La crisis yanqui. La incipiente reversión del ciclo bajista estimuló en 2009 las ganancias pero con un fuerte desempleo y caída de la masa salarial.

Por Osvaldo Regina
Colaborador

Las condiciones económicas impuestas por la crisis financiera iniciada en 2007, con el estallido de la burbuja inmobiliaria y de la especulación financiera tejida sobre las hipotecas, alcanzó su clímax durante 2008 en EE.UU., mostrando esa economía señales de normalización desde el segundo semestre del año pasado. El escenario resultante en la actualidad se configura como muy desalentador para los intereses económicos de los trabajadores y tiende a reforzar el poder social del capital y, con ello, de las condiciones de explotación de la fuerza de trabajo.
Una incipiente recuperación de la economía de EE.UU. pareció afirmarse durante el último trimestre del año pasado. El PBI creció, entonces, a un ritmo anualizado del 5,6% respecto del nivel alcanzado en el tercer trimestre y acumula así dos trimestres consecutivos de reactivación (según datos oficiales ajustados por estacionalidad, ver gráfico). En los anteriores seis trimestres se habían registrado cinco de caída del PBI y sólo uno de signo positivo.  Los componentes más dinámicos de la demanda agregada que sostuvieron esta reversión positiva fueron los bienes de consumo durable, la construcción residencial y las exportaciones. Con el tibio resurgir del gasto privado, el gobierno federal dejó de aumentar su gasto  y los gobiernos estaduales redujeron el propio.
Esa recuperación durante el segundo semestre no impidió que, tomado en conjunto, el año 2009 registrara una caída en el nivel de la actividad económica del 2,4%. La evolución negativa del 2009 se debió principalmente a la caída de la inversión productiva, de las exportaciones, de la construcción de viviendas y del consumo familiar. El debilitamiento de esas fuentes privadas de la demanda fue compensado parcialmente por un aumento del gasto del gobierno y por una caída de las importaciones respecto de 2008, redundando ambos factores en un aumento el PBI. La reducción del consumo familiar durante la crisis repercutió en un aumento de la tasa de ahorro, que se multiplicó 2 veces y media, pasando desde 1,7% en 2007 hasta 4,3% en 2009 (ahorro personal como porcentaje del ingreso personal disponible).
Con un desempleo que se mantiene cerca de los dos dígitos desde hace ya más de un año (ver gráfico), la masa salarial total cayó 3,2% en términos nominales durante el año que pasó.  Las ganancias empresarias, que habían disminuido en una cuarta parte en 2008, comenzaron a recuperarse en 2009, tanto en el sector financiero (+15,6%) como en las empresas no financieras (+3,3%, ver gráfico). Entre éstas últimas, la manufactura siguió en declive y la recuperación se debió a los sectores de comercio y servicios. Los pagos de impuesto a las ganancias de las sociedades de capital aumentaron en 2009 (+7,7%) luego de haber disminuido en más de un tercio durante 2008.
Debe seguirse atentamente el comportamiento del capitalismo yanqui en relación con su clase obrera. A los despidos y la presión empresaria para aumentar las exigencias y elevar la productividad, se agrega la campaña de Obama para recortar el gasto social, como en el caso de la reforma del sistema de financiamiento a la salud y recortes estaduales al Medicaid, entre otras iniciativas. Todo ello con la excusa de disminuir la deuda pública, potenciada con la emisión de dinero para subsidiar a banqueros y capitalistas diversos en crisis. El primer presidente negro de EE.UU. sostiene esta situación. En efecto, convocó en diciembre pasado en una “cumbre” sobre el empleo a donde fue, según afirmó, para escuchar de los empresarios “buenas ideas acerca de cómo crear empleos”. También dejó claro que su gobierno no haría nada más para revertir la situación: “no tenemos la suficiente cantidad de dólares estatales para llenar el agujero de los dólares privados que se creó como consecuencia de la crisis”.

 

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