La Trampa de la Deuda – Por Juan Kornblihtt

La Trampa de la Deuda

Juan Kornblihtt

Observatorio Marxista de Estadística-CEICS

La deuda externa implicó a lo largo de la historia argentina un sustento fundamental, tanto de la burguesía nacional como del Estado. Como señalamos en otras ocasiones, un examen de su evolución, desde 1976, permite observar su crecimiento sistemático.1 El mecanismo consistía en que, ante cada vencimiento, se pedía un nuevo préstamo. Una bicicleta financiera que no hizo más que aumentar. Hacia fines de 2001, sin embargo, la dinámica se revirtió. Se hizo evidente que la Argentina no iba a producir suficiente riqueza para pagar sus deudas. A su vez, la crisis internacional implicó un freno a los préstamos. Se cortó así el juego de tomar deuda nueva para pagar deuda vieja y los accionistas comenzaron a exigir el cobro. La historia es conocida: Rodríguez Saa declaró el default, Lavagna negoció los descuentos (y una supuesta quita) y luego empezó el pago. Por primera vez en décadas, las cuentas reflejan que se pagó más de lo que se pidió. Así, empezó una fuerte transferencia de la riqueza nacional hacia el extranjero. Los más privilegiados, por supuesto, fueron los acreedores más fuertes. El “desendeudamiento” empezó por el FMI y el BM, quedando acreedores más débiles a la espera.  Entre ellos, se destaca el Club de París, con el cual el gobierno empieza a negociar en estos días. Frenado el crédito internacional, la fuente de riqueza extraordinaria pasó a ser casi exclusivamente las retenciones a las exportaciones. Sin embargo, el gobierno parece desesperado por volver a pedir plata en grandes sumas.

 

Pagar…

 

Para satisfacer las deudas, el gobierno tuvo que transferir riqueza hacia el extranjero en términos netos. Gran parte proviene de las retenciones a las exportaciones de bienes primarios. Otra, de los impuestos a una economía interna que se reactivó gracias a una feroz reducción del salario. Sin embargo, esas fuentes de riqueza no alcanzan. El gobierno debe enfrentar en forma permanente nuevos vencimientos, para lo cual debió emitir nueva deuda.2 Lo hizo a través de bonos con una tasa de interés más alta que el resto del mundo, porque, al haber declarado el default, su confiabilidad es mucho menor. A su vez, gran parte de la deuda pendiente debe ser pagada en euros con reservas e ingresos en dólares, una moneda que se devalúa día a día, lo cual complica aún más el panorama. Otro elemento que encarece la deuda pendiente es que esta está atada al crecimiento.3 A lo cual, se le suma un nuevo problema. En las arcas del BCRA hay dinero como para afrontar ciertos vencimientos. Sin embargo, hacerlo implicaría reducir las reservas y, por lo tanto, mostrar una imagen de debilidad. Por lo tanto, el gobierno debe pedir prestado ante cada venci- miento. No obstante, no le es tan fácil conseguir quién le preste. Por ejemplo, en noviembre, después de mendigar por todos los bancos internacionales, nuestro país tuvo que recurrir a Hugo Chávez, quién hizo un préstamo de 500 millones para que Argentina le pague vencimientos al FMI y al BID. En los últimos dos años, Venezuela le ha prestado a la Argentina nada menos que 5.500 millones de dólares.4 Ahora bien, si a Argentina le está costando pagar, ¿por qué reabren las negociaciones con el Club de París?

 

…para pedir otra vez

 

La principal intención que tiene el acuerdo con el Club de París es volver a un esquema similar al que primó antes de la devaluación. Es decir, tener un status en el mercado mundial que permita pedir prestado a tasas de interés razonables. Para eso es clave reconstruir la relación con los acreedores. Y el primer paso, claro, es “honrar” las deudas.

La necesidad de pedir otra vez está dada, en primera instancia, por el creciente problema de caja que tiene el Estado argentino. Tanto para pagar los vencimientos como para expandir (o incluso mantener) el gasto, necesita volver a participar del circuito financiero internacional. A esto se suma la escasez de crédito que existe en el interior del país para el capital privado.5 La opción que empieza a correr es que el Estado se hará cargo de gestionar esos préstamos. Con tintes nacionalistas, y apelando a la nostalgia, se plantea la reconstrucción de un Banco de Desarrollo, al estilo del BNDES de Brasil o que la transferencia se haga a través del nuevo Ministerio de Ciencia y Técnica. La función de dicho Banco sería dar créditos blandos para el impulso del capital productivo. Ahora bien, ese impulso es el que ha estado dando el gobierno a través del tipo de cambio alto, las tarifas “subsidiadas” a la industria, los sobreprecios pagados en la industria y los “pactos sociales” firmados con la CGT y la CTA para mantener a raya los salarios. Sin embargo, los resultados fueron más que magros. Más allá de la recuperación de ciertas empresas poco productivas, pocos capitales lograron insertarse como exportadores. Incluso su supervivencia está en duda, como lo refleja el hecho de que, debido a la inflación, los costos internos ya no permiten competir con China y la balanza comercial pasó de ser deficitaria (ellos nos venden más de lo que les vendemos).6

A esto se le suma que para lograr esos préstamos una de las claves parece ser atar la economía a una moneda un poco más sólida que el dólar, que se encuentra en permanente devaluación. Esto implicaría un tipo de cambio menos devaluado o, al menos, un freno a la devaluación. Lo cual empeorará aún más las condiciones del capital local. En definitiva, el gobierno, con el nuevo endeudamiento, no podrá impulsar el desarrollo de la economía local y no hará más que profundizar la tensión entre los sectores que se favorecen de un  moneda devaluada y los que apuestan a una economía más abierta al capital internacional. El camino seguido por el gobierno, por ahora, parece ser el pacto con Dios y con Diablo, a fin de aumentar la caja y tener mayor margen de maniobra. Puede parecer una jugada audaz y una forma de lograr cierta autonomía de los diferentes capitales. Sin embargo, la dinámica de las dos fuentes de riqueza (precios altos y créditos) está supeditada a lo que ocurra en el mercado mundial. Una crisis implicará tanto caída de precios como una restricción del crédito. Entonces, la Argentina, sin otra fuente de riqueza propia, se encontrará, otra vez, sin el pan y sin la torta.

Notas

Véase Kornblihtt, Juan: “El laberinto de la deuda” en El Aromo 9, abril de 2004

2 En el 2008 vencen intereses por 6.700 millones de dólares.

3 Los vencimientos de bonos atados al PBI de diciembre de este año llegan a los US$ 2.450 millones, casi el doble que el año pasado. (Clarín, 24/11/07)

4 Los préstamos son a una tasa en torno al 10% por encima de la media mundial. A su vez Venezuela ya vendió la mitad de los bonos, lo cual contribuyó a que perdieran valor. (Clarín, 23/11/07)

5 La deuda externa privada se redujo casi a 1/3 desde el 2002 pasando de US$13.000 millones a US$4.483 millones, debido al encarecimiento de las tasas. (Fuente BCRA)

6 Dachevsky, Fernando: “Industria y tipo de cambio. Los límites del hecho en Argentina” en Boletín del OME 1, septiembre de 2007.

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