Los arrasó un tsunami. Balance del primer turno de las elecciones en Brasil

en El Aromo n° 103


Partido Transición Socialista (Brasil)
Colaboradores

Los partidos del orden burgués fueron arrollados por el tsunami antipetista

El primer y más importante elemento para destacar es el antipetismo. Fernando Haddad/PT tuvo 31 millones de votos (21% del total, y 29% de los votos válidos). Jair Bolsonaro/PSL tuvo un impulso impresionante en la recta final, a medida que buena parte de la población se dio cuenta del rápido ascenso anterior de Haddad (que recibió los votos del electorado de Lula). Muchos creyeron que Bolsonaro, con ese impulso sorprendente, podría vencer en el primer turno. Y casi lo consiguió. Al final, el candidato del PSL tuvo 49 millones de votos (39% del total, 46% de los votos válidos).

Haddad tuvo la peor elección de un petista en más de 20 años. Bolsonaro venció a Haddad en cuatro de las cinco regiones del país (perdiendo solo en el Nordeste, donde también hizo una elección importante).

Este mismo movimiento sorprendente de Bolsonaro en la recta final se expresó en otras candidaturas, en otros estados, para la disputa al gobierno estadual (provincia). En el Estado de Minas Gerais, segundo mayor colegio electoral del país, Romeu Zema, candidato del partido Novo, vinculó ligeramente su imagen a la de Bolsonaro en la recta final, y por ello obtuvo un ascenso meteórico. Desbancó, sorprendentemente, tanto al candidato del PT como al candidato del PSDB. En el Estado de Río de Janeiro, tercer mayor colegio electoral del país, se dio algo similar a lo ocurrido en Minas Gerais. Wilson Witzel, del PSC, subió después de vincular su imagen a la de Bolsonaro. Del 1% de intención de voto en agosto, terminó la campaña sorprendente e inesperadamente con el 41% de los votos válidos, el doble del hasta entonces favorito.

En el poder legislativo, la onda antipetista también sorprendió. La taza de renovación de la Cámara de Diputados fue la mayor desde la redemocratización (1986). En principio, parece haber resiliencia del petismo, dado que el PT obtuvo la mayor bancada (56 diputados). Sin embargo, el trayecto descendente del PT es evidente: de 88 diputados en el 2010, cayó a 69 en 2014 y, ahora, 56. En cambio, el partido de Bolsonaro pasó de tener 1 diputado en 2014 a 52, conformado la segunda mayor bancada de la Cámara.

El fenómeno Jair Bolsonaro, en la Cámara de Diputados, parece funcionar como un tipo de “macronización” de la política brasileña (en referencia a la elección de Emannuel Macron, en Francia, que creó un partido prácticamente de la nada y obtuvo una gran base en el poder legislativo, con personas hasta entonces externas a la política oficial). ¿Quiénes son estos nuevos 243 diputados (de los 513 en total)? Ni siquiera los periodistas saben y recién ahora comienzan a investigar. Sin embargo, se percibe desde ya que, con raras excepciones, ascendió al poder una escoria de nuevos estafadores, impostores, gangsters y aventureros de la peor especie, desde actores porno hasta miembros de la extinta monarquía brasileña. La abyección no solo continuará, sino que se ampliará de forma extraordinaria. Es, en cierto sentido, la continuidad de la disolución general de la política, promovida en los años del PT.

Los partidos del llamado “centrão” – un grupo fisiológicamente corrupto que se une para chantajear cualquier presidente electo – ahora liberan a sus afiliados para asumir la posición que quisieran frente a Bolsonaro o Haddad. La postura, en verdad, es más vista como una aproximación a Bolsonaro que a Haddad, dado el favoritismo del primero. Si se confirma la victoria de Bolsonaro, en poco tiempo estos partidos le darán apoyo. Se asiste a un movimiento de pulverización de los partidos en la Cámara. Ya no se ven grandes bancadas, como se veían en 2010 e incluso en 2014, sino que hay más partidos representados. Los negociadosfluirán en mayor medida, la estabilidad será más frágil y exigirá más corrupción.

Aún en el legislativo, en lo que respecta al Senado (donde solo los dos candidatos más votados de cada Estado son electos), cabe advertir que los petitas Dilma Rousseff y Eduardo Suplicy no fueron elegidos. La primera, ex presidenta “impecheada”, era gran favorita al Senado por Minas Gerais. Se desplomó y terminó la elección en cuarto lugar, con el 15% de los votos válidos. Suplicy, tradicional Senador por San Pablo, y visto como una voz independiente y disonante incluso entre los petistas, tampoco fue electo (se desplomó y perdió su lugar en favor de un miembro del partido de Bolsonaro).

De los demás grandes partidos, el tradicional PSDB salió humillado. Geraldo Alckmin, quien obtuvo 39 millones de votos válidos en 2006, ahora cayó a los 5 millones. El PSDB no consagró ningún gobernador en este primer turno, aunque ha logradollevar 6 al segundo turno. En la Cámara de Diputados, pasó de 54 a 29 bancas, volviéndose un partido medio. Los tucanos le dieron cuerda al movimiento anti-corrupción y terminaron siendo estrangulados por él. El partido está dividido entre los viejos (“cabezas blancas”) y los nuevos (“cabezas negras”). Los nuevos se aproximan a Bolsonaro. Por su parte, el MDB, del presidente Michel Temer, obtuvo el peor resultado presidencial desde la redemocratización del país. Además, si bien compite en el segundo turno estadual, solo logró consagrar un gobernador (muy debajo de los 7 que alcanzó en 2014). Asimismo, su bancada en la Cámara de Diputados cayó prácticamente a la mitad (obtuvo 34, frente a los 66 de 2014).

Todo eso evidencia el proceso de disolución de los grandes partidos burgueses que mantuvieron el orden democrático-burgués desde el final del régimen militar. Lo viejo está muriendo, pero lo nuevo aún no nació. Lo “nuevo” es el partido de Bolsonaro, una verdadera incógnita. El PSL no representa verdaderamente lo nuevo. La crisis de dominación burguesa está lejos de acabar y solo se profundizará, sobre todo porque la economía no da y difícilmente dará señales rápidas de vida. Mientras la economía no dé señales de vida, una nueva casta parasitaria, bolsonarista, de sanguijuelas del mercado financiero, chicago boys, amigos menos competentes de los chicagos boys de Lula, Dilma y Meirelles, se apoderará de la fuente de oro para proseguir el saqueo de la nación trabajadora. Será así hasta que el pueblo diga basta.

La izquierda tambiénfue arrollada, por parecer demasiado petista

En cuanto a la llamada “izquierda”, vale advertir que en ella también se manifestó la tendencia general antipetista. El partido que más creció fue el PSOL (que, en rigor, como ya aclaramos, no es de izquierda, sino de centro). El PSOL tuvo la peor elección presidencial en su historia. La cúpula del PSOL solo necesitaba un bufón para no crear fricciones nacionales con Lula y el PT. Guilherme Boulos cumplió ese papel. Así, de alguna forma, el PSOL tendría las manos libres para enfocarse en el público pequeño burgués que tradicionalmente vota al PT pero que estaba descontento con éste, buscando obtener bancas en el parlamento. En este punto, el PSOL ha tenido éxito: pasó de tener 6 a 10 diputados federales, superando la cláusula de desempeño (que permite el acceso a dinero del fondo partidario1). Además, vale señalar que, así como Boulos, los figurones más petistas del PSOL, como Jean Wyllys, tuvieron un resultado insignificante en comparación con las elecciones anteriores. Wyllys, por ejemplo, fue electo diputado con 24 mil votos (y, en 2014, 144 mil).

En cuanto al resultado electoral del PSTU, también se observó un debilitamiento. En 2014, José María de Almeida obtuvo 91 mil votos. Ahora, en 2018, Vera Lúcia obtuvo 56 mil votos. En el principal reducto obrero del PSTU, la Ciudad de São José dos Campos – donde el partido dirige el importante Sindicato de Metalúrgicos, pilar de la central sindical CSP-Conlutas -, el resultado de Vera Lúcia fue de apenas 481 votos (mientras que Bolsonaro, en primer lugar, obtuvo 231 mil). ¿Cómo es posible explicar esas pocas centenas? El PSTU paga un precio alto por no haber sabido oponerse al PT desde que en el 2013 la ruptura se manifestó como antipetista.

En 2013, haciendo coro con petistas, el PSTU se pronunció contra los llamados “Black Blocs” – jóvenes proletarios radicalizados que resistían a la represión policial (y que los petistas llamaron “fascistas”). En 2014, manteniendo tales críticas a la juventud, en vez de aproximarse al grito rebelde de las calles – “No va a haber Copa”, que venía de 2013 -, el PSTU se sumó al abstracto lema “¿Copa para quién?”, de la izquierda petista y psolista, que legitimaba la Copa con críticas. Ya en el inicio del 2015, cuando estallaron las manifestaciones contra Dilma, el PSTU, en lugar de pronunciar claramente “¡Fuera Dilma!” y unirse a las masas rebeldes, profirió un abstracto “Fuera Todos”, lavándose las manos, corriendo el foco de la cuestión central por medio de un subterfugio izquierdista (aunque después, cuando no se trataba del PT, pronunció “Fuera Temer”). Además, erróneamente, el PSTU defendía una supuesta “tercera vía” (ni apoyar al PT, ni participar de los actos de la supuesta “derecha”) que nunca se concretizó.

Luego de la ruptura del PSTU a mediados del 2016, el partido fue depurado de los sectores más pequeño burgueses y mejoró sus posiciones (aunque no las haya resuelto por completo). En esta elección, los mayores espacios y distinciones que Vera Lúcia obtuvo en los principales diarios – con mayores titulares y textos más leídos – ocurrieron cuando la candidata habló duro contra el PT. Aún así, el momento oportuno para posicionarse contra el PT y, sobre todo, para constituirse como dirección en el movimiento real de descontento de las masas, ya había pasado. Lamentablemente, en esta coyuntura general, el PSTU no consiguió despegarse de la imagen decadente del PT.

Pese a todo lo que hemos señalado, en relación con años anteriores, consideramos que la campaña del PSTU buscó llegar a un público más proletario; se destacó menos por un discurso pequeño burgués de género y más por un discurso combativo, proletario, contra el PT. Así, aunque no haya habido tiempo para revertir el atraso desde el 2015, la campaña del PSTU sirvió para la aproximación de nuevos militantes y contactos proletarios en un escalón más alto, muy superior a los que hasta entonces se acercaban al partido (venidos de universidades, vía pautas pequeñoburguesas). Eso es algo importante para los revolucionarios brasileños.

En el segundo turno: ¡vote nulo!

La caída del PT se acentuó. Eso producirá, objetivamente, la destrucción (aunque relativamente lenta) de los aparatos sindicales que este partido usa para controlar a la clase trabajadora, sobre todo a la obrera, fabril. Eso permitirá una reorganización sindical de la clase trabajadora brasileña, y, junto a ello, una reorganización de la izquierda revolucionaria. En un primer momento, en el mediano plazo, el PSOL va a ocupar el espacio dejado por el PT en la superestructura política y moral de la “izquierda” pequeñoburguesa, pero eso no será determinante, puesto que ese partido no tiene llegada a la clase obrera (y no pretende tenerlo). El movimiento de la clase obrera, que tarde o temprano despuntará, conducirá a la reorganización de los revolucionarios. Será iniciada la construcción rápida de organizaciones revolucionarias de izquierda, las cuales deben prepararse desde ya, conscientemente, para eso. Caerá el bloqueo que el PT impuso a la izquierda revolucionaria en los años 1980.

Dado que – a pesar de todo el alarmismo y la histeria de los petistas y de la pequeña burguesía -, el ascenso de Jair Bolsonaro no significa un verdadero riesgo fascista en Brasil, la caída del PT solo puede ser saludada. La posible elección de Bolsonaro marca, eso sí, una transición de mediano plazo hacía un gobierno bonapartista, aunque la elección de Haddad, con apoyo de Lula, también marcaría esa transición. Ello es una necesidad del conjunto del régimen, que colapsó.

Lo ideal hubiera sido, en la coyuntura de los últimos años, el ascenso de la izquierda revolucionaria al mismo tiempo en que se dio la caída del PT. Lamentablemente, la realidad no se mueve de acuerdo con lo ideal. Dado que la izquierda no ocupó el espacio, la derecha lo hizo con facilidad. El proceso para que la izquierda brasileña se desprenda de sus largas raíces en el PT, de sus décadas de adaptación, carrerismo, buen mozismo, demora y tranquilidad, es más lento de lo necesario. Pero al menos acabó la paz de cementerio. Lo viejo será dejado atrás.

En vez de seguir sosteniendo el féretro del PT, lo que más urge, lo más necesario, es que la izquierda revolucionaria no caiga más en el chantaje de ese partido. Las masas proletarias, en las principales fábricas del país, ven al PT con odio. Votan a Bolsonaro como protesta contra el PT. En ese sentido, los revolucionarios no deben, en ninguna ocasión, dejarse llevar nuevamente por las mentiras de los petistas (“golpe”, “amenaza fascista”, etc.). Los revolucionarios deben posicionarse abiertamente contra el PT frente a las masas, pues esa es la condición fundamental para la construcción de una dirección revolucionaria hoy. De lo contrario, los revolucionarios se hundirán por completo junto al PT. Por eso, sin titubear, en esta elección los revolucionarios deben pronunciar alto y claro:

¡Ni Lula/Haddad, ni Bolsonaro!
¡Voto Nulo por un partido revolucionario!


Notas

1 El Fondo Partidarios es una forma de financiamiento público de los partidos políticos en Brasil, la cual no se limita a las campañas electorales.

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