Inventario – Gustavo Lishi y Juan Tabas

Dossier: Un balance de las XI° Jornadas de Investigación Histórico Social y I° Encuentro de la Izquierda Revolucionaria. Septiembre de 2016.

En septiembre de este año, organizamos nuestras XI° Jornadas de Investigación, que dio lugar al I° Encuentro de la Izquierda Revolucionaria. El objetivo fue reunir al conjunto de la izquierda argentina para debatir toda una serie de problemas que hacen a los puntos esenciales para la construcción de un programa revolucionario en Argentina: la lucha de clases a nivel mundial, la cultura proletaria, la opresión de género, los problemas de la educación, la intervención sindical, el FIT y la construcción partidaria. A continuación, presentamos un resumen de las principales mesas.


que-levante-la-mano-la-guitarra1Inventario. Un balance del panel sobre Rock y Política

En el panel, se planteó la necesidad de elaborar una relación coherente de forma-contenido y la búsqueda de un debate colectivo entre los músicos. Ese debate debería llevar a una lucha contra la conciencia burguesa en cualquiera de sus formas.

Gustavo Lishi y Juan Tabas

Río Rojo-CEICS

En el marco de nuestras jornadas, se realizó el debate sobre Rock y Política, con un panel integrado por Miguel Pérez Yuelze (Miguel y Eugenio, Aucán, Yuelze), Eduardo Ezcurra (ex Malón), Luis Sirimarco (pianista y compositor, ex integrante de la Antigua Jazz Band), Juan Tabas (Río Rojo) y Carlos Villalba y Juan Barrueco (Alma y Vida). El objetivo fue discutir cuál es el lugar de los diferentes artistas en la lucha de clases y qué programas atraviesan la actividad. A continuación, presentamos una reseña de la actividad, con lo más destacado del debate.

Los ejes

Eduardo Ezcurra, en principio, señaló que hoy en día estaría faltando, en la música, una búsqueda de unidad forma-contenido, además de criticar a aquellos que caen en un formalismo exacerbado. También reivindicó a la poesía del rock de los años ’70, como una victoria intelectual, que llega hasta hoy. Juan Barrueco discurrió sobre su experiencia en los ’60. También subrayó que tanto autores como compositores expresaban el estado de ánimo de una época en la cual las condiciones de vida eran mejores para la clase obrera.

Miguel Pérez Yuelze señaló que los artistas, para ser revolucionarios, deben combatir el egocentrismo. Expuso el problema de las grandes compañías discográficas y la irrupción del mercado en el rock desde los ‘80. Según Miguel, antes de esa época, los músicos pensaban que con canciones iban a hacer la revolución, pero pasaron 40 años y nada de eso sucedió. Su conclusión es que el artista aporta solo una “gota en el mar” en la “cultura del pueblo”. Lo que debe hacer, entonces, es “embarrarse” e “ir al barrio”, a tocar. Luis Sirimarco comentó su propia experiencia. Según su perspectiva, el dejó su “comodidad” en la Antigua Jazz Band para hacer una música “más corrosiva”. Coincidió, también, en la necesidad de “abandonar los egos”. Además, afirmó que el escenario es un lugar de poder, que se puede utilizar para comunicar diferentes ideas.

Eduardo Ezcurra acordó con el poder de comunicar que posee el artista. Opinó que actualmente existe una cultura individualista, funcional al dominio del poder, y que la educación iría en el mismo sentido.

A continuación, se debatió sobre las diferencias entre las discográficas nacionales y las multinacionales. En el debate, notamos una confusión en torno al problema de la nacionalidad de la compañía con el problema de la desposesión del músico. Sobre este asunto terminaron confluyendo todos en que el artista, en casi todos los casos, comienza su vida como un proletario.

Juan Tabas planteó distintos problemas que, luego, se fueron desarrollando en el transcurso de las exposiciones del panel. En principio, la necesidad de elaborar una relación coherente de forma-contenido y la búsqueda de un debate colectivo entre los músicos, que haga consciente el programa político y no termine reproduciendo, inconscientemente, elementos más ramplones de la ideología burguesa (machismo, conformismo, individualismo, etc.). Ese debate debería llevar a la conclusión de la necesidad de una lucha contra la conciencia burguesa en cualquiera de sus formas. Luego planteó cuál fue es el método de trabajo que se fue dando Rio Rojo para dar este combate. En su primer y segundo proyecto (La línea sinuosa y Podemos ganar) se buscó hacer discos conceptuales, retomando grandes experiencias de las décadas del ‘60 y ‘70, en los que los fragmentos (canciones) cobraban sentido en el contexto. En el caso de La línea sinuosa, covers de temas clásicos para desarrollar un relato que expresa el avance desde la conciencia individual hacia la militancia. En el caso de Podemos ganar, retratando la historia de la lucha de clases en la Argentina en los últimos 50 años y musicalizando poemas de distintos poetas militantes de aquí y del mundo (Santoro, Nicanor Parra, Guillén, Yunque, entre otros) y recurriendo a diverso material sonoro. Durante estos años, nos fuimos formando con el propósito de poder escribir nuestras propias letras. Hoy está saliendo a la luz nuestro nuevo material: Atenti al piolín. Un conjunto de canciones con música, letra y arreglos propios que apuntan a dejar que nuestro arte “vuele”, pero atentos a que “el piolín” este siendo guiado por un programa consciente.

Como podemos ver, en esta mesa-debate quedaron planteados varios temas que, por razones de tiempo, no se llegaron a desarrollar con mayor profundidad. En síntesis, podemos decir surgieron muchos ejes en los que seguir trabajando, fundamentalmente, los siguientes:

En primer lugar, la relación forma- contenido en las obras. La exacerbada la búsqueda de romper las formas artísticas en la actualidad y los problemas que trae la ideología. Sobre todo, la posmoderna, que intenta fragmentar el sentido. En segundo, la degradación de las condiciones de vida de la clase obrera, con la consiguiente degradación de la cultura (y el oído musical). En tercer lugar, la cuestión sobre en qué medida los músicos y los artistas expresan con lo que dicen -y cómo lo dicen- los estados de ánimo reinantes en una época dada. En cuarto, el problema de que el músico (y el artista en general) es, por un lado, un trabajador que vende su fuerza de trabajo y, por el otro, tiene el poder de comunicar, de expresar un programa (consciente o inconsciente). En quinto, los problemas de las empresas discográficas y los medios de difusión. Por último, el rol del artista revolucionario y cuál es el mejor aporte que puede hacer al desarrollo de una nueva sociedad.

Hacia un balance

Lo primero que esto expresa es que hay una cantidad de debates en torno al arte y específicamente a la música y al rock que están “dando vueltas”, sin que puedan tener un buen canal por el cual expresarse. Nos referimos a tener más mesas-debate como ésta, publicaciones específicas, y más espacios de organización y discusión artístico-programática.

Todas estas cuestiones están relacionadas con un proceso histórico. El desarrollo del capitalismo provoca el empeoramiento de las condiciones de vida de amplias capas de la clase obrera, la proletarización de la pequeño-burguesía y la desocupación en masa.

De todo esto, no está exento el grueso de los artistas a quienes, obviamente, se les plantea, de manera cada vez más acuciante, la cuestión de la supervivencia material. Esto, por un lado, provoca una relación más visible y cercana con el resto de la clase obrera. Por el otro, aparece la cuestión de la función del artista como portador de un programa político. Es en ese campo que nos planteamos que es lo que debemos hacer los artistas revolucionarios, tanto en el contenido como en la forma poética y del lenguaje musical.

Con respecto a la forma, no hay una sola directriz, sino líneas de acción en general y elementos relacionados con el público al cual ese arte va dirigido. En relación al contenido, muchas veces el programa es inconsciente y termina reproduciendo ideología burguesa. Para esto, hay una gimnasia muy saludable que es la del análisis de los “mensajes”. Como se dijo en la mesa-debate: no vamos a hacer la revolución con la próxima canción, pero los artistas somos comunicadores, somos los que logramos encarnar un programa político en forma de sentimientos y emociones y luego comunicarlas al público. El arte y la música tienen un rol muy importante en la vida de la gente y no podemos regalar ese campo a la burguesía.

Estos puntos quedan como grandes ovillos de los que vale la pena empezar a tirar. Hace falta un debate profundo sobre estos temas. Razón y Revolución propone una serie de canales en los que se pueda desenvolver esa discusión, en la dirección de desarrollar una arte proletario. Un arte basado en los valores del Socialismo.

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