Raros peinados nuevos – Por Nadia Bustos

TrumpSi bien Hillary lleva la delantera de la interna demócrata (y de la general), la popularidad de Sanders no es un detalle menor. Representa un corrimiento hacia la izquierda de una parte del electorado. El avance de candidatos surgidos al margen del sistema político tradicional, sea por derecha (Trump) o por izquierda (Sanders) son expresión de la crisis en la que está sumergida la sociedad norteamericana.

Nadia Bustos (GAI-CEICS)

Las elecciones internas de los principales partidos estadounidenses generaron varias sorpresas a la burguesía norteamericana. El auge de Trump desconcertó a los republicanos y sacó de carrera a su principal candidato, Jeb Bush. Sanders no logró alcanzar a Hilary, pero los buenos resultados de quien se declaraba “socialista” sorprendieron y preocuparon a más de un demócrata. El avance de candidatos surgidos al margen del sistema político tradicional, sea por derecha (Trump) o por izquierda (Sanders) son expresión de la crisis en la que está sumergida la sociedad norteamericana. A continuación analizamos las perspectivas electorales y el lugar de la izquierda en este proceso.

El comienzo

Las elecciones primarias son el primer paso para definir el candidato hacia la elección presidencial. La cantidad de delegados a votar, la modalidad y el calendario electoral son decididos por cada partido. Estos delegados son los que participarán luego en la Convención Nacional y votarán por el candidato elegido en la primaria. En la Convención participan además los “superdelegados”, miembros del Comité Nacional del Partido y legisladores, que no tienen su voto atado a ningún candidato. Es decir, la obtención de delegados durante las primarias otorga una ventaja importante para la decisión final en el Comité Nacional.

El favorito de la burguesía republicana era Jeb Bush, hermano de George W. y ex gobernador de Florida. Sin embargo, el magro resultado de Iowa (un delegado) y New Hampshire (tres) lo ubicaron en el cuarto lugar de la interna. Carolina del Sur fue la victoria indiscutida de Trump. El magnate inmobiliario obtuvo los 50 delegados de la elección, dejando con las manos vacías al resto de los candidatos. El resultado fue advertencia suficiente para que Bush abandonara la campaña. Hasta el momento solo se llevaron adelante elecciones en menos de la mitad de los estados y Trump logró una gran ventaja sobre sus oponentes. Luego del Super Martes, Trump contaba con 285 delegados, Cruz con 161, Rubio con 87, Kasich con 25 y Carson con 8. Se trata un resultado difícil de revertir y que muestra que Trump posee un apoyo en varias capas de la población estadounidense. Tal como van las cosas, el excéntrico magnate se encamina a ser el candidato de un partido que no lo apoya.

La interna demócrata solo cuenta con dos postulantes: Hillary Clinton y Bernie Sanders. La primera, es la favorita del establishment del partido. El segundo, encarna una propuesta más progresista y cuenta con menos apoyos. Hasta las elecciones de Carolina del Sur, Clinton lideraba la interna con 91 candidatos, frente a los 53 de Sanders. Las propuestas del senador de Vermont llamaron la atención del electorado, permitiéndole obtener buenos resultados e incluso ganarle a Clinton en New Hampshire (15 delegados sobre 9 de Clinton). Sin embargo, Sanders no logra alcanzar a la ex primera dama. El cierre del Súper Martes, encontró a Clinton con 555 delegados y Sanders con 352. Clinton no solo es la candidata del partido, sino que además lidera las encuestas y ya se perfila como ganadora.

Los apoyos

Los obreros sindicalizados en Estados Unidos representan solo el 10% de la población. La mayoría de los sindicatos apoyan a los candidatos demócratas. Hilary logró cerrar filas con los sindicatos más importantes del país, entre ellos se encuentran el Sindicato de Trabajadores Culinarios, la Federación de Trabajadores Estatales, el Sindicato Internacional de Trabajadores de Norteamérica, la Federación Americana de Empleados Estatales, Municipales y de Condados, la Federación Americana de Maestros, la Alianza Internacional de Empleados de Teatro, la Asociación de Educación Nacional, el Sindicato Internacional de Empleados de Servicios y la Unión Internacional de Trabajadores de Alimentos y Comercio. Se trata de organizaciones que representan a casi 10 millones de trabajadores. El aporte sindical representa el 8% de la recaudación para su campaña.

Sanders, por su parte, logró el apoyo de los trabajadores postales, los de comunicaciones, la Unión Nacional de Enfermeras, la Junta Mixta de Trabajadores de Nueva Inglaterra y el movimiento Occupy Wall Street. Además, logró que varias seccionales rompieran con la dirección nacional y brindaran apoyo para la campaña. Ejemplo de ello fueron varias unidades el Sindicato Internacional de Servicios, el Sindicato de bibliotecarios y miembros no facultativos de la Universidad de California y la seccional de Des Moines de la Unión de Trabajadores Siderúrgicos. Significa que un aproximado de 385 mil trabajadores apoya su candidatura. Como contrapeso, Sanders es el primer candidato presidencial en la historia de las elecciones en Estados Unidos, que recibe tan poco apoyo de su partido.

Dentro de los republicanos, el único que consiguió sumar un sindicato a sus filas fue Trump. Las propuestas del magnate inmobiliario encontró una buena recepción en el sindicato de policías de Nueva Inglaterra (New England Police Benevolent Association, Inc) Incluso, hay encuestas que muestran que los trabajadores de Ohio y Pensilvania lo preferían sobre los demócratas

Otro de los respaldos importantes hacia los candidatos proviene de los distintos sectores burgueses. Clinton es la favorita del establishment demócrata. Ganó el apoyo de 38 de los 46 demócratas del Senado, 148 de los 188 de la Cámara y 12 de los 18 gobernadores1. Además lleva recaudados más de 130 millones de dólares.2 Cuenta con el apoyo de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, Morgan Stanley, JP Morgan Chase & Co, Bank of America y Dewey Square Group, grupo de lobby fundado por María Cardona, colaboradora de la CNN y analista de estrategias dentro del Partido demócrata. La ex primera dama se encuentra respaldada por compañías cinematográficas, salud, aseguradoras y contratistas militares, entre las más importantes. Sanders por su parte, depende en gran medida de las pequeñas contribuciones de sus votantes. Estamos hablando de más de 2,3 millones de personas contribuyendo con sumas de entre 10, 20 o 30 USD. Hasta el momento lleva recaudado el importante monto de 96 millones, mucho más que varios candidatos republicanos.3

El candidato de la dirección republicana era Jeb Bush. Luego de abandonar la interna, parte de sus donantes pasaron a Rubio. Entre ellos, Goldman Sachs y Microsoft. También tenía vínculos con la Asociación Nacional del Rifle y la Federación Nacional de Negocios Independientes, Pequeños negocios y Consejo de Emprendedores. Otro socio importante es la segunda mayor compañía de las prisiones con fines de lucro, llamada Grupo GEO. Sin embargo, Trump es el candidato que debió invertir más dinero personal que cualquier otro. El costo de la exclusión republicana no es menor: Trump fue quien menos dinero recibió por donaciones de los Comités de Acción Política (PAC, por sus siglas en inglés) entre los republicanos. Su recaudación lo coloca en el sexto lugar, con algo más de 27 millones de dólares. No obstante, el magnate viene utilizando mucho más. Básicamente, de su fortuna personal, que no admite restricciones legales. Con lo cual, es difícil calcular el monto con el que cuenta su equipo.

A pesar de que aún faltan varias instancias de elección, la ex primera dama, es la candidata favorita para suceder a Obama. Incluso el Comité Nacional Demócrata considera a Sanders una amenaza a la existencia del partido. En el caso de los republicanos, Trump parece llevar una cómoda delantera sobre el resto de los candidatos. Sin embargo, nadie dentro de la dirección republicana apoya su candidatura. Esto podría ser un elemento decisivo hacia el final de la interna, cuando los apoyos partidarios son claves para poder llegar a nominación presidencial. Por lo tanto, y tal como anticipan las encuestas, todo parece perfilado para que EE.UU. tenga su primera presidente mujer.

Las propuestas

Las propuestas políticas de cada uno de los candidatos son un elemento importante para analizar las diferencias y similitudes entre cada uno de ellos. En el caso de Trump vemos el surgimiento de propuestas más reaccionarias. La intención de construir un muro entre México y Estados Unidos, junto con la expulsión de inmigrantes, para resolver el problema laboral en el país desató la polémica. Más allá de las escandalosas declaraciones de Trump, se puede ver una política orientada hacia el desarrollo del mercado interno, basado en la industria nacional y el aumento del empleo. Es por este motivo que lanzó duras críticas a Ford y Nabisco, por mover sus plantas productoras a México. Se opuso además al aumento del salario mínimo y persiguió a los trabajadores dentro de sus empresas que intentaron sindicalizarse.4 Es decir, pretende reactivar la producción interna sobre la base de que los trabajadores estadounidenses acepten las condiciones laborales de los mexicanos. En política exterior, prometió revisar los negocios con China, con el objetivo de impulsar la industria nacional. Para ello afirmó que recortaría subsidios a la exportación hacia ese destino y reduciría los impuestos corporativos. Estas mismas razones lo ubicaron en la oposición al Tratado de Asociación Transpacífico. Trump busca revertir la fuga masiva de empresas hacia países con costos laborales más bajos, a partir de ofrecer esas mismas condiciones en el mercado laboral local. Todo esto, a costa de una baja salarial y de la regimentación de toda la clase obrera en su conjunto. Más allá de las frases de ocasión para escandalizar y llamar la atención, Trump, en el fondo, aparece con un programa ligado al desarrollismo, que intenta sacar al país de la crisis y devolverle el liderazgo económico por la vía de aumentar la productividad sobre la base de una tasa de explotación similar a la de los países asiáticos.

Clinton presentó su candidatura basada en cinco propuestas importantes. La primera es una reforma fiscal que incrementa la tributación de los más ricos. Además, buscaría gravar las operaciones frecuentes de Wall Street. Otra de las medidas importantes y más esperadas es el aumento del salario mínimo, aunque no dio cifras reales. Además prometió la regularización de los inmigrantes. Hasta aquí, sus propuestas toman los principales ejes de descontento social. Es decir, más de lo mismo: tirar la pelota hacia adelante hasta que la crisis sea inmanejable.

En referencia a la política exterior, Hillary presenta una política más agresiva que Obama y que sus competidores. Para Siria, afirmó que es necesario seguir trabajando con los grupos de oposición, pero cree que la zona de exclusión aérea en el norte del país sería importante para que el gobierno de Assad no bombardee civiles. Respecto a Afganistán, señaló que las tropas deben ser mantenidas mientras sea necesario, a diferencia de la retirada que implementa el actual mandatario.

Sanders llega a la interna con un perfil socialdemócrata y con una retórica de denuncia hacia “la clase multimillonaria”. Entre sus propuestas se encuentra la universalización del sistema de salud. Esta es la primera diferencia sustancial con Clinton, quién planea mantener el Obamacare. Otra propuesta que generó controversias es la matrícula gratuita para colegios públicos y el aumento del salario mínimo. Para ello impulsa la implementación de impuestos a las transacciones especulativas, que serán utilizados para becas universitarias. En materia de política exterior, Sanders apoya la mayoría de las decisiones de Obama: desde la coalición internacional para combatir al ISIS, hasta el retiro de tropas de Afganistán y la normalización de las relaciones diplomáticas con Cuba. El punto de objeción reside en las relaciones comerciales con China y el acuerdo TTP y se encuentra vinculado con su propuesta para la economía nacional. Sanders propone desarrollar políticas comerciales que alienten a las empresas estadounidenses a crear puestos de trabajo en el país y no en el extranjero. En este marco, los acuerdos con China y el TTP perjudicarían el crecimiento del empleo y la igualdad de la riqueza. A diferencia de Hillary, Sanders no cree necesaria la zona de exclusión aérea en Siria para la resolución del conflicto, sino la responsabilidad de todos los países en lograr una solución. Otra diferencia sustancial refiere a las tropas estadounidenses en Afganistán: Sanders cree que las tropas deben retirarse paulatinamente.

En definitiva, mientras Sanders busca una estrategia más proteccionista y keynesiana, Hillary tiene una política más agresiva internacionalmente (tratados de libre comercio y una mayor intervención militar). El primero tiene la ilusión de que la regulación estatal va a sacar al país de la crisis. La ex primera dama, que lo hará imponiendo condiciones a nivel mundial.

Muchos identifican a Sanders como el heredero de Eugene Debs, fundador del Partido socialista en 1901. Debs creó su partido buscando una alternativa para la clase obrera al bipartidismo norteamericano. La popularidad de Sanders es un termómetro del electorado estadounidense. Hay encuestas que consultaron en mayo pasado si los ciudadanos tenían una opinión favorable del socialismo y el capitalismo. En el caso de los demócratas, el resultado fue parejo: un 43% para ambos. En octubre, la encuesta volvió a realizarse y esta vez el 49% dijo ver algo positivo en el socialismo y el 37% en el capitalismo.5 Si bien Hillary lleva la delantera de la interna demócrata, la popularidad de Sanders no es un detalle menor. Representa un corrimiento hacia la izquierda de una parte del electorado.

Trump se perfila como el líder de la interna republicana. En ediciones anteriores de El Aromo veíamos que la base de la radicalidad de Trump residía en la impotencia de una clase que veía empeorar sus condiciones de vida.6 Esa impotencia encarna hoy uno de los programas más reaccionarios dentro de las propuestas burguesas. Trump y Sanders comparten la orientación mercado-internista, pero no así la vía para desarrollarla. Más allá de eso, representan no un afianzamiento de la conciencia conservadora, sino su crisis. Ambos representan el repudio al sistema político y un descontento generalizado, todavía en estado latente.

¿Y la izquierda?

La izquierda norteamericana ha puesto énfasis en llenar la falta de representación del sindicalismo, antes que en construir una herramienta política. La mayoría de los agrupamientos no pueden superar, incluso, la conciencia liberal y se limitan al reclamo ciudadano. Hay un gran número de organizaciones nucleadas a partir de problemas vinculados a violencia policial, inmigración, racismo o la violencia de género. Estas organizaciones son las más importantes y movilizadas a nivel nacional. Se concentran en contradicciones secundarias y carecen de una perspectiva clasista.

Como si fuera poco, diversos partidos que se reclaman “de izquierda” brindaron abiertamente apoyo a la candidatura de Sanders, con la excusa de la lucha contra la derecha neoliberal, encarnada en Clinton. Este es el caso de Socialist Alternative. En varias oportunidades hemos señalado que “la política del mal menor” es en realidad una derrota asegurada, pero esta es una tendencia muy poderosa de la izquierda yanqui.

Por otro lado, existen organizaciones como Freedom Road Socialist Organization, Progressive Labour Party, Workers International League, Freedom Socialist Party, Socialist Workers Party o el Partido Comunista Revolucionario que se pronunciaron a favor de una política independiente de los trabajadores, pero no se presentan a elecciones. Es decir, no tienen vocación de masas.

Dos partidos presentaron candidatos, aunque solo a presidente y vice. En primer lugar, el Workers World Party (WWP). Sus candidatos son Mónica Moorehead y Lamont Lilly, miembros de la dirección de la organización. El WWP se formó en 1958 a partir de una ruptura del Socialist Workers Party (SWP). Se trata de una organización que dice luchar por la independencia política de la clase obrera y por la construcción del socialismo. Sin embargo, esta no es la prioridad de su programa. Tal como aparece publicado, el elemento central de su política es poner fin al racismo y conseguir la “autodeterminación” de los negros, latinos, indígenas, asiáticos y árabes, como si fueran parte de otras naciones. Esta organización está subordinada a Black Lives Matters, una agrupación que defiende los derechos civiles de la población negra. Es decir, que a la restricción liberal de su programa se le suma la negativa a defender a los obreros que no son negros y que, en rigor, constituyen la mayoría de la clase. Su política los llevó a acuerdos parciales con la burocracia sindical ligada al Partido Demócrata.

La otra organización que presenta candidatos es el Partido Socialismo y Liberación (PSL): Gloria La Riva, activista contra la guerra, y Eugene Puryear, activista por los derechos de los inmigrantes. El PSL se formó en 2004, luego de una ruptura del Workers World Party. Tienen un programa “anticapitalista” solo de palabra, concentrado en reformas ecológicas. Proponen hacer del trabajo, la salud y la vivienda un derecho constitucional. Se oponen a las intervenciones norteamericanas en el exterior y proponen cerrar todas las bases militares y hacer regresar a las tropas. Se pronuncian contra los abusos policiales y las políticas carcelarias. Defienden el aborto legal, la igualdad de género y los plenos derechos para los inmigrantes. Otra vez, sus consignas no exceden el reformismo. Su perspectiva “anticapitalista” no menciona el objetivo por el cual se lucha: ¿socialismo, capitalismo keynesiano, feudalismo? A poco de escarbar, se ve que no hay una perspectiva revolucionaria. Se encuentran a la derecha de Sanders, que al menos dice que es “socialista”.

El clasismo es, entonces, el elemento ausente de la política norteamericana, incluso de los que se definen “anti-capitalistas”. Está pendiente la conformación de un partido revolucionario que priorice la cuestión de clase a las contradicciones secundarias, que se delimite del liberalismo y denuncie la mentira de los “derechos ciudadanos”. Disputar una conciencia socialista en el seno de la clase obrera es la tarea urgente.

Notas

1https://goo.gl/QDbdx8

2http://goo.gl/w2dr8C

3http://goo.gl/3csNSQ

4http://goo.gl/fSkr1q

5https://goo.gl/wpt4Hr

6http://goo.gl/13ZswZ

 

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