Nota de Gonzalo Sanz Cerbino sobre Cromañón . En revista Veintitrés (24/10/2012)

cromaonrev23 (1)El gusto amargo de la justicia

Por Gonzalo Sanz Cerbino*
El tribunal oral criminal endureció las penas, tanto para Omar Chabán como para otros 12 procesados. No obstante, por resolución de la Cámara de Casación, seguirán en libertad. Los familiares insisten en que vayan a prisión. A la espera de la decisión de la Corte.

La satisfacción que expresaron los familiares por la revisión de las sentencias que realizó la Cámara de Casación Penal no se condice con la historia del movimiento que integran ni con el derrotero que ha seguido la justicia en el caso. Más que alegría, parece un gesto de resignación ante un panorama que se presentaba adverso. Recapitulemos. En 2008, el tribunal que juzgó el crimen dictaminó condenas mucho más altas que las que hoy se festejan. Chabán había sido condenado a 20 años de prisión y Díaz a 18. Un año después, Casación modificaba la carátula y ordenaba revisar las penas. Acatando el fallo, el Tribunal Oral bajó la condena a Chabán y a Díaz, y en un gesto que apuntaba a conformar a los familiares movilizados, elevó las penas de los funcionarios (de 2 a 4 años) y condenó a los integrantes de Callejeros. La clave estaba en el delito que se les imputaba, que pasó de estrago doloso a culposo. La diferencia estriba en que, mientras en el primer caso los culpables serían conscientes de que su comportamiento negligente podría ocasionar el incendio, en el segundo no. Algo que era perfectamente demostrable en el caso de Chabán, que tuvo múltiples avisos acerca de las consecuencias de decorar el lugar con materiales inflamables, clausurar las puertas de emergencia y vender entradas por encima de la capacidad.

 
Por eso queda una sensación amarga. Que el baterista de Callejeros haya recibido una condena a 18 años por asesinar a su mujer, pero Chabán apenas 10 por generar las condiciones que ocasionaron 194 muertes parece absurdo. Sobre todo porque no se trató de un “descuido”, sino de un comportamiento consciente con el que buscaba maximizar sus ingresos. Que apenas se haya avanzado tibiamente sobre las líneas más bajas de la administración que permitió a decenas de locales funcionar en condiciones que ponían en riesgo la vida de miles de personas, y que, como Chabán, recibieron decenas de advertencias sobre la situación (desde denuncias de otros poderes hasta tapas de diarios), también parece absurdo. Sin embargo, era de esperarse. La Justicia burguesa no puede condenar un crimen que es producto de la misma lógica en la que está imbuida. La lógica de un sistema social, el capitalismo, en que la ganancia vale más que la vida.

*Historiador y militante de Razón y Revolución. Autor del libro Culpable. República Cromañón, 30 de diciembre de 2004

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