interminable historia de poco salario y largas jornadas”, marzo de 2010. Disponible en www.unifemweb.org.mx.
4 Véase Russo, Juan Pablo: “Abner Benaim: ‘La relación de los patrones con sus empleadas domésticas es muy similar en la mayoría de Latinoamérica’”. Disponible en www.escribiendocine.com.
5 Harari, Ianina: “Haciendo de la miseria…progresismo” y Seiffer, Tamara: “Finde en el country”, en El Aromo nº 60, 2011.

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