No se olviden del 2001. El caso Cabezas y las alianzas de la pequeño burguesía

Por Agustina Desalvo – La pequeña burguesía constituyó un aliado inapreciable para el movimiento piquetero en su enfrentamiento con el régimen. Hoy día esa alianza que parecía bien soldada, ha sufrido fuertes embates. Sin embargo, el rearme moral y político del campo revolucionario requiere conocer mejor a nuestro potencial aliado. Y comprenderlo implica entender su historia y el decurso de las alianzas que fue forjando.

La desaparición de Julio López provocó un quiebre en la política de derechos humanos del gobierno, con respecto a los `70. El objetivo de ese armado patagónico tenía como destino seducir a la pequeño burguesía, con el objetivo de mantenerla escindida de la clase obrera. El ya a esta altura secuestro y asesinato, constituye un ataque a los derechos elementales de las reivindicaciones de la llamada “clase media”. Sin embargo, el hecho no causó en ella la indignación que un acontecimiento de semejante naturaleza hubiera producido hace ocho o nueve años. En 1997, por el contrario, la desaparición de un fotógrafo a manos de un empresario impulsó una movilización y un replanteo de su alianza “natural” con el régimen político. Cinco años después, blandía las cacerolas desafiando el estado de sitio y pidiendo la renuncia del presidente. El análisis de las movilizaciones que protagonizó la pequeño burguesía a partir del asesinato de Cabezas nos permitirá examinar su trayectoria: cuáles son las alianzas que fue tejiendo, los métodos que fue empleando y el acervo político que fue incorporando y que supo desenfundar cuando se hizo necesario.

Los hechos

El asesinato del periodista de la revista Noticias, José Luis Cabezas, en enero de 1997, provocó la movilización de importantes sectores de la sociedad, que incluyó a sus allegados y colegas, a familiares de víctimas de gatillo fácil, de los muertos por el caso AMIA y Embajada de Israel, a Madres de Plaza de Mayo, a centrales de trabajadores como la CGT, la CTA y el MTA y a partidos políticos pequeño burgueses, como el FREPASO y la Alianza, y de izquierda, como el MST o el Partido Obrero. El reclamo parecía ser típicamente pequeño burgués: en todos los actos y marchas convocados se reclama, no sólo el esclarecimiento del crimen, es decir justicia, sino también el respeto a la libertad de expresión y a la democracia.

José Luis Cabezas fue asesinado el 25 de enero de 1997, a kilómetros de la ciudad costera de Pinamar, luego de abandonar la fi esta de cumpleaños del empresario postal Andreani. Distintas organizaciones y personalidades se pronunciaron inmediatamente por el esclarecimiento del caso. La Asociación para la Defensa del Periodismo Independiente Periodistas sostuvo que: “El alevoso asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas […] es un gravísimo episodio que recuerda hechos similares ocurridos en un pasado no muy lejano de la Argentina. Periodistas exige de las autoridades el rápido esclarecimiento de este acto criminal y el castigo de sus autores e instigadores”.1 Por su parte, La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) sostuvo que “Hasta que no se esclarezca porqué y por quién fue asesinado José Luis Cabezas pesará sobre los cuerpos competentes del Estado una responsabilidad ilevantable”.2 Y agregó que, “Desde el caso María Soledad a las explosiones que mataron indiscriminadamente e hicieron volar los edificios de la embajada de Israel y de la AMIA, la impunidad criminal ha degradado a la República. La incompetencia del Estado ha sido atroz”.3 En tanto, la Federación de Cámaras y Centros Comerciales (Fedecámaras), sostuvo que, “El sostenimiento de la democracia y de las libertades públicas, individuales y, en este caso, la libertad de expresión, exige costos increíblemente altos, como en este caso del insólito y escalofriante asesinato del periodista gráfico José Luis cabezas, en que reaparece un trágico pasado no lejano que pretende hacerse presente”.4

A partir de las declaraciones citadas, es posible observar, por un lado, la vinculación que cada una de las entidades aludidas establece entre el asesinato del periodista y la última dictadura. El crimen de Cabezas es, por lo tanto, un claro ataque a la vida en democracia, pues atenta contra uno de los derechos fundamentales que aquella debería garantizar: el derecho a la libre expresión. Por el otro, queda claro que el principal responsable del hecho es el Estado argentino. En definitiva, la influencia del caso Cabezas en la conciencia de la pequeño burguesía no puede entenderse como un hecho aislado sino, por el contrario, relacionado con otros acontecimientos que han quedado impunes. Son estos elementos los que estarán presentes en cada una de las acciones llevadas a cabos por las organizaciones que se movilizarán desde fi nes de enero del ´97 y exigirán, a través de la utilización de los métodos de acción directa, la resolución del caso.

El 29 de enero de 1997 se produjo la primera marcha a Plaza de Mayo convocada por periodistas de la revista Noticias, la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA) y la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA). Cerca de las 12 del mediodía, alrededor de 7.000 personas5 se concentraron a metros de la editorial Perfil, en Talcahuano y Corrientes, y marcharon luego a Plaza de Mayo bajo la consigna “Justicia para José Luis”. Participaron de la movilización organizaciones obreras, como la CTA, el MTA, y la UOM; organismos de derechos humanos, como Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Desaparecidos por Razones Políticas e HIJOS. También se hicieron presentes dirigentes políticos de diferentes partidos: Luis Zamora por el MST; Carlos “Chacho” Álvarez, Juan Pablo Cafiero, entre otros, por el FREPASO; Rodolfo Terragno, entre otros, de la UCR y Gustavo Béliz y Patricia Bullrich de Nueva Dirigencia. Marcharon, también, el presidente de la DAIA, Rubén Beraja, actores y periodistas. El objetivo de la marcha fue conseguir una entrevista con el presidente Menem, hecho que fracasó, pues aquel no se hallaba en la Casa Rosada. Por esto, fue Carlos Corach quien recibió a los representantes de las organizaciones convocantes. En Mar del Plata, Mendoza y Pinamar también se llevan a cabo actos para exigir el esclarecimiento del crimen.

El 25 de febrero, a un mes del hecho, se produce una nueva marcha convocada por ARGRA, UTPBA y Periodistas. La dinámica es similar a la anterior: concentración en Talcahuano y Corrientes, donde se realiza un minuto de silencio, y posterior movilización a Plaza de Mayo. La consigna que se observa en la bandera que encabeza la marcha es “No se olviden de Cabezas- Contra la impunidad”. Por su parte, las centrales obreras CGTA, CTA y MTA dispusieron de un cese de actividades de cinco minutos para que los trabajadores adhiriesen al minuto de silencio. Están presentes familiares de María Soledad, artistas como Joan Manuel Serrat y Mercedes Sosa; intelectuales como Pérez Esquivel y Juan Gelman; Martha Pelloni; organismos de derechos humanos como HIJOS y CORREPI; dirigentes políticos como Fernando de la Rúa y Domingo Cavallo, y partidos de izquierda.

Durante los meses restantes de 1997 y también durante los años posteriores hasta, por lo menos, enero del 2001, las movilizaciones, actos y homenajes se suceden. Actos en todo el país, movilizaciones y misas, son llevados a cabo el día 25 de cada mes, aunque a medida que pasan los años la frecuencia es menor. Entre enero de 1997 y enero de 2001 hemos contabilizado 121 acciones de las cuales 68, es decir, el 56% son directas: el 29% son actos en lugares públicos, el 13% marchas, el 9% concentraciones, el 4% caravanas y el 0.8% cortes de ruta. También se realizan misas, y todo tipo de homenajes que incluyen desde la colocación de placas conmemoratorias en plazas públicas y el renombramiento de calles, hasta la plantación de árboles y exposiciones fotográficas.

Asimismo, observamos la intensa intervención de las organizaciones periodísticas, como UTPBA y ARGRA, en la convocatoria y organización de los actos, marchas, caravanas y concentraciones. También es notable la presencia de organismos de DDHH, docentes ayunantes de la Carpa Blanca; dirigentes del FREPASO y La Alianza, personal de la Iglesia como Martha Pelloni y Luis Farinello; familiares de víctimas de la AMIA y de gatillo fácil, y madres de desaparecidos durante la dictadura. El reclamo es contundente: se exige justicia, es decir, el esclarecimiento del hecho y de todos los crímenes impunes y el respeto a la libertad de prensa en tanto derecho fundamental de la vida en democracia.

De contenido pequeño burgués, de forma piquetera

A partir de los datos presentados es posible observar cómo la pequeña burguesía que se moviliza a partir del asesinato de Cabezas, lo hace fundamentalmente para exigir justicia y en defensa del derecho de libre expresión y, por lo tanto, de la democracia. Sin embargo, es evidente que no se exige cualquier justicia, ni el respeto de cualquier libertad, ni de cualquier democracia: se pide justicia burguesa y se defienden las instituciones y derechos burgueses. Por lo tanto, el hecho estudiado refi ere, en lo que a su contenido respecta, a un reclamo típicamente pequeño burgués. Esto es así ya que, aunque a la pequeña burguesía, como a cualquier otra clase, la constituyen fundamentalmente las relaciones de propiedad6, en este caso en particular son también de gran importancia las relaciones de ciudadanía. Son éstas últimas las que, en cierta medida, “aseguran” a esta clase un lugar en el entramado social y las que le permiten conseguir la promoción de sus miembros: los “derechos civiles”, el voto y la política parlamentaria, le posibilitan ocupar cargos políticos y también acceder a puestos administrativos dentro del Estado Nacional, cruciales para sostener ciertos mecanismos de ascenso. Asimismo, son esenciales para ella el derecho a la información y a la libertad de expresión, pues la denuncia política y la investigación periodística le permiten tener cierto control sobre el aparato estatal burgués. En consecuencia, el ataque a estos derechos, como sucede con el caso Cabezas, implica un avasallamiento a la pequeña burguesía y, por lo tanto, a la base de apoyo del régimen burgués. Si este reclamo es, por su contenido, típicamente pequeño burgués, por su forma expresa el modo característico en que se manifiesta la clase obrera: la acción directa. Esta contradicción entre contenido (pequeño burgués) y forma (obrera) comienza a superarse en la noche del 19 de diciembre del 2001, momento en que la pequeña burguesía utiliza los métodos de acción de la clase obrera organizada bajo la forma de “movimiento piquetero” y en que sus intereses empiezan a confluir con los de los trabajadores. Esta alianza se evidencia en el 2001 en la consignas “Piquete y cacerola, la lucha es una sola” y “Que se vayan todos”. Hoy, finalizando el 2006, la pequeña burguesía tiene frente a sus narices más de un hecho concreto que debería, por un lado, hacerla dudar acerca de la veracidad del progresismo del actual gobierno y, por otro, llevarla a reflexionar acerca de la necesidad de volver a entablar con el movimiento piquetero aquella alianza que supo establecer en el 2001. Sólo así contribuirá a construir una alternativa política independiente que la conduzca al reino de la verdadera justicia y libertad.


Notas

1Página 12, 26-01-97
2La Nación 27-01-97
3Idem.
4Página 12, 28-01-97
5Página 12, 30-01-97
6Para un estudio de los ataques a la pequeña burguesía en su dimensión económica véase Villanova, Nicolás: “La experiencia de la pequeña burguesía y su lucha” en Razón y Revolución nº 14, Ediciones ryr, Buenos Aires, Invierno 2005, y Desalvo, Agustina: “Apagón, Buenos Aires, febrero de 1999” en Razón y Revolución, nº 13, Ediciones ryr, Buenos Aires, Invierno 2004.

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