¿Hegel abolicionista? A propósito del origen de la dialéctica del amo y del esclavo

Por Julieta Paulo Jones – En el marco del estudio y de la recuperación del método dialéctico, uno de los problemas que se tornan fundamentales es el de la historia del origen y el desarrollo de la filosofía clásica alemana1 y, especialmente, la de la filosofía de Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Así lo considera Georg Lukács2 y defendemos su planteo. ¿Cómo se construyó la dialéctica marxista? Esa es nuestra preocupación de largo plazo, en una tarea que recién comienza y que se encuentra todavía en la etapa de la asimilación del conocimiento existente. Dicha asimilación debe ser, lógicamente, crítica. En este caso, nos proponemos analizar uno de los puntos de vista, que, respecto de la caracterización de la filosofía hegeliana, coloca la atención en el origen de la dialéctica del amo y el esclavo, expuesta por Hegel en su Fenomenología del espíritu, en la experiencia histórica de la revolución haitiana.

Las perspectivas

En la línea lukacsiana, Hegel se encuentra inscripto, ya en su período de juventud, en la esfera de la filosofía clásica alemana que llevará hasta sus últimas consecuencias la lucha no sólo contra el agnosticismo y el idealismo subjetivo, encarnados por la inalcanzable cosa en sí kantiana y por el “Yo” fichteano creador del mundo, sino también contra el método incorrecto para acceder al conocimiento absoluto, esto es, contra el aristocratismo de Schelling y su concepción de los genios elegidos. Por otra parte, según Jacques D’Hondt3, también debe atribuírsele al filósofo el mérito de haber pertenecido al círculo de intelectuales que seguían con entusiasmo los acontecimientos de la Revolución francesa, en diálogo con los francmasones internacionalistas y los girondinos franceses, lo cual lo coloca claramente a la izquierda de sus contemporáneos. Un tercer trabajo, en la misma línea, de Susan Buck-Morss4, versa exclusivamente sobre del origen de la dialéctica del amo y el esclavo. Buck-Morss concentra su análisis de Hegel en la centralidad del filósofo respecto del clima de época de la Revolución francesa, a lo que agrega que era ávido lector de la prensa francesa. De este contexto, extrae la conclusión de que el origen de dicha teoría hegeliana radica en el conocimiento que Hegel tenía del enfrentamiento entre amos y esclavos reales, en el marco de la lucha abolicionista de los jacobinos negros en la colonia de Santo Domingo. Como veremos, Buck-Morss intenta decir otra cosa, porque el objetivo real de su texto es otro.

Hegel y Haití

El trabajo de Buck-Morss consta de doce acápites, seis de los cuales, los primeros, están dedicados al desarrollo de la Revolución francesa en relación con las luchas abolicionistas en Santo Domingo. Asimismo, se dedica al análisis del ideal del iluminismo, al cual pone en cuestión a raíz de las contradicciones entre la teoría iluminista de la libertad y la práctica del esclavismo, defendida por los intelectuales revolucionarios.

Luego de dicho desarrollo, Buck-Morss se plantea, sobre la mitad de su trabajo, cuál es el origen de la idea hegeliana de la relación entre señorío y servidumbre, a la que se refiere como una

“metáfora de la ‘lucha a muerte’ entre el amo y el esclavo que provee a Hegel la clave del despliegue de la libertad en el curso de la historia (…) escrita en Jena en 1805-1806 (el primer año de existencia de Haití como nación) y publicada en 1807 (el año de abolición británica del tráfico de esclavos).”5

Allí señala que ninguno de los historiadores de la filosofía alemana ha encontrado la respuesta: han buscado sólo en relación con otros intelectuales o han dado una posición incorrecta puesto que “nadie se animó a sugerir que la dialéctica del amo y el esclavo surgió en Hegel en Jena entre los años 1803 y 1805 de la lectura de la prensa –diarios y revistas-”6. Analiza a cada uno de los que propusieron una respuesta al interrogante y va descartando sus posiciones. Por ejemplo, Kelly sostiene que el problema del origen de la concepción hegeliana de la dialéctica del amo y del esclavo es esencialmente platónico; Shklar, por su parte, conecta la discusión de Hegel con Aristóteles; Pöggeler afirma que la metáfora no proviene de la antigüedad sino que se trata de un ejemplo totalmente abstracto. Por su parte, Tavarès, que fue el único en plantear la conexión entre Hegel y Haití basándose en que el filósofo alemán había leído a un abolicionista francés, se ocupa de su etapa más tardía, posterior a la concepción de la dialéctica del amo y el esclavo.

Ante este panorama, Buck-Morss traza dos alternativas: o bien se trata de un filósofo de la libertad que superaba incluso a Locke y a Rousseau en su ceguera y en su capacidad para ocultar la realidad que transcurría ante sí, o bien Hegel tenía conocimiento de la existencia de esclavos reales rebelándose exitosamente contra amos reales y deliberadamente elaboró la dialéctica del amo y el esclavo en el marco de este contexto. Por supuesto, Buck- Morss opta por la segunda alternativa, que refuerza con las siguientes afirmaciones:

“Más allá de toda duda, Hegel conocía la existencia de esclavos reales y de sus luchas revolucionarias. En lo que tal vez sea la expresión más política de su carrera, Hegel usó los espectaculares acontecimientos de Haití como el eje de su argumento de Fenomenología del espíritu. La triunfante revolución de esclavos caribeños contra sus amos es el momento en el que la dialéctica lógica del reconocimiento se vuelve visible como tema de la historia universal, la historia de la realización universal de la libertad.”7

La razón que aduce para explicar el fracaso y la omisión de los intelectuales referentes al problema del surgimiento de la relación amo-esclavo se basa en la “apropiación marxista de una interpretación social de la dialéctica hegeliana” y en el elemento de racismo que le atribuye al marxismo oficial, producto de su noción de historia como progresión teleológica:

“Desde 1840, con los escritos iniciales de Karl Marx, la lucha del amo y el esclavo fue abstraída de cualquier referencia concreta y leída una vez más como metáfora –esta vez, de la lucha de clases-. En el siglo XX, esta interpretación hegelianomarxista tuvo poderosos defensores, incluyendo a Georg Lukács y a Herbert Marcuse, tanto como a Alexandre Kojève (…) El problema es que entre todos los lectores, los marxistas (blancos) fueron los menos apropiados para considerar la esclavitud significativa, porque dentro de su concepción de la historia en etapas, la esclavitud (…) fue percibida como una institución premoderna, desterrada por la historia y relegada al pasado.”8

Con este argumento, Buck-Morss concluye que, al considerar a Hegel como un modernista en cuanto a su vinculación con la Revolución francesa, la interpretación de los “marxistas oficiales”, cuya concepción de la historia es de progresión en etapas por lo cual excluye el esclavismo de la modernidad, obstaculiza el camino de la respuesta por el origen de la dialéctica del amo y el esclavo y conduce a equívocos.

El objetivo real de Buck-Morss, entonces, más que el origen de la dialéctica del amo y el esclavo, es un ataque al marxismo. El corazón del libro tiene por finalidad condenar al “marxismo oficial” por racista y evolucionista, aparentemente por querer “ocultar” el origen del descubrimiento hegeliano.

¿Hegel abolicionista?

El vínculo que puede delinearse entre los argumentos de Buck-Morss y la tesis que defiende es endeble. En primer término, la idea de que el surgimiento de la teoría hegeliana del amo y el esclavo radica en las triunfantes luchas abolicionistas, lo cual se haría evidente en la fecha de escritura y publicación de la misma, carece de fundamento serio e incluso se contradice con otros señalamientos de la autora. Por ejemplo, en una nota al pié se lee: “En la Fenomenología del espíritu no hay menciones de Haití o Santo Domingo”9. Asimismo, la contradicción se hace notoria cuando, en el anteúltimo acápite del trabajo, Buck-Morss apunta el “desvío” político de Hegel, que marca un retroceso respecto del “radicalismo revolucionario” de la Fenomenología… en tanto que “condenando notoriamente a la cultura africana a la prehistoria y responsabilizando a los propios africanos por la esclavitud en el Nuevo Mundo, Hegel repitió el argumento apologético y banal de que los esclavos estaban mejor en las colonias”10.

En segundo término, resulta por demás débil como prueba de su tesis el hecho de que Hegel se encuentre inscripto en el clima de época de la Revolución francesa y sea ávido lector de los diarios y revistas. El simple hecho de señalar que Hegel leía revistas en las que Haití estaba presente no significa nada, sobre todo si no se tiene ninguna prueba directa.

Por último, la crítica al “marxismo oficial” basada en su “racismo implícito” resulta inconsistente. Por un lado, no se encuentra fundamentada la necesidad de que la etapa caracterizada por el esclavismo pertenezca a la modernidad y que sea propia de las relaciones capitalistas. Visto a largo plazo, el “marxismo oficial” tenía razón: el capitalismo tiende a borrar todo otro modo de producción, algo hoy muy evidente. Negar la posibilidad de desarrollo de otros modos de producción frente al capitalismo, no es una afirmación basada en prejuicios raciales sino en la dinámica respectiva de largo plazo de cada uno de ellos.

Por otro lado, la responsabilidad “diluyente” que le atribuye a la interpretación de la dialéctica del amo y el esclavo como metáfora de la lucha de clases resulta un sinsentido. Porque una y otras no son contradictorias. Hegel, al fundar la dialéctica del amo y del esclavo introduce en el análisis social de las sociedades de clase el método dialéctico, cuya virtud es, precisamente, que va más allá de la experiencia inmediata que puede haberla suscitado. Precisamente, ¿qué mejor interpretación de la dialéctica hegeliana que transformarla en el instrumento privilegiado del análisis de la lucha de clases reales entre “amos” (o señores feudales o burgueses) reales y “esclavos” (o campesinos u obreros) reales? El prejuicio racista del “marxismo oficial” es, en realidad, el prejuicio “antimarxista” de Buck Morss.


Notas

1Según la concepción idealista de la ciencia burguesa que se ha ocupado del tema, la filosofía clásica alemana no es más que una colección de anécdotas y biografías de filósofos aislados y de verdades y falsedades aisladas.
2Lukács, G.: El joven Hegel y los problemas y de la sociedad capitalista, Grijalbo, México D.F., 1985.
3D’Hondt, J.: Hegel secreto, Corregidor, Buenos Aires, 1976.
4Buck-Morss, S.: Hegel y Haití. La dialéctica amo-esclavo: una interpretación revolucionaria, Norma, Buenos Aires, 2005.
5Ibíd., p. 54.
6Ibíd., pp. 56-57.
7Ibíd., pp. 76-77
8Ibíd., pp. 71-72.
9Ibíd., p. 58.
10Ibíd., p. 93.

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