Nota de Fabián Harari sobre el debate Malvinas. En Tiempo Argentino (09/04/2012).

malvsateliteLas Islas Malvinas y lo verdaderamente ajeno

Por Fabián Harari.

Más allá de si es una causa nacional o no, ¿de quién son las Malvinas? He aquí una pregunta que nadie osó responder seriamente y la razón es que, inevitablemente, hay que discutir el problema de la soberanía.

El aniversario de la Guerra de Malvinas ha desatado una serie de debates sobre los diversos aspectos del fenómeno. No obstante, en las discusiones que tenemos ocasión de observar en los grandes medios, se confunden dos problemas: uno, si Malvinas es una causa nacional y dos, si las islas son argentinas.
En cuanto al primer problema, se llama “cuestión nacional” a aquellos fenómenos que impiden el normal desarrollo de la vida económica y política de una población en el marco del capitalismo (ya que las naciones son una creación de la burguesía). Por ejemplo, en este momento, Afganistán tiene una causa nacional muy concreta: el ejército estadounidense está ocupando dicho país y, por lo tanto, el conjunto de la vida social se ve alterada. Si Gran Bretaña invadiese Buenos Aires o alguna otra provincia, seguramente tendríamos una cuestión nacional a resolver. En este sentido, la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿la Argentina está incompleta sin las Malvinas? ¿Cuál es la importancia económica o política de esas islas que impide el desarrollo del país?
La Argentina perdió las islas cuando ni siquiera se llamaba así. No obstante, logró construir un Estado Nacional y una economía capitalista. La importancia económica del territorio del que hablamos es prácticamente nula; su PBI es risible. Tampoco hay una población argentina viviendo allí bajo la tutela de un ejército invasor, como puede suceder en Palestina o en Irak. No vivimos mal por culpa de que los ingleses nos quitaron las Malvinas hace 180 años, ni vamos a vivir mejor si las recuperamos. Por lo tanto, la Argentina no está incompleta y Malvinas no es una causa nacional, más allá de lo que nos digan.
Veamos el segundo problema: más allá de si es una causa nacional o no, ¿de quién son las Malvinas? He aquí una pregunta que nadie osó responder seriamente y la razón es que, inevitablemente, hay que discutir el problema de la soberanía.
En un sentido puramente jurídico (burgués) del término, soberanía es, para el caso que nos ocupa,  la potestad y jurisdicción de un Estado sobre un territorio. Y bien, ¿qué determina que un pedazo de tierra pertenezca a tal o cual entidad política? Durante el feudalismo, se creía que los territorios habían sido cedidos por Dios a determinada dinastía (previa mediación del Papa) y sólo por Él podían ser quitados (y de allí la justificación divina de los cambios dinásticos).
En el siglo XIX, la burguesía de cada región creó su propio Estado, con fronteras muy diferentes a las medievales. Nuevas entidades, más grandes (Alemania, Rusia) o más pequeñas (Argentina), fueron creadas. La justificación divina fue derribada. En su lugar, la burguesía proclamó la legitimidad histórica y geográfica. Pero esa unidad no existía: los estados abarcaban pueblos que habían permanecido separados o separaban lo que estaba unido. En ese marco, se crearon las “historias nacionales”, con el objetivo de instalar un pasado común, que no existió, como forma de justificar la nueva soberanía.
Ahora bien, si tomamos este criterio jurídico (sumamente superficial, como vimos), las Malvinas son tan argentinas como lo es Uruguay. Las primeras fueron separadas de nuestro territorio en 1833,  sólo cinco años después que la Banda Oriental (1828) y no hay ningún año que oficie como línea divisoria entre lo que se puede reclamar y lo que no. Con ese criterio histórico, debiéramos devolver nuestro país al rey Juan Carlos de Borbón o incluso a los indígenas, (lo que requeriría dar una región a cada descendiente de cada una de las tribus). Del mismo modo, los EE UU deberían devolver California y Texas a México y México debería devolverse a sí mismo a los Aztecas, así como los musulmanes deberían recuperar España y, claro está, habría que hacer lugar a la expulsión de los palestinos, ya que a los israelíes les asiste un derecho que data de hace 3000 años. Como vemos, el reclamo por las Malvinas es algo ridículo: no son argentinas, son de los isleños.
No obstante, hay un problema central que no ha sido discutido y que nadie se atrevió a mencionar: si las Malvinas no fueran argentinas, ¿de quién serían? Dicho en buen criollo, ¿de quién es la Argentina?
La respuesta parece fácil: “De los argentinos.” Pues bien, eso no es cierto. El país no nos pertenece a todos, le pertenece a una clase social. La clase que es dueña de los campos, de las fábricas, de las casas, de nuestro tiempo libre, la que tiene en su poder todo lo que necesitamos para vivir, la que come bien y elige su futuro, la que tiene a la justicia en sus manos, la que tiene siempre las puertas abiertas de los despachos, la que nunca va a conocer una cárcel o las miserias de un hospital público. A esta gente pertenece la Argentina. Ellos son los soberanos. El resto no. El resto no es dueño de nada, o de casi nada. El resto es la inmensa mayoría que debe vivir hacinado, sin poder curarse, trabajando más de la cuenta para poder comer, ver un rato a los chicos, la estupidez de Tinelli, dormir algunas horas y otra vez al trabajo. Argentinos a los que se les niega incluso un pedazo de vereda para dormir (porque ensucian, ¿vio?). Si algún día, algún gobierno recupera las islas, lo hará para ellos, para los propietarios del país, que correrán a hacer negocios. Nuestra vida, en cambio, no se va a alterar en lo más mínimo. Las Malvinas no van a ser nuestras, porque la Argentina no lo es.

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