Herencia bonapartista. Sucesión política y devaluación en Venezuela – Nicolás Grimaldi

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Nicolás Grimaldi
LAP-CEICS
 
¿Quiénes son los candidatos a suceder a Chávez en Venezuela? ¿Qué representa cada uno y qué perspectiva tienen de asumir tras el probable deceso del líder? En este artículo le explicamos quién es cada uno de ellos. Además, le contamos cómo reaccionó la burguesía y la clase obrera ante la devaluación.
 
Según la constitución, ante la enfermedad terminal de Chávez se abrían dos alternativas. Si Chávez juraba y asumía, su sucesor era el vicepresidente Nicolás Maduro. Si no llegaba a asumir, su lugar lo debía tomar el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, y llamar a elecciones dentro de los 30 días siguientes. Como vemos, no se cumplió ninguna de las formalidades y Cabello fue desplazado. Ahora bien, ¿quién es cada uno de ellos?
 
Los herederos
 
La opinión pública sostiene que Cabello es el “ala militar” y Maduro el “ala civil”, dentro del chavismo. No obstante,  estas denominaciones nada dicen respecto de las clases sociales que representan ni de la perspectiva que ofrecen para el futuro del chavismo. Para intentar dilucidar esta cuestión, veamos quién es cada uno.
Diosdado Cabello es un ex militar. Fue Ministro del Interior y Justicia, de Obras Públicas y Vivienda y también fue gobernador del estado de Miranda. En la actualidad, preside la Asamblea Nacional. Hace poco, un cable de WikiLeaks lo presentó como uno de los grandes polos de corrupción del gobierno. Se advierte que tendría testaferros en varias empresas y bancos junto con Rafael Sarrías, uno de los “boliburgueses” más conocidos. Hacia el interior de las fuerzas armadas, tampoco Cabello tiene un pleno dominio, ya que una parte de las mismas obedecen al liderazgo de Francisco Arias Cárdenas, gobernador de Zulia. Cabello es un dirigente más ligado a las empresas, en particular, las financieras [1]. Él mismo ha logrado cierta acumulación durante su gestión en el gobierno. Los sectores más “progresistas” del chavismo nunca dejaron de pedir su cabeza. A diferencia de Maduro, Cabello se presentó ante los EE.UU. como un ferviente anticubano. A pesar de las estrechas relaciones entre Venezuela y Cuba, recién este año Cabello efectuó su primer viaje a la isla en 14 años de chavismo, y solo para recibir instrucciones del mandatario enfermo. 
Maduro, hasta el momento, le ha ganado a Cabello la carrera de la sucesión. Su origen está más ligado al movimiento obrero. En las marchas del 1 de mayo, es el personaje más aclamado, luego de Chávez, por las columnas. Comenzó como sindicalista del subte de Caracas, tiene una red de contención propia entre los dirigentes del chavismo regional y fue uno de los fundadores del Movimiento V República, antecesor del PSUV. Es hombre de confianza de Chávez y de Fidel Castro. Fue quien se ocupó de expulsar a los diplomáticos israelíes, luego de la invasión a Gaza en 2006, año en el que fue detenido en EE.UU. Es decir, es un elemento del riñón del bonapartismo más ligado al reformismo. Los trabajadores petroleros, por ejemplo, le manifestaron su apoyo. Sin embargo, para lograr el consenso para gobernar, necesita del apoyo de los sectores militares.
En este contexto, no resulta difícil asociar a Maduro en el costado más ligado a las concesiones a la clase obrera, mientras que Cabello representa los vínculos con la burguesía local. Aunque más reformista uno y más conservador el otro, ambos son dirigentes burgueses. La política que llevará cada uno adelante dependerá de las relaciones de fuerza entre las clases. Cabello puede verse obligado a mantener o incrementar las concesiones a los trabajadores, así como Maduro puede llegar a encabezar una reacción.
 
Nadie (o casi nadie) apoya
 
La devaluación se enmarca dentro de las medidas anunciadas por Rafael Ramírez –ministro de Poder Popular, Petróleo y Minería- durante el mes de enero, que aprobó Chávez a través de la delegación que viajó a Cuba. Entre esas medidas, se indicó que PDVSA dejará de aportar el 20% del excedente de petróleo al Fondo de Desarrollo Nacional, que iba directamente al Banco Central de Venezuela, lo que significa que éste recibirá 30 mil millones de dólares menos. Según el ministro, éstas medidas permitirán una mayor recaudación fiscal, que permitiría mayor “gasto social” [2].  
La devaluación fue apoyada y justificada por los cuadros políticos del chavismo. Maduro, sostuvo que la medida buscaba proteger a la moneda venezolana de los ataques especulativos. Recordó los préstamos en dólares que se realizaron a los sectores exportadores, quienes sobrefacturaban o no llevaban productos, como también a aquellos que compraban dólares a la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) y los vendían a un precio mayor en el mercado paralelo. Cabello también defendió la medida. Argumentó que es  “justa, necesaria y oportuna”, que se hace para “defender la economía y los intereses de los más necesitados”. Como Maduro, llamó a combatir “la especulación y el acaparamiento”, además de prometer un aumento de sueldo para el próximo 1° de mayo. El canciller Juaua señaló que se trataba de un “ajuste socialista” que intentaba ampliar los ingresos de la nación para “fomentar la educación, la salud y la industria”. Consideró que el conjunto de medidas forman parte del “antipaquete” que se dirige a ampliar el control de Estado sobre la economía y es contrario al de la oposición. Afirmó que la adopción de la medida no traerá aparejado ningún aumento de precios, ya que los comerciantes “desconocían el valor de 4,30 del bolívar” antes de la devaluación.
Las manifestaciones del sector obrero fueron diversas. Por un lado, el Frente Autónomo para la Defensa del Salario y el Sindicato expresó -a través de su dirigente Froilán Barrios- que el sector más perjudicado es el de los trabajadores, jubilados y pensionados. Tildó al gobierno de nefasto por haber escondido este “paquetazo rojo”, así llamado por la oposición. Agregó que muchos supermercados comenzaron a aumentar sus precios y que las farmacias congelaron la venta de medicamentos para aumentar los precios. El Colectivo de Trabajadores en Revolución que funciona al interior de la Central Sindical Unión Nacional de Trabajadores, también se opuso a la medida a través de su vocero Eduardo Sánchez [3], quien señaló que es consecuencia de la política económica que lleva a cabo Venezuela, que no posee mecanismos de control sobre el mercado especulativo [4]. Remarcó que la medida baja el salario venezolano al sexto lugar de Latinoamérica y planteó un aumento salarial urgente del 50%. 
Alberto Maldonado (de la Federación de Trabajadores del Estado de Táchira) adoptó una posición más conciliadora. Señaló que el aumento del salario en las condiciones actuales de la moneda nacional generaría más inflación. El problema no sería aumentar el salario de los trabajadores, sostuvo, sino reactivar el aparato productivo, controlar la especulación y que el gobierno evitase el abuso de los acaparadores. No obstante, advirtió que el mundo sindical iba a manifestar su rechazo a la medida. 
Los empresarios tampoco saludaron la devaluación. Fedecámaras venía reclamando la existencia de un dólar muy barato, que restaba competitividad a la industria. Sin embargo Boatti, su representante, cuestionó la devaluación por considerarla de “carácter fiscalista”, pues no estaba acompañada, según su opinión, por ninguna medida que compensase la pérdida del poder adquisitivo y de la producción. Agregó que el gobierno fue devaluando cada dos años en promedio, pero esta vez lo hacía con un precio petrolero alto, que ponía en tela de juicio el modelo económico. Consideró también que la devaluación no mejoraba la competitividad de las empresas y que se producía porque el año pasado la masa monetaria había crecido un 60%. Entendió que la medida traería aparejada una disminución del PBI y un crecimiento de entre el 1 y el 0%. 
Por su parte Roig, vicepresidente de Fedecámaras, pidió que se agilizara la entrega de divisas, pues el gobierno ejercía un control sobre ellas a través del Cadivi, desde el 2003 y hacía más de 250 días que no entregaba divisas o lo hacía a “cuentagotas”. Puntualizó que sólo 7 mil de las 100 mil empresas del país recibían dólares de la Cadivi oficial. 
Capriles, el mayor representante de la oposición, pidió un aumento del salario en un 46,5% para compensar la devaluación y la implementación de dos programas “Hambre Cero” para los pobres y “Hecho en Venezuela”, que buscaría fomentar la industria local. Consideró que el único ganador con la devaluación es el gobierno, pues tendrá más bolívares para compensar los gastos de las elecciones de octubre. 
 
Encrucijadas
 
¿A quién favorece la devaluación del bolívar? La respuesta es evidente: al gobierno. Al eliminarse el Sitme [5] -que vendía el dólar de manera legal a centavos más caros que el Banco Central de Venezuela- no tendrá que endeudarse emitiendo bonos, lo que le permitirá aumentar su producción. Venezuela estaría en mejores condiciones de afrontar el vencimiento de la deuda interna y externa que asciende a 65 mil millones de dólares mediante la devaluación y un control más férreo sobre la comercialización del dólar [6]. Conseguirá un poco de aire de cara a un proceso político muy complicado. Esta medida, celebrada por el FMI, no tiene nada de socialista ni de progresista. Como se explica en este mismo número (véase artículo de Juan Kornblihtt), los trabajadores perderán mucho más que los capitalistas. Afrontar las elecciones en un período de ajuste y con el chavismo dividido podría significar el fin del proceso. Más aun si habría que encarar una elección presidencial. La clase obrera venezolana no puede seguir confiando en la promesa de una revolución que nunca llega y seguir pagando las necesidades del bonapartismo. Si no da un paso adelante, seguramente pagará también su crisis.
 
NOTAS
1 Véase http://goo.gl/bbrRr.  
2 http://goo.gl/Ercn8. 
3 Presidente de SINATRAUCV y de FETRAUNIVERSITARIOS y Coordinador Nacional de UNETE. 
4 http://goo.gl/tys7x. 
5 Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera.  
6 Véase El Nacional 20/02/2013, http://goo.gl/pnakk. 

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