La flexibilización sin fin – Julia Egan

La flexibilización sin fin. Sobre el nuevo acuerdo petrolero y la intención de reformar los convenios laborales

 El nuevo acuerdo laboral firmado por los sindicatos petroleros no solo profundiza la flexibilidad ya existente en el sector, sino que se constituye como caso testigo para las reformas de convenios colectivos que pretende el Gobierno. 

Julia Egan

TES-CEICS


Hace pocas semanas, los dos principales sindicatos de petroleros privados firmaron, junto con las cámaras empresariales y el Gobierno, un acta acuerdo que introduce importantes y graves modificaciones sobre las condiciones de trabajo de los obreros de la actividad. Peor aún, constituye un serio antecedente para el resto de las actividades. En este sentido, Macri ya adelantó públicamente que su intención es el aggiornamiento de los convenios colectivos que se consideren “obsoletos” o “desfazados”. De hecho, ya se han realizado reuniones privadas con representantes de los gremios de la Carne y Sanidad (rama clínicas y sanatorios)1 y también se afirma que están analizando cambios el SMATA (mecánicos), Marina Mercante y Energía eléctrica.2

El norte de los cambios es lograr un aumento de la competitividad por la vía de una mayor explotación de la fuerza de trabajo. Con ello, pretenden disminuir los costos laborales para conseguir mayor inversión en los pozos nacionales. Veamos en qué consiste el acuerdo para entender mejor estos problemas.

¿Privilegiados?

Un argumento para oponerse a los reclamos de los obreros petroleros consistió en señalar una supuesta posición de privilegio en relación con el resto de los trabajadores, dado que cuentan con mayores beneficios y salarios “altos”. Sin embargo, petroleros es una de las ramas con mayor flexibilidad laboral, lo que contrarresta el salario nominal alto (vale aclarar, en provincias donde el costo de vida es mucho más alto). La introducción de cláusulas flexibilizadoras en la rama se relaciona fundamentalmente con el aumento de la jornada laboral, reducción de los descansos y polivalencia, que están presentes desde el convenio de 1990 y que empeoran sustancialmente con el firmado en 2012, en el caso de petroleros privados.3

El nuevo acuerdo viene a profundizar esta tendencia que ya estaba presente. En cuanto a la jornada laboral, esta se alarga por la vía de la eliminación de lo que se consideran tiempos muertos. Este es el caso del montaje y desmontaje de equipos, que ahora podrán realizarse en horario nocturno. Pero, además, en algunos casos se implementa el “2×1” (dos días de trabajo por uno de descanso), cuando el derecho vigente era de “1×1” (un día de trabajo por uno de descanso). Lo mismo se da en otras situaciones, que pueden afectar la integridad del trabajador. Por ejemplo, dependiendo de las condiciones operativas del pozo, ahora se podrá realizar “trabajo con viento” y solo el company man y el jefe de equipo pueden tomar la decisión de suspender las tareas. Además, los equipos de torre o las cuadrillas de protección o mantenimiento deberán continuar operando, aun cuando falte algún integrante del equipo, siempre y cuando se garantice la seguridad, cuando antes existía una conformación mínima para que el equipo trabaje.

Como “novedad”, el nuevo acuerdo introduce la polifuncionalidad de tareas en la actividad petrolífera. Así, se afirma que “en una misma operación podrán darse tareas simultaneas a los efectos de hacer más eficientes los tiempos operativos”.4 A esto se suma que los trabajadores excedentes para las necesidades de las empresas podrán ser reubicados en otras tareas distintas de las que se venían realizando, aunque no hay certezas respecto de qué sucederá con los salarios, jornadas, descansos, etc., que no deberían ser menos favorables que los anteriores.

En cuanto a los salarios, la novedad que se anunció (hasta el momento el acuerdo no ha sido publicado) es que habrá cláusulas que los atan a la productividad, lo que puede darse por distintas vías. También, se perderá el adicional por tiempo de viaje, que hasta el último convenio era pagado como un extra. Para coronar esta gran victoria patronal, todo el personal que esté en condiciones de jubilarse deberá adherirse al beneficio previsional, eso sí, con derecho a un máximo de trece salarios según la antigüedad.

Lo que viene

El acuerdo de petroleros es una muestra de los cambios que el gobierno y los empresarios buscan realizar en las condiciones de trabajo, con el fin de aumentar la productividad y ganar terreno en la competencia. En este caso, no solo se avanza en la extensión de la jornada de trabajo, sino también en su intensidad, tal es el objetivo del salario por productividad. El salario atado a la producción opera presionando al obrero a superar constantemente los ritmos de trabajo. Esto es así porque, por una parte, está sometido a la vigilancia constante de los tiempos de producción y, por la otra, porque cuanto más produce, consigue un mayor salario. En este sentido, permite que aumente la competencia entre los propios obreros, que deben superarse constantemente, y colabora con la división interna del colectivo laboral. Es decir, se trata de una modalidad sumamente regimentadora para los trabajadores, que resulta particularmente funcional en momentos de crisis como el que cursamos, cuando el temor a la pérdida de la fuente laboral y el apremio que significa la constante degradación del salario dejan al obrero sin aparentes alternativas inmediatas. La introducción de la polivalencia obliga a los obreros a aceptar las nuevas condiciones. El resultado de esto es que los petroleros se verán obligados a trabajar más horas, a una mayor intensidad, incorporando o intercambiando distintas tareas, todo por el mismo salario y a costa de la pérdida de otros derechos. Es decir, nos encontramos ante un importante incremento de la explotación por la vía de la mayor extracción de plusvalía absoluta, que consiste en obtener mayor trabajo del obrero por el mismo salario por la vía de eliminar tiempos muertos durante la jornada laboral o extendiendo la misma sin que se modifica el proceso de trabajo.

Los patrones son conscientes de que nos encontramos en una gran desventaja para enfrentarnos a estas batallas. Sobre todo, cuando tienen a mano a un burócrata amigo que les facilita los trámites. El propio Guillermo Pereyra, Secretario General del gremio de petróleo y gas privado de Neuquén, reconoció que “si estamos negociando un acuerdo en el que, por el cambio de las condiciones de trabajo, el salario se va a ver reducido, es necesario compensar esa baja”. Esta compensación vendría del lado de la eliminación del impuesto a las ganancias para la actividad. Es decir, venden conquistas y años de lucha, atemorizando a los trabajadores con la posibilidad del desempleo, aun cuando el gobierno ya se ha expedido de forma tajante sobre la imposibilidad de tal pedido.

Los convenios petroleros solo son un botón de muestra de la degradación histórica de las condiciones de trabajo de la clase obrera argentina. Sin importar el partido de gobierno, la burguesía local ha acordado al menos en un punto de la receta para sortear la crisis: hay que darle una vuelta más al tornillo de la explotación. El kirchnerismo cumplió su tarea al apuntalar la reforma del menemismo. Hoy, el macrismo quiere profundizar las bases existentes. Por eso, el objetivo es extender las condiciones de este acuerdo a todas las ramas donde sea posible.

Por lo pronto, el reclamo debería concentrarse en un contundente rechazo a este acuerdo y el reparto de las horas de trabajo respetando los salarios y tareas, para lo cual el restablecimiento de los turnos tal como regían en el convenio de 1993 puede resultar útil para incorporar un nuevo turno y más trabajadores. Además, los salarios deben actualizarse y superar la inflación acumulada. Los trabajadores tenemos que saber reconocer estos mecanismos y comenzar a cuestionarnos si vamos a sobrevivir a duras penas una nueva crisis o relanzar esta sociedad sobre nuevas bases. Si los empresarios y el Gobierno, preocupados solo por la ganancia, no pueden garantizar el trabajo y una vida que supere la mera dignidad, nosotros podemos hacernos cargo.

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NOTAS

1IEco, 23/11/16.

2La Nación, 2/11/16.

3Para un análisis de los convenios colectivos de YPF y petroleros privados véase Fernández, Rocío: “Empetrolados. Las condiciones laborales de los trabajadores petrolíferos”, en El Aromo, n° 91, julio-agosto de 2016.

4La Nación, op. cit.

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