RyR y las sectas – Gonzalo Sanz Cerbino

RyR y las sectas

La izquierda nunca se planteó avanzar hacia la constitución de verdaderos organismos de masas, que le disputaran la dirección y la conciencia al peronismo. En ello, mostró su verdadero carácter sectario: la falta de vocación de poder.

Gonzalo Sanz Cerbino

Razón y Revolución


Las diatribas contra RyR suelen ir acompañadas de un mote que rara vez se argumenta: sectarios. Como siempre sucede con las chicanas, importa poco el fundamento. Lo que importa es descalificar al adversario para no tener que discutir sus argumentos. Como veremos, cuando la crítica no esconde una política oportunista que desde luego rechazamos, el mote de sectarios aplica mejor a nuestros críticos que a nosotros.

 

Una vocación de masas

 

En su acepción clásica, el mote de sectarios suele hacer referencia a la ausencia de una vocación de masas. Sectario es aquel que no busca ligarse al movimiento de masas, que predica la “verdad revelada” sin verificar que corresponda con los intereses del proletariado y espera sentado que las masas vengan a él.[1]Una secta es un pequeño grupo de carácter casi secreto, que no busca trascender sus límites. En este sentido, nuestras posiciones e intervenciones no estarían dirigidas a las masas, sino a contentar a un reducido grupo de iniciados. La chicana nunca correspondió a nuestra construcción política. Ni siquiera en nuestros inicios, cuando nos abocábamos centralmente a la producción de teoría y propaganda. Siempre estuvo entre nuestras preocupaciones que nuestra producción teórica llegara al público más amplio posible. Aunque considerábamos que la tarea teórica resultaba central, ya que había sido relegada e incluso abandonada por el resto de la izquierda, que apenas conocía la realidad sobre la que le tocaba intervenir, no nos dedicamos solo a investigar y escribir. Pusimos en pie un aparato de propaganda destinado a divulgar lo que producíamos. En primer lugar una editorial, que hoy cuenta con más de cien títulos, muchos de factura propia. Una editorial militante, sostenida con el esfuerzo de un puñado de compañeros, que desarrolló canales de venta alternativos a pulmón y que vende sus títulos a los precios más bajos del mercado para que la lectura no sea privilegio de unos pocos. Con esa editorial vendimos más de 200.000 libros. O sea, llegamos con nuestras ideas al menos a 200.000 personas. El título más vendido, La cajita infeliz de Eduardo Sartelli, agotó cuatro ediciones en Argentina, una en Venezuela y otra en España. Con cerca de 15.000 ejemplares es el libro de la izquierda argentina más vendido en el continente en los últimos 15 años. Y no se trata de cualquier libro, sino de uno que se dedica a explicar de manera pedagógica que la raíz de nuestros problemas se encuentra en la sociedad en que vivimos, el capitalismo, y queresulta imperioso construir una sociedad nueva sobre otras bases, el socialismo. Un libro que seguramente ha ganado para el socialismo más militantes que cualquiera de nuestros críticos. Si eso no es vocación de masas…

No solo eso. Además de la editorial, nos ocupamos de sostener, también a pulmón, un periódico (El Aromo), una revista teórica (Razón y Revolución), un equipo de prensa que nos permitió llegar a los medios de comunicación masivos, cientos de charlas, cursos, debates y jornadas, por las que circularon miles de compañeros. Estuvimos en cada conflicto protagonizado por los trabajadores, llevando no solo nuestra solidaridad, sino también nuestras ideas. Y todo eso, con un grupo que no superaba los 50 compañeros. Ahora, que nos volcamos también a las tareas de agitación, esa intervención se multiplica: en el último año sacamos tres nuevos periódicos de agitación: La hoja socialista, El correo docente y Bandera Roja. Somos un grupo joven, es cierto. No tenemos 50 años de intervención en la política argentina. Seguramente no tenemos aún el predicamento en las masas que tienen otros compañeros. Que, a la luz de los resultados electorales, tampoco es mucho. Pero si hay algo que nunca hicimos fue quedarnos de brazos cruzados esperando que la clase obrera nos “descubra”. Fuimos a buscarla, y los resultados no son menores.

 

Entre el oportunismo…

 

Sectario suele utilizarse también para descalificar aquellas posiciones que, al no corresponder con el nivel de conciencia de las masas, nos alejarían del “pueblo”. Así, se descalifican las consignas que no buscan conciliar con el sentido común reformista, dominante en la clase obrera argentina. Así, no se puede hablar de socialismo, ni cuestionar al kirchnerismo, su política de derechos humanos o al nacionalismo. No se puede criticar a Evita, ni exigir sueldos superiores a una canasta básica de miseria. Una intervención política correcta debería limitarse a decir lo que la clase obrera ya piensa, so pena de “alejarse” de las masas. Quizás el sayo pueda caberle a algún trotskista, tan afectos a conciliar con el nacionalismo y el reformismo, como a “diferenciarse” cuando el burgués de turno realiza (aunque más nos sea parcialmente) la política que se reclama. Pero no a nosotros, que siempre denunciamos al reformismo y al nacionalismo como política e ideología burguesa, que no resuelve los problemas de las masas sino todo lo contrario. No somos sectarios, tenemos otro programa, y no vamos a bajar nuestras banderas por miedo al rechazo. Si lo que se nos pide es que, de manera oportunista, dejemos de lado nuestras convicciones e ideas para “acercarnos” a las masas, nos negamos. Flaco favor le haríamos a la causa revolucionaria conciliando con las ideas (burguesas) que los trabajadores tienen en la cabeza. Y eso no nos aleja de las masas, nos permite construir con ellas otro tipo de vínculo. Un vínculo real. Nosotros no escondemos nuestro programa, intervenimos con él en todos los ámbitos, aún a sabiendas de que va contra el sentido común. Porque queremos poner en cuestión ese sentido común, discutir las ideas peronistas y ganar la conciencia de las masas para el socialismo. Más de una vez nos comemos algún insulto, pero cuando logramos vencer las resistencias, el vínculo que se establece es más fuerte. Un obrero ganado para la izquierda con ideas reformistas y nacionalistas, se va cuando aparece un burgués (nacionalista y reformista) que puede hacer realidad la promesa. Los ejemplos sobran, de Perón a Kirchner. Un obrero que comprende que ninguna solución real y duradera puede venir del nacionalismo reformista, es otra cosa.

 

…y el verdadero sectarismo

 

Muchas veces se nos tilda de sectarios por criticar al resto de los partidos de izquierda, o no confluir con ellos en determinadas iniciativas. Se procede como si fuera lo mismo “ir con las masas” que “ir con la izquierda”. O sea, como si la izquierda argentina fuera el PT de Brasil… No es lo mismo una cosa y la otra. Pero lo peor es que la crítica viene de gente que se la pasa anteponiendo intereses mezquinos al interés de la clase. Que como no puede diferenciarse por su programa (que en el caso del trotskismo es esencialmente el mismo), se diferencia por cuestiones secundarias para evitar confluir en un organismo capaz de ser un verdadero caudillo de masas. Sí, criticamos a los partidos a la izquierda, porque tenemos diferencias programáticas y estratégicas de peso. Pero eso no nos ha impedido señalar los aciertos de otras corrientes ni confluir con ellas en iniciativas que representaban un avance real para la clase obrera. Ejemplo de ello ha sido nuestra posición hacia el FIT. A pesar de nuestras diferencias, mientras el FIT mantuvo la potencia para trascender el horizonte meramente electoral y convertirse en un polo para reagrupar a la izquierda, no solo lo apoyamos y llamamos a votarlo, militamos las campañas. Y esto, a pesar de nuestras públicas diferencias con los partidos que lo componen. Nuestra propuesta para el FIT siempre fue que avance en la constitución de un partido único con libertad de tendencias, al que estábamos dispuestos a sumarnos en clara minoríaacatando lo que la mayoría resuelva. Una actitud que no tuvo ninguno de los partidos del FIT.

Celebrar un 5% obtenido por un frente de casi toda la izquierda, en elecciones, en medio de una crisis económica y política, es ciertamente festejar que, en ese contexto, el 99% de la clase obrera nos rechaza. No hay conducta más sectaria. Se dirá que no se puede desmoralizar a los compañeros. No se trata de eso, sino de tener algo de pudor, plantearse objetivos más ambiciosos y preguntarse cómo alcanzarlos.

Pero la izquierda nunca se planteó avanzar hacia la constitución de verdaderos organismos de masas, que le disputaran la dirección y la conciencia al peronismo. En ello la izquierda mostró su verdadero carácter sectario: su ausencia de vocación de poder. Cuando un partido se enorgullece de reproducirse a sí mismo, cuando evita entrar en la disputa real por temor a no poder controlar el movimiento, es una secta. No es nuestro caso…

 

¿Sectarios?

 

Razón y Revolución es una organización que durante mucho tiempo se abocó a la lucha teórica, pero que nunca se abstuvo de intervenir de cara a las masas. Elaboramos un programa para la revolución argentina, y nos ocupamos de divulgar sus ideas centrales montando, con el esfuerzo militante de un puñado de compañeros, un aparato de propaganda nada desdeñable. Ahora estamos poniendo a prueba ese programa en la agitación. Si ser sectario es aislarse de las masas, estamos lejos de ello.Nuestro programa es diferente al del resto de la izquierda y no lo escondemos. Hacemos públicas todas nuestras críticas, porque estamos convencidos de que solo el debate franco podrá hacernos avanzar. Ahora, no es lo mismo criticar a la izquierda del 5% que alejarse de las masas. Sectario es aquel que se regodea en las pocas posiciones alcanzadas y no avanza en la constitución de organismos capaces de acaudillar a las masas. A quién le quepa el sayo… Ahora, con lo que no conciliamos es con la ideología burguesa imperante en el seno de la clase obrera. No nos vamos a pintar de celeste y blanco para caerle bien al “pueblo”, ni vamos a dejar de denunciar al peronismo como lo que es, el programa con el que la burguesía se da una base de masas para realizar sus intereses. No somos oportunistas, no escondemos lo que pensamos por temor al rechazo. Pero como dijimos, eso no implica alejarse de las masas. Vamos a ellas, a discutir contra el sentido común, contra la conciencia burguesa que algunos no se animan a combatir.

[1]Carta de Marx a Schweitzer, 13 de octubre de 1868, en Marx, C. y F. Engels: Correspondencia, Buenos Aires, Cártago, 1987, pp. 209-210.

2 Respuestas

  1. ATILIO dice:

    Hola Gonzalo:

    Aqui mencionas que RyR ha elaborado un programa para la revolución Argentina. M;e puedes indicar donde esta publicado?

    Atentos saludos

  2. Gonzalo dice:

    Las posiciones que sustentan el programa han sido publicadas en libros y artículos de El Aromo y Razón y Revolución. El documento que lo sintetiza, aprobado en nuestro último plenario, se encuentra aún en estado de borrador. Si nos mandás un mail a camilogx@yahoo.com te lo podemos enviarlo. Saludos, Gonzalo.

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